Por: Columna del lector

Señor Ospina… ¡Discrepo!

 William Ospina, un intelectual de corte izquierdista, sorprendió en su columna del domingo 1° de junio por su apoyo a un candidato que, contra todos los pronósticos, ha logrado evadir las explicaciones que el país se merece por los escándalos en los que se ha visto envuelto últimamente. Dicha columna, que ha suscitado controversias, trae a colación un debate histórico del cual, indiscutiblemente, la estirpe Santos se visibiliza como una de esas familias que, desde el principio de los tiempos, ha ostentado el poder y representado esa élite rancia que tanto daño le ha hecho al país.

En el escrito Ospina concluye que, entre Zuluaga y Santos, el candidato de Uribe es el mal menor, porque como Juan Manuel tiene 100 años y su familia ha ostentado el poder desde siempre, se necesita “un cambio de manos”. La conclusión, aunque válida, me parece algo ligera y desafortunada. No podemos caer en el juego de la “renovación” porque sí, si es que Uribe representa renovación.
Sin el ánimo de decirle qué hacer y qué no, señor Ospina, respetando su derecho a expresarse, creo que, si iba a criticar la casta Santos, no era necesario decir que Uribe era un mal menor, pues, si bien es cierto que los Santos representan esa dañina élite colombiana y que esa situación los ha llevado a incidir y ser responsables, en alguna medida, de muchos de los males vigentes, no quiere decir ello que, en contraposición, Uribe es un mal menor, pues, me atrevería a aseverar que no se necesitan 100 años para demostrar qué se es: él en su trayectoria ya ha dejado claro quién es.

Ahora, referente al tema de estirpes, si una de las razones para votar por Zuluaga es porque es el candidato de Uribe y, por ende, representa un cambio, ¿qué hubiese pasado si Francisco Santos hubiera sido el ungido de Uribe? ¿Seguiría siendo un mal menor por estar respaldado por Uribe? Y si bien su molestia también radica en la ambigüedad del discurso de Juan Manuel, que a mí también me perturba, no olvide que Uribe, aunque no finge amar a la oposición, sí finge favorecer al pueblo. Quedó demostrado en su campaña hacia el Senado donde no hizo más que prometer mejoras laborales cuando en sus ocho años dio al traste con 100 años de lucha de la clase trabajadora.

No podemos poner a cargar a las personas con su pasado ni exonerar a las otras por el pasado de los demás. Uribe y Zuluaga cargan con señalamientos muy graves, de los cuales no podemos absolverlos aduciendo élites. Pero no se preocupe señor Ospina, entiendo que tal vez todo este asunto obedeció a la misma encrucijada en la que nos encontramos muchos, a esa preocupación que nos asalta por estos días sobre qué escoger, pues, entre estos dos males, Santos y Uribe, ¿cuál es el mal menor? Y me atrevería a preguntar, ¿si hay mal menor?

Finalmente, me gustaría aclarar que ni soy defensora de Santos ni creo que un apretón de manos con las Farc traerá la paz, la cual requiere una profunda transformación social donde se eliminen de raíz las circunstancias que alimentan el conflicto. No creo ciegamente en la mesa de La Habana y tampoco estoy muy segura a dónde llegará todo esto, pero si me preguntan qué prefiero, escojo dialogar, quizás algún día logremos parar esta matanza absurda de la que muchos de nosotros somos simples espectadores.

 

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