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		<title><![CDATA[El Espectador - Google Discover - Salud / Salud-consciencia]]></title>
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		<description><![CDATA[Últimos contenidos seleccionados de El Espectador para Google Discover sobre Salud / Salud-consciencia.]]></description>
		<lastBuildDate>Tue, 27 Oct 2026 12:58:10 +0000</lastBuildDate>
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			<title><![CDATA[Delirium, depresión y pérdida muscular: la cara menos visible de las UCI en los hospitales]]></title>
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			<dc:creator><![CDATA[Redación Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Delirium, depresión y síndrome poscuidados intensivos: mientras los médicos luchan por salvarle la vida a una persona en una UCI, también deben prevenir las secuelas que pueden afectar su cuerpo, su memoria y su salud mental. ¿Cómo empieza la recuperación de un paciente crítico incluso antes de salir de cuidados intensivos?]]></description>
			<pubDate>Sun, 25 Oct 2026 15:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Cuando una persona llega a una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), la prioridad es salvarle la vida. Pero una vez controlada la emergencia, también importa cómo evitar que la enfermedad y la inmovilidad dejen nuevas secuelas. La rehabilitación temprana, el cuidado de la salud mental y el acompañamiento familiar pueden ayudar a preservar capacidades físicas y cognitivas y facilitar el regreso a la vida cotidiana, un proceso que empieza mucho antes de recibir el alta.</p>



<figure class="size-large is-resized"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/TBK2WCIUDBFMZKC47ZKXCO3GFI.jpg?quality=60&amp;w=800" alt="Mientras los equipos médicos se concentran en tratar la enfermedad que llevó al paciente a cuidados intensivos, también procuran que las condiciones de la hospitalización reduzcan, en la medida de lo posible, el impacto físico y emocional de esa experiencia." class="wp-image-1167899" style="width:1096px;height:auto" /><figcaption> Mientras los equipos médicos se concentran en tratar la enfermedad que llevó al paciente a cuidados intensivos, también procuran que las condiciones de la hospitalización reduzcan, en la medida de lo posible, el impacto físico y emocional de esa experiencia.</figcaption></figure>



<p>Llegar a una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) nunca es una decisión.  “Es un lugar que genera naturalmente mucha angustia”, reconoce la doctora Astrid Fajardo, médica de rehabilitación de la Fundación Cardioinfantil - LaCardio. “Por definición, llegar allí implica que la vida está en grave peligro”. </p>



<p>Es un espacio lleno de monitores, máquinas que emiten permanentemente ruidos y pitidos, y una luz artificial blanca que permanece encendida día y noche, a veces difuminando la propia noción del tiempo. Para los pacientes, en algunas ocasiones conscientes, pero bajo sedación y generalmente intubados, cada jornada puede transcurrir entre procedimientos médicos, interrupciones del sueño y la incertidumbre.</p>



<p>Ya sea que la estancia sea corta o larga, y más allá de la condición que lleva a una persona a una UCI, “está muy demostrado que entre las primeras seis y doce horas en que un paciente está críticamente enfermo, empieza a disminuir la producción de ATP, que es la energía que producen las mitocondrias”, explica la Dra. Fajardo. Las mitocondrias son estructuras celulares que producen gran parte del ATP (trifosfato de adenosina), que es como los médicos conocen la molécula indispensable para el funcionamiento de las células.&nbsp;</p>



<p>Sin ATP suficiente, las células tienen dificultades para realizar funciones esenciales, como mantener su equilibrio interno y permitir la contracción muscular. A estos cambios metabólicos, dice la médica, se suman los efectos de la enfermedad crítica y la inmovilidad propia de estar en cama, que pueden acelerar la pérdida de fuerza y masa muscular. Es parte de lo que se conoce como “desacondicionamiento físico”, un fenómeno cuyos efectos sobre el organismo también se han estudiado a partir de la experiencia de los astronautas en el espacio. “Desde que el hombre fue a la Luna, se estudia qué consecuencias puede tener la inmovilización y la exposición a condiciones extremas”, cuenta la especialista.</p>



<p>Los efectos del reposo prolongado pueden extenderse a distintos sistemas del organismo: el neurológico, el cardiovascular, el gastrointestinal, el renal y el osteomuscular. Parece obvio; imagine los efectos de estar absolutamente todo el tiempo en una cama. </p>



<p>Esto significa que, mientras una persona lucha por sobrevivir a un infarto, un siniestro vial o cualquier otra condición que la haya llevado a una UCI, también puede empezar a perder masa y fuerza muscular, resistencia física y capacidad para realizar movimientos cotidianos. </p>



<p>“Los efectos no se ven solamente en los músculos tróficos, que nos mantienen de pie, sino incluso en los de la deglución. Los pacientes no pueden deglutir adecuadamente, no pueden comer, lo que nos lleva a una desnutrición aguda, pérdida del apetito y la misma fatiga relacionada con la enfermedad crítica”, explica Yenny Rocío Cárdenas Bolívar, intensivista institucional y jefa del Departamento de Medicina Crítica y Cuidado Intensivo del Hospital Universitario Fundación Santa Fe de Bogotá. A nivel cognitivo, agrega la especialista, se pueden presentar alteraciones en la memoria a corto plazo, la atención y las funciones ejecutivas, que nos permiten planificar, organizar tareas o tomar decisiones.</p>



<p>Durante la estancia en cuidados intensivos, algunos pacientes pueden desarrollar algo que los médicos conocen como delirium o síndrome confusional agudo, una alteración caracterizada por cambios repentinos en la atención y el estado de conciencia, que puede manifestarse como desorientación, confusión o alucinaciones. </p>



<p>“Puede presentarse como hipoactivo, es decir, los pacientes dormidos, que no se despiertan durante todo el día; hiperactivo, que es el paciente agitado que se quiere bajar de la cama y desconectarse de todo; y el mixto, que es de los más frecuentes, que fluctúa entre los dos”, dice la Dra. Cárdenas. Aunque suele ser transitorio, puede dificultar la recuperación y, en algunos casos, coexistir con alteraciones cognitivas que persisten después del alta hospitalaria.</p>



<p>Por supuesto, durante una estancia en la UCI, el mundo emocional también experimenta un vuelco. “Empieza por tener que dormir en una cama que no es la de uno e incluye cosas como tener que comer una comida que no está preparada según nuestra cultura y nuestras prácticas”, dice la doctora Adriana Escorcia, psiquiatra de LaCardio. “Se cambia toda la normalidad y cotidianidad de una persona”. Imagine, por ejemplo, que usted tiene la costumbre de quedarse dormido viendo televisión, de levantarse en la mañana mientras escucha las noticias en la radio o de tomarse un café antes de empezar el día. </p>



