Por: Antieditorial

Antieditorial sobre el sesgo

El antieditorialista del lunes 2 de junio, mediante un inaceptable sesgo, comienza por imputarle a El Espectador una falta de imparcialidad que en un editorial de tesis u opinión, como es el caso del género periodístico del 19 de mayo, no aplica.

Desde el primer día este periódico se ha mantenido en que: “…trabajará en bien de la patria con criterio liberal y en bien de los principios liberales con criterio patriótico”.

El delito informático, que el periódico editorializa, viola derechos fundamentales porque unos ciudadanos intervienen sobre la privacidad de otros colombianos. Y por lo menos repugna. Un delito que el Código Penal colombiano tipifica, debe ser juzgado y fallado por la justicia y es esta institución la que debe probar si hubo o no infiltración a las campañas políticas. Pero analizar, comentar, editorializar y difundir por un medio de comunicación serio y oportuno la comisión de un delito, que de no ser así puede convertirse en un delito de cuello blanco, no deja de ser más que la práctica del periodismo, con criterio patriótico.

El antieditorialista, en primera instancia desvirtúa la fuente y enseguida, le da créditos al contenido del video, incurriendo en una contradicción muy del talante uribista. Sólo creen en lo que les conviene. La ley del avivato, expuesta por el periodista Esteban Carlos Mejía en su columna de opinión “Rabo de paja” del 18 de octubre de 2013, bien vale la pena releerla.

Finalmente, el escalofrío ataca al inhibido columnista cuando presagia un gobierno de corte extremista de izquierda al que considera el verdadero peligro ya que el “establecimiento de una dictadura castro-chavista” va a afectar al periódico y al país. Es la reiterada tesis centrodemocrática de que Santos (ja, ja, ja) va a convertir a Colombia (ja, ja, ja) en la sucursal venezolana (ja, ja, ja) de la política y que los Maduros y (ja, ja, ja).

Y, ya repuesto de esta diatriba uribista, rememoro a Fernando Vallejo, citado por Esteban Carlos Mejía: “Lo único que cultiva el antioqueño en su pereza ladrona es su fama de trabajador honrado”. Esas mentiras (difundidas por los uribistas, que ya abarcan una parte de la geografía colombiana y que, de no hacerles frente, cubrirán el país después del 7 de agosto como la sangre de las víctimas de la guerrilla y de los paramilitares que ahora se hacen llamar bacrim) son las que nos obligan a los indignados colombianos (que poco o nunca votamos) a depositar nuestro voto, por el menos pior, por el candidato presidente Santos. Más vale un rebelde malo conocido, que títere del pésimo reconocido. Esta es la pequeña desventaja de Zuluaga: Uribe.

Los inconformes de la clase política tenemos la obligación con el país nacional de invitarlos a votar por Santos, de movilizarnos pacíficamente, de solicitar reformas legislativas, de intervenir en foros, de exigir soluciones en temas como salud, víctimas, campo; de organizar el Segundo encuentro de defensores de la tutela, que se llevará a cabo los días 4 y 5 de julio en el Salón Presidente (antiguo Club de Empleados Oficiales, en Bogotá).

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