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22 Aug 2021 - 2:00 a. m.

¿Por qué hablar de cambio climático con niños y niñas?

Aún nos resulta cómodo pensar que el cambio climático será algo del futuro lejano. Pero es una idea que, en realidad, nos trae una falsa sensación de seguridad. Recientemente el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), un espacio que fue convocado por líderes políticos en 1988 para pedirles a los científicos que les dieran luces sobre qué decisiones tomar, publicó su último y sexto informe sobre la ciencia del cambio climático.

María Mónica Monsalve

Periodista Vivir
Photo from above child drawing a planet earth and environmental concept.
Photo from above child drawing a planet earth and environmental concept.
Foto: Getty Images - Dusan Stankovic

Aún nos resulta cómodo pensar que el cambio climático será algo del futuro lejano. Pero es una idea que, en realidad, nos trae una falsa sensación de seguridad. Recientemente el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), un espacio que fue convocado por líderes políticos en 1988 para pedirles a los científicos que les dieran luces sobre qué decisiones tomar, publicó su último y sexto informe sobre la ciencia del cambio climático.

Además de encontrar que la temperatura de la superficie global incrementó 1,09° C entre el período de 1850-1900 al de 2011-2020 o que algunos cambios, como el aumento del nivel del mar y el derretimiento de glaciares, serán irreversibles, el informe es puntual sobre el rol de los humanos en estas transformaciones: “Es inequívoco que la influencia humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra”. Es una conclusión triste y buena a la vez. Sí, los humanos causamos este daño, esta crisis ambiental. Pero también nos indica que no somos seres pasivos y aún podemos tomar ciertas decisiones para salvar lo que es aún salvable.

El sexto informe también hace una hipótesis de cómo se verá nuestro futuro, uno no tan lejano, dependiendo de lo que elijamos hoy. Hay dos años importantes para entender lo que viene: 2050 y 2100. El primero será el año en que debemos lograr, sí o sí, alcanzar la meta de carbono neutralidad para evitar un aumento mayor a 1,5° C para 2100. Para aterrizarlo mejor, traigamos estos tiempos a la realidad. Las personas de mi generación tendremos 60 años para 2050 y los niños y niñas que nacieron este año tendrán entre 29 y 30.

Entonces la lógica es simple: debemos empezar por dejar que sean los niños y las niñas quienes entiendan y decidan. No para alarmarlos o asustarlos, sino para insistirles que son una población con voz. Movilizaciones como la de Viernes Por el Futuro, liderada por niños, niñas y jóvenes, demuestran que son también voces políticas, ambiciosas y, quizá, menos pesimistas y pasivas como lo han sido (o hemos sido) otras generaciones.

Hace ya un tiempo, en 2014, un estudio publicado en Science y liderado por investigadores del Centro Wittgenstein para la Demografía y Capital Humano Global de Austria, concluía que los niños y las niñas que aprendieron sobre el cambio climático durante la primaria y el bachillerato tenían mayor capacidad de adaptación a los desastres naturales y al cambio climático como adultos. La investigación incluso proponía que parte de los recursos que se usan en planes de adaptación no fueran a proyectos de ingeniería o tecnología, sino a las escuelas y colegios.

En noviembre del año pasado, la revista médica The Lancet retomó esta idea en el contexto de la pandemia por coronavirus. “Los primeros años escolares son un período importante para construir una base sólida para que los niñosy niñas se conviertan en personas creativas, capaces, independientes, responsables y resilientes. Por lo tanto, los niños y niñas deben conocer desde el principio los vínculos entre el medio ambiente, los animales, las plantas y la salud humana, así como los comportamientos que pueden adoptar y las acciones que pueden tomar para proteger su salud y respetar la naturaleza”. Este es un intento desde la sección de Ambiente de El Espectador por dar una herramienta para que niños y niñas entiendan mejor el cambio climático y, ojalá, no sea la última. Una invitación a que se generen conversaciones con quienes, por error, muchas veces nos creemos muy jóvenes para entender o decidir, pero que, como nos han demostrado durante la pandemia, tienen una mayor capacidad de resistir y adaptarse.

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