Radiografía de la convulsión social

América Latina está enojada de mil maneras

El número de países latinoamericanos sacudidos por protestas sociales y crisis políticas ha crecido de manera sorpresiva este año. Sin importar la corriente ideológica, las manifestaciones en cada país responden a problemas y necesidades específicas, cuyo factor común es un descontento generalizado con quienes gobiernan.

Durante todo el año las protestas marcaron la agenda de América Latina. EFE

Las promesas incumplidas y una brecha social cada vez más grande han colmado la paciencia de millones de latinoamericanos en 2019. Desde México hasta Chile, las movilizaciones han surgido a un ritmo vertiginoso a lo largo y ancho del continente. Pero contrario a lo que podría pensarse la protesta latinoamericana está lejos de ser una “primavera”. Los reclamos en cada uno de los países de la región son muy distintos y las movilizaciones responden a necesidades específicas. Que hayan estallado el mismo año es una casualidad. O de las redes sociales, cuyo papel en visibilizar la rabia ciudadana ha sido muy efectivo.

América Latina está enojada de mil maneras contradictorias a la vez, sin importar la corriente ideológica. El último estallido social se dio hace una semana en Bolivia tras semanas de presión contra el líder de izquierda Evo Morales, a quienes sus opositores lo acusaron de haber cometido fraude electoral. Pero semanas atrás, no eran los bolivianos, sino los chilenos y los ecuatorianos quienes se habían tomado las calles exigiéndole mejores condiciones de vida a sus gobiernos de derecha. Así mismo, meses antes los ciudadanos de Haití, Honduras, Perú y Venezuela, eran quienes reclamaban cambios inmediatos en sus sistemas políticos. 

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Aunque en el mundo se han visto fuertes protestas este año, las movilizaciones en América Latina no son producto de “un contagio regional”, en palabras de la analista política chilena Marta Lagos, directora de la encuesta regional Latinobarómetro. La agenda ha sido múltiple y cada caso es distinto. En algunos se han dado porque la calidad de vida empeoró, como en Chile, Ecuador y Argentina, o porque los sistemas democráticos están en crisis o no funcionan, como  en Bolivia, Venezuela, Honduras y Nicaragua. El rechazo a la corrupción motivó a guatemaltecos y peruanos a la protesta. En otros casos menos mediáticos, como los de Paraguay y Colombia, han sido los estudiantes y los transportadores quienes han salido a la calle. 

“Las recientes protestas en América Latina, a pesar de lo diferentes que son entre ellas, tienen una exigencia simultánea que es la de garantías sociales. Después de la crisis de 2008, y de un innegable crecimiento económico en la región, a los gobernantes se les olvidó que lo más importante era desmantelar las desigualdades”, explica Lagos. 

Que en el 2019 hayan estallado varias protestas ha hecho olvidar a muchos que la región tiene una larga historia de protestas, que datan de los movimientos de independencia del siglo XIX. Muchas de las campañas libertadoras nacieron de la protesta social, por lo que estas están integradas a la génesis latinoamericana. Incluso en el siglo XX, durante los años de las dictaduras, fueron los movimientos sociales quienes impulsaron el regreso de la democracia. 

“Hay toda una cultura de movilizaciones que funciona como un mecanismo de presión para exigir la ampliación de derechos y una disminución de las históricas injusticias sociales”, explica Luciana Cadahia, investigadora de CALAS Andes.

La sordera de los gobernantes parece ser un factor común en la América Latina de hoy. En Bolivia el presidente desconoció un referendo popular y se lanzó contra la voluntad del pueblo a una elección. En Chile y Ecuador, los gobiernos de Sebastián Piñera y Lenin Moreno, tan pronto emergieron las protestas, la criminalizaron y la enfrentaron a sangre y fuego. En ambos países, la reacción militar del Gobierno encendió aún más el descontento popular. Semanas después, tras decenas de muertos y miles de heridos, ambos países reconocieron que los reclamos de la ciudadanía eran legítimos.

