20 Aug 2020 - 11:00 a. m.

Colombia tiene el proyecto más grande de restauración de arrecifes de coral del Caribe

Diversos esfuerzos se están llevando a cabo en América Latina para conservar los arrecifes de coral, ecosistemas que apenas cubren el 1 % del fondo marino, pero proveen importantes servicios para la flora y fauna marina, y para los humanos.

Los arrecifes de coral son uno de los ecosistemas más diversos y biológicamente complejos del mundo. Cerca de un cuarto de toda la vida marina depende de ellos para obtener alimentos y refugio. Los humanos también somos muy dependientes de los arrecifes de coral. Se estima que alrededor de 500 millones de personas en el mundo los necesitan, ya que proveen diversos bienes y servicios como alimentos, protección costera e ingresos por turismo y pesca.

Sin embargo, estos ecosistemas están gravemente amenazados. La sobrepesca, la contaminación, el desarrollo costero, las malas prácticas de turismo y el cambio climático han llevado a la pérdida mundial del 20 % del área de arrecifes desde 1950. De hecho, el 75 % de arrecifes se encuentran en un estado crítico y con miras a desaparecer en 2030 y apenas el 5 % es saludable, pero con graves amenazas debido al cambio climático. Según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por su sigla en inglés), si no se toman medidas para reducir las emisiones de CO2 los arrecifes de coral podrían disminuir entre un 70 y un 90 % con un calentamiento global de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, y más del 99 % de los arrecifes se perderían con un calentamiento de 2 °C en los próximos cincuenta años.

En áreas donde la recuperación natural de estos ecosistemas es difícil, la restauración activa a través de soluciones basadas en la naturaleza se vuelve fundamental para su conservación. Por eso, muchos científicos del mundo se han puesto en la tarea de recuperar los arrecifes que han sido degradados, dañados o destruidos. En Colombia, una de las iniciativas de restauración es impulsada desde 2016 por la ONG Corales de Paz, que ha propuesto diversas estrategias participativas para la conservación de arrecifes de coral.

“Lo que buscamos es realmente restaurar y rehabilitar los servicios ecosistémicos que prestan los arrecifes, y lo hacemos a través de la técnica de jardinería de corales a gran escala, que consiste en recolectar fragmentos pequeños de colonias que se han roto o colonias donantes y ponerlos en viveros sumergidos, donde se cuidan hasta que alcancen un tamaño en el que puedan ser ‘trasplantados’ en los lugares que se quieren intervenir y recuperar. Con esta técnica lo que logramos es acelerar el proceso de recuperación natural e incrementar la capacidad de resiliencia del ecosistema”, señala Phanor Montoya-Maya, biólogo marino, director y fundador de Corales de Paz. “Básicamente esta es una solución basada en la naturaleza, porque seguimos principios de ecología de arrecifes que facilitan la adaptación del ecosistema y utilizamos principios de ecoingeniería con las especies que usamos para acelerar el proceso de recuperación”, explica.

La colaboración, clave para reconstruir arrecifes

En diciembre de 2018 se llevó a cabo el primer encuentro mundial de restauración de arrecifes coralinos, el Simposio Reef Futures que reunió a más de 400 expertos en restauración de arrecifes, empresas y organizaciones civiles de todo el planeta. A lo largo del evento, un grupo de científicos latinoamericanos y caribeños —entre los que se encontraba el biólogo marino colombiano— se dio cuenta de que, a pesar de que en la región se estaban llevando a cabo varias iniciativas para restaurar los arrecifes de coral desde hace años, los investigadores y las experiencias se encontraban subrepresentadas a escala global. Por eso, decidieron iniciar un trabajo investigativo sin precedentes sobre los proyectos de restauración que se estaban realizando en América Latina y el Caribe para recopilar datos del alcance de los esfuerzos, avances y desafíos de los proyectos. Se unieron 25 científicos y profesionales de la restauración de la región que pertenecían a 17 instituciones de cinco países: Colombia, México, Costa Rica, República Dominicana y Puerto Rico.

Los resultados fueron publicados, el pasado 5 de agosto, en la revista científica PLOS ONE. Tras analizar las motivaciones, los objetivos y las técnicas utilizadas en doce proyectos regionales de restauración de arrecifes descubrieron que los proyectos más exitosos, que tenían altas tasas de supervivencia de coral o un aumento importante en la cobertura de coral vivo, eran aquellos que contaban con iniciativas participativas y ofrecían beneficios socioeconómicos para las comunidades cercanas.

