Amor: sí se compra, sí se vende

Al parecer, hoy el amor no es más que un producto que genera plusvalía y que se puede medir. Páginas web que gestionan una noche de infidelidad o que venden los regalos de tu exnovio, hacen parte de esa gran industria.

Nos hemos acostumbrado a escuchar a las estrellas del cine, del rock, y hasta a nuestros más reputados directores deportivos, ofrecer disculpas públicas por sus deslices amorosos y haber metido la pata con sus parejas. Casi en una demanda histérica, la sociedad y los medios parecen no quedarse tranquilos hasta que ese que ha cometido la falta se ponga de rodillas y reconozca su error con cabeza baja. Pero no es suficiente que pida perdón al amante ofendido en privado, lo que todos esperamos es que se haga en voz alta y para todos. Pero… ¿por qué Tiger Woods tenía que pedirme perdón a mí?, ¿por qué Hugh Grant apareció en miles de televisores disculpándose y rogando el olvido colectivo después de que fue encontrado y fotografiado con una prostituta? ¿Por qué los medios se empeñaron en la necesidad de que Hernán Darío Gómez, El Bolillo, mostrara público arrepentimiento?

Esa extraña demanda social parece ser sólo una de las muchas que se le hacen al amor hoy en día. “En los tiempos en los que vivimos, el amante debe rendir su sexo al consenso público. Cuando amo, no solo amo yo sino que ama un público, como si fueran los electores los que deben aprobar mi comportamiento. Este es para mí uno de los rasgos más típicos del amor en tiempos de la social democracia”, explica el escritor Eloy Fernández Porta, experto en la sociología de las relaciones, una ciencia que se sustenta en la idea de que hay cierta reglamentación social, y no sólo instintos, pasiones y flechas de Cupido, en la amistad, el amor y el amplio visor de relaciones humanas.

“En cada época el sistema político determina las relaciones íntimas”, explica en tono tentador este catalán que estuvo de paso por Bogotá presentando su libro Eros, ganador del premio ensayo Anagrama. Entonces, vivimos en la época de la socialdemocracia, así que tenemos un amor socialdemócrata, uno que es diplomático, es decir, que pone en primera instancia la negociación entre los sujetos, que es más racional que el viejo amor romántico. Tiene además un carácter contable; así como antes en el amor romántico la pasión era incontable, infinita, en el marco de la socialdemocracia el amor es uno de los productos inmateriales que se intercambian y produce plusvalía”.

Si a algunos les suena disparatada esta idea, este atrevimiento de pensar el amor desde los vandalismos del capital, no hay sino que echar un vistazo a ciertas agencias y páginas web que hacen millones y millones gestionando la vida íntima de solteros y parejas.

En Eros, Eloy Fernández menciona a la norteamericana Ashley Madison Agency, una monumental agencia que, a diferencia de las páginas para solteros como Metting.com o Match.com, está dirigida a parejas casadas —que deben acreditar que lo están— que buscan una historia de una noche, una infidelidad tutelada y racionalizada por la corporación. “Algo tan serio como una infidelidad no se puede dejar a su suerte, vaya a saber uno qué sale de ahí. Debe ponerse en manos de los especialistas en infidelidad, así que emerge una nueva figura laboral que es el especialista en vida íntima, al que el ciudadano acude como cliente”, explica el autor.

Por supuesto, los expertos no sólo se inscriben en materias de infidelidades, la gama es amplia, hay incluso compañías enormes que arman su capital a partir de extrañas promesas, como Exodus International, la empresa más importante en el mercado de la reorientación sexual, dedicada a los gays que quieren dejar de serlo y quieren volverse heterosexuales. “Así, la vida íntima es vista como una competición entre distintas corporaciones, cada una de las cuales está interesada en que nosotros nos comportemos en nuestra privacidad de un modo determinado”. Por no mencionar a Cash Converters, una empresa que atiende las demandas de venganza de los despechados a la vez que les genera una nueva fuente de ingresos : “¿Tu novio te ha puesto los cachos? Véngate vendiéndonos los ‘regalitos’ que te hizo”.

En su estudio, este escritor provocador revierte, además, otras teorías que parecen un consenso sobre el amor actual. Seguro que si interrogáramos a un padre y un hijo de hoy en día, ambos concordarían en que lo típico de estos días son las relaciones de una noche, inmediatas, irresponsables, inmorales, que pierden los vínculos afectivos. “Yo diría más bien que lo que sostiene el capitalismo no son las relaciones de una noche y las industrias que van con ella, como la de los moteles o los juguetes sexuales; esas son industrias secundarias. Lo que sostiene al capitalismo y lo que podría ponerlo en riesgo si se hundiera es la industria de las hipotecas, que es una industria de la vida personal concebida para una pareja que tiene un proyecto de relación a largo plazo”, explica Fernández. “Y si ahora tenemos un problema llamado crisis que comienza con las hipotecas basura, ocurre porque los vendedores de hipotecas se propusieron venderlas a personas que no podían permitírselo, que estaban listas para vivir un rollo de una noche y no para una familia”.

Sin embargo, después de desarrollar estas consideraciones, después de ver la ruptura como el momento economicista por excelencia, de analizar los especialistas en capitulaciones y divorcios, tras mirar con lupa la economía del regalo, el escritor admite que aún creemos y tenemos la convicción de que hay un resto de autenticidad en el amor que resiste a todo esto. Él responde: “esa convicción también la produce el capitalismo”.

Temas relacionados