"En Chile los militares otra vez están matando gente de nuevo"

El último Latinobarómetro ya apuntaba en esta línea. Para el 75% hay una percepción de que se gobierna para unos pocos y que los Gobiernos no defienden los intereses de la mayoría.  “Hay una demanda de democracia”, explica Marta Lagos a El Espectador.  Según el estudio, solo el 5% opina que hay democracia plena; el 27% que hay pequeños problemas; el 45%, grandes problemas y un 12% considera que no se le puede llamar democracia a lo que hay hoy en día.

México

 

 
 

El relato de una menor de 17 años conmocionó a México hace unos meses. La joven denunció que el pasado 3 de agosto, fue violada por una patrulla de policías en la Ciudad de México. De ahí en adelante una suma de errores gubernamentales desataron fuertes protestas en toda la capital mexicana. El tema resaltó nuevamente una tarea urgente en un país donde se asesinan a 10 mujeres al día, según cifras oficiales. Las manifestaciones sociales, que incluyeron a cientos de mujeres, hombres y representantes de organizaciones y colectivos feministas, sacudieron los puntos más importantes de la capital mexicana. "Desde luego hay que hacer una investigación. No estamos desatendiendo el problema. Casi todo el Gobierno está orientado en garantizar la paz", fueron las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien desde campaña prometió defender los derechos humanos. 

Haití

 

 
 

Haití, una nación que a través de los años ha estado marcada por la inestabilidad política y económica, suele tomarse las calles. Sin embargo, este año las manifestaciones han sido más constantes. Una investigación reveló que funcionarios de alto nivel habían utilizado indebidamente cerca de 3.800 millones de dólares en préstamos de Petrocaribe de Venezuela y que el presidente Jovenel Moïse había estado involucrado. Los manifestantes acusan a Moise de haber colaborado con el mecanismo de corrupción que desvió el dinero proveniente de Venezuela. Exigen su salida del poder, mientras crece el desempleo, la falta de servicios básicos y el costo de vida es cada vez más alto. 

Puerto Rico

 

 
 

 

Ricardo Roselló, ahora exgobernador de Puerto Rico, tenía un chat con otros políticos cuando todavía ostentaba el cargo, en el que despotricaba y lanzaba comentarios machistas y homófobos contra otros funcionarios del gobierno. Los chistes le salieron caros; las conversaciones se filtraron y se desató una protesta social nunca vista en la isla. Miles de personas marcharon durante 12 días exigiendo la salida de una cúpula dirigente corrupta y éticamente “no apta”. Finalmente, el pasado 24 de julio Roselló cedió ante la intensidad de la presión y presentó su renuncia, culminando así dos insípidos años de mandato. Las manifestaciones fueron particulares por el involucramiento de artistas como promotores del fenómeno, entre ellos Ricky Martin, Residente, Bad Bunny y Marc Anthony. 

Guatemala

 

 
 

El Las investigaciones de corrupción que rodean al presidente guatemalteco, Jimmy Morales y a su familia, reveladas en informes del Comité Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), han sido el detonante de numerosas marchas que reclaman desde hace tiempo su salida del gobierno. En septiembre, estudiantes y campesinos se tomaron 24 centros escolares para exigir la derogación de un acuerdo que Morales firmó con Estados Unidos para convertirse en receptor de migrantes. Una contradicción porque éste es uno de los países de donde más personas huyen hacia EE. UU. La falta de empleo y de oportunidades también movilizaron a los estudiantes. La calma está lejos de llegar: la aprobación de un decreto que permite reformas al Código Penal que beneficia a políticos procesados, entre otros presos, a reducir sus penas hasta en un 50%, despiertan malestar social.

Honduras

 

 
 

El presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, ha enfrentado numerosas manifestaciones a lo largo de este año en las que exigían su renuncia. Las protestas comenzaron en junio cuando un importante número de personas protestó contra dos decretos presidenciales que, según ellos, facilitaban la privatización de la salud y la educación. Estas protestas se intensificaron en agosto en medio del juicio por narcotráfico al hermano del presidente Hernández en Estados Unidos. Allí, un testigo afirmó que a través de su familiar entraron dineros ilícitos a su campaña presidencial, que culminó con su reelección en 2018. La gente pidió la renuncia del mandatario al considerar que se eligió de forma ilegítima.