<p>Son gestos pequeños, casi automáticos, que, según las especialistas con las que hablamos, permiten reconocer un entorno, organizar las horas del día y sentir que, de alguna manera, tenemos las riendas de la vida. Ahora imagine que, de un momento a otro, esas rutinas desaparecen.</p>



<p>“Eso es transversal a todo el proceso y se pueden configurar cuadros de ansiedad y de depresión, que pueden alterar mucho el patrón del sueño con pesadillas”, dice la Dra. Escorcia. “Todo esto puede constituir una patología que se llama estrés postraumático, que también está relacionado con las estancias en la UCI, con los sonidos, los pitos, las alertas de las bombas de infusión (unos dispositivos que administran medicamentos y líquidos al paciente de forma controlada) con el ruido nocturno que no permite un descanso reparador”.&nbsp;</p>



<p>Por eso, mientras los equipos médicos se concentran en tratar la enfermedad que llevó al paciente a cuidados intensivos, también procuran que las condiciones de la hospitalización reduzcan, en la medida de lo posible, el impacto físico y emocional de esa experiencia.</p>



<h2><strong>La rehabilitación comienza ya</strong></h2>



<p>La pregunta que parece lógica en este punto, entonces, es cómo evitar que el cuerpo de una persona sedada, intubada y postrada en una cama por, por ejemplo, un accidente cerebrovascular potencialmente mortal, no pierda mientras tanto fuerza o masa muscular.</p>



<p>“La recuperación comienza desde la UCI, lo que llamamos rehabilitación temprana: es decir, tan pronto el paciente lo permita”, dice la Dra. Cárdenas. “Me refiero a algo que ya tiene muchos estudios en el mundo, pero que algunas unidades todavía no incorporan: el paquete de cuidados ABCDEF para el manejo integral de los pacientes críticos en las Unidades de Cuidados Intensivos. Esto sí que cambió la vida de los pacientes en la UCI, sí que cambió los resultados. Es una sigla en inglés que se refiere a que debemos evaluar, prevenir y tratar el dolor siempre en todo paciente, de manera objetiva”.</p>



<p>En pacientes ventilados y no ventilados, es decir, tanto en quienes necesitan asistencia de un ventilador para respirar como en quienes pueden hacerlo por sus propios medios, esto implica evaluar el dolor con herramientas que permitan medirlo de forma sistemática, en lugar de depender únicamente de la impresión del personal médico. También supone revisar a diario la necesidad de mantener la sedación y, cuando las condiciones clínicas lo permiten, realizar pruebas de despertar y de respiración espontánea. El objetivo, dice la médica, es evitar que el paciente permanezca profundamente sedado más tiempo del necesario y facilitar una transición hacia una mayor participación en su propia recuperación.</p>



<p>El paquete ABCDEF incluye, además, elegir adecuadamente los analgésicos y los sedantes, prevenir, detectar y tratar el delirium, promover la movilidad temprana e involucrar a la familia en el proceso. Esta última parte también puede traducirse en acciones sencillas para mantener al paciente conectado con su entorno, como facilitarle las gafas si acostumbra a leer o procurar que sus familiares puedan acompañarlo. </p>



<p>La movilidad, explica la Dra. Cárdenas, de la FSFB, no empieza entonces necesariamente cuando el paciente vuelve a caminar. Puede comenzar, de hecho, con acciones tan sencillas como elevar la cabecera de la cama para que ejercite los músculos del cuello y pueda sostener la cabeza.</p>



<p>En esa línea, la Dra. Fajardo, de LaCardio, nos pide pensar, por ejemplo, en una persona que llega a la UCI de un hospital después de un siniestro vial, con un politraumatismo, fracturas y lesiones en distintos órganos. La prioridad inicial es estabilizarla y tratar las lesiones que ponen en riesgo su vida. </p>



<p>Si necesita ventilación mecánica, puede permanecer intubada y bajo sedación mientras supera la fase más crítica. Pero una vez que su condición lo permite, la rehabilitación puede empezar incluso antes de que despierte.</p>



<p>“Lo primero es ayudarle a movilizar pasivamente para que no pierda la movilidad”, explica la Dra. Fajardo. Mientras el paciente todavía está inconsciente o no puede seguir instrucciones, el fisioterapeuta mueve cuidadosamente sus extremidades para preservar el rango de movimiento. A medida que evoluciona y recupera el estado de alerta, el trabajo avanza hacia los estiramientos, el fortalecimiento muscular y actividades cada vez más exigentes: sentarse en la cama, ponerse de pie y, cuando sea seguro, comenzar a caminar.</p>



<p>En el paquete de atención ABCDEF al que hacía referencia la Dra. Cárdenas, esta movilización temprana corresponde a la letra E, dedicada a la movilidad y el ejercicio. La idea es incorporar el movimiento tan pronto como la condición clínica lo permita, en lugar de esperar hasta que el paciente salga de la UCI. Después viene la F, que hace referencia a la participación y el empoderamiento de la familia. </p>



<p>Para Cárdenas, mantener a los seres queridos cerca e involucrarlos en el proceso también hace parte del cuidado intensivo. </p>



<p>Su presencia puede ayudar a que el paciente conserve el vínculo con su entorno y participe, en la medida de sus posibilidades, en actividades que estimulen su atención y orientación.</p>



<p>“La intervención a partir de este paquete de cuidado ha mostrado unos desenlaces fantásticos”, dice la especialista de la FSFB. “Hay estudios de más de 6.000 pacientes donde los resultados en sobrevida, en disminución del síndrome post-UCI, son marcados”. </p>



<p>Este síndrome, conocido también como síndrome poscuidados intensivos, reúne todas las alteraciones físicas, cognitivas y de salud mental que pueden aparecer o persistir después de una enfermedad crítica. No todas las personas que pasan por una UCI lo desarrollan ni experimentan las mismas secuelas, pero estas pueden dificultar el regreso a las actividades cotidianas incluso después de superar la enfermedad que motivó la hospitalización.</p>



<h2><strong>Una UCI más humanizada</strong></h2>



<p>Estar en una UCI, como decía al comienzo la Dra. Fajardo, es una experiencia muy angustiante por naturaleza. Pero hay condiciones que pueden hacerla todavía más difícil.  Imagine, por ejemplo, una habitación sin ventanas, donde no es posible distinguir si afuera es de día o de noche, o sin siquiera un reloj a la mano que permita saber qué hora es. </p>



