<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" version="2.0"><channel><title><![CDATA[El Espectador - Google Discover - Opinion / Columnistas]]></title><link>https://www.elespectador.com</link><atom:link href="https://www.elespectador.com/arc/outboundfeeds/discover/category/opinion/columnistas/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Últimos contenidos seleccionados de El Espectador para Google Discover sobre Opinion / Columnistas.]]></description><lastBuildDate>Sat, 16 May 2026 21:30:14 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[NO VOTEN por estos candidatos al Congreso | La Pulla]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/la-pulla/la-pulla-no-voten-por-estos-candidatos-al-congreso/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/la-pulla/la-pulla-no-voten-por-estos-candidatos-al-congreso/</guid><dc:creator><![CDATA[La Pulla]]></dc:creator><description><![CDATA[Aquí les trajimos los personajes que no deberían llegar al Congreso por nada del mundo. Tomen nota para este domingo.]]></description><pubDate>Sat, 07 Mar 2026 17:15:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Aquí les trajimos los personajes que no deberían llegar al Congreso por nada del mundo. Tomen nota para este domingo.</p><p><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/HNMZuBfDxkg?si=Kvf5RrCrXZyaS6MN" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p><p>La escritura e investigación del guion estuvieron a cargo de Juan Carlos Rincón, Valeria Cortés y Ana María Pedraza. En la presentación está Rincón. Kenny Salamanca editó este video.</p><p>Si quieren saber más sobre el tema, les recomendamos:</p><ul><li><a href="https://www.elespectador.com/judicial/elecciones-2026-la-baraja-de-candidatos-bajo-la-lupa-de-la-justicia-que-buscan-curul-en-el-congreso/" target="_blank" rel="" title="https://www.elespectador.com/judicial/elecciones-2026-la-baraja-de-candidatos-bajo-la-lupa-de-la-justicia-que-buscan-curul-en-el-congreso/">Esta es la baraja de candidatos bajo la lupa de la justicia que buscan curul en el Congreso</a></li><li><a href="https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2026/como-y-donde-votar-esto-es-todo-lo-que-tiene-que-saber-para-las-elecciones-de-este-8-de-marzo-noticias-hoy/" target="_blank" rel="" title="https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2026/como-y-donde-votar-esto-es-todo-lo-que-tiene-que-saber-para-las-elecciones-de-este-8-de-marzo-noticias-hoy/">La guía definitiva para que ejerza su derecho a votar: esto es lo que debe saber</a></li><li><a href="https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2026/char-torres-toro-uribe-amaya-las-estructuras-que-manejan-los-hilos-detras-de-elecciones-al-congreso-noticias-hoy/" target="_blank" rel="" title="https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2026/char-torres-toro-uribe-amaya-las-estructuras-que-manejan-los-hilos-detras-de-elecciones-al-congreso-noticias-hoy/">Estas son las estructuras que manejan los hilos detrás de las elecciones al Congreso</a></li></ul><p>Si les gusta lo que hacemos, los invitamos a hacer un aporte en <a href="https://vaki.co/es/vaki/lapulla#patrocinios" target="_blank" rel="" title="https://vaki.co/es/vaki/lapulla#patrocinios">nuestra Vaki</a>.</p><p>¡No olviden suscribirse a <a href="https://www.youtube.com/channel/UCu2cUfy1hmjlcfZHzvVuEgg?view_as=subscriber" target="_blank" rel="" title="https://www.youtube.com/channel/UCu2cUfy1hmjlcfZHzvVuEgg?view_as=subscriber">nuestro canal de YouTube</a> y activar la campanita! 🔔</p><p>Pueden seguirnos en nuestras redes sociales: <a href="https://www.tiktok.com/@lapullaoficial" target="_blank" rel="" title="https://www.tiktok.com/@lapullaoficial">TikTok</a>, <a href="https://twitter.com/LaPullaOficial" target="_blank" rel="" title="https://twitter.com/LaPullaOficial">Twitter</a>, <a href="https://www.instagram.com/lapullaopinion/" target="_blank" rel="noopener noreferrer" title="https://www.instagram.com/lapullaopinion/">Instagram</a>, <a href="http://facebook.com/LaPullaOpinion" target="_blank" rel="noopener noreferrer" title="http://facebook.com/LaPullaOpinion">Facebook</a> y canales de <a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaRKdgO4dTnAMiWOX82W" target="_blank" title="https://whatsapp.com/channel/0029VaRKdgO4dTnAMiWOX82W">WhatsApp</a> y <a href="https://t.me/lapullaoficial" target="_blank" rel="noopener noreferrer" title="https://t.me/lapullaoficial">Telegram</a>.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/N3HETYDYSNHSZHJZ4NUXOOY53E.png?auth=e0af638907c2b593d9c62bd19e6872c43073ea44ff814622fea8db233bb3ecd1&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/png" height="1081" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[NO VOTEN por estos candidatos al Congreso]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Cepeda, más allá del dolor]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/julio-cesar-londono/cepeda-mas-alla-del-dolor/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/julio-cesar-londono/cepeda-mas-alla-del-dolor/</guid><dc:creator><![CDATA[Julio César Londoño]]></dc:creator><description><![CDATA[“Iván Cepeda es celoso con su vida privada porque ya enterró muchos amigos con los cuerpos llenos de plomo para-estatal” Julio César Londoño]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 08:51:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Iván Cepeda es celoso con su vida privada porque ya enterró muchos amigos con los cuerpos llenos de plomo para-estatal: un día fue su padre; otro día, Bernardo Jaramillo, José Antequera, Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro… o los miles miembros de Unión Patriótica, el genocidio por el que pidió perdón el presidente Juan Manuel Santos en nombre del Estado en 2016.</p><p>De su vida privada solo sabemos que duerme poco, que tiene tres perras y que se fue a vivir con su esposa, Pilar Rueda, cuando enfrentó el cáncer de colon que lo condenó a renunciar al vino y a los chocolates y a comer solo verduras, arroz y pollo. </p><p>Pilar Rueda es antropóloga de la Universidad Nacional y tiene maestrías en conflictos, derechos humanos, justicia y asuntos de género en la Universidad de Notre Dame. Ha sido asesora de investigaciones de la JEP, de la Usaid (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y de la ONU en temas de migración. Sus aportes fueron claves para la inclusión de la perspectiva de género en Los Acuerdos de La Habana. Considera fundamental el feminismo como enfoque teórico, pero toma distancia del feminismo como identidad política.</p><p>Cepeda conoce el frío del exilio desde niño, pero estas errancias le permitieron conocer el esplendor y la derrota del comunismo, y los cinturones de miseria de las grandes urbes capitalistas, y ser testigo de excepción de la manera como el mundo sigue buscando una fórmula económica sostenible en las socialdemocracias de Nueva Zelanda, Islandia y los países nórdicos, o en el capitalismo social de los chinos. También le sirvieron los exilios para estudiar filosofía en Bulgaria, aprender y olvidar el checo, hablar búlgaro y francés y defenderse en griego, aunque reconoce que su inglés es «rudimentario» cuando lo compara con el perfecto inglés de su esposa.</p><p>A Cepeda le enrostran ser hijo del senador comunista Manuel Cepeda… pero el 9 de agosto de 2011 el ministro del interior Germán Vargas pidió perdón público por el asesinato del senador a manos de agentes del Estado, y dijo que «Manuel Cepeda había luchado de manera incansable y valerosa por la defensa de sus ideas y de los valores democráticos».</p><p>En sus últimos días, Germán Vargas hizo llamados dramáticos a la unión en primera vuelta de los candidatos de la derecha. Sus preocupaciones tenían fundamento: las posibilidades de triunfo de Cepeda son altas. Llega con el hándicap de las prebendas sociales del Gobierno del Cambio en todo el país, de los millones de personas que se han beneficiado con la reforma laboral, el salario mínimo vital, etc. En 2022, Petro solo tenía para mostrar los resultados de su gestión en Bogotá.</p><p>Cepeda Llega con una ventaja holgada en las encuestas, Petro llegó con números apretados; Cepeda está recibiendo adhesiones importantes en primera vuelta, Petro las recibió en la segunda; los discursos de Cepeda no son tan emotivos como los del Petro del 2022, pero sus mítines son mucho más nutridos que los de Paloma y los de Abelardo; contra Petro se argumentó que expropiaría los latifundios, Cepeda demuestra que compró 400.000 hectáreas sin expropiar un metro cuadrado. </p><p>Contra Petro dijeron que era «castro-chavista» y que nos volveríamos como Venezuela, una fábula que no pueden repetir hoy, cuando Venezuela va a ser el Estado 51 de los Estados Unidos. Contra Petro dijeron que se atornillaría en el poder (lo dijeron justamente los dos presidentes que se atornillaron) y que sería dictador, pero hoy sabemos que nunca el poder legislativo y el judicial, e incluso la prensa, estuvieron tan unidos entre ellos y tan separados del gobierno como en los últimos cuatro años.</p><p>Algunos le critican a Cepeda el fracaso de la Paz total. Curiosamente, son los mismos que se enfurecieron con el éxito de los diálogos de paz de La Habana.</p><p>La derecha descalifica a Cepeda con los argumentos chapuceros y las etiquetas apolilladas que allá se estilan, pero la realidad es que su trabajo ha sido reconocido por personalidades como Ernesto Samper, Gilberto Murillo, Juan Manuel Santos y el Nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel, y fue distinguido con el Premio Alfonso López Michelsen, el reconocimiento que otorga la Corporación Vivamos Humanos “a quienes realizan una labor destacada en Colombia por la construcción de paz y el respeto a los derechos humanos”.</p><p>En varias ocasiones, el Panel de Opinión de Cifras y Conceptos lo ha destacado como uno de los mejores congresistas del país. José Félix Lafaurie afirma que Iván Cepeda es «un hombre ponderado, reflexivo y de convicciones firmes. Tenemos un diálogo franco y civilizado», dijo y pronosticó que Cepeda sería mejor presidente que Gustavo Petro.</p><p>El programa de Cepeda tiene seis puntos básicos: 1. Insistir en la necesidad de un diálogo nacional. 2. Defensa integral de los derechos humanos. 3. Reformas sociales profundas, el único camino hacia la paz. 4. Fortalecer la educación y la salud públicas, las garantías laborales y la presencia del Estado en los territorios. 5. Desarrollo rural y una reforma agraria que reduzca el obsceno Gini de tierras del país (0.89). 6. Transparencia institucional y desarticulación de la «liga» conformada por el político, el paramilitar, el guerrillero y las mafias económicas.</p><p>A Colombia le urge un gran diálogo nacional, y es obvio que personas tan pugnaces como Abelardo o Paloma (ambos mutaciones de Uribe) no son las indicadas para moderar ese diálogo. Iván Cepeda tiene el respaldo político y popular, el orden y la fortaleza mental, la formación académica, la experiencia política, la ecuanimidad psicológica y la generosidad espiritual necesarias para coordinar el diálogo y dirigir el rumbo de la nación. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/7FEG7BI5DFGKBPPF4X5JFUHXTQ.jpeg?auth=8d536defa734dce1ebe987a4f4378a299a08a4895b619310b371a7e3e3b600be&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="854" width="1280"><media:description type="plain"><![CDATA[El candidato presidencial, Iván Cepeda, sumó respaldos de varios sectores liberales.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Cortesía</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El (tele)tigre se viste de naranja]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/sergio-otalora-montenegro/el-teletigre-se-viste-de-naranja/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/sergio-otalora-montenegro/el-teletigre-se-viste-de-naranja/</guid><dc:creator><![CDATA[Sergio Otálora Montenegro]]></dc:creator><description><![CDATA[“Los ilusionados con el patán de Abelardo de la Espriella no quieren ver que elegirlo tendría serias consecuencias”: Sergio Otálora]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 05:12:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>CARTAGENA.- Nadie aprende de la experiencia ajena. Por eso, los ilusionados con el teletigre, con el patán de Abelardo de la Espriella, no quieren ver que elegirlo tendría serias consecuencias para la estabilidad democrática del país. Sería un salto al vacío, y abrirle la posibilidad de un ataque a mano armada contra las instituciones del país.