13 Nov 2020 - 1:35 p. m.

Los históricos errores detrás de las inundaciones del Magdalena

Desde finales de octubre el país atraviesa por una nueva temporada de lluvias. Gran parte de los impactos los ha llevado la región Caribe y, principalmente el departamento del Magdalena. ¿Por qué esta zona es tan vulnerable a inundaciones en época de lluvias? Sandra Vilardy nos responde: está ubicada en el delta del río Magdalena, y su regulación hídrica se ha visto afectada durante décadas.

La nueva temporada de lluvias que avanza en el país ya nos deja imágenes de desbordamientos de ríos e inundaciones, principalmente en el Caribe colombiano. El pasado 31 de octubre, desde las 2:00 a.m., los habitantes de Fundación enfrentaban una emergencia por la creciente del río que lleva ese mismo nombre. Las lluvias causaron el debilitamiento de una de las murallas (todavía en construcción) que, se suponía, debía protegerlos de futuras crecientes. Hace un año había finalizado una obra de dragado del río -que también esperaba evitar inundaciones- en la que se invirtieron más de 20 mil millones de pesos, pero hoy, a todas luces, su eficiencia es también cuestionada.

El río Fundación no fue el único. Tras precipitaciones en municipios como Aracataca, Zona Bananera y el Retén se desbordó el río Sevilla; una creciente de la Ciénaga Grande inundó Pueblo Viejo y el río Magdalena se está llevando gran parte del a vía de la Prosperidad, en la zona que une al municipio de Salamina con El Piñón. Hoy, todos esos municipios se encuentran afectados. ¿Qué pasa en esta región? ¿Por qué es tan vulnerable en época de lluvias?

Para Sandra Vilardy, bióloga marina y PhD en ecología y medio ambiente, lo que viven actualmente todos esos municipios en el norte del Magdalena es el reflejo de la pérdida de regulación hídrica en el delta del río Magdalena. “Los municipios sufren porque sus cuencas han sido afectadas, se han reducido sus zonas de amortiguación de inundaciones y, en épocas de lluvias atípicas, la magnitud de los desastres aumenta”, asegura. Sin embargo, señala, la culpa no es solo de las lluvias, sino de las múltiples alteraciones que ha tenido el ecosistema. “Todo esto está sucediendo dentro del humedal Ramsar Ciénaga Grande de Santa Marta”, uno de los complejos de humedales más importantes del país.

La Ciénaga Grande de Santa Marta es un complejo de humedales costeros de cerca de 5.000 kilómetros cuadrados, y su función ecológica la hace reconocedora de múltiples títulos: además de ser un sitio Ramsar, hay declarados dos Parques Nacionales en su interior y fue reconocida como reserva del hombre y reserva de la biósfera por la UNESCO. Sin embargo, todos estos títulos no han evitado que hoy esté a punto del colapso. Para Vilardy, que ha dedicado gran parte de su vida a estudiar la transformación de la Ciénaga Grande, seguir poniendo muros y diques es “ahondar el problema”.

¿Qué está pasando en Magdalena? ¿Por qué son comunes estos fenómenos de inundación en épocas de lluvia?

Todos estos fenómenos de falta de regulación hídrica, tanto las inundaciones en Fundación, Aracataca, como la erosión en la vía en Salamina, y las inundaciones en pueblo viejo, están sucediendo dentro del humedal Ramsar Ciénaga Grande de Santa Marta. Y eso nos da una idea de qué está pasando con el humedal. Es importante recordar que en el 2017-2018 la convención Ramsar le pidió al estado colombiano que incluyera al humedal en el registro de Montreux debido a la pérdida de la funcionalidad ecosistémica. Y quiero empezar por ahí, porque pareciera que se sigue insistiendo en desconocer cuál es el territorio en el que se presentan todas estas cosas, y es fundamentalmente el territorio del delta del río magdalena, que es la Ciénaga Grande de Santa Marta, en donde además se unen las desembocaduras de cinco ríos que bajan de la Sierra Nevada.

¿Qué implica que la zona sea el delta del río Magdalena y cómo está esto relacionado con las inundaciones?

Este es un territorio de aguas, en donde desembocan seis ríos y se unen al mar Caribe. Todos los fenómenos que estamos viendo están asociados a la pérdida de regulación hídrica que está teniendo el territorio. Éste, por naturaleza, es un territorio donde se regula el agua, esto quiere decir que se disminuyen las velocidades y las tasas en las que fluye el agua, precisamente porque llegan a su zona más baja, a la zona de la desembocadura, y el agua ya no tiene un único curso, un único cauce, sino que son desembocaduras amplias, deltas, donde las dinámicas cambian. El agua entra como en forma de abanicos, abanicos aluviales, a partir de los cuales se dispersa.

La manera en la que hemos modificado esas zonas bajas de los ríos es lo que potencia actualmente este tipo de inundaciones.

¿Cómo?