<p>Los cubículos son individuales, pero en algunas unidades están dispuestos en espacios muy abiertos, separados por cortinas o divisiones que no aíslan por completo a los pacientes de lo que ocurre a su alrededor. Imagine que, en plena madrugada, el paciente de la cama de al lado sufre un paro cardíaco y el equipo médico debe iniciar maniobras de reanimación. Las alarmas suenan, el personal se moviliza y usted, desde su propia cama, escucha y presencia lo que ocurre, sin saber muy bien qué está pasando ni cómo terminará.&nbsp;</p>



<p>Desde hace algunos años, los hospitales de todo el mundo han empezado a prestar más atención a algo que durante mucho tiempo podía quedar en segundo plano frente a la urgencia de salvar una vida: cómo se siente una persona mientras está en una UCI.&nbsp;</p>



<p>En todo caso, y como decía la Dra. Cárdena, no resultan ser cosas que vayan por caminos muy distintos. “Hay que buscar que estos espacios sean cada vez más amables, que el paciente, por ejemplo, tenga contacto permanente con la familia”, dice la Dra. Fajardo. “Porque en algunos o en muchos casos, esa visita puede ser la última vez que se vean”.&nbsp;</p>



<p>Para la Dra. Escorcia, psiquiatra de LaCardio, todo esto hace parte de un enfoque en el que los médicos y los hospitales tratan con una persona, un paciente, y no solo con una enfermedad. “Por eso, ya no es tan frecuente que la persona esté en bata hospitalaria. Ya se permite que esté en pijama, con sus gafas, sus prótesis dentales, sus audífonos, si los usa. Porque todas esas cosas ayudan a prevenir el alejamiento de la realidad”, explica.&nbsp;</p>



<p>La idea es que, incluso en medio de una hospitalización crítica, el paciente conserve algunas de las referencias que le permiten reconocer su entorno y relacionarse con él.&nbsp;</p>



<p>“También se minimizan los medicamentos; se hace algo que técnicamente se llama conciliación medicamentosa: uno deja solamente lo que el paciente necesita y trata de evitar que reciba medicamentos en exceso. Se promueve la deambulación, que haga terapias todos los días y, si va a quedarse solo, se le puede dejar música o enviarle fotografías para poner en las paredes, de manera que mantenga ese contacto con su realidad y con su familia”, explica la Dra. Escorcia. Parecen pequeñas acciones, pero al final pueden marcar una diferencia en la manera en que el paciente vive su hospitalización.</p>



<p>Después de salir de la UCI, la recuperación de un paciente que atravesó una enfermedad crítica no termina. “Hay días buenos y días malos. No siempre el paciente que sale o se recupera va a tener una evolución lineal e ininterrumpida hacia la mejoría y cada día va a estar mejor. Entender que eso no ocurre es importantísimo”, dice la Dra. Cárdenas.</p>



<p>La recuperación puede avanzar con altibajos: un día el paciente amanece con más energía, come mejor y se siente capaz de retomar sus actividades; al día siguiente, puede experimentar más cansancio, dolor, náuseas o dificultades para dormir. Estos “retrocesos” no significan necesariamente que algo vaya mal, dice la médica, pero es importante observar cómo evoluciona y consultar si aparecen cambios que preocupan o persisten. </p>



<p>En ese proceso, la familia cumple un papel clave. Quienes conocen al paciente pueden advertir cambios en su memoria, su comportamiento, sus hábitos de sueño o su alimentación que no siempre son evidentes durante una consulta. “</p>



<p>Mi papá no era así” es una de las señales que, según Cárdenas, los familiares pueden identificar y comunicar al equipo médico.</p>



<p>A esto se suma que algunos pacientes llegan a un punto en el que dejan de mostrar avances. “Pueden pasar muchas otras cosas, como que el paciente llega a una meseta donde ya no arranca ni para adelante ni para atrás”, explica la Dra. Fajardo, de LaCardio.  En esos casos, el equipo tratante debe evaluar la evolución y considerar otras intervenciones.  La rehabilitación, dice la especialista, puede continuar durante semanas o meses, con terapias ajustadas a las necesidades de cada persona, hasta recuperar parte de la autonomía perdida y facilitar el regreso a sus actividades cotidianas.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Óscar Pérez</media:credit>
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			<title><![CDATA[Cuando el corazón pierde el ritmo, el lugar donde lo escuchan importa]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/cuando-el-corazon-pierde-el-ritmo-el-lugar-donde-lo-escuchan-importa/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redación Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Las arritmias alteran el ritmo del corazón y pueden causar desde palpitaciones y mareos hasta complicaciones graves. Conozca sus factores de riesgo, cómo los relojes inteligentes ayudan a detectarlas y qué tratamientos ofrece la electrofisiología para recuperar la calidad de vida.]]></description>
			<pubDate>Sat, 24 Oct 2026 16:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Las arritmias alteran el ritmo del corazón y, en algunos casos, pueden tener consecuencias graves. La electrofisiología permite identificar su origen y tratarlas con medicamentos, procedimientos y dispositivos especializados. En LaCardio, los avances en el diagnóstico y el seguimiento abren nuevas posibilidades para que los pacientes recuperen su día a día.</em>&nbsp;</p>



<figure class="size-large"><img height="837" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/10/123504.jpg?quality=60&amp;w=1024" alt="Cada minuto, el corazón late entre 60 y 100 veces cuando estamos en reposo. Y detrás de cada uno de esos movimientos hay un impulso eléctrico." class="wp-image-5314842" /><figcaption>Cada minuto, el corazón late entre 60 y 100 veces cuando estamos en reposo. Y detrás de cada uno de esos movimientos hay un impulso eléctrico.</figcaption></figure>



<p>¿Se ha preguntado alguna vez cómo late su corazón? ¿Qué lo mueve? ¿Por qué a veces parece acelerarse y en otras ocasiones va más lento? Cada minuto, el corazón late entre 60 y 100 veces cuando estamos en reposo. Y detrás de cada uno de esos movimientos hay un impulso eléctrico. </p>



<p>No es ninguna metáfora: en el interior de cada uno de nosotros existe un sistema eléctrico natural, con una intrincada red de conexiones que funcionan como diminutos cables que permiten la transmisión de la electricidad que hace posible cada latido.&nbsp;&nbsp; Entonces, y de ahora en adelante, cuando escuche a su médico comparar su corazón con un pequeño motor, tenga la seguridad de que no está hablando en sentido figurado.&nbsp;</p>