</p><p>Algo parecido a lo que está experimentando, en estos momentos, Estados Unidos. Llevó por segunda vez a la Casa Blanca a Donald Trump, y ahora no pueden estar en su peor momento las familias trabajadoras y de clase media, que ayudaron a elegir con su voto a un autoritario ignorante que tiene al país hundido en la carestía, precios incontrolables de la gasolina, inflación, y una guerra en Irán que ha resultado un fiasco geopolítico y una hemorragia financiera que podría llegar a más del billón de dólares. </p><p>Para no hablar, por supuesto, de la profunda corrupción del gobierno trumpista y de su criminal política antiinmigrante, que ha dejado una secuela profunda de dolor en millones de familias a lo largo y ancho de ese país. Varias voces alertaron sobre los enormes peligros que significaba tener de nuevo al orate anaranjado en el poder, pero pesaron más las promesas mentirosas del entonces candidato republicano, y el desespero de esos mismos que, ilusionados con la posibilidad de elegir a un “empresario”, a un “líder con puño de hierro”, terminaron peor que hace cuatro años, con familiares y amigos deportados, y una situación económica precaria. </p><p>El teletigre es hábil, como su modelo gringo, y está jugando con uno de los anzuelos más efectivos: pintarse como el antisistema, el antipolítico, el salvador de los pobres que se ha hecho multimillonario a pulso. Nada de eso es cierto, a excepción de que ha construido una fortuna defendiendo a bandidos de todos los pelambres. Al igual que el histrión que ahora hunde a la primera y única potencia global, de la Espriella no tiene nada que ofrecer distinto a un espectáculo barato que desprecia al votante, y la receta clásica del populista fascistoide: bala ventiada, soluciones de fuerza, autoritarismo sin atenuantes, alianzas sin escrúpulos con todos los que han desangrado a Colombia por los siglos de los siglos, y una actitud servil ante la empresa criminal anidada en estos momentos en la Oficina Oval. </p><p>Hablar de Iván Cepeda como la otra cara del teletigre, el “otro extremo”, no sólo es de una increíble pereza intelectual, sino también una deliberada simplificación para tratar de posicionarse como “el centro”. Por eso, tal supuesta opción política está quemada. No corresponde al momento histórico que vive Colombia. </p><p> Porque aquí estamos hablando de dos concepciones de país, dos maneras de entender los graves problemas que nos afectan, desde la guerra larvada, hasta la desigualdad profunda y el olvido secular de las regiones. La elección de Petro, y todo lo que ha significado como ruptura histórica, cambió los ejes de la política. Cambió a sus protagonistas y abrió las compuertas a una participación real de los excluidos de siempre del poder. </p><p>Ni el neouribismo de Paloma Valencia, ni el uribismo clásico y cerril de Abelardo de la Espriella responden a las nuevas demandas de un pueblo que quiere respuestas reales. Y el centro, entonces, no es más que una ficción que, de manera terca, siguen acariciando Sergio Fajardo e, incluso, Claudia López, quien habla, además, de construir una centroizquierda socialdemócrata, lejos del uribismo y del petrismo. </p><p>Fantasías políticas de esta Colombia tumultuosa, esperanzadora, que se encuentra en uno de los momentos más críticos de su historia reciente: votar de manera irracional por la prolongación de la guerra (la gran matriz que determina, como nunca antes, desarrollo económico o estancamiento no solo en las grandes ciudades sino en los territorios martirizados por una violencia secular) o apostarle a la consolidacion de una sociedad democrática, moderna, más igualitaria, con la capacidad para entablar un dialogo interno entre diferentes, y una relación de respeto recíproco con este peligroso neoimperialismo trumpista. </p><p>Aquella frase legendaria de que al país le va mal pero a la economía le va bien, ya no funciona de ninguna manera. El votante dejó de aceptar como algo normal o inevitable que una ultraminoría privilegiada recibiera los beneficios de un sistema cerrado. Y es claro que hoy si no hay estabilidad, paz, no hay posibilidad de construir una economía que llegue de verdad a todos los rincones de la nación. </p><p>Nadie, pues, aprende de la experiencia ajena. El teletigre decidió disfrazarse de naranja para engatusar ingenuos o desesperados, como lo hizo su corrupto modelo en Estados Unidos. La mansa paloma del uribismo ahora juega de moderada, pero su mirada, al final, es la misma de siempre: la respuesta militar, monocorde, como prioridad. Es claro el dilema: la insistencia porfiada en un camino de paz —con todas sus dificultades— o volver a lo mismo de antes, pero peor.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/QCO2KDG6IRGZPCQRREOTCJJ5JI.jpg?auth=7e47a44109cf5305fad511dcca9fc2b2847fa7a051a5f940cd9af1cbe75daae0&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="1246" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[AME2017. CALI (COLOMBIA), 14/05/2026.- El candidato a la Presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella reacciona durante un mitin de campaña este jueves, en Cali (Colombia). EFE/ Ernesto Guzmán
]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ERNESTO GUZMÁN</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El tamaño del daño]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/jgalancasanova/el-tamano-del-dano/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/jgalancasanova/el-tamano-del-dano/</guid><dc:creator><![CDATA[John Galán Casanova]]></dc:creator><description><![CDATA[“Si en los medios privados llueve, en los públicos, por lo que se sabe de los pleitos del director de RTVC, tampoco escampa”: John Galán]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 05:06:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>En el laberinto de pantallas contemporáneo, entre millones de celulares, tablets, plataformas digitales y computadoras, la televisión es un dinosaurio que ha sabido mantenerse y habrá de subsistir mientras exista la industria del entretenimiento, esa fábrica infinita de noticias, política, crímenes, deportes, farándula, publicidad, cine, música y telenovelas.</p><p>Los noticieros comprimen y proyectan ese universo, son la base de la cultura televisiva, el eje de la información, la ración diaria de realidad local y global que consumimos. Con su dicción irreprochable, simpatía remunerada y melodiosa voz, las presentadoras y presentadores nos son más familiares que la vecina o el tendero.</p><p>Por eso impactó tanto y cayó tan mal la bomba de que dos de los periodistas y presentadores más reconocidos de la televisión nacional hubieran resultado ser un par de sátiros, impecables profesionales de la comunicación de la cintura para arriba y deleznables acosadores sexuales del ombligo para abajo. Abusando del prestigio que les daba su enorme popularidad, depredaron a su antojo durante años a las jóvenes periodistas que llegaban a sus dominios. </p><p>En una entrevista incluida en el libro <i>Iván Cepeda, una vida contra el olvido</i>, desde su vasta experiencia como activista y defensora de los derechos de las mujeres, Pilar Rueda, la esposa del candidato, afirma: “la violencia sexual es, en el fondo, un ejercicio de privilegio masculino (…) nadie alcanza a comprender del todo la dimensión del daño que produce ese tipo de violencia”. </p><p>El movimiento “Yo te creo colega”, creado por cinco mujeres periodistas luego de que Caracol Televisión anunciara la investigación sobre casos de acoso sexual que llevó a la salida de Jorge Alfredo Vargas y Ricardo Orrego, publicó recientemente un informe a partir de más de 260 correos que recibieron con denuncias de situaciones similares en distintos medios televisivos, impresos, emisoras y plataformas digitales desde finales de los años noventa hasta la actualidad. </p><p>Su principal conclusión es que lo destapado en Caracol no constituye un hecho aislado, sino que hace parte de un fenómeno generalizado de acoso sexual y laboral en los medios de comunicación, una problemática estructural normalizada y consentida por equipos y directivos, y silenciada ante la carencia de protocolos eficaces de denuncia y sanción. </p><p>Los testimonios de tres expresentadoras del canal son elocuentes al respecto: “Pasaron los años y llegó el trabajo de mis sueños. Era el trabajo que había imaginado por mucho tiempo. Pero los pasillos de los medios de comunicación también tienen sus propias reglas no escritas, sus propios depredadores con credencial colgada al cuello” (Catalina Botero); “Durante años, muchas supimos lo que pasaba, lo comentábamos como un secreto a voces, sabíamos, pero el miedo y el silencio hacían el resto, mientras el sistema seguía intacto” (Juanita Gómez); “No escribo esto para revivir algo que ya aprendí a cargar. Lo escribo porque cuando los testimonios empiezan a parecerse, dejan de ser coincidencias, es sistemático” (Lina Tobón).</p><p>Si bien la labor de “Yo te creo colega” resulta loable, no lo son tanto las respuestas institucionales ante la gravedad de lo revelado, que, como muestra el informe, han sido, cuando no inexistentes, insuficientes, cómplices y revictimizantes. Según Liria Manrique, experta en violencias de genero consultada por la revista Raya, el manejo dado a las denuncias sobre Vargas y Orrego viola la jurisprudencia que prohíbe a las empresas ser catalizadoras de la violencia por omisión: “Caracol operó bajo un vacío estructural al no contar con protocolos específicos de género. Desvió denuncias de extrema gravedad hacia el Comité de Convivencia o la Gerencia de Recursos Humanos, que carecen de competencia legal para estos casos. Ante la presunción, el deber legal era compulsar copias a la Unidad Especial de Género de la Fiscalía para que investigara. Al no hacerlo, se vulneró la Sentencia T-104 de 2025, que prohíbe a los patronos permitir que estos casos queden en la impunidad”.</p><p>Y si en los medios privados llueve, en los públicos, por lo que se sabe de los pleitos del director de RTVC, tampoco escampa. Lo cual me lleva de vuelta a la entrevista de Laura Bonilla a Pilar Rueda, la antropóloga que de llegar a ganar Cepeda estoy seguro no será una figura de comparsa o de beneficencia: “Yo no me veo como una primera dama seducida por privilegios. Me siento más bien agobiada por la responsabilidad. Un gobierno serio, cualquiera que se llame del cambio, tiene que tomarse en serio la violencia contra las mujeres. (…) El tamaño del daño no es solo el recuerdo; es el cuerpo, es la vida mental, es la libertad misma. Es un daño que no desaparece. Genera dolores que pueden aparecer décadas después o que acompañan a la persona toda la vida”.</p><p>De ese tamaño es el tamaño del daño. Y de ese tamaño la impunidad, puesto que, como lo denuncia “Yo te creo colega”, todo el mundo sabía, y nadie hizo nada para impedirlo.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/EFI4KYFDBVAZPCQSM7BAOXAVAI.jpg?auth=daf0430185818fb4fca0479547d5687379b0cfdabd0a134ac2d1d6563736d10a&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="600" width="900"><media:description type="plain"><![CDATA[John Galán Casanova, columnista de opinión de El Espectador.]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Los ‘nadie’ de Francia y los ‘nunca’ de Abelardo]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/santiago-vargas-acebedo/los-nadie-de-francia-y-los-nunca-de-abelardo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/santiago-vargas-acebedo/los-nadie-de-francia-y-los-nunca-de-abelardo/</guid><dc:creator><![CDATA[Santiago Vargas Acebedo]]></dc:creator><description><![CDATA[“Invocar a los nunca es izar la bandera del antiestablecimiento para dejar todo igual”: Santiago Vargas]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 05:05:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Fue Francia Márquez, durante las elecciones del 22, quien puso el concepto de los nadie en el centro de la discusión pública. Según el poeta Eduardo Galeano, de quien Francia toma prestado el concepto, los nadie son: “los hijos de nadie, / los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, / jodidos, rejodidos”. En últimas, con la idea de los nadie, Galeano llama la atención sobre las implicaciones que tiene la exclusión social para la posibilidad misma de ‘ser’. Estar rejodido es, mejor dicho, también una forma de convertirse en nadie, de dejar de ser. </p><p>El concepto de los nadie es exactamente contrario a lo que se refiere esa vieja expresión: “hay que ‘ser’ alguien la vida”. Tanto esta expresión como la idea de los ‘nadie’ dan fe de la existencia de dos formas distintas de ser: por un lado, se ‘es’ en un sentido biológico por virtud de nuestra propia condición humana y, por el otro, se ‘es’ en un sentido social por virtud de los roles que la sociedad que habitamos nos permite ocupar. Ser, mejor dicho, no solo se refiere a existir sino también a ser de los ungidos entre las masas, de los investidos entre el tumulto, de las élites entre la plebe. Es precisamente a resaltar estas dos formas de ‘ser’ que le apunta Galeano cuando dice que los nadie “no son, aunque sean”.