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Nicaragua

 

 
 

El país centroamericano todavía resiente la crisis que se formó el año pasado tras el rechazo masivo a una serie de políticas que pretendía aplicar el presidente Daniel Ortega. Aunque el presidente revocó su decisión, las manifestaciones adquirieron otros matices y el gobierno respondió con represión. La crisis ha dejado al menos 566 muertos, centenares de prisioneros, decenas y miles de exiliados. Dentro de las principales demandas, los nicaragüenses reclaman un adelantamiento de las elecciones, algo a lo que se ha negado Ortega. Según el gobierno, hacerlo constituiría en un rompimiento del orden constitucional. Un año y medio después, los esfuerzos por encontrar una salida a la crisis parecen haberse estancado y el presidente parece decidido a quedarse más tiempo en el poder.

Perú

 

 
 

El presidente Martín Vizcarra disolvió el Congreso  en el marco de una larga crisis política por casos de corrupción que involucraba a expresidentes, congresistas, fiscales y jueces. La decisión del mandatario fue criticada por los parlamentarios, que lo acusaron de extralimitarse. Sin embargo, el apoyo de los ciudadanos fue masivo y se dieron multitudinarias marchas en las calles  para manifestarle el apoyo a Vizcarra. En un intento por recuperar el poder perdido, el Congreso en pleno nombró a la vicepresidenta Mercedes Araóz como “presidenta interina”, pero al estar suspendido    sus acciones fueron nulas. La gente, por su parte, presionó a tal punto que Araóz renunció. Después del caos, Vizcarra  anunció la convocatoria de elecciones legislativas el 26 de enero de 2020.

Chile

 

 
 

El anuncio de un aumento al pasaje del metro de Santiago provocó una erupción social en Chile. Los chilenos salieron a las calles no solo a rechazar el incremento en el pasaje, sino también el deterioro en su calidad de vida.  Las protestas se tornaron violentas  y se incrementaron por la respuesta gubernamental. El presidente Sebastián Piñera anunció que su país estaba “en guerra” y sacó a los militares a las calles.  Los enfrentamientos entre la fuerza pública y los manifestantes aumentaron. Semanas después, el mandatario reconoció que se había equivocado y anunció una reforma constitucional  para intentar calmar la movilización.  La crisis ha dejado hasta el momento 23 muertos, más de 2.500 heridos y 6.200 arrestos.

Venezuela

 

 
 

La crisis venezolana, que ha forzado a cerca de 4 millones de personas a salir del país, adquirió este año un nuevo matiz con la autoproclamación del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como presidente encargado. El opositor  se convirtió en el nuevo rostro de la resistencia contra Nicolás Maduro y desde enero ha convocado a decenas de marchas  para rechazar al gobierno chavista, acusado por las Naciones Unidas de violar sistemáticamente los derechos humanos. La marcha más numerosa se dio el 2 de febrero cuando miles de personas se agolparon en diferentes ciudades del país exigiendo la salida de Maduro. No obstante, con el pasar de los meses, la movilización ciudadana y el apoyo a la figura de Guaidó ha decrecido en las calles. Este sábado, contagiados por la movilización regional y cansados de los racionamientos y el alto costo de vida, los venezolanos volvieron a tomarse las calles. 

Ecuador

 

 
 

En Ecuador la crisis empezó cuando el presidente Lenín Moreno eliminó los subsidios a los combustibles el pasado 2 de octubre. El resultado de la medida, basada en un polémico acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), fue devastador. En todo el país se desataron unas de las protestas más intensas en su historia, protagonizadas por estudiantes, indígenas, transportadores, y otros sectores de la sociedad. Los enfrentamientos entre manifestantes y fuerza pública escalaron hasta tal punto, que Moreno impuso el estado de excepción, toque de queda en Quito y envió a las Fuerzas Armadas a las calles para “preservar el orden”. Las cifras oficiales señalan que hubo al menos cuatro muertos, más de 850 heridos y más de mil detenidos. La  presión social finalmente obligó al presidente  a derogar el acuerdo con el FMI el 12 de octubre y negociar. 