<p>Todo empieza en el “nódulo sinusal, que es la central eléctrica del corazón”, explica el doctor Carlos Andrés Tapias, médico especialista en electrofisiología de LaCardio. Ubicado en la aurícula derecha, una de las dos cavidades superiores del corazón, este pequeño grupo de células genera los impulsos eléctricos que ponen en marcha cada latido.&nbsp; La señal comienza entonces su recorrido por el tejido cardíaco. </p>



<p>Primero activa las aurículas, que reciben la sangre; después, los ventrículos, las dos cavidades inferiores que la impulsan hacia los pulmones y el resto del cuerpo. Y así, en una fracción de segundo, y sin que tengamos que parar a pensar en ello, la electricidad se convierte en movimiento.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Latido tras latido, esa secuencia precisa marca un ritmo. “Sí, el corazón tiene un ritmo y, cuando ese ritmo se altera, hablamos de una arritmia. De ahí procede la palabra”, explica el doctor William Bautista, electrofisiólogo cardiovascular de LaCardio. </p>



<p>“<em>Arritmia”,</em> que proviene del griego: el prefijo <em>a-,</em> que indica ausencia o falta, y <em>rhythmós,</em> que significa ritmo.&nbsp;&nbsp;</p>



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<p>“Hay arritmias en las que el corazón late muy rápido, llamadas taquicardias, que pueden producir palpitaciones, y otras en las que late demasiado lento, conocidas como bradicardias”, explica el especialista. El corazón no tiene que latir siempre a la misma velocidad, no tiene que tener siempre el mismo ritmo. Puede acelerarse cuando hacemos ejercicio o disminuir su ritmo cuando descansamos o dormimos. </p>



<p>Pero lo importante es que sus impulsos eléctricos coordinen los latidos de acuerdo con las necesidades del organismo. Cuando esa actividad se altera, el corazón puede perder su ritmo habitual y, dependiendo del tipo de arritmia, su capacidad para bombear la sangre de manera eficaz.&nbsp;</p>



<p>Las consecuencias son múltiples. Cuando una arritmia que acelera el corazón se mantiene durante mucho tiempo, puede debilitar el músculo cardíaco y reducir su capacidad de bombear sangre. Básicamente, ese motor trabaja a una velocidad excesiva durante demasiado tiempo, lo que termina afectando su capacidad para llenarse y contraerse adecuadamente, hasta el punto de que ya no logra impulsar la sangre que el organismo necesita. </p>



<p>En algunas arritmias, las aurículas dejan de contraerse de manera coordinada, lo que favorece el estancamiento de la sangre y la formación de coágulos. Y estos pequeños cúmulos de sangre pueden desprenderse, viajar por el torrente sanguíneo y obstruir un vaso sanguíneo en el cerebro, causando, en el peor de los casos, un accidente cerebrovascular.&nbsp;</p>



<p>Un ritmo demasiado lento tampoco es inofensivo. Cuando el corazón late a una velocidad insuficiente, puede no bombear la sangre que el cerebro y otros órganos necesitan. Es como si el motor de un carro perdiera fuerza justo cuando debe subir una pendiente. El cuerpo empieza a resentir esa falta de flujo sanguíneo y aparecen señales como los mareos o los desmayos. “Los pacientes pueden sufrir mareos e incluso perder el conocimiento”, explica el Dr. Bautista. En ciertas circunstancias, esto puede tener consecuencias graves, como en el caso de un conductor que se desmaya al volante debido a una arritmia lenta.&nbsp;</p>



<p>“Lo que hacemos los electrofisiólogos, cuando hay alguna alteración de este tipo, es ayudar al corazón a recuperar un ritmo adecuado”, explica la Dra. Stephany Luna, electrofisióloga de LaCardio. Para conseguirlo, cuentan con marcapasos, desfibriladores, medicamentos y procedimientos como la ablación, según el tipo de arritmia y las necesidades del paciente.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Una vez identificada la alteración, en LaCardio se activa una ruta de atención integral, liderada por el servicio de electrofisiología, en la que participan distintos especialistas para definir el tratamiento. </p>



<p>El doctor Luis Carlos Saenz, líder de este servicio, destaca el trabajo en equipo: “Centrados alrededor de las necesidades del paciente, varias veces al día, entre todos analizamos los diferentes casos, los diferentes retos, diagnósticos o terapéuticos para formular las mejores soluciones que tengamos a nuestro alcance”. Esta atención no se limita a resolver la alteración del ritmo cardíaco. “Hace unas décadas, se dejaba que la enfermedad progresara, pero hoy, con el desarrollo de nuevas tecnologías, la intervención temprana ha cambiado la historia natural de esta enfermedad”, agrega el Dr. Tapias.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Después del procedimiento, los pacientes continúan bajo seguimiento para evaluar los resultados y ajustar el tratamiento con el tiempo. </p>



<p>“En esta institución, todo lo que hacemos es para que la persona recupere su calidad de vida”, dice la Dra. Luna. ¿Cómo hacen los médicos de LaCardio para devolverle el ritmo al corazón?&nbsp;</p>



<h2><strong>La epidemia de las arritmias</strong>&nbsp;</h2>



<p>De entre todas las enfermedades del corazón, las arritmias son uno de los trastornos más frecuentes, especialmente a medida que aumenta la edad. “La más común, que también se considera una epidemia, se llama fibrilación auricular”, explica el Dr. Bautista. Esta alteración hace que las aurículas, las cavidades superiores del corazón, tiemblen en lugar de contraerse de forma coordinada. </p>



<p>Como consecuencia, el corazón pierde la regularidad de sus latidos y, con frecuencia, puede latir más rápido de lo normal. “Es usual en pacientes mayores de 60 años e hipertensos. Un porcentaje importante de la población la sufre”, dice el Dr. Bautista. </p>