</p><p>Sobre esta base, Petro y Francia convirtieron a los nadie en el sujeto protagonista de su discurso político para formular una promesa de inclusión para la excluidos, de convertir en alguien a los nadie. Incluso, el concepto de los nadie le permitió a la izquierda forjar un nuevo sujeto político que agrupara a poblaciones tan disimiles como las comunidades indígenas y afrocolombianas, campesinos, sindicatos, colectivos feministas y demás. Es decir, fue precisamente acudiendo a la palabra ‘nadie’ que esta amplia gama de grupos pudo nombrar una experiencia de exclusión común y sentirse, así, parte de un mismo proyecto político. </p><p>Esta estrategia de la izquierda resultó tan efectiva que hasta sus más férreos detractores parecen haber tomado nota. Cuatro años más tarde, Abelardo de la Espriella, el candidato más opcionado para disputarle la reelección a la izquierda, dice: “Así como existieron los nadie, también hoy con nosotros existen los nunca. Los que nunca nos hemos robado un peso de la plata pública; los que nunca hemos dejado de trabajar; los que nunca hemos pedido nada regalado; los que nunca hemos vivido del Estado…” </p><p>El concepto de los nunca se asemeja al de los nadie en un solo aspecto: ambos expresan un sentimiento antiestablecimiento. Pero, por lo demás, las dos palabras no podrían referirse a sujetos políticos más contrarios. Los nadie es un concepto que convierte a los excluidos en el sujeto por excelencia de la política. Mientras tanto, el de los nunca es un concepto que no hace más que reproducir el cliché del outsider-salvador y el peligroso mito según el cual enriquecerse en la esfera privada es un requisito suficiente para ejercer la política con destreza. Además, en el caso de Abelardo, la idea de los nunca es abiertamente falaz. A la larga, detrás del escenario en el que Abelardo monta el teatro de los nunca, yacen muchos de los de siempre, como lo son los Char, la dinastía Gómez y parte de Cambio Radical. </p><p>Por eso, mientras que apelar a los nadie es un mecanismo lingüístico para demandarle al establecimiento la inclusión de los excluidos, invocar a los nunca es izar la bandera del antiestablecimiento para dejar todo igual. En ese sentido, la alusión a los nunca por parte de Abelardo es una expresión más de lo que Walter Benjamin llamaba la <i>estetización de la política</i>, es decir, la transformación de los reclamos del pueblo en puro espectáculo con miras a distraerlo, sin alterar relaciones de opresión.</p><p><i>santiago.vargas.acebedo@gmail.com</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/TEAOLKX7VBBBVJU2ARGJPRW4U4.jpg?auth=a511c3150326bacd2c45b0c99fbe9f18e8920862c439dc56d2fac9cc5d6624be&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="600" width="900"><media:description type="plain"><![CDATA[Santiago Vargas Acebedo, columnista de opinión de El Espectador.]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Finagro y Banco Agrario: crédito en crisis]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/indalecio-dangond-b-/finagro-y-banco-agrario-credito-en-crisis/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/indalecio-dangond-b-/finagro-y-banco-agrario-credito-en-crisis/</guid><dc:creator><![CDATA[Indalecio Dangond B.]]></dc:creator><description><![CDATA[“El Gobierno construyó un relato artificioso que hoy se desmorona frente a las cifras reales”: Indalecio Dangond]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 05:04:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>El Gobierno nacional no solo incumplió su promesa de democratizar el crédito rural; construyó un relato artificioso que hoy se desmorona frente a las cifras reales. Lo que se presentó como un avance histórico en inclusión financiera es, en esencia, un modelo que privilegia a los grandes jugadores, abandona al campesino y pone en riesgo la estabilidad del sistema agrofinanciero.</p><p>Los $16,9 billones desembolsados al sector agropecuario entre enero y abril de 2026, con un crecimiento del 20,3%, se han convertido en la cifra bandera de la narrativa oficial. Pero ese número, repetido sin contexto, encubre una realidad profundamente desigual. El 74,3% de esos recursos fue a parar a grandes empresas, mientras los pequeños productores —que constituyen el 72% de las operaciones— apenas accedieron al 15,6% del total. Esto no es inclusión: es una concentración disfrazada de política pública.</p><p>En términos simples, el pequeño campesino sigue siendo irrelevante para el sistema. Sus créditos promedio, cercanos a $24 millones, no permiten tecnificación, ni expansión, ni competitividad. Apenas alcanzan para sostener agronegocios de subsistencia. Mientras tanto, se consolida una estructura donde el crédito fortalece a quienes menos lo necesitan y margina a quienes deberían ser el centro de la política rural. La exclusión no solo es económica, también es geográfica. El 83% de los desembolsos se concentra en 10 departamentos. El resto del país rural —ese que enfrenta pobreza, informalidad y abandono estatal— sigue fuera del radar financiero. </p><p>Aún más grave es la desnaturalización de Finagro. La entidad, creada para corregir fallas de mercado y promover crédito de fomento, hoy actúa como un espectador irrelevante. Solo el 17,8% de la cartera fue canalizada vía redescuento, mientras el 82,2% quedó en manos de intermediarios financieros bajo esquemas de cartera sustitutiva. El Banco Agrario, por su parte, empieza a mostrar señales inquietantes. El incremento del 94,8% en la normalización de cartera en pequeños productores de bajos ingresos no es un dato técnico menor: es una alarma roja. Detrás de ese crecimiento hay refinanciaciones masivas, créditos mal estructurados y decisiones de originación que, en muchos casos, parecen haber ignorado cualquier criterio serio de riesgo.</p><p>Lo que está en juego no es únicamente la eficiencia del crédito, sino la estabilidad del sistema. El deterioro de la cartera amenaza directamente al Fondo Agropecuario de Garantías (FAG), que respalda la mayoría de estas operaciones. Si la siniestralidad sigue aumentando, el país podría enfrentar un colapso silencioso en su esquema de garantías, afectando el acceso al crédito de miles de productores.</p><p>Este no es un problema menor ni un debate técnico. Es un posible escándalo financiero en cámara lenta. Por eso, resulta impostergable que la Superintendencia Financiera y la Contraloría intervengan con una auditoría profunda a Finagro y al Banco Agrario, revisando la calidad de la cartera, los criterios de aprobación y la sostenibilidad real de los programas impulsados. En el próximo gobierno habrá que ordenar una auditoría forense.</p><p>Colombia no necesita más propaganda disfrazada de cifras. Necesita una política agrofinanciera seria, transparente y enfocada en resultados reales. Porque hoy, detrás del discurso de inclusión, lo que existe es un sistema que excluye, debilita y pone en riesgo el futuro del campo colombiano.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/FK3WIL2IHFAUBEDJDJP73FYXXY.jpg?auth=e3e546191492b8dcee237293cb06d7f86bc6e7384a15dcf8fa596d4a904f3ee8&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="600" width="900"><media:description type="plain"><![CDATA[Indalecio Dangond Columnista opinión El Espectador]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Un diario para el exilio]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/charrylf/un-diario-para-el-exilio/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/charrylf/un-diario-para-el-exilio/</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Charry]]></dc:creator><description><![CDATA[“El diario no solo es un mecanismo preventivo sino también un mecanismo reflector”: Luis Fernando Charry]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 05:04:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Witold Gombrowicz publicó <i>Ferdydurke</i> en 1937. Esta novela suscitó en su momento un gran escándalo nacional por las críticas veladas a los distinguidos partidarios del nacionalismo. Al cabo de dos años la afrenta se hundió en el olvido. Gombrowicz se embarcó entonces hacia Suramérica. El barco llegó al puerto de Buenos Aires el 21 de agosto de 1939. Unos días más tarde los nazis invadieron a Polonia: el comienzo de la Segunda Guerra Mundial detonó el comienzo del “exilio argentino”. </p><p>Durante los 23 años siguientes Gombrowicz vivió en pensiones de mala muerte, hizo trabajos periodísticos, dictó clases de filosofía y fue un empleado eficiente de la sucursal del Banco Polaco. Nunca aprendió a hablar bien español, salvo una serie de frases de combate con las cuales se defendía en los cafés y en los bajos fondos porteños. Aparte de estas anécdotas teñidas de cierto color local, Gombrowicz siguió escribiendo, en especial un diario de verificable distinción.</p><p>Sin duda la escritura de ese diario —más de mil páginas divididas en tres tomos— se transforma en un mecanismo contra la soledad, el tedio y la locura. (En alguna parte dice que escribe el diario para hablar consigo mismo). Pero el diario no solo es un mecanismo preventivo sino también un mecanismo reflector y todo lo que refleja, o mejor, todo lo que ahí se refleja —sarcasmos, tratados filosóficos, intentos de autocrítica, lamentos, descripciones de la pampa o de oscuros rincones bonaerenses— se deja contaminar por la mirada del extranjero, acaso el único que está en condiciones de observar la verdadera esencia del “ser argentino”: “Es un país al revés, donde el pillo vendedor de una revista literaria tiene más estilo que todos los colaboradores de esa revista, donde los salones —plutocráticos o intelectuales— espantan por su insipidez, donde al límite de la treintena ocurre la catástrofe, la total transformación de la juventud en una madurez por lo general poco interesante”. </p><p>Gombrowicz, claro, privilegia la periferia: el punto desde el que puede detectar mejor las fisuras. Y al mismo tiempo se da cuenta de que la periferia es el territorio que la intelectualidad porteña desprecia o al menos se niega a reconocer. Es natural: los intelectuales de aquellos tiempos apuntan hacia lo alto, hacia lo más alto —Europa, por ejemplo— y eso podría terminar conduciendo a la obediencia: “A mí me hechizaba la oscuridad de Retiro, a ellos las luces de París”. En definitiva, Gombrowicz apunta a lo bajo (¿no se podría afirmar que lo bajo, el tono menor y la inmadurez son parte de su discurso?), cuya única finalidad es la desobediencia. </p><p>Y la pedantería, desde luego: en medio de las sesiones de traducción de <i>Ferdydurke</i>, en presencia de Sábato y Virgilio Piñera y otros colaboradores de prestigio del Río de la Plata, Gombrowicz se anima a decir una tarde que su novela tiene todos los atributos de los libros universales. Es verdad, claro. Pero puede ser de mal gusto decirlo en voz alta en un café de Buenos Aires, donde la figura hegemónica de todos los salones “plutocráticos o intelectuales”, con quien Gombrowicz nunca se la llevó bien, se llama Jorge Luis Borges. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/ZRMGAP24NJB6HND6JUQLGG25TI.jpg?auth=7cfbb24d2c8f8d636c05dbecbb514e8ebf2bee3b09c416211acac5ae9409ae36&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="600" width="900"><media:description type="plain"><![CDATA[Luis Charry B5]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">EL ESPECTADOR</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Política digital, la gran ausente de la campaña presidencial]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/carolina-botero-cabrera/politica-digital-la-gran-ausente-de-la-campana-presidencial/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/carolina-botero-cabrera/politica-digital-la-gran-ausente-de-la-campana-presidencial/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina Botero Cabrera]]></dc:creator><description><![CDATA[“El próximo gobierno heredará un escenario más complejo que el de 2022”: Carolina Botero]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 05:03:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>En 2022 Gustavo Petro llegó con una narrativa ambiciosa sobre transformación digital, democratización tecnológica y soberanía tecnológica. Comparado con gobiernos anteriores, se esforzó por conectar la agenda tecnológica con problemas estructurales como desigualdad, desarrollo regional y transición productiva. Ese impulso inicial, sin embargo, se fue diluyendo por limitaciones de ejecución, problemas de coordinación institucional y falta de claridad regulatoria. Las campañas prácticamente no hablan del tema.</p><p>El principal logro de Petro fue elevar la tecnología a asunto estratégico de política pública. Hubo un cambio discursivo importante: la tecnología dejó de ser solo herramienta de eficiencia administrativa o un tema sectorial de telecomunicaciones y emprendimiento. Pasó a integrar debates más amplios sobre desarrollo económico, productividad y desigualdad territorial. Por eso preocupa que las candidaturas con mayores opciones no retomen esta discusión.</p><p>En conectividad hubo continuidad y algunos avances importantes. El gobierno de Iván Duque dejó un país más conectado, aunque con una deuda significativa en zonas rurales y rezagos en infraestructura. Petro destrabó y ejecutó la subasta de 5G, expandió cobertura en regiones históricamente excluidas y creó el marco legal para operadores comunitarios -relevante para democratizar el acceso en territorios donde el mercado tradicional no llega-.</p><p>En inteligencia artificial, Duque desarrolló una perspectiva de competitividad e innovación. Petro, aunque tardó en arrancar, articuló una narrativa distinta bajo la idea de “Colombia PotencIA Digital”: conectando IA, conectividad y educación digital con desarrollo territorial y cierre de brechas. Así está en la Estrategia Nacional Digital, programas de formación, alianzas público-privadas y el CONPES IA aprobado en 2025. También intentó abrir discusiones sobre gobernanza de datos, infraestructura computacional y soberanía tecnológica, incluso si muchas quedaron en etapas preliminares.</p><p>La Superintendencia de Industria y Comercio presentó una reforma razonable y necesaria a la ley de protección de datos personales, mientras Colombia mantuvo una posición visible en debates regionales sobre gobernanza de IA.</p><p>Los principales problemas del gobierno no fueron por falta de visión, sino por dificultad para ejecutar de manera consistente. La alta rotación ministerial y los cambios frecuentes en equipos técnicos generaron problemas de coordinación y continuidad en sectores que requieren estabilidad institucional y capacidades de largo plazo. La fatal desarticulación MinTIC-MinCiencias le pasó factura.