2 Aug 2013 - 10:00 p. m.

Turistas amenazados del Pacífico

Por esta época, Colombia recibe a cientos de ballenas y 26 especies de aves que huyen de las gélidas temperaturas del norte o el sur en busca de aguas cálidas y bosques espesos.

Redacción Vivir

Luego de 8.000 kilómetros de travesía desde la Antártida, pasando por los canales patagónicos chilenos, el mar de Perú y de Ecuador, a las costas del Pacífico colombiano llega una multitud del mamífero más sorprendente que habita el océano, la especie migratoria que recorre las distancias más largas y cuyo canto puede viajar hasta 3.000 kilómetros por las aguas.

Como cada año, entre 600 y 1.000 ballenas jorobadas o yubartas tocan las costas de Gorgona, el Parque Natural Uramba, en bahía Málaga, y el golfo de Tribugá, para cumplir con su ritual de apareamiento y reproducción, sólo posible en las tibias aguas de este extremo del planeta.

Pero además de los gigantes cetáceos, por esta época 26 especies de aves playeras vuelan hasta el Pacífico en busca de alimento en sitios como manglares y selvas.

Aunque las aves originarias de Estados Unidos y Canadá bien podrían quedarse en Centroamérica, según Juan Manuel Díaz, director científico de la fundación Marviva, tienen grabado en su genética viajar cada año a Colombia. La particularidad se debe a que el istmo centroamericano, al parecer, sólo existe desde hace dos millones de años y su puerta de entrada a esta región siempre fue Colombia, aspecto que hace aún más especial el fenómeno de que el país sea hogar de paso de unas 530 especies de insectos, aves, mamíferos, peces y tortugas, gran parte de las cuales tienen como destino las selvas y costas del Pacífico.

Sin embargo, este paraíso pierde cada vez más su atractivo para miles de animales que lo visitan. De acuerdo con Luis Fernando Castillo, director de la Asociación Calidris, que protege a las aves migratorias, municipios como Iscuandé (Nariño), donde se concentra la mayor cantidad de playeras provenientes de Norteamérica (23 especies, 60.000 individuos), enfrentan grandes presiones.

Por ejemplo, dice Castillo, “está creciendo el desarrollo urbanístico con mucha rapidez en zonas cercanas a la costa, mientras aumentan los niveles de deforestación. El crecimiento de los poblados y la falta de un plan adecuado de basuras deja muchísima contaminación en la playa, y las cabeceras altas de los ríos que luego llegan al mar se están convirtiendo en los botaderos de mineros y cultivadores ilegales”.

La situación se replica en Chocó y Valle, y no sólo pone en riesgo a cientos de aves sino que afectaría a otras especies migratorias.

Lilian Flórez, directora de la Fundación Yubarta, para la protección de las ballenas jorobadas, acepta que el tráfico de embarcaciones es un riesgo para estos mamíferos acuáticos pues pueden golpearse, pero la situación más problemática se da cuando las ballenas se cruzan con redes abandonadas en el mar, las cuales entorpecen su tránsito o, peor aún, no les permiten salir a la superficie para respirar y mueren.

Según cuenta Flórez, a menos de dos meses de la llegada de las ballenas al litoral pacífico, ya se han registrado dos casos de animales atrapados: uno en Tumaco y otro en Bahía Solano.

Aunque para Juan Manuel Díaz, de Marviva, el estado de conservación del Pacífico aún es alto, las ballenas se enfrentan a otra dificultad: al parecer el ruido también es una presión para ellas. “La presencia de submarinos y las explosiones para explorar hidrocarburos pueden llegar a desorientarlas, cambiar su ruta y hacer más difícil la búsqueda de pareja”, explica.

Las buenas noticias parecen ser que el Ministerio de Ambiente y WWF Colombia suscribieron un convenio para trabajar en la formulación participativa de un plan nacional de las especies migratorias, mientras en el Pacífico las comunidades de Chocó, Nariño y Valle celebran desde hace diez años el Festival de Especies Migratorias, que, entre bailes, cantos y poesías, finalmente lleva un mensaje contundente: el Pacífico tiene el privilegio de recibir aves, ballenas y tortugas y es consciente de su deber de conservar a estos visitantes.

 

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