<p>La dimensión del problema en Colombia quedó retratada en una investigación publicada en 2022 en la <a href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-56332022000200170" target="_blank" rel="noopener"></a><a href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-56332022000200170" target="_blank" rel="noopener"><em>Revista Colombiana de Cardiología</em></a>. A partir de los registros del sistema SISPRO, los investigadores encontraron que los casos reportados de fibrilación auricular aumentaron de 41 por cada 100.000 habitantes en 2013 a 87 en 2017. En las personas mayores de 60 años, la cifra llegó a 606,6 casos por cada 100.000 habitantes en 2017.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>La fibrilación auricular, sin embargo, no es la única arritmia presente en Colombia que preocupa a los médicos y médicas. También existen otras alteraciones del ritmo cardíaco, como las taquicardias supraventriculares y las arritmias ventriculares, que pueden manifestarse con palpitaciones, mareos, desmayos o, en los casos más graves, comprometer la vida. Aunque no todas tienen el mismo nivel de riesgo ni requieren el mismo tratamiento, reconocerlas a tiempo es fundamental para evitar complicaciones. Parte del reto está en que las arritmias pueden aparecer de forma intermitente y pasar inadvertidas.&nbsp;</p>



<p>“Cada vez tenemos una población más longeva, y con los años vienen más arritmias”, resume la Dra. Luna. La edad es uno de los principales factores de riesgo porque el corazón también envejece, explican los especialistas de LaCardio. Con el paso del tiempo, sus tejidos experimentan cambios estructurales y pueden acumularse pequeñas zonas de fibrosis, es decir, tejido cicatricial que interfiere con la conducción normal de los impulsos eléctricos. A esto se suman otras enfermedades, como la hipertensión, que pueden modificar la estructura del corazón y favorecer la aparición de alteraciones del ritmo.&nbsp;</p>



<p>Pero la edad no es el único factor de riesgo al hablar de arritmias. “Los pacientes que ya han tenido problemas cardíacos o que han sufrido un infarto son más susceptibles de desarrollar arritmias”, explica el Dr. Bautista. Esto ocurre porque un infarto puede dejar cicatrices en el músculo cardíaco. Aunque el tejido se recupere, esas zonas pueden alterar la conducción de los impulsos eléctricos y favorecer la aparición de ritmos anormales.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Algunas personas nacen con enfermedades congénitas que modifican la estructura del corazón y pueden alterar su funcionamiento eléctrico, incluso años después de una cirugía para corregir el defecto. El riesgo, precisan los especialistas de LaCardio, depende siempre del tipo de anomalía que tenga la persona y de sus consecuencias sobre el corazón.&nbsp;</p>



<p>Los antecedentes familiares son otra señal a tener en cuenta. “Hay pacientes que tienen antecedentes genéticos, familiares en primer o segundo grado que ya han sido operados del corazón o antecedentes de muerte súbita familiar”, agrega Bautista. En estos casos, lo clave es identificar qué enfermedad tuvo el familiar: algunas arritmias y cardiopatías pueden heredarse, y una muerte súbita inexplicada, sobre todo a edades tempranas, puede alertar sobre una condición genética que también afecte a otros miembros de la familia.&nbsp;</p>



<p>Fumar también aumenta el riesgo de desarrollar fibrilación auricular, advierten los especialistas. Y otro factor que suele pasar inadvertido es la apnea obstructiva del sueño: un trastorno en el que la respiración se interrumpe repetidamente mientras la persona duerme. Cada pausa puede reducir el oxígeno en la sangre y someter al corazón a cambios de presión y estrés fisiológico que, con el tiempo, favorecen la aparición de esta arritmia.&nbsp;&nbsp;</p>



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<p>“Cuando nos llega un paciente a LaCardio, en conjunto con cardiología le hacemos una valoración integral e identificamos esos factores de riesgo”, explica el Dr. Tapias. La evaluación permite revisar no solo la alteración del ritmo cardíaco, sino también las condiciones que pueden favorecerla o empeorarla. Por eso, el tratamiento no se limita a controlar la arritmia, sino que también busca intervenir sobre los factores modificables, como la hipertensión, la diabetes y el exceso de peso. “Cuando controlo al paciente y lo veo de manera integral, los resultados de la intervención van a ser mucho mejores”, dice.&nbsp;</p>



<p>“Lo importante es diagnosticar a tiempo”, agrega la Dra. Luna. “Las palpitaciones, los mareos, el dolor en el pecho y la menor tolerancia al ejercicio pueden ser síntomas de una arritmia”.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Por ejemplo, si una persona siente que el corazón se acelera de repente mientras está en reposo, nota que los latidos son irregulares o experimenta mareos sin una causa aparente, conviene consultar al médico. No significa necesariamente que tenga una arritmia, pero sí es importante evaluar qué está provocando esos síntomas. Pero estas señales no siempre aparecen ni son exclusivas de los trastornos del ritmo cardíaco. </p>



<p>Algunas personas pueden tener una arritmia sin experimentar molestias y descubrirla durante una consulta médica.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>En ese punto, entran en juego unos aliados que han ganado protagonismo: los <em>wearables</em> o dispositivos inteligentes, como los relojes y las manillas que permiten monitorear en tiempo real variables como la frecuencia cardíaca, la actividad física y, en algunos modelos, la saturación de oxígeno. “En LaCardio los usamos y son buenísimos para hacer seguimientos de pacientes a los que ya hemos intervenido previamente”, dice la Dra. Luna. </p>



<p>La tecnología amplía las posibilidades de seguimiento, pero su verdadero potencial está en la información que aporta a los especialistas para acompañar a cada paciente y tomar decisiones.&nbsp;</p>



<h2><strong>La tecnología en el diagnóstico</strong>&nbsp;</h2>



<p>Cada vez es más usual ver a adultos con relojes o manillas inteligentes que miden datos como la frecuencia cardíaca, registran la actividad física y, en algunos modelos, incluso permiten obtener un electrocardiograma. Son, en cierto modo, una pequeña ventana al corazón. “Entre las personas que hacen deporte continuamente, se han popularizado mucho”, dice el Dr. Óscar Pérez, médico especialista en cardiología de LaCardio. “En mi consulta, al menos el 95% de esos pacientes llegan con un dispositivo de ese tipo”.&nbsp;</p>



<p>Su surgimiento puede rastrearse hasta mediados del siglo XX, con los primeros dispositivos portátiles como el monitor Holter, que permitía registrar la actividad eléctrica del corazón durante periodos prolongados. Décadas después llegaron los monitores cardíacos para deportistas y, más recientemente, los relojes y las manillas inteligentes que todos conocemos y que incorporaron sensores capaces de registrar distintas métricas de salud.&nbsp;</p>