</p><p>En ciberseguridad, Petro recibió un sistema desfinanciado y desarticulado, justo antes de una ola de ciberataques contra infraestructura crítica que consiguió navegar. Hubo avances, pero se requiere más liderazgo político, capacidades institucionales y visión estratégica.</p><p>Una deuda importante fue la incapacidad de materializar su promesa de una política de innovación y economía del conocimiento. El sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación continuó enfrentando problemas históricos: baja inversión en investigación y desarrollo, fragmentación e inmadurez institucional, y escasa articulación entre universidades, empresas y Estado.</p><p>La otra deuda es más llamativa: pese a que Petro fue víctima de malas prácticas de inteligencia estatal y a que durante su gobierno la Corte Interamericana condenó a Colombia por sus marcos de vigilancia, su gobierno no priorizó reformas para limitar y regular el uso de tecnología en ese sector.</p><p>Pero, a futuro, lo más preocupante no es lo que no hizo Petro, sino el vacío de discusión de esta campaña presidencial. Cuando desde las candidaturas se habla de tecnología, se centran en digitalización estatal y agendas de seguridad y vigilancia, no mencionan los grandes dilemas que enfrentará el próximo gobierno.</p><p>Colombia depende cada vez más de infraestructura extranjera, plataformas globales, servicios en la nube y modelos de IA desarrollados por grandes corporaciones tecnológicas. ¿Cómo construir capacidades nacionales sin caer ni en aislamiento tecnológico ni en dependencia absoluta?</p><p>La expansión de infraestructura computacional e IA impactará en consumo energético, sostenibilidad ambiental y empleo: La pregunta no es si Colombia adoptará IA, es ¿bajo qué modelo económico y social lo hará?</p><p>Persisten brechas entre ciudades y zonas rurales, regiones centrales y periféricas, grandes empresas y economías populares. La conectividad no basta ¿Cómo superarán la desigualdad digital que exige capacidades digitales, acceso a datos y autonomía tecnológica?</p><p>Las discusiones regulatorias sobre desinformación, moderación de contenidos, violencia digital, privacidad, vigilancia e IA aumentarán mientras crecen las tensiones con derechos fundamentales y continuarán las presiones extranjeras a través de acuerdos comerciales ¿Cómo debe actuar Colombia frente a temas como infraestructuras públicas digitales? ¿Qué mecanismos debe promover para hacer contrapeso efectivo a las precisiones del nuevo orden mundial -como agendas regionales-?</p><p>Finalmente, una política seria de ciencia, tecnología e innovación exige, como mínimo, articulación efectiva entre MinTIC y MinCiencias, y que este último supere su prolongada infancia administrativa para asumir tareas complejas -como grandes licitaciones- y otras más básicas, como implementar un comité de expertos en IA.</p><p>El próximo gobierno heredará un escenario más complejo que el de 2022. No bastará con cerrar brechas de conectividad, su reto será gobernar una transición tecnológica acelerada en medio de disputas geopolíticas, concentración corporativa y profundas tensiones democráticas.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/EXHPBC36UVDQHLMKCW44HOLQ2M.jpg?auth=3f606c1be13781dc09d1ac847dbc1bb68c99e7732d4bba6e8e8d3792222e2258&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="600" width="900"><media:description type="plain"><![CDATA[Carollina Botero Columnista El Espectador]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Socialmente degradados]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/catalina-uribe-rincon/socialmente-degradados/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/catalina-uribe-rincon/socialmente-degradados/</guid><dc:creator><![CDATA[Catalina Uribe Rincón]]></dc:creator><description><![CDATA[“Hay ciudadanos que adoptan la teatralidad de los políticos y la llevan hasta sus últimas consecuencias”: Catalina Uribe Rincón]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 08:44:11 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.elespectador.com/resizer/v2/373VPO4TMNBM7CNSCNITFSBPSM.jpg?auth=a4e43f24da1363b1eee8ef797122b5ad411555172736415b0136595d370757c5&width=657&smart=true"/><figcaption class="op-vertical-below op-small">“Hay ciudadanos que adoptan la teatralidad de los políticos y la llevan hasta sus últimas consecuencias”: Catalina Uribe Rincón<cite class="op-small">Caravaggio</cite></figcaption></figure><p>El miércoles pasado, Deutsche Welle en español publicó en su cuenta de Instagram un video mucho más que cruel. Las imágenes muestran a ciudadanos de Loosdrecht, Países Bajos, quemando un refugio temporal para solicitantes de asilo. La cámara registra sus mejillas rojas, bocas apretadas, respiraciones agitadas, ojos de odio, al tiempo que suenan las sirenas. En el fondo del video, detrás de unas rejas, se ven los árboles que rodean el refugio en llamas. Las expresiones de algunos de los hombres se enmarcan con una precisión asustadora en la calentura de la imagen, mientras gritan arengas y mueven sus brazos hacia arriba.</p><p>Al final del video aparece una señora declarando: “Nuestros hijos no pueden conseguir casa y están en una lista de espera y esa gente simplemente viene...”. En seguida enfatiza: “nuestros hijos primero”. La noticia reporta además que cuando policías y bomberos intentaron apagar las llamas, fueron bloqueados por la turba. Dentro del edificio en llamas estaban los solicitantes de asilo y sus acompañantes. Lo que más me llamó la atención de las imágenes fue la fuerza bruta y la falta de vergüenza con la que iban contra el refugio a incendiarlo con seres humanos adentro. Solo uno de los “manifestantes” en algún momento se sube la pañoleta para taparse la boca como bandido, pero lo hace más como un performance de violencia, al mejor estilo trumpista del 6 de enero, que como un gesto mínimo de cobardía.</p><p>Mirando a estos hombres recordé unas viñetas del cómic biográfico <i>Caravaggio, la paleta y la espada</i>, del artista Milo Manara. Después de atestiguar la decapitación de Beatrice Cenci, Caravaggio aparece en su estudio con unos modelos, pidiéndoles que recreen una escena en la que uno de ellos debe hacer como si matara, igual que el verdugo, para el cuadro <i>El martirio de San Mateo</i>. El modelo alza la espada con una expresión idéntica a la de algunos manifestantes de la turba de Loosdrecht. Caravaggio, de mal genio, le dice: “¡No! ¡No! ¡Yo mismo vi al verdugo! Nada de poses, ni movimientos desperdiciados de su espada, ¡tú eres demasiado teatral! Él es totalmente indiferente”.</p><p>Al final, Caravaggio añade: “¡Tal cual si rebanara carne, con movimientos precisos como los de un carnicero con una cabra!”. Así actuaban antes los verdugos: quietos, estoicos, sin desperdiciar gestos. No porque fueran más humanos, sino porque incluso la ejecución exigía una forma de contención. El verdugo hacía el trabajo sucio de todos, pero debía hacerlo sin convertirlo en espectáculo. No debía actuar por rabia, ni por entusiasmo, ni por placer. Su oficio era matar, pero hacerlo sin parecer poseído por el placer de matar.</p><p>Por eso históricamente el verdugo fue una figura apartada y socialmente degradada: alguien en quien la comunidad podía depositar su violencia para después despreciarla. La comunidad necesitaba que alguien ejecutara su violencia, pero al mismo tiempo lo marcaba como impuro. Le entregaba la tarea de matar en nombre de la ley y luego lo mantenía lejos, como si así pudiera lavarse las manos. El verdugo era necesario y despreciado. Era el recordatorio incómodo de que toda sociedad que castiga también necesita a alguien dispuesto a hacer el trabajo sucio.</p><p>Lo inquietante de Loosdrecht es que esa distancia parece haber cambiado de lugar. Ya no hay un verdugo apartado, avergonzado, entrenado para no ser teatral. Hay ciudadanos que adoptan la teatralidad de los políticos y la llevan hasta sus últimas consecuencias. Actúan la rabia. Ensayan la indignación de las redes. Levantan los brazos, gritan, se encienden con la cámara, hacen de la violencia una escena compartida. No parecen cargar con la vergüenza de quien ejecuta una violencia delegada, sino con la euforia de quien cree estar protagonizando una defensa moral.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/373VPO4TMNBM7CNSCNITFSBPSM.jpg?auth=a4e43f24da1363b1eee8ef797122b5ad411555172736415b0136595d370757c5&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="10928" width="12439"><media:description type="plain"><![CDATA[Caravaggio]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Caravaggio</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Un orgullo llamado Universidad Pedagógica Nacional]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/helberthchoachi/un-orgullo-llamado-universidad-pedagogica-nacional/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/helberthchoachi/un-orgullo-llamado-universidad-pedagogica-nacional/</guid><dc:creator><![CDATA[Helberth Augusto  Choachí González]]></dc:creator><description><![CDATA[“Como Rector y como maestro, estoy orgulloso de caminar al lado del estudiantado y de mis colegas”: Helberth Choachí]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 05:02:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Hace unas semanas, en una ceremonia realizada en la Sociedad de Activos Especiales, una funcionaria de esa institución tomó el micrófono para compartir una reflexión que empezó con una frase que para muchos de nosotros es familiar: “soy egresada de la gloriosa Universidad Pedagógica Nacional”. Cada vez que escucho el uso de ese adjetivo, ‘gloriosa’, en relación con la UPN, confirmo el valor que las egresadas y egresados sienten por su <i>alma mater</i>. </p><p>Algunos actos de habla se constituyen gracias a la repetición. Poco a poco se van gestando hábitos lingüísticos que cambian la corrección de las expresiones. Para nuestra comunidad universitaria no es un accidente ni un capricho verbal, esa constante referencia a nuestra universidad como gloriosa. Es una manera de reafirmar nuestra pertenencia a una dimensión del nosotras, nosotros, nosotres. Es una manera de resignificar lo que somos como maestras y maestros. En “Democracia y educación”, John Dewey señala que la filosofía “acentúa la influencia del ambiente intelectual sobre el espíritu; pero pasa por alto el hecho de que ambiente implica una participación personal en experiencias comunes”. Para la comunidad universitaria de la UPN, la educación solo es posible al compartir esa experiencia común de formación que hace posible el encuentro con el otro y la otra, esa constante revalorización de lo que somos como maestras y maestros. </p><p>Por algún capricho del azar, el día del maestro en el presente año coincide con una coyuntura intencionada de sectores oscuros que ven en la Universidad Pública una amenaza. Algunos de nuestros estudiantes han sido víctimas de agresiones de funcionarios públicos y privados, nuestra universidad ha sido estigmatizada en las redes sociales y algunos medios de información. Además, hace unos días fuimos víctimas de graves amenazas. Pero en medio de las dificultades y la estigmatización hemos insistido, sin dudarlo, en respaldar de manera inequívoca a las y los estudiantes de la UPN. Nuestro deber como docentes, como administrativos y como directivos, es cuidar de lo más importante: a las maestras y maestros en formación. Nuestro deber es forjar esa experiencia común que se configura en la universidad. </p><p>La mejor manera de celebrar el día del maestro en 2026 es recordarle al estudiantado que vale la pena ser maestras y maestros, que sentimos orgullo por nuestra labor, que una sociedad educada es una sociedad democrática. Como también lo recuerda John Dewey, la educación implica la liberación de la mayor diversidad de capacidades personales, lo que muestra la centralidad del rol del maestro y la maestra en la forja de una sociedad activa que recrea sus posibilidades institucionales y vitales. Una democracia genuina solo puede lograrse mediante esa liberación de las posibilidades de la experiencia humana, y eso solo es posible con el concurso activo de las maestras y los maestros. </p><p>En el año 2025 nuestra universidad cumplió setenta años. Durante estas siete décadas, las desigualdades no han cesado, los conflictos políticos han persistido y la escuela ha cargado con el peso de un país que se enseñaba diferente a como se vivía. Y, sin embargo, en medio de esa tensión, el aula fue siempre un espacio de resistencia. Un lugar donde los maestros y las maestras inventaron mundos posibles cuando el mundo real parecía cerrar todas las puertas. </p><p>Todas y todos nos hemos formado en esa compleja genealogía. Llevamos las huellas de quienes nos educaron y de las generaciones que hemos acompañado. A lo que hacemos cada día lo hemos llamado de muchas formas: lucha, oficio, arte, vocación, sueño, ciencia. Y con todo ello, desde las condiciones de cada quien, hemos apostado por construir un país más digno y seres humanos más plenos. Eso nos define. Eso nos honra. </p><p>Queridas y queridos colegas, hoy presenciamos nuevas guerras, avances tecnológicos sin precedentes, transiciones subjetivas y colectivas que nos desafían, y señales evidentes de una profunda crisis civilizatoria. Los modelos de pensamiento que nos dieron certezas durante décadas están siendo cuestionados. Y en ese horizonte incierto, el papel del maestro y la maestra no se reduce: se agranda. Porque son ustedes quienes tienen la responsabilidad —y el privilegio— de acompañar a las nuevas generaciones en la construcción de nuevas preguntas.