Bolivia

 

 
 

La conmoción social se venía cocinando a fuego lento en Bolivia. El detonante fueron las elecciones presidenciales del pasado 20 de octubre, cuando Evo Morales salió reelegido como presidente del país tras un polémico conteo de votos que la oposición calificó de fraude y cuya posición fue avalada posteriormente por la OEA. Aunque el exmandatario estaba dispuesto a una segunda vuelta en caso de que se demostraran las irregularidades en los comicios, ya era muy tarde para detener la fuerza de las protestas. 

Así, el descontento electoral evolucionó a otras quejas contra el exmandatario que culminaron con el cambio de posición de las Fuerzas Armadas, obligando al presidente Morales a renunciar y salir del país en un avión hacia México. La salida de Evo, sin embargo, no calmó la calle. Al contrario, las protestas se intensificaron en un escenario totalmente polarizado que ha dejado al menos dos muertos y más de 300 heridos. Mientras un lado exige cambios estructurales y mejoras en la calidad de vida, el otro, conformado especialmente por indígenas, claman que hubo un golpe de estado avalado por la OEA. 

Uruguay

Las manifestaciones en Uruguay iniciaron en octubre cuando el Partido Nacional (PN) propuso “Vivir sin miedo”, una polémica medida que estipula: la creación de una Guardia Nacional que trabaje con la Policía, permitir allanamientos nocturnos, cuando la Constitución uruguaya solo las permite de día, y considerar la cadena perpetua para crímenes gravísimos. Miles de uruguayos llegaron a la Avenida 18 de Julio en Montevideo, la vía principal de la capital, para rechazar la reforma, que se sometió a un referendo ese mismo mes. Los  cambios, sin embargo, tendrán que esperar, pues el 46.8% que votó a favor fue insuficiente. Todo podría cambiar con los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. 

Argentina

 

 
 

 Al presidente argentino, Mauricio Macri, se le presentaron numerosas protestas sociales durante todo el año. Esto se debe a que la crisis económica del país golpea a todos los sectores de la sociedad argentina, sobre todo por la devaluación del peso y una inflación que ha superado el 53%. Los acuerdos alcanzados con el Fondo Internacional Monetario (FMI), que el año pasado concedió un crédito de US $56.300 millones de dólares a Argentina para paliar la crisis, fueron insuficientes y, durante el mandato del actual presidente, cuatro millones de personas terminaron en la pobreza.

Durante todo el año, miles de ciudadanos salieron a la calle a exigir la aprobación de la emergencia alimentaria y social. Otra de las grandes inconformidades fue la reducción de los subsidios a los servicios públicos, entre ellos el transporte y la energía. No es casualidad que Macri haya sido derrotado por Alberto Fernández, candidato peronista, en las pasadas elecciones presidenciales de octubre. Ahora, el Gobierno argentino saliente señaló que espera que la economía argentina muestre signos de recuperación a finales de año una vez esta asimile "el cambio de ciclo". Los izquierdistas, por su parte, afirman que será difícil porla herencia que reciben.

Colombia

Sindicatos, indígenas y universitarios en Colombia, apoyados por fuerzas de oposición, convocaron a una gran huelga el 21 de noviembre en protesta contra el gobierno del presidente Iván Duque, que luce debilitado tras un año y medio en el poder.

Las principales centrales obreras, incluido el magisterio, invitaron a rechazar las que consideran políticas "neoliberales" de Duque, y a marchar en defensa de la "vida y la paz", frente al rebrote de violencia en el país tras el Acuerdo de Paz de 2016 con la antigua guerrilla de las Farc. 

Los movimientos de protesta hicieron énfasis en su repudio a la violencia contra los líderes sindicales y sociales, que dejó 486 muertos entre el 1° de enero de 2016 y el 17 de mayo de 2019, según la Defensoría del Pueblo. 

También la FARC, el partido surgido del acuerdo de paz, anunció su respaldo a la huelga en rechazo al asesinato de poco más de 170 excombatientes que firmaron el pacto.

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Nicolás Marín Navas / Jesús Mesa

El Mundo

América Latina está enojada de mil maneras

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