<p>“Lo que miden todos los dispositivos es la frecuencia cardíaca, aunque lo hacen de diferentes formas. La mayoría de los relojes utilizan un sistema de fotopletismografía que, mediante luz, permite calcular la frecuencia cardíaca y mostrarla en tiempo real. Otros dispositivos utilizan electrodos que registran la actividad eléctrica del corazón y pueden ofrecer mediciones más precisas”, explica el Dr. Pérez. “Aunque la mayoría de las personas los usa para monitorear la frecuencia cardíaca durante el entrenamiento, también permite obtener otras métricas importantes, dependiendo del deporte que se practique”.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Son, en su mayoría, precisos. “La mayoría son muy buenos, dependiendo, por supuesto, de la calidad del dispositivo”, dice el Dr. Pérez. “Es importante que las personas sepan qué van a comprar, se asesoren muy bien sobre para qué lo van a usar y para qué lo necesitan. Pero es claro que pueden funcionar. Estos dispositivos ya están en las guías de tratamiento y diagnóstico de algunos tipos de arritmias y hay investigaciones que los avalan”.&nbsp;</p>



<p>El Apple Heart Study, publicado en 2019 en <a href="https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/nejmoa1901183?referrer=https%3A%2F%2Fwww.nejm.org%2Fdoi%2Ffull%2F10.1056%2Fnejmoa1901183" target="_blank" rel="noopener">The New England Journal of Medicine</a>, evaluó la capacidad del Apple Watch para identificar señales de fibrilación auricular mediante un sensor óptico que detecta irregularidades en el pulso. Participaron más de 419.000 personas y, de los 450 participantes que recibieron una alerta y después contaron con un registro electrocardiográfico analizable, el 34 % tenía fibrilación auricular.&nbsp; </p>



<p>Ese mismo año, un estudio publicado en otra gran revista científica, <a href="https://www.jacc.org/doi/abs/10.1016/j.jacc.2019.08.019" target="_blank" rel="noopener">Journal of the American College of Cardiology</a>, examinó una estrategia similar en China, con dispositivos como la pulsera Honor Band 4 y los relojes Huawei Watch GT y Honor Watch. De las 262 personas con una alerta de posible fibrilación auricular que tuvieron seguimiento efectivo, 227 recibieron confirmación del diagnóstico. Además, el estudio evaluó una ruta de atención que incluía valoración clínica y, cuando correspondía, electrocardiogramas o monitorización Holter.&nbsp;</p>



<p>Y en 2022, el <a href="https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/CIRCULATIONAHA.122.060291" target="_blank" rel="noopener">Fitbit Heart Study</a> evaluó un algoritmo que analizaba las señales del pulso en ventanas de cinco minutos. De los 1.057 participantes que recibieron una alerta y tuvieron un registro electrocardiográfico analizable, el 32,2 % tenía fibrilación auricular.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Poco a poco, se han convertido en instrumentos que pueden ser claves para identificar arritmias como la fibrilación auricular, en donde hasta el <a href="https://academic.oup.com/eurheartj/article/42/5/373/5899003?login=false" target="_blank" rel="noopener">80% de los pacientes pueden no presentar síntomas</a>. “Yo he recibido personas que me consultan porque el reloj les ha lanzado una alerta”, dice el Dr. Pérez. </p>



<p>Cuando eso pasa, médicos como él se han habituado a incluir esos datos en su evaluación. Les piden a los pacientes que compartan los registros de sus entrenamientos y revisan cómo se comportó la frecuencia cardíaca durante el ejercicio. En algunos casos, el especialista de LaCardio ha encontrado frecuencias superiores a los 200 latidos por minuto y patrones que sugerían una posible arritmia.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Sin embargo, hay una diferencia importante entre detectar una irregularidad, como lo permiten estos dispositivos, y diagnosticar una enfermedad. “Es importante saber que los dispositivos pueden ayudar, pero que el médico es el que finalmente debe interpretar los datos”, dice el Dr. Pérez. De hecho, una revisión publicada en 2022 en la revista <a href="https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/CIRCULATIONAHA.121.058911" target="_blank" rel="noopener"><em>Circulation</em></a>, que analizó la evidencia disponible sobre el uso de estos dispositivos para detectar fibrilación auricular, incluyendo los ya reseñados aquí, advirtió que las alertas deben confirmarse mediante un electrocardiograma y la valoración de un profesional de la salud.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>En LaCardio, por ejemplo, los médicos pueden recibir a distancia información de dispositivos implantados, como marcapasos y desfibriladores, y revisar las alertas que estos generan. “La información del marcapaso nos llega a nuestros computadores y nosotros podemos ver alertas con suficiente antelación para poder ejecutar una acción, es decir, un cambio de terapia, llamar al paciente, etcétera”, explica el Dr. Saenz. Esta tecnología, agrega el especialista, también ha ampliado las posibilidades de seguimiento a otras variables fisiológicas, como la presión arterial, la saturación de oxígeno y la actividad física.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Estos avances hacen parte de un rápido desarrollo de la electrofisiología, tanto en las tecnologías para detectar arritmias como en las herramientas para diagnosticarlas y tratarlas. “Colombia se caracteriza por ser un país en donde, en general, hay una disponibilidad de tecnologías de manera relativamente temprana en comparación con varios países de la región”, afirma el Dr. Saenz. </p>



<p>El líder de ese servicio en LaCardio recuerda que la electrofisiología es una rama relativamente joven de la medicina y que su evolución se aceleró durante los últimos 15 o 20 años. Entre los hitos que menciona están el inicio de los procedimientos de ablación con catéter mediante radiofrecuencia, alrededor del año 2000, y la llegada, hacia 2005, de procedimientos para tratar arritmias complejas, como la fibrilación auricular. A estos avances se sumó la incorporación progresiva de nuevas tecnologías.&nbsp;</p>



<p>En LaCardio, en todo caso, explica la Dra. Luna, la evaluación no se limita a los síntomas que presenta el paciente, sino que también incluye pruebas como el electrocardiograma y el Holter, que permiten estudiar la actividad eléctrica del corazón, y el ecocardiograma, que ayuda a evaluar su estructura. En algunos casos, además, se analiza cómo responde el corazón al ejercicio o a medicamentos que aceleran la frecuencia cardíaca.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Con toda esa información, el equipo médico determina qué tipo de arritmia tiene el paciente, cuánto afecta su calidad de vida y cuál es el tratamiento más adecuado.&nbsp;</p>