El río Fundación, el Aracataca, el Sevilla, el río Frío, son ríos cortos, es decir que la montaña está ahí mismo, son de alta pendiente y, al llegar a la zona baja se convierten en abanicos aluviales supremamente fértiles. Por eso, desde finales del siglo XIX, toda esa zona se convirtió en un territorio de interés agrícola muy importante, que es lo que conocemos como la zona bananera, que hoy en día es un municipio, pero que desde finales del XIX fue la primera zona agroindustrial del país, donde se hicieron los primeros cultivos de la United Fruit Company. Luego de eso, esos cultivos fueron ampliándose y hoy se mezclan con cultivos, por ejemplo, de palma, que también se ampliaron en todas esas zonas de esos abanicos aluviales.

Allí, entonces, ha primado los intereses económicos de los cultivos, porque la tierra lo permite debido a la fertilidad del suelo. Pero las necesidades de abastecimiento de agua de esos cultivos han generado grandes modificaciones en esos ríos, no solo por los distritos de riego, sino porque muchos se han ubicado en esas zonas en donde los ríos llegan y se extienden, se amplían, en zonas de humedales, pantanos y playones que se han transformado completamente. Además, a los ríos los han ido canalizando, les han puesto murallas y diques, pero el río necesita sus zonas de amortiguación, zonas que ahora desconectaron de los ríos y son cultivos. Por eso se inundan. No puede haber una regulación hídrica.

Además de cultivos, también se han creado poblaciones alrededor de esa zona.

Y esa es otra de las características. Por ejemplo, en Fundación, el río pasa por la mitad del municipio, y en las imágenes satelitales se hace evidente que no hay ningún tipo de consideración sobre la ronda hídrica, mucho menos en la zona baja. Las casas están a la orilla del río, entonces es un pueblo muy vulnerable a las crecidas del río, sobre todo si, como vemos, éste ya ha perdido su capacidad de regularse.

Se han hecho grandes inversiones, dragados, construcción de murallas que, nuevamente, vuelven a fallar. ¿Qué pasa ahí?

Hay un imaginario colectivo dentro de los contratistas y los ingenieros civiles e hidráulicos de que la solución es seguir dragando, y seguir poniendo murallas y muros de contención. Hay una sensación de que dragando se controlan las inundaciones, pero, por el contrario, la dragada lo que hace es seguir desconectando al río de sus zonas de amortiguación de las crecidas y generando mayores vulnerabilidades. El agua ha perdido su cauce normal, sus ritmos normales de flujos y sus pulsos de inundación.

Además, mientras tanto, en las zonas altas, las cuencas también han sido muy afectadas por la deforestación. Y todos estos fenómenos impulsan la pérdida de regulación hídrica a lo largo de toda la cuenca, potenciando las inundaciones. En la parte media y alta, la principal afectación es la deforestación, y en la parte baja, la ronda del río y sus zonas de amortiguación que se encuentran invadidas. De manera que las inversiones se hacen desde una visión sesgada, incompleta y poco sistémica. Desde la gestión pública están fallando los supuestos y principios de planeación, prevención, eficiencia. Todo esto no se ha logrado.

Hay que entender que las soluciones van a ser costosas, que aunque todo el mundo esté buscando lo barato, lo barato sale caro. Hemos visto que, a pesar de que han sido multimillonarios los contratos de los dragados, esa es una solución a la que no se le ha invertido en técnica y en ciencia, solo se le ha invertido en operatividad. Y eso nos ha salido caro.

¿Qué se puede hacer?

Con todo esto se hace evidente que lo que ha fallado es una visión de territorio. Hay omisiones sistemáticas de reconocer toda esa zona en la que ocurren estos eventos como un humedal Ramsar. No hay un Plan de Manejo y no se sabe cómo debe usarse el delta del río Magdalena garantizando que el agua entre, fluya y salga. Yo creo que es urgente tener una serie de soluciones mixtas, de cara a la adaptación climática. Es que estamos hablando del delta del principal río del país, estamos hablando de una de las zonas de humedales costeros más importantes del país, altamente vulnerable a la crisis climática por varios motivos. Entonces, cuando uno habla de enfrentar la crisis climática, pues uno habla de soluciones basadas en la naturaleza. Y, obviamente, con algunas intervenciones civiles, pero en puntos muy críticos. La pregunta es si realmente el país está interesado en hacer esas Soluciones Basadas en la Naturaleza… a pesar de que ese es el mandato mundial.

¿Qué hace falta en el país para que estas soluciones y nuevas visiones se puedan implementar?

El país necesita evolucionar y reconocer esa Colombia anfibia. Necesitamos diseñar obras en humedales, con los humedales, no cercenando ni cortando el humedal, porque 30% de nuestro territorio nacional son humedales, y esta es la mejor garantía que tenemos para la adaptación climática. Hay que invertir en talentos, en diseños y en ingenio. No podemos seguir haciendo más de lo mismo, porque está claro que no funciona.

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