</p><p>Por eso, ahora más que nunca, necesitamos que la sensibilidad y el conocimiento caminen juntos. Que eduquemos en el diálogo, la empatía, la igualdad y la equidad, dentro y fuera de nuestras instituciones. Con eso que logremos construir —desde cualquier disciplina, enfoque o campo de saber que habitemos— habremos cumplido nuestro papel en la época que nos tocó vivir.</p><p>A veces salimos del aula para caminar junto a las y los estudiantes. Caminamos en las salidas de campo, en las visitas a los laboratorios o los museos. En otras ocasiones caminamos en las marchas y las movilizaciones por la defensa de la educación pública; entonces la sociedad entera es un aula que nos permite reflexionar sobre las múltiples dimensiones que involucra la educación. Como Rector y como maestro, estoy orgulloso de caminar al lado del estudiantado y de mis colegas, en el aula, en el campus y fuera de él, si es preciso.</p><p>Feliz día del maestro y la maestra.</p><p><b>Nota 1:</b> ¡Insistimos en la tarifa estudiantil ya!</p><p><b>Nota 2:</b> Le preguntamos al Clan del Golfo que está en conversaciones socio jurídicas con el Gobierno, con la presencia de países mediadores y el acompañamiento de la Conferencia Episcopal y el Consejo Mundial de Iglesias: ¿Son ustedes quienes están amenazando a nuestros estudiantes y directivos en las universidades públicas de Bogotá?</p><p><i>*Rector Universidad Pedagógica Nacional.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/J2ZEOXYCKFC2HO6KAKHDPVPBZY.jpg?auth=d6b719914fea18c5b7996c01c592f117018aa2420faaa57cac49c0b72a649887&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="600" width="900"><media:description type="plain"><![CDATA[Helberth Augusto Choachí, columnista de opinión de El Espectador.]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La campaña de las emociones tristes]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mauricio-garcia-villegas/la-campana-de-las-emociones-tristes/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mauricio-garcia-villegas/la-campana-de-las-emociones-tristes/</guid><dc:creator><![CDATA[Mauricio García Villegas]]></dc:creator><description><![CDATA[“Voy a votar por Sergio Fajardo con la esperanza de que llegue al poder un gobierno sereno, sin sobresaltos”: Mauricio García Villegas]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 08:47:39 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>En la actual campaña presidencial se libra una competencia política entre, por un lado, la izquierda, que quiere continuar el legado de Petro y avanzar en las reformas sociales que se quedaron a mitad de camino y, por otro lado, la derecha (dividida en dos), que quiere mano dura contra la delincuencia, eliminar la política de Paz total y, claro, recuperar el poder. Esta es la explicación que, con matices, circula por los noticieros, los periódicos y la mente de los votantes.</p><p>Pero hay una manera distinta de entender esta campaña, que no pone el acento en las ideologías ni en las propuestas de gobierno, sino en las emociones que subyacen a todo eso, es decir, en el subsuelo pasional que mueve, como capa tectónica, el voto popular.</p><p>Según esta explicación, hay un enfrentamiento entre dos partes de la sociedad, cada una alentada por lo que Baruch Spinoza llamaba “emociones tristes”, es decir, odios, envidias y resentimientos, que funcionan como enemigos complementarios.</p><p>La primera se siente agraviada por las élites políticas y económicas, por la manera indolente como han gobernado este país: de espaldas a las clases populares, apoltronados en Bogotá, desdeñosos de los campesinos y de las minorías y, como si esto fuera poco, complacientes con la violencia paramilitar y el poder terrateniente que la sustenta.</p><p>La otra parte se siente ultrajada por la izquierda, por sus simpatías (del pasado) con la guerrilla, por su tolerancia con el crimen de todo tipo y por su menosprecio por el progreso económico; y, más recientemente, por el presidente Petro, por su encono contra los ricos, su arrogancia ampulosa, su discurso guerrerista, su clientelismo descarado, su incompetencia para administrar los asuntos públicos y, cómo no, su impudicia para exhibir las ruinas de su vida privada.</p><p>Las dos versiones no son excluyentes, pero, desde el punto de vista histórico, la emocional revela mucho (no todo, por supuesto) de lo que nos ha ocurrido y nos sigue ocurriendo. Don Carlos E. Restrepo explicaba los conflictos del siglo XIX como una reincidencia de “los viejos queridos odios” entre liberales y conservadores, y algo similar se puede decir de los odios de izquierda y derecha en el último medio siglo.</p><p>Muchas cosas han cambiado desde el siglo XIX, pero hay algo sigue en pie: el aborrecimiento que se prodigan los bandos opuestos en la arena política. Es cierto que hoy la sociedad es más tolerante y que las instituciones han superado la prueba de un gobierno de izquierda que no ha dejado de dar motivos para empujar la rabia. Pero esos progresos pueden quedar en nada, sobre todo si prospera el embeleco (tan propio de los políticos radicales) de convocar a una asamblea nacional constituyente. También es cierto que no solo en Colombia la política engendra odios (ahí están los Estados Unidos para probarlo), pero aquí, por una especie de atavismo belicoso que viene desde la época de los caudillos, se pasa del odio a la violencia con una facilidad pasmosa, como lo demuestra la tragedia del asesinato recurrente de líderes sociales.</p><p>Por estas razones voy a votar por Sergio Fajardo, con la esperanza de que llegue al poder un gobierno sereno, sin sobresaltos ni delirios de grandeza; un gobierno que rescate la educación y la ciencia, que tenga presencia en las regiones, que respete la Constitución, que no se dedique a pagar favores políticos y que les reduzca el voltaje a las emociones tristes de la actual campaña presidencial. </p><p><b>P.S.</b> Esta columna no refleja la opinión de Dejusticia, institución en la que trabajo, y en la que no hay consenso sobre este tema. </p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Encuesta del Centro Nacional de Consultoría]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/fernando-galindo-g-/encuesta-del-centro-nacional-de-consultoria/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/fernando-galindo-g-/encuesta-del-centro-nacional-de-consultoria/</guid><dc:creator><![CDATA[Fernando Galindo G.]]></dc:creator><description><![CDATA[“El presidente está descontrolado ante la perspectiva que su candidato pueda perder la presidencia”: Fernando Galindo]]></description><pubDate>Sat, 16 May 2026 04:59:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Esta es la décimo-cuarta encuesta de la que se ocupa esta columna, publicada por la revista <i>Cambio</i>. Tamaño de la muestra: 2.157 encuestas personales en los hogares, a adultos en 56 municipios: Bogotá: 342. Caribe: 323. Centro Oriente: 383. Centro Sur-Amazonia: 189. Eje cafetero: 387. Llano: 153. Pacífico: 380. Nivel de confianza: 95 %, margen de error de diseño: 3 %., de acuerdo a los lineamientos de la Ley 2494 de 2025. Los resultados fueron ponderados usando los datos de Calidad de vida ECV2024 realizada por el DANE. Información demográfica, región, tamaño, zona, tipo de vivienda, ocupación, nivel educativo y régimen de salud. Estrato bajo: 62,7 %. Medio: 23,8 %. Alto: 13,5 %. Edad: de 18-24 años: 14,4 %. 25-34 años: 22,2 %. De 35-44 años: 19,4 %. De 45-54 años: 15,7 %. Más de 55 años: 28,3 %. Grupos jóvenes y en edad productiva: (18 a 44 años): 56,0 %. </p><p>¿Si las elecciones fueran mañana, usted votaría? Probablemente: 29 %. Definitivamente sí: 71 %. Intención de voto, primera vuelta: Iván Cepeda: 37,2 %. Abelardo De la Espriella: 20,4 %. Paloma Valencia: 15,6 %. Sergio Fajardo: 2,7 %. Claudia López: 1,5 %. Santiago Botero: 1,5 %. Mauricio Lizcano: 0,5 %. Carlos Caicedo: 0,4 %. Sondra Macollins: 0,3 %. Luis G. Murillo: 0,3 %. Miguel Uribe L.: 0,2 %. Roy Barreras. 0,1 %. Gustavo Matamoros: 0,1 %. En blanco: 8,3 %. Por ninguno: 2,6 %. No sabe/no responde: 8,3 %. Paloma registró en marzo 22,2 %, luego descendió 6,6 %. De la Espriella, en cambio, de 15,4 % en marzo, ascendió 5 %. </p><p>De la Espriella superó a Paloma, posiblemente por su desencuentro con Daniel Oviedo, sobre su idea de nombrar a Álvaro Uribe como ministro de Defensa e insistir en que sus ministros serían del Centro Democrático. ¿En qué queda la convocatoria que en su campaña “caben todos”, aún los inconformes con el Pacto Histórico y su candidato Cepeda? El escenario que disparó a Paloma fue La Gran Consulta por Colombia del 8 de marzo, precisamente, por estar configurada por representantes de distintos partidos. Paloma recibió el apoyo de la doctora María Claudia Tarazona, viuda del senador Miguel Uribe Turbay, que podría implicar que parte de los seguidores que se desplazaron hacia otras candidaturas, retornen a Paloma. </p><p>Víctor Muñoz, dueño de la encuestadora Guarumo, afirmó que “los errores de campaña se pagan”. A 20 días de la primera vuelta, tanto la candidata Paloma, como la gerente de campaña, la exsenadora Guerra, y demás directivos deben intentar recuperar la segunda posición que ocupó Paloma después de la consulta. Los analistas opinaron que la era histórica del uribismo debía ser superada, para ubicarse en una opción de centro- derecha, más coherente con el entorno político contemporáneo. La candidata Paloma tiene el historial académico y político que la acreditan para enfrentar, con la autonomía y la independencia de estadista, sin ataduras atávicas, al candidato del continuismo izquierdista de Petro.</p><p>A la pregunta, ¿por quienes nunca votaría? Para los tres primeros candidatos, CNC registró: Iván Cepeda: 32,7 %. Abelardo De la Espriella: 16,0 %. Paloma Valencia: 15,1 %.</p><p> ¿Cuál es el principal problema que tiene Colombia en estos momentos? (Gobierno de Gustavo Petro): corrupción: 38,2 %. el sistema de salud: 25,9 %. Avance de organizaciones criminales: 18,5 %. Debilidad de la fuerza pública para enfrentar el crimen: 5,2 %. Dificultad para conseguir trabajo: 4,0 %. Iniquidad, muchos pobres: 3,8 %. Educación: 2,5 %. Deterioro del medio ambiente: 1,1 %. </p><p>¿En cuál quisiera que se enfocara el próximo presidente(a)? El sistema de salud: 37,1 %. La corrupción: 21,4 %. Avance de las organizaciones criminales: 14,3 %. La educación: 8,2 %. Debilidad de la fuerza pública para enfrentar el crimen: 6,2 %. Dificultad Para conseguir trabajo: 5,6 %. Inequidad, muchos pobres: 5,2 %. Deterioro del medio ambiente: 1,1 %. El avance de los grupos criminales creció 4,7 %, en relación con la medición de marzo. La ponderación de los problemas y el programa sugerido para el próximo gobierno varía en salud, corrupción, educación, equidad, organizaciones criminales, fuerza pública. </p><p>Para la segunda vuelta: Iván Cepeda: 46,4 %. Abelardo De la Espriella: 37,9 %. Iván Cepeda: 44,0 %. Paloma Valencia: 40 %. Iván Cepeda: 46,2 %. Sergio Fajardo: 31,5 %. Iván Cepeda: 46,5 %. Claudia López: 24,9 %. En el escenario Cepeda vs. Paloma: Cepeda disminuyó 2,6 %, en relación con De la Espriella. Paloma superó a De la Espriella en 2,1 %. </p><p>La encuesta hace un ejercicio interesante, respecto de políticas contradictorias del gobierno del presidente Petro, solicitando a los encuestados su ubicación en la escala de 1 a 5: Incrementar la explotación de petróleo: de 1 a 4: 72,5 %. Frenar la explotación de petróleo: 27,5 %. Sobre los diálogos de paz con los grupos armados: frenarlos: de 1 a 4: 61,4 %. Continuarlos: 38,5 %. Un Estado más pequeño que controle el gasto público: de 1 a 4: 62,2 %. Un Estado más grande que realice más inversión social: 37,8 %. Sobre las relaciones con los Estados Unidos: más cercanas: de 1 a 4: 87,5 %. Más distantes: 12,2 %. Sobre el sistema de salud: el Estado con los privados: de 1 a 4: 66,1 %. Solo el Estado: 33,9 %. </p><p>Remata con la imagen del presidente Petro, comparando la evaluación de marzo con la del 30 de abril: positiva: marzo: 50,9 %. Abril: 49.3 %. Negativa: marzo: 43,9 %. Abril: 43.6 %. Descendió la imagen positiva en 1,6 %. </p><p>Las encuestas ocurren en un medio político desfavorable para el ejercicio deliberativo electoral. Algunas han recogido que en las zonas de dominio de las disidencias de los diversos grupos armados, los habitantes se sienten presionados y condicionados a votar por el candidato oficialista. El señor Cepeda es el autor intelectual de la paz total. Es inaceptable para el país, que el presidente Petro imponga a la Fiscalía suspender las órdenes de captura para 29 de esos actores de violencia del Clan del Golfo, al enmascararlos como gestores de paz, que es inexistente. La fiscal Camargo no acató el requerimiento. Ante el repudio general, Petro desautorizó a su comisionado Otty Patiño por dicha orden, con el artificio que no lo había consultado. Los terroristas del Frente 36, de las disidencias de <i>Calarcá</i>, ya habían torturado y asesinado al periodista Mateo Pérez.