<figure class="size-large"><img height="684" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/ZDEH565YYVBFFHKZ4MOEODQCV4.jpg?quality=60&amp;w=1024" alt="En 2025, LaCardio generó ingresos por $824.391 millones COP, un crecimiento del 8 % frente al año anterior. /LaCardio." class="wp-image-5117678" /><figcaption>Después de salir del quirófano, la recuperación también depende del procedimiento y de las condiciones de cada persona.  /LaCardio.</figcaption></figure>



<h2><strong>La intervención y la recuperación</strong>&nbsp;</h2>



<p>Una vez identificada una arritmia, la pregunta es qué hacer con ella. No todas requieren una intervención, ni todas tienen las mismas consecuencias. Mientras algunas se pueden controlar con medicamentos, otras necesitan procedimientos o dispositivos que ayuden a restablecer el ritmo cardíaco. “Sumando los signos, los síntomas, qué tanto afecta esto la calidad de vida del paciente y los resultados, tomamos las decisiones”, explica la Dra. Luna.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Las alternativas son varias. Cuando el corazón late lento y no logra responder a las necesidades, puede ser necesario implantar un marcapasos, que ayuda a mantener una frecuencia cardíaca adecuada. Hay distintos tipos, con uno o varios electrodos, según las necesidades de cada paciente. En otros casos, cuando existe riesgo de arritmias potencialmente mortales, puede indicarse un desfibrilador implantable, capaz de reconocer determinados ritmos peligrosos y administrar una descarga eléctrica para corregirlos.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Otra opción es la ablación con catéter, un procedimiento que busca corregir el origen de ciertas arritmias. Para hacerlo, los especialistas introducen catéteres por un vaso sanguíneo, generalmente en la ingle, y los llevan hasta el corazón para identificar el circuito eléctrico que está provocando el problema.&nbsp; Una vez localizado, los médicos aplican energía para modificar el tejido responsable, mediante calor —radiofrecuencia— o frío —crioablación—, según la técnica indicada. </p>



<p>“Buscamos dónde está la alteración y la corregimos”, explica el Dr. Tapias. En algunas arritmias, la ablación ofrece una posibilidad de curación; en otras, se busca disminuir los episodios y mejorar la calidad de vida.&nbsp;</p>



<p>Después de salir del quirófano, la recuperación también depende del procedimiento y de las condiciones de cada persona. En LaCardio, entonces, cuenta la Dra. Luna, los pacientes reciben seguimiento durante la hospitalización, suelen tener una primera revisión en la semana siguiente y vuelven a consulta a los dos o tres meses. Además, mantienen comunicación con el equipo médico si aparecen síntomas diferentes a los esperados. </p>



<p>En este punto, de hecho, los <em>wearables</em> son, de nuevo, muy útiles para ese seguimiento.&nbsp;</p>



<p>Las restricciones iniciales suelen concentrarse en el cuidado de las heridas y de los sitios por donde se introdujeron los catéteres o se implantó un dispositivo. El objetivo, sin embargo, no es que el paciente viva pendiente de su corazón ni que abandone las actividades que disfruta. “La idea no es llenarlo de limitaciones”, dice la Dra. Luna.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Por eso, una vez superada la recuperación inicial y siguiendo las recomendaciones médicas, los pacientes pueden retomar su vida cotidiana y volver a las actividades que disfrutan. Hoy, las nuevas tecnologías para detectar y tratar las arritmias amplían las alternativas para quienes las necesitan. Cuando el corazón pierde el ritmo, la electrofisiología de LaCardio busca identificar qué ocurre y cómo ayudarlo a recuperarlo.&nbsp;</p>



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												</media:content>
							</item>
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			<title><![CDATA[De qué hablan los hospitales del mundo]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/de-que-hablan-los-hospitales-del-mundo/</link>
			<guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/de-que-hablan-los-hospitales-del-mundo/</guid>
			<dc:creator><![CDATA[Juan Gabriel Cendales MD, FACP]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Desde Seúl, en el Congreso Mundial de Hospitales, Juan Gabriel Cendales recoge cinco lecciones sobre los retos que enfrenta la salud global y las contrasta con la posición y la lectura latinoamericana. &quot;Un hospital eficiente dentro de un sistema mal diseñado solo fracasa con mejores indicadores&quot;.]]></description>
			<pubDate>Sat, 24 Oct 2026 11:16:19 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Desde Seúl, en el Congreso Mundial de Hospitales, <strong>Juan Gabriel Cendales</strong> recoge cinco lecciones sobre los retos que enfrenta la salud global y las contrasta con la posición y la lectura latinoamericana. "Un hospital eficiente dentro de un sistema mal diseñado solo fracasa con mejores indicadores".</p>



<figure class="size-large"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/EB6PTXIL7VE25LLO7KIHNE7SFE.jpg?quality=60&amp;w=984" alt="Opinión" class="wp-image-2844091" /><figcaption>El Espectador</figcaption></figure>



<p>Escribo desde Seúl, durante el 49º Congreso Mundial de Hospitales: unos 2.000 directivos de 90 países y más de sesenta sesiones. El mundo comparte el mismo diagnóstico: la población envejece, el personal de salud además de estar agotado escasea y las cuentas no cuadran. Pero no todos lo interpretamos con la misma madurez. Las regiones más avanzadas llevan la discusión del hospital al sistema; nuestra visión Latinoamericana se sigue quedando en el hospital. Cinco lecciones aprendidas de este evento. </p>



<p>La primera lección es que la madurez se nota en el tamaño de las preguntas. Casi todas las sesiones preguntaron cómo hacer más eficiente un hospital; muy pocas, cómo debe funcionar el sistema que lo rodea. Los países “vikingos” fueron la excepción: sus hospitales universitarios mostraron cómo comparten pacientes de alta complejidad, protegen juntos sus datos y aseguran medicamentos críticos entre cinco países. No hablaron de su hospital, sino de lo que ningún hospital puede resolver solo. Un hospital eficiente dentro de un sistema mal diseñado solo fracasa con mejores indicadores.</p>



<figure class="size-large"><img height="768" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/UAY2SLOUEZHJVJWBCMIUUXYRIQ.png?quality=60&amp;w=1024" alt="Juan Gabriel Cendales, director ejecutivo de la Fundación Cardioinfantil. /LaCardio." class="wp-image-5117667" /><figcaption><strong>Juan Gabriel Cendales MD, FACP</strong></figcaption></figure>



