Por: Antieditorial

Dejen gobernar al Maduro

Ya el benemérito de las Américas Benito Juárez sentenciaba desde México que el respeto a los derechos de los demás es el principio de la paz. Por lo que la autodeterminación y la injerencia es el respeto a las otras naciones y pueblos.

La injerencia en los asuntos internos especialmente en el campo político y económico, cuando es de naciones más poderosas que la emproblemada, termina en que esa potencia se coaliga con una de las partes, no siempre la más razonable, para imponer sus propios intereses y políticas.

Grandes líderes del llamado Tercer Mundo o países emergentes han pregonado el derecho universal de los pueblos a autodeterminarse y con ello a no aceptar injerencia en los asuntos internos de sus países, ni siquiera en caso de guerra civil. Fue así como en plena guerra fría, encabezados por Tito de la antigua Yugoslavia, Nasser de Egipto, Arafat de la sufrida Palestina, Nehru de la India, se constituyera el movimiento de los países No Alineados, ahora venido a menos.

Todo lo dicho en el editorial de hoy sobre los problemas que atraviesa Venezuela puede ser cierto. Pero hay que tener en cuenta que el proceso de la Revolución Bolivariana es relativamente joven y ha contado con muchos escollos, entre los cuales sobresale la mencionada caída de los precios del petróleo a nivel internacional, la enfermedad y posterior fallecimiento de su máximo líder Hugo Chávez Frías, el desabastecimiento producto no solo de la falta de divisas para importar alimentos, sino del acaparamiento que los grandes empresarios de los víveres de oposición hacen de los productos de la canasta básica; fórmula sin duda expedita para generar rechazos de ciudadanos y especialmente de amas de casa. (Remember al Chile de Salvador Allende) y la caricaturización de los discursos de los presidentes Chávez y Maduro por los canales internacionales de noticias que solo muestra el lado oscuro del país; y editan lo que les conviene que se sepa de ellos, fuera del contexto de la situación.

La intervención de personajes de otros países, que no han sido llamados, nada aporta a la solución de los problemas; visitar al líder de la oposición a un gobierno legítimamente constituido mediante unas lecciones que hasta ahora nadie ha demostrado que fuesen fraudulentas. Estados Unidos, en su interés de pacificar su “patio trasero” para competir exitosamente por un nuevo reparto de los mercados con las potencias emergentes, como China, Rusia, India, y los Tigres Asiáticos.

Y no es con añorar la importación de productos básicos como se solucionaría el problema, sería solo un paliativo, que ahondaría la posibilidad de que los países exportadores de alimentos como Estados Unidos y la UE acogoten al pueblo venezolano, imponiendo políticas a todas luces inaceptables para un pueblo soberano; entre otras cosas porque el atraso que indudablemente ostenta Venezuela en materia industrial, no se debe precisamente a los contemporáneos gobiernos del “socialismo siglo XXI”, sino que viene de atrás, de los sempiternos gobiernos de Copey y A.D.; que con las consabidas divisas petroleras no desarrollaron la industria nacional e hicieron de Venezuela una economía parásita. Algo que puede ocurrirle a Colombia si sigue con la política de impulsar la locomotora minera y los TLC.

Por respeto a nuestra tradición de demócratas, dejemos que los venezolanos decidan en su momento cuál es el rumbo que eligen tomar.

* Leila Delgado Almanza

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