</p><p>El presidente está descontrolado ante la perspectiva que su candidato pueda perder la presidencia. Sus últimos nombramientos son desacertados y ofenden la moralidad pública. Ospina, como interventor de la Nueva EPS, y Quintero, como superintendente nacional de Salud, son individuos imputados por diversos delitos de corrupción, en sus respectivas alcaldías. ¿Qué sucederá con los dineros públicos que manejarán estos funcionarios? </p><p>Petro desconoce la autonomía de la Junta Directiva del Banco de la República, al subir las tasas de interés, situándolas en 11,25 %, para controlar la inflación que él generó, con el aumento demagógico del salario mínimo en 23,7 %, para favorecer a Cepeda. Cuestiona la autoridad del Consejo de Estado, que falló en contra del traslado de los fondos privados de pensiones. Irrespeta la norma constitucional de la separación de los poderes públicos. Aparecen las imputaciones a Ricardo Roa, gerente de la campaña de Petro, y sus irregularidades en la gerencia de Ecopetrol. Los nexos de los abogados del zar del contrabando con el propio presidente no son delitos menores. </p><p>El presidente, que sí interviene en política (como registran algunas encuestas), sigue amenazando con la convocatoria a la asamblea nacional constituyente. Ahora define que las reformas sociales deben agregarse a la Carta (ya están definidas, o no habría Ley Estatutaria de Salud) y añade la reforma política y la del poder judicial, “que propician la corrupción”. Es decir, se incrimina con su propio gobierno. Cepeda camufla “un acuerdo nacional”, para refugiarse finalmente en la narrativa de la asamblea nacional constituyente de Petro.</p><p>Clemencia Vargas Umaña, hija del exvicepresidente Germán Vargas Lleras, afirmó en su sepelio: “no podemos entregarle este país a Iván Cepeda”, para honrar el legado político de su padre. </p><p><b>Parche.</b> El candidato De la Espriella ofendió la libertad de prensa en su respuesta a la distinguida María Lucía Fernández, de Noticias Caracol, quien le recordó su frase: “La ética no tiene nada que ver con el derecho”. Fernández lo interrogó si en eventual gobierno, él podría gobernar sin ética. De la Espriella no contestó a la periodista. Su respuesta fue descalificarla en su profesión de periodista. ¿Si se diera esa opción, insultará a quien lo confronte en democracia, en el Estado Social de Derecho?</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Pasa el tiempo]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/juancarlosbayona/pasa-el-tiempo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/juancarlosbayona/pasa-el-tiempo/</guid><dc:creator><![CDATA[Juan  Bayona Vargas]]></dc:creator><description><![CDATA[“Tengo dudas que hayamos estado a la altura de los desafíos que nos propuso la ley y del valioso movimiento pedagógico”: Juan Carlos Bayona]]></description><pubDate>Fri, 15 May 2026 19:58:09 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Durante años en el sector educativo siempre se dijo, en serio y en broma, que junto con el de director técnico de la selección Colombia de fútbol, uno de los cargos más ingratos era el de profesor. La sociedad, hay que decirlo, no nos reconocía lo suficiente. Era frecuente en las salas de maestros que campeara el humor negro<i>. “Vamos a la lucha de clases”</i>, decía alguno apenas sonaba el espantoso timbre que anunciaba el fin del recreo. "<i>No, a la dictadura de clases", </i>corregía otro con sorna. Y no faltaba quien entre irónico y sincero, declaraba<i>, “estoy que me dicto”</i>. Y uno más alcanzaba a decir, ya en el pasillo, "<i>vamos mis cirujanos que primero los dormimos y luego los rajamos"</i>. </p><p>Eran los años ochenta y apenas se hablaba de las emociones de los estudiantes, de currículos inclusivos, de pedagogía conceptual, de la importancia de la participación, de heteroevaluación, de preguntas problema y mucho menos de respeto a los ritmos del aprendizaje o a las motivaciones submarinas de los alumnos para aprender o de la activación de los conocimientos previos de los jóvenes. Muy poco de todo eso. Salíamos en estampida, ataviados de rollos de cartulinas con presentaciones, libros, hojas pre impresas para evaluaciones, cajas de tiza, álbum de fotos, y los de ciencias exactas con compases de madera y escuadras y reglas gigantes también de madera.</p><p>Horas después, nos volvíamos a cruzar en la sala de maestros, a veces sólo por unos momentos. No teníamos casi tiempo para compartir las experiencias, para reflexionar sobre lo que hacíamos y por qué lo hacíamos. Recibíamos las planeaciones del bimestre divididas en sesiones con tiempos exactos y con los temas puestos en orden cronológico sin mayor explicación. Y teníamos que llenar el libro de clase con lo visto en cada una. Las reuniones de las áreas del conocimiento nunca se hacían con otras áreas del conocimiento. Los de español con los de español, los de educación física con los de educación física, los de sociales con los de sociales, los de matemáticas con los de matemática. Y así. Nos arropábamos con una endogamia disciplinar que se defendía de otras miradas y, lo peor, eso hacía que el área de cada uno de nosotros la considerábamos la única y la mejor. Así habíamos consumado la segmentación de los saberes en pequeños cajoncitos de un gran armario al que llamábamos escuela.</p><p>Sólo en las escasas plenarias de maestros algo de diálogo existía. Era tal el cansancio después de 6 o 7 horas diarias de clase con densidades superiores a los 40 alumnos, que recuerdo nuestras caras de agotamiento cuando una vez al mes nos convocaban a la salida de los estudiantes para quedarnos una o dos horas más. Aun así, algo se hacía y circulaban las ideas, los desacuerdos y, lo mejor, nos mirábamos a los ojos y nos dábamos ánimo los unos a los otros. La labor del maestro es y sigue siendo agotadora. Sin embargo, ese cansancio al que ofrendamos la vida estaba justificado con independencia de los resultados que podíamos llegar a ver, si los estudiantes recordaban que todo el conocimiento no era nada distinto que una forma para ser buenos, para trabajar por el bien común y para aprender a vivir con los demás y nuestras comunes miserias. Muchos de mis inolvidables colegas queríamos cambiar el mundo y para eso sabíamos que había primero que cambiar la escuela. </p><p>Con la llegada de la Ley General de Educación de 1994, hija dilecta de la Constitución del 91, los maestros recibimos en nuestras manos la posibilidad inédita de cambiar el rumbo de las cosas. Nos dieron tiempo. Fruto de un trabajo arduo de cientos de mesas de trabajo durante casi dos años, la ley habló con claridad de autonomía escolar para diseñar y escribir sus propios proyectos educativos institucionales, rediseñar el currículo dentro de un marco común, pero atendiendo a la personalidad de cada escuela. La escuela ya no dicta cursos o clases, educa para la democracia, educa para entender la política, la escuela es una comunidad activa en posesión de su destino. </p><p>Qué lejos están los tiempos cuando, en 1982, la Federación Colombiana de Educadores, en el marco de su XII congreso en Bucaramanga, impulsó el movimiento pedagógico nacional, no sólo como una manera de lucha por las genuinas reivindicaciones laborales para el magisterio, sino como una apuesta para la renovación de las prácticas pedagógicas a través de la investigación en el aula liderada por los maestros de manera reflexiva y consciente y con los estudiantes como el centro de todo el sistema planetario de la escuela. Hoy, mejor pagados que nunca, con mejores y más duraderas garantías para ejercer su invaluable función a pesar de las deficiencias en el sistema de salud y de otras dificultades, tengo dudas de que los maestros hayamos estado a la altura de los desafíos que nos propuso la ley y del entonces valioso movimiento pedagógico. </p><p>Parar poner un solo ejemplo, la excelente revista <i>Ciencia y Cultura</i>, que publica Fecode desde 1984 y que constituyó en su momento un hito en la educación en Colombia, circulaba entonces ampliamente en el magisterio. Hoy no creo exagerar si digo que la leen muy pocos. Percibo sobre todo en el sector rural menos cansancio, menos entrega y un cierto sentimiento de hacer lo mínimo. El sindicalismo permitió que sus acuciosas luchas por los siempre urgentes asuntos contractuales, fueran agazapando y dejando atrás, poco a poco, la responsabilidad inendosable de los maestros por una educación de calidad, hasta relegarla a un segundo plano haciendo gala de una falta total de autocrítica por parte de sus cuadros directivos que irradie a todos sus afiliados. El problema para mí es que creo con pesar que los maestros hoy, en su conjunto, ya no quieren cambiar el mundo. Menos la escuela. He ahí la cuestión.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La muerte de Tilson Thomas]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/manuel-drezner/la-muerte-de-tilson-thomas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/manuel-drezner/la-muerte-de-tilson-thomas/</guid><dc:creator><![CDATA[Manuel Drezner]]></dc:creator><description><![CDATA[El director de orquesta Michael Tilson Thomas ha muerto y representa la desaparición de uno de los grandes directores de nuestros tiempos.]]></description><pubDate>Fri, 15 May 2026 13:00:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>El director de orquesta Michael Tilson Thomas ha muerto y esto representa no solo la desaparición de uno de los grandes directores de orquesta de nuestros tiempos, sino que también significa que se ha silenciado una voz luminosa que dedicó su vida a demostrar que la música clásica podía ser humana, cercana y profundamente emotiva. Tilson Thomas deja un vacío inmenso en el mundo musical. Quienes lo vimos dirigir recordamos que él no parecía simplemente marcar el ritmo a una orquesta, sino también conversar con ella. Sus manos parecían dibujar emociones en el aire. Había alegría en sus gestos y también una intensidad casi espiritual. Para muchos músicos jóvenes, él fue mucho más que un maestro; fue un guía afectuoso, alguien que creía en el talento incluso antes de que el propio estudiante creyera en sí mismo.</p><p>Fundó la Sinfónica del Nuevo Mundo, con un objetivo claro. Un músico joven no podía aspirar a tocar en una orquesta si no tenía experiencia, pero no podía conseguir esa experiencia mientras no tocara en una orquesta. La agrupación que creó rompió ese círculo vicioso y así creó un hogar para nuevas generaciones de músicos. Su idea era revolucionaria y sencilla al mismo tiempo: enseñar excelencia sin destruir la sensibilidad humana de los artistas. Durante décadas, cientos de jóvenes pasaron por esa orquesta-escuela y salieron transformados no solo técnica, sino también espiritualmente. Tilson Thomas entendía que la música no debía vivir encerrada en templos elitistas. Heredero artístico de Leonard Bernstein, poseía el raro don de enseñar sin arrogancia. Su abuelo fue uno de los grandes actores del teatro en yidis y quizá eso le dio esa capacidad de transmitir y entretener. De hecho, Michael creó e interpretó con frecuencia una obra basada en lo que su abuelo hacía y mostró cómo el arte puede ser algo universal. Ese homenaje era algo conmovedor y el aplauso frenético con que las audiencias recibían esa representación era de elocuencia única.</p><p>Hay un gran legado fonográfico de este director, lo cual significa que su arte podrá ser apreciado por mucho tiempo, pero esos discos lamentablemente no dejan entrever el carisma de sus presentaciones, que hacían que el público se compenetrara de manera única con la música.</p><p>Sus últimos años estuvieron marcados por el dolor. En 2021 anunció que tenía cáncer cerebral y, aun así, regresó al podio una y otra vez, decidido a seguir haciendo música mientras tuviera fuerzas. Sin embargo, la imagen que permanece no es la de la enfermedad ni de la despedida. Es la de un hombre sonriendo frente a una orquesta, iluminado por la convicción de que la música podía hacer mejor a la gente. Quizá su legado más profundo sea ese: haber convertido el arte en un acto de generosidad.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El precio de la vanidad]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mario-fernando-prado/el-precio-de-la-vanidad/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mario-fernando-prado/el-precio-de-la-vanidad/</guid><dc:creator><![CDATA[Mario Fernando Prado]]></dc:creator><description><![CDATA[“El tigre y la paloma deberían hacer un alto al fuego y superar las diferencias que les están dividiendo”: Mario Fernando Prado]]></description><pubDate>Fri, 15 May 2026 05:05:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.elespectador.com/resizer/v2/JMLVXUYGYZE4LDADKUNZGDVLXM.jpg?auth=4bed8cb24b51b02490070adbfef88c4138ece70a38eccc6802f07aaf51c5faee&width=657&smart=true"/><figcaption class="op-vertical-below op-small">“El tigre y la paloma deberían hacer un alto al fuego y superar las diferencias que les están dividiendo”: Mario Fernando Prado<cite class="op-small">El Espectador</cite></figcaption></figure><p>El grotesco espectáculo que estamos viviendo los colombianos en el que dos supuestos aliados están enfrentándose para ganarle el uno al otro nos está llevando a pensar que aquí lo que hay es un juego de poderes en manos de la ambición y la vanidad.