“Los proyectos que capacitan a los pescadores locales o buzos recreativos para participar en la restauración, o contaron con el apoyo de operadores de buceo u hoteles para apoyar el mantenimiento de los viveros de coral fueron mucho más efectivos y duraderos”, aseguró la investigadora Elisa Bayraktarov, de la Universidad de Queensland, quien dirigió al equipo de científicos. Desde octubre de 2017 en San Andrés y Providencia, Corales de Paz ha entrenado a 28 pescadores artesanales y a buzos locales para hacer restauración de arrecifes coralinos a gran escala. El país cuenta con el proyecto más grande de restauración de arrecifes de coral de la región, con el mayor número de corales sembrados y trasplantados por año.

“En un año cultivamos 13.000 colonias de coral, con las cuales empezamos a restaurar arrecifes el año pasado en colaboración con Secretaría de Agricultura y Pesca de la Gobernación del Archipiélago de San Andrés; la Corporación Ambiental, Coralina; y Conservación Internacional Colombia”, señala Montoya-Maya. “Los proyectos que existían hasta ahora eran a pequeña escala, con un máximo de mil colonias, pero nos dimos a la tarea de incrementar esa escala, porque la única forma de que una acción de restauración sea efectiva es que sea de la misma escala del problema”. En Little Reef, por ejemplo, un área marina protegida en la isla de San Andrés, en la que los corales se ven afectados por el encallamiento de motos marinas, por pescadores y turistas, se lograron trasplantar 2.500 corales e incrementar en un 35 % la cobertura de coral vivo en la zona gracias a la colaboración de toda la comunidad.

Además, el equipo regional de investigadores encontró que los esfuerzos de restauración de arrecifes en América Latina eran más económicos de lo que se pensaba. El costo medio de un proyecto está alrededor de los US$93.000 por hectárea restaurada de arrecife, mientras que en otras regiones del mundo el promedio es de cerca de US$400.000 por hectárea. Asimismo, mientras que a escala mundial restauraban en promedio 0,1 hectáreas de arrecife, en la región Caribe el promedio es de una hectárea; casi diez veces más.

“La razón por la cual los proyectos de restauración en el Caribe son más grandes, más baratos y por más tiempo es porque se trata de proyectos colaborativos y participativos. Voluntarios, pescadores, sociedad civil, investigadores y gobiernos nos unimos en una misma tarea”, señala el investigador.

La importancia de los arrecifes

Además de proveer alimento y refugio para miles de especies, los arrecifes de coral también tienen una función fundamental en la protección de los humanos. Son rompeolas naturales y efectivos que disipan la energía del agua y la erosión de la costa, y que protegen a las poblaciones costeras de tormentas e inundaciones. Diversos estudios han demostrado que los arrecifes de coral pueden reducir la energía de las olas hasta en un 97 %, y la altura de las olas en un 84 % en promedio. En otras palabras, esto significa que los arrecifes de coral son la primera línea de defensa para 63 millones de personas en todo el mundo que viven en zonas costeras y bajas.

A diferencia de los rompeolas artificiales u otras soluciones tradicionales de infraestructura dura —que requieren importantes costos de mantenimiento—, los arrecifes de coral bien conservados son autosuficientes. De ahí la importancia de la restauración y la incorporación de principios basados en la naturaleza que puedan aprovechar los elementos y características propias del arrecife para generar una mayor variedad de beneficios, entre esos, los que obtienen las comunidades locales cuando se incorporan a estos proyectos.

“Se necesitan planes nacionales sólidos para la restauración, junto con financiamiento nacional e internacional para multiplicar las actividades ya existentes lideradas por organizaciones latinoamericanas con el fin de mejorar la salud y el estado de los arrecifes de coral en el Caribe y el Pacífico Tropical Oriental”, asegura la investigación. “Si los arrecifes desaparecen como barrera de protección es probable que otros ecosistemas costeros, como los pastos marinos y los manglares, que son los más importantes en la captura de CO2, desaparezcan. Por eso, nuestro objetivo buscar la restauración del funcionamiento de estos ecosistemas y los servicios que prestan, para que sigan brindando alimento, protección y sigan siendo una fuente importante de turismo”, concluye el experto.

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