</p><p>Desde siempre he sido fiel seguidor de Paloma Valencia y la he apoyado denodadamente en sus proyectos legislativos. Y ahora, con la aparición del tigre, he quedado gratamente sorprendido con sus posturas políticas y económicas y he también pensado que sería un excelente candidato para la primera vuelta. Sin embargo, la polarización por el uno o por la otra está llegando a extremos vergonzosos y vergonzantes. ¿Cómo así que los del mismo grupo, seguidores del expresidente Álvaro Uribe, hayan caído en esta trampa de la vanidad?</p><p>Antes de la primera vuelta –en la que, seguramente, perderá el candidato de Petro y sus huestes, previamente aceitadas, salgan a incendiar las calles con el argumento que se les robaron las elecciones–, el tigre y la paloma deberían hacer un alto al fuego y superar las diferencias que les están dividiendo y poder ir unidos en estas justas electorales.</p><p>De lo contrario, cada quién por su lado a ver quién jode al otro en un espectáculo solo digno de la miserableza humana en la que podría perder nuestra democracia. El tigre no podrá cortarle las alas a la paloma y esta no podrá arrancarle las garras a su contendor. Ese sería otro crimen de Estado que bañará con sangre nuestra bandera.</p><p>Desde hace mucho tiempo he acuñado la frase “nos unimos o nos hundimos”, y este es el momento para hacerlo.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/JMLVXUYGYZE4LDADKUNZGDVLXM.jpg?auth=4bed8cb24b51b02490070adbfef88c4138ece70a38eccc6802f07aaf51c5faee&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="655" width="985"><media:description type="plain"><![CDATA[Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella en el centro de la discusión electoral por participación en debates.]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Para los pequeños, bombas]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/santiago-villa/para-los-pequenos-bombas-estados-unidos-barcos-en-el-caribe/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/santiago-villa/para-los-pequenos-bombas-estados-unidos-barcos-en-el-caribe/</guid><dc:creator><![CDATA[Santiago Villa]]></dc:creator><description><![CDATA[“El gobierno Trump ha masacrado en altamar al menos a 179 personas sin saber más allá de toda duda quiénes son ni qué hacen”: Santiago Villa]]></description><pubDate>Fri, 15 May 2026 05:05:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.elespectador.com/resizer/v2/VSNBHQYEEJEIVIH6BKRQGSSRXU.jpg?auth=e3a54a6732602d5268334773750eb6fb6efbfea46046fdfa2d14c53ed03274ed&width=657&smart=true"/><figcaption class="op-vertical-below op-small">“El gobierno Trump ha masacrado en altamar al menos a 179 personas sin saber más allá de toda duda quiénes son ni qué hacen”: Santiago Villa<cite class="op-small">AARON SCHWARTZ / POOL</cite></figcaption></figure><p>El gobierno Trump ha masacrado en altamar al menos a 179 personas, sin saber más allá de toda duda quiénes son ni qué están haciendo, cuando van en unas precarias lanchas por el mar Caribe y el Océano Pacífico. Si a Trump y sus cómplices les hubiese importado averiguarlo, en lugar de simplemente tildarlos de narcotraficantes, quizás se habrían dado cuenta de que buena parte de ellos pertenecen a una capa social de rebuscadores caribeños. Pueden ser pescadores hoy, mototaxistas mañana, ayudantes de lancha o cuidadores de ganado otro día. Andariegos en precariedad que prueban su suerte en los pueblos de la costa venezolana, o acaso la trinitense, depende dónde pinte mejor la cosa. Y como son pobres, pues van en lancha.</p><p>Esto y más lo reveló una <a href="https://www.elclip.org/category/investigaciones/los-bombardeados-sin-derecho-a-la-defensa/" target="_blank" rel="" title="https://www.elclip.org/category/investigaciones/los-bombardeados-sin-derecho-a-la-defensa/">monumental investigación periodística</a> publicada el martes 12 de mayo por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (El CLIP) y cinco medios aliados en Colombia, Venezuela, y Trinidad y Tobago. El trabajo también contó con el apoyo de periodistas <i>freelance </i>de República Dominicana, Ecuador, Costa Rica y México. Es, de lejos, el trabajo más completo que hasta ahora se ha hecho sobre un tema que en América Latina no se había investigado a fondo, en buena medida por temor a las represalias de Estados Unidos. Un manto de terror cubre a los gobiernos de donde vienen estos civiles bombardeados. Temen que, si alzan la voz contra los ataques ilegales a las lanchas, Trump responda con aranceles, cancelaciones de visas o sanciones financieras.</p><p>Pero también hay runrunes de satisfacción entre los estamentos militares de América Latina, <a href="https://www.atlanticcouncil.org/in-depth-research-reports/issue-brief/after-maduro-latin-americas-policy-community-reassesses-the-us-china-balance/" target="_blank" rel="" title="https://www.atlanticcouncil.org/in-depth-research-reports/issue-brief/after-maduro-latin-americas-policy-community-reassesses-the-us-china-balance/">como me dijo en febrero</a> un reconocido académico de la Universidad Militar Nueva Granada. Si bien esos militares no creen que los ataques a las lanchas sean necesariamente la estrategia adecuada, a algunos altos oficales les gusta el cambio radical en la actitud de Estados Unidos hacia el problema. Hacía falta un sacudón. Un poco de caos que removiera una dinámica fosilizada, según ellos.</p><p>Caos hay, definitivamente. Como reveló la investigación del equipo coordinado por El CLIP, gracias a derechos de petición enviados a la Aeronáutica Civil, esta recibió 18 reportes de seguridad operacional por parte de vuelos comerciales como consecuencia de los bombardeos y acciones aéreas de Estados Unidos contra embarcaciones en aguas colombianas. Un vuelo con capacidad de 180 pasajeros que volaba entre Bogotá y Aruba tuvo fallos en el GPS y el reloj mientras sobrevolaba La Guajira, y la aeronave desapareció de las pantallas de control de tierra. Los sistemas seguían fallando cuando el avión aterrizó en Aruba.</p><p>Quienes defienden las acciones de Estados Unidos, y hay varios en América Latina, vuelven al argumento clásico de la extrema derecha: que a los traficantes de drogas hay que matarlos en lugar de respetarles los derechos humanos. Nace de una cruel desesperación y de las fracturas éticas que ocasiona ver el mundo dividido entre nosotros y ellos, los que merecemos ser tratados como humanos y quienes por sus actos —o sus ideas—, simplemente deben ser eliminados. Ejecutados extrajudicialmente.</p><p>La sevicia añadida, y el motivo por el que se habla de que esto constituye un delito de lesa humanidad —al menos en el caso de una lancha que fue bombardeada dos veces se habla en Estados Unidos de que los militares cometieron un crimen de guerra—, es que no hay pruebas sólidas de que estas personas llevaban drogas en las lanchas, e incluso si las llevasen, el procedimiento es la interdicción y el arresto, no matarlos.</p><p>El colmo es que mientras personas de escasos recursos, que se rebuscan la vida en las zonas más pobres del Caribe y el Pacífico, reciben las bombas del ejército más poderoso del planeta, los barcos que llevan cientos de kilos de cocaína son interceptados y su tripulación apresada. El 2 de septiembre de 2025 mientras bombardearon a una lancha con 11 personas cerca a Trinidad y Tobago, decomisaron en conjunto con las autoridades colombianas y dominicanas una embarcación con 448 kilos de cocaína y capturaron a dos personas. Como dice el subtítulo de la sección del reportaje del CLIP que describe esta contradicción: “Para los grandes cargamentos, justicia. Para los pequeños, bombas”.</p><p>Threads: @<a href="https://threads.com/santiagovillach" target="_blank" rel="" title="https://threads.com/santiagovillach">santiagovillach</a></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/VSNBHQYEEJEIVIH6BKRQGSSRXU.jpg?auth=e3a54a6732602d5268334773750eb6fb6efbfea46046fdfa2d14c53ed03274ed&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="1280" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[“El gobierno Trump ha masacrado en altamar al menos a 179 personas sin saber más allá de toda duda quiénes son ni qué hacen”: Santiago Villa]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">AARON SCHWARTZ / POOL</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El deber de aprobar la Jurisdicción Agraria]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/patricia-lara-salive/el-deber-de-aprobar-la-jurisdiccion-agraria/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/patricia-lara-salive/el-deber-de-aprobar-la-jurisdiccion-agraria/</guid><dc:creator><![CDATA[Patricia Lara Salive]]></dc:creator><description><![CDATA[“”: Patricia Lara Salive]]></description><pubDate>Fri, 15 May 2026 05:05:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Si se hunde el proyecto de ley que establece la jurisdicción agraria de aquí al 20 de junio, cuando concluye esta legislatura, será porque los partidos de oposición (Centro Democrático, Cambio Radical y algunos liberales, conservadores y miembros del Partido de la U) insisten en desbaratar el quórum en el Congreso. Si eso ocurre, la oposición le habrá ayudado inmensamente al presidente Gustavo Petro a conseguir argumentos para que se vote su embeleco de la Constituyente.</p><p>Ese proyecto es inconveniente y riesgoso por demás, ya que, de aprobarse en este momento de extrema polarización, puede llevar a que una nueva constitución sea impuesta por uno de los dos extremos del espectro político, y suceda una de dos cosas: o que se apruebe la reelección y entremos en una era petrista interminable, o que gane la derecha, como sucedió en Chile, y se eliminen los derechos consagrados en la Constitución del 91, que convirtieron la constitución colombiana una de las más avanzadas del mundo.</p><p>El proyecto de ley de la jurisdicción agraria se radicó en agosto de 2024, y es uno de los complementos principales del Acuerdo de paz firmado hace diez años entre el gobierno Santos y las FARC. Pero ahora, <i>ad portas</i> de su aprobación, está a punto de hundirse por la oposición feroz de los sectores retardatarios del país, los mismos que acabaron con la reforma agraria que el presidente Carlos Lleras Restrepo realizó durante su presidencia, a finales de los años 60.</p><p>El punto fundamental de discordia es el artículo noveno del proyecto que propone entregarle a la Agencia Nacional de Tierras facultades para resolver procesos sobre baldíos y distribución de tierras. Eso implica que se realicen trámites a través de la vía administrativa y no que sean siempre los jueces los que tomen unas decisiones que, por lo general, se demoran décadas. </p><p>Como lo dijo Humberto de la Calle en reciente <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/humberto-de-la-calle/no-embolatar-la-jurisdiccion-agraria/" target="_blank" rel="" title="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/humberto-de-la-calle/no-embolatar-la-jurisdiccion-agraria/">columna </a>publicada en este diario, “el deseo de la SAC pidiendo que siempre haya un juez disfraza en el fondo una actitud que termina favoreciendo el statu quo”. Y más adelante agregó: “el clamor por la presencia de los jueces en todos los casos disfraza el deseo de que todo cambie para que nada cambie”. </p><p>Y el expresidente Juan Manuel Santos manifestó de manera enfática: “el Congreso de la República debe aprobar la Ley de Jurisdicción Agraria. Es su obligación, su responsabilidad y sería una buena manera de despedir esta legislatura. Es una ley que trae grandes beneficios para el agro y para Colombia”. </p><p>Por fortuna, en las últimas horas, la insistencia en el mensaje de urgencia por parte de la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, al Congreso, finalmente caló, y pusieron el proyecto como prioridad para que se discuta el miércoles, al cierre de esta columna. Pero ya más de cinco veces las bancadas que se oponen a la jurisdicción agraria han roto el quórum. No obstante, esas mismas bancadas tienen interés en que se discutan otras iniciativas, lo cual podría permitir que esta vez, finalmente, haya quórum y se vote. Es lo mínimo que podrían hacer en bien del país esos partidos y esos políticos que, para defender sus intereses personales, se empeñan en frenar la posibilidad de que prosperen los campesinos y se aclimate la paz en el territorio.</p><p><b>Nota</b>: Nos va a hacer falta Germán Vargas Lleras. En este país tan escaso de líderes vamos a extrañar su capacidad de hacer que las promesas se cumplan, su liderazgo. Va mi abrazo para Clemencia, Enrique y José Antonio.</p><p><a href="http://www.patricialarasalive.com/" rel="">www.patricialarasalive.com</a></p><p><a href="https://x.com/patricialarasa" target="_blank" rel="" title="https://x.com/patricialarasa">@patricialarasa</a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Sorpresas te da la vida]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/francisco-gutierrez-sanin/trump-quiere-anexar-venezuela-a-estados-unidos-sorpresas-te-da-la-vida/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/francisco-gutierrez-sanin/trump-quiere-anexar-venezuela-a-estados-unidos-sorpresas-te-da-la-vida/</guid><dc:creator><![CDATA[Francisco Gutiérrez Sanín]]></dc:creator><description><![CDATA[“Trump acaba de declarar, muy seriamente, su intención de convertir a Venezuela en el estado 51 de EE. UU.”: Francisco Gutiérrez Sanín]]></description><pubDate>Fri, 15 May 2026 05:05:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Trump acaba de declarar, muy seriamente, su intención de convertir a Venezuela en el estado 51 de la Unión Americana. Como tendemos a normalizar hasta las situaciones más extrañas, es mejor recordar cómo llegamos hasta acá. A principios del año, los gringos “extrajeron” a Nicolás Maduro, entonces presidente de Venezuela. Pero en lugar de entregarle el poder a la oposición, llegaron a un arreglo con una de las figuras señeras del chavismo, Delcy Rodríguez, en esencia, para coadministrar el país, el petróleo y otros recursos.</p><p>Los muchos que creían que la operación significaría un “retorno a la democracia”, una fabulosa apertura obtenida mediante el secuestro, quedaron con un palmo de narices. Lo máximo que logró María Corina Machado, entonces jefa de la oposición y partidaria del ataque, después de una humillante visita a la Casa Blanca, fue un montón de bisutería del movimiento MAGA. Pero también quedó en evidencia la narrativa de que el chavismo era el gran régimen transformador. Lo que tuvimos el dudoso privilegio de contemplar fue un rápido acomodo entre burdos colonialistas y bolivarianos del siglo XXI, sobre la base compartida de la necesidad de mantener y proveer estabilidad y orden. Resultó que todo el resto era manejable. Puede dar angustia y rabia, ¿pero no les da también curiosidad? A mí me encantaría leer un trabajo serio analizando y explicando el fenómeno, pero no he podido encontrarlo.</p><p>Como fuere, apostarle a la estabilidad cuando Trump está de por medio es complicado. A pesar de que el plagio de Maduro es la operación internacional que mejor le ha salido, o de pronto, precisamente por eso, el magnate naranja sigue agitando las aguas venezolanas. De hecho, su propuesta de anexión lo sitúa a él mismo en el centro del escenario: ahora como candidato presidencial de ese país. “La gente que está a cargo” lo está haciendo muy bien, dice Trump, pero los votantes lo aman a él.</p><p>¿Será? Trump es un personaje de opereta –a la vez muy siniestro–, pero la aserción en este caso no se debería desestimar. Después de que cayera el comunismo en Polonia, por allá en 1990, el empresario canadiense Stanisław Tymiński se presentó a las presidenciales. Parecía un candidato desastroso, y a duras penas hablaba polaco (además, con mucho acento). Sin embargo, le metió un buen susto a su rival Lech Wałęsa, el legendario líder obrero que había logrado desestabilizar irreparablemente al régimen (y que probablemente estuvo a sueldo de este, pero ese detalle lo reservo para otra columna). Más cerca de nosotros: Perú eligió a dos presidentes cuyo español estaba lejos de ser perfecto (Fujimori y Kuczynski), que, de alguna manera, alardeaban de tener algo de lo que los nativos carecían. Los dos fueron exitosos en las urnas (aunque terminaron arrestados); su obvio dejo “extranjero” les sirvió. Por ejemplo, Fujimori usó hasta el cansancio su identidad de “ingeniero japonés”, capaz de superar las ineficiencias de los comodones cholos y criollos. </p><p>En síntesis: en momentos de crisis extraordinaria, votar por alguien que parece “ajeno” y “distante” puede verse como una solución por amplios sectores del electorado, en contextos y períodos muy diferentes. </p><p>Así que la anexión y precandidatura no son bromas, sino globos de prueba, al menos parcialmente verosímiles. No creo que Trump logre sacarlas adelante: es demasiado desordenado; tiene muchas amenazas pendiendo sobre su cuello. Las cosas no le están saliendo bien, pero eso no quiere decir que sus sueños venezolanos sean descabellados.</p><p>Odiosos, eso sí: estas fracturas nacionales producen efectos malsanos de larga duración. A veces, nunca se superan. Apostar por la aventura de la subordinación plena, o tolerarla, como hacen muchos en nuestro debate público actual, esperando con ilusión exasperada la intervención que “salve al país”, es algo que nadie en sus cabales debería permitirse. En ningún lugar del espectro político, como lo sugiere la dolorosa y grotesca saga de María Corina.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Secretos de alcoba: crítica a ‘The drama’ (2026), de Kristoffer Borgli]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/criticadecine/secretos-de-alcoba-critica-a-the-drama-2026-de-kristoffer-borgli/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/criticadecine/secretos-de-alcoba-critica-a-the-drama-2026-de-kristoffer-borgli/</guid><dc:creator><![CDATA[Crítica de Cine]]></dc:creator><description><![CDATA[“La elección de dos superestrellas (Zendaya y Robert Pattinson) como actores principales no es gratuita...”: Crítica de cine]]></description><pubDate>Fri, 15 May 2026 05:05:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.elespectador.com/resizer/v2/QVYCBEC5CNH35AHJY7TB6RCIAE.jpg?auth=ee5e2c57f63ef6ba19e9a4381d1807b45c742444e5b4185ee930fc0a4ed64030&width=657&smart=true"/><figcaption class="op-vertical-below op-small">“La elección de dos superestrellas (Zendaya y Robert Pattinson) como actores principales no es gratuita...”: Crítica de cine<cite class="op-small">CHRIS TORRES</cite></figcaption></figure><figure><img src="https://www.elespectador.com/resizer/v2/ZJO76LUGGFAR7BHIUA7UOXNNKU.png?auth=6b5ba3647230cba3b3983a16ba83164526b72146768bebe9e39f9989a9c41472&width=657&smart=true"/><figcaption class="op-vertical-below op-small">Calificación cine opinión 4,5<cite class="op-small"></cite></figcaption></figure><p><b>Valoración: 4,5/5</b></p><p>Amor y conflicto son dos indispensables en casi cualquier historia de la narrativa occidental. De Hollywood ni se diga. Atraviesan el día a día por acción u omisión. Dibujan una parte de nuestra identidad y nos delimitan el futuro. “Hasta que la muerte nos separe<i>”</i>. Están arraigados a lo que somos y a lo que contamos. Los entendemos íntimos, profundamente nuestros. Es en ese sentido que el planteamiento de <i>The drama</i> (2026), tan universal como su título, muestra una vez más que nos encanta ver en pantalla grande los dilemas que podrían pasarle a cualquiera: una relación que parecía perfecta se empieza a tambalear cuando un secreto del pasado se revela inesperadamente. La misma semana en que se van a casar, además. </p><p>Lo que sigue es ansiedad y desconfianza. Los reproches de una pareja que creía saberlo todo el uno del otro. El guion se aprovecha de ese desconocimiento mutuo para explorar lo que también desconocen de sí mismos. Para alumbrar parcialmente en los vacíos psicológicos que dan forma a sus dramas internos. Esos que guían sus acciones y la acción de una película ágil, envolvente, concisa; que juega a cortar sobre los planos de súbito, a saltar entre escenas y a detenerse en situaciones específicas para imprimir extrañeza a las secuencias individuales y compartidas. Un tono sarcástico con tintes de humor negro complementa ese dramatismo denso y, lejos de diluirlo, lo vuelve más cercano.</p><p>Mezcla lo patético y lo privado en momentos elegidos cuidadosamente, que sostienen el peso emocional de la dinámica entre los protagonistas. La elección de dos superestrellas (Zendaya y Robert Pattinson) como actores principales tampoco es gratuita. Buscan, como el resto de la puesta en escena, una sensación de belleza detrás de la que se esconde el malestar. Están puestecitos entre decorados limpios, impasibles, que los miran perderse entre la paranoia y la pensadera. Charlas que no llevan a ninguna parte e imágenes del pasado que se funden con el presente. Que no regresan filtradas sino escupidas: arrojadas hacia el ahora cuando más duelen, alteradas por la propia ansiedad, unidas al ritmo de ese presente cotidiano y filmadas con su mismo estilo. Envueltas por la obsesión como cualquier trauma, como el miedo, como el vértigo de amar. </p><p>El ya mencionado sarcasmo y la atención que la película tiene por sus personajes la llevan a inmiscuirse con ellos antes que a juzgarlos. Tampoco hace juicios ni críticas morales de los temas que toca, sino que alude a ellos dentro del contexto psicológico de la trama. Se preocupa más por el conflicto de la pareja que por su trasfondo social. Por eso hace drama y espectáculo de una coyuntura que hoy es debate nacional en Estados Unidos (una sociedad intranquila por lo demás, tal vez la única en el mundo con esa clase de problemas). Prefiere quedarse con los sentimientos y sus desenlaces. Con el principio de que todo amor necesita algo de drama y todos necesitamos algo de amor. Aunque arda un poquito, solo a veces. </p><figure class="op-interactive"><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/6zmKcUa4Xxk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen title="The Drama | Official Trailer HD | A24"></iframe></figure>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/QVYCBEC5CNH35AHJY7TB6RCIAE.jpg?auth=ee5e2c57f63ef6ba19e9a4381d1807b45c742444e5b4185ee930fc0a4ed64030&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/jpeg" height="1271" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[LOS ANGELES (United States), 16/03/2026.- Paul Thomas Anderson (L) accepts the Oscar for Best Directing for "One Battle After Another" from Zendaya (C) and Robert Pattinson during the 98th annual Academy Awards ceremony at the Dolby Theatre in Los Angeles, California, USA, 15 March 2026. EFE/EPA/CHRIS TORRES
]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">CHRIS TORRES</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El derecho y la ética de Abelardo]]></title><link>https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/lauragalindo/el-derecho-y-la-etica-de-abelardo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/lauragalindo/el-derecho-y-la-etica-de-abelardo/</guid><dc:creator><![CDATA[Laura Galindo]]></dc:creator><description><![CDATA[“Defender a David Murcia o a los Nule, escudándose en que las leyes no tienen que ver con valores universales, es un fracaso”: Laura Galindo]]></description><pubDate>Fri, 15 May 2026 05:05:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<figure><img src="https://www.elespectador.com/resizer/v2/DWKN44LOFNCS3JSUN344BO2ECI.png?auth=0074bdd1e08d823619c42bf451936091428a8efcbdeabdb9ef5130257d7d126f&width=657&smart=true"/><figcaption class="op-vertical-below op-small">“Defender a David Murcia o a los Nule, escudándose en que las leyes no tienen que ver con valores universales, es un fracaso del pensamiento”: Laura Galindo<cite class="op-small">Archivo particula</cite></figcaption></figure><p>Dice Abelardo de la Espriella que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”. Lo dijo antes y lo sostuvo hace pocos días en una entrevista para televisión. Su argumento –además de “hay que ser abogado, como yo, para entenderlo”– repite una y otra vez que mientras el derecho es un conjunto de normas que rigen la vida civil, la ética es un grupo de creencias particulares.</p><p>Y sí, pero no. De la Espriella se refiere a lo que en filosofía se llama positivismo jurídico: la ley debe cumplirse porque es ley y no porque sea buena o mala. Un pensamiento bastante obsoleto –la fuerza bruta como regente– y controvertido por muchas otras posiciones, incluida la del sentido común. Pero para mantener la discusión en términos filosóficos, voy a referirme al iusnaturalismo, que plantea, en esencia, lo opuesto: el derecho necesita de la ética porque defiende la justicia y la verdad; es decir, las leyes parten la razón.</p><p>Entre los defensores del iusnaturalismo están Kant, Aquino y Locke. Entre los positivistas, Hans Kelsen y otros señores que tuve que googlear para esta columna: Norberto Bobbio, Joseph Raz y H. L. A. Hart. La discusión podría zanjarse de forma salomónica: son corrientes contrarias y válidas desde sus perspectivas, pero, de nuevo, no. Un pensamiento positivista permite aberraciones como el Tercer Reich en Alemania, donde la ley misma segregaba y perseguía judíos; o el Apartheid en Sudáfrica, en el que deshumanizaban a los negros violando cualquier lógica de justicia universal.</p><p>Cuando los nazis fueron citados a los tribunales de Núremberg por sus crímenes, el positivismo resultó tan peligroso que fue imposible condenarlos: ellos, simplemente siguieron la ley al pie de la letra. Para poder encontrarlos culpables, fue necesario acudir a la Fórmula de Radbruch –creada por Gustav Radbruch en 1946–: si la norma es insoportablemente injusta, va en detrimento de la verdad y de la vida, no debe obedecerse.</p><p>En resumen, decir algo cierto no es lo mismo que acertar. Hablar de derecho sin ética, es no entender que la justicia es un pilar estructural de cualquier sociedad. Defender a David Murcia o a Jorge Pretelt, a Rocío Arias o a los Nule, escudándose en que las leyes no tienen que ver con valores universales, es un fracaso del pensamiento.</p><p><a href="https://x.com/LauraGalindoM" target="_blank" rel="" title="https://x.com/LauraGalindoM"><b>@LauraGalindoM</b></a></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.elespectador.com/resizer/v2/DWKN44LOFNCS3JSUN344BO2ECI.png?auth=0074bdd1e08d823619c42bf451936091428a8efcbdeabdb9ef5130257d7d126f&amp;width=657&amp;smart=true" type="image/png" height="656" width="984"><media:description type="plain"><![CDATA[La defensa de Guzmán radicó la denuncia ante la Comisión Seccional de Disciplina Judicial de Bogotá.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Archivo particula</media:credit></media:content></item></channel></rss>