<p>La segunda lección es que, en inteligencia artificial, madurar no es tener más pilotos, sino saber cuáles funcionan. La IA fue la protagonista del congreso: tuvo once sesiones y una plenaria, y Seúl anunció una declaración sobre su uso responsable. Me faltaron sesiones de los proyectos de IA que fracasaron.&nbsp; Nadie sabe todavía cómo financiarla.&nbsp; En Colombia tenemos datos, pero dispersos y sin validar. Sin ellos, seguiremos comprando algoritmos entrenados en otros países y esperando que funcionen con los nuestros.</p>



<p>La tercera lección es que la sostenibilidad ya no es un tema ambiental, sino de junta directiva de cualquier hospital serio.&nbsp; Tuvo tantas sesiones como la IA y la primera plenaria del congreso. Ya no se presenta como buena voluntad, sino como gestión: hospitales con directores de sostenibilidad en el equipo ejecutivo, huella de carbono medida como se miden los costos y criterios ESG integrados en la gobernanza. Los casos más sólidos mostraron que reducir emisiones también ahorra, con menos gases anestésicos, menos instrumental desechado y menos medicamentos perdidos.</p>



<p>La cuarta lección es que el agotamiento del personal de salud se sigue tratando como un problema individual cuando es un problema de diseño. La mayoría de las sesiones ofrecieron resiliencia, coaching e inteligencia emocional para que los equipos resistan mejor. Pocas se preguntaron por qué el trabajo agota. Las que lo hicieron cambiaron el trabajo mismo: repartieron de otra forma las funciones entre profesionales, usaron la enfermería virtual para aliviar cargas y planearon con años de anticipación cuántas personas formar. El problema no es que el personal esté cansado, sino que el modelo está hecho para cansarlo.</p>



<p>La quinta lección es que América Latina no existe como región en la conversación global. Cuando el congreso habló de países en desarrollo, la voz la llevaron África y el sur de Asia: Kenia y Pakistán moderaron las sesiones sobre mercados emergentes y entornos de pocos recursos. Asia llegó con su propia federación, y Corea con la próxima presidencia de la IHF. México, Chile y Argentina ni siquiera aparecen en el programa, y ninguna sesión de liderazgo tuvo moderador latinoamericano. Llegamos como hospitales sueltos, no como región. Y quien no define su propia agenda termina hablando en la agenda de otros.</p>



<p>Una reflexión final.&nbsp; La participación de Colombia en estos espacios sigue siendo muy pequeña.&nbsp; Nuestros gremios dedican toda su energía a la reforma de turno y casi ninguna a los espacios donde se define la agenda mundial. Les dejo una pregunta incómoda: ¿existen para defender a los hospitales colombianos o para prepararlos para el futuro? Ojalá en Roma 2027 no volvamos a llegar solos.&nbsp; Experiencia nos sobra; lo que nos falta es organizarnos.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">El Espectador</media:credit>
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									<item>
			<title><![CDATA[¿Puede la alimentación ayudar a aliviar los síntomas de la menopausia? Esto dice la ciencia]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/puede-la-alimentacion-ayudar-a-aliviar-los-sintomas-de-la-menopausia-esto-dice-la-ciencia/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redación Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[¿Puede la alimentación ayudar a sobrellevar la menopausia? Un estudio con cerca de 2.000 mujeres explora el papel de la soja, la dieta mediterránea y otros patrones alimentarios frente a los sofocos (o calores), los cambios de ánimo y las dificultades de concentración.]]></description>
			<pubDate>Tue, 20 Oct 2026 17:19:32 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Una revisión de 15 ensayos clínicos, con cerca de 2.000 mujeres, encontró que los alimentos a base de soja podrían ayudar a reducir los sofocos de la menopausia. Otros patrones alimentarios, como las dietas mediterránea y DASH, mostraron beneficios potenciales para el estado de ánimo. Sin embargo, los investigadores advierten que la evidencia disponible todavía es limitada.</p>



<figure class="size-large"><img height="683" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/XQBPL3X4QRCWDDZPCIYUPEGKGY.JPG?quality=60&amp;w=1024" alt="Mujer con menopausia precoz." class="wp-image-2870594" /><figcaption>La menopausia precoz ocurre antes de los 40 años y puede afectar la salud reproductiva y general de la mujer.</figcaption></figure>



<p>Todas las mujeres que atraviesan la menopausia saben que, más que un simple cambio físico, se trata de una transición con importantes implicaciones sociales, personales y laborales. En términos prácticos, la menopausia se define como 12 meses consecutivos sin menstruación, pero sus efectos pueden comenzar mucho antes y prolongarse durante años. Los sofocos, los problemas de sueño, los cambios de ánimo y las dificultades de concentración pueden afectar la calidad de vida. Algunas mujeres reportan que tienen que reducir sus responsabilidades o dejar sus empleos debido a los síntomas.</p>



<p>Por eso, los médicos y las médicas saben que comprender cómo aliviar esos síntomas no solo sirve para mejorar el bienestar personal y las relaciones, sino también para favorecer la permanencia en el trabajo y la salud a largo plazo. En ese sentido, ¿puede jugar la alimentación un papel importante?</p>



<p>Una investigación publicada esta semana en <em><a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0002916526003485?fr=RR-2&amp;ref=pdf_download&amp;rr=a4c20b5cb9b5e8dd#sec4">The American Journal of Clinical Nutrition</a></em> se propuso ayudar a responder esa pregunta. Se trata de una revisión sistemática que reunió 15 ensayos clínicos aleatorizados, con un total de 1.952 mujeres de entre 40 y 65 años, para evaluar si distintas intervenciones dietéticas podían aliviar tres grupos de síntomas asociados con la menopausia: los vasomotores, como los sofocos y los sudores nocturnos; los psicológicos, como la ansiedad y la depresión; y los cognitivos, relacionados con la memoria, la atención y la concentración.</p>



<p>Para hacerlo, los investigadores buscaron estudios en cinco bases de datos científicas y evaluaron sus resultados. Solo incluyeron ensayos clínicos aleatorizados, un tipo de estudio que permite comparar los efectos de una intervención con los de un grupo de control. </p>



<p>La búsqueda se centró en cambios en la alimentación basados en alimentos completos, patrones dietéticos estructurados o restricción calórica; no incluyó investigaciones que evaluaran exclusivamente suplementos o extractos. Ocho estudios examinaron alimentos a base de soja, como leche, harina y frutos de soja; otros evaluaron la linaza, dietas vegetarianas, patrones alimentarios como DASH y MIND, y estrategias de restricción calórica, incluido el ayuno intermitente. La duración de los ensayos osciló entre seis y 52 semanas, aunque el seguimiento típico fue de unas 12 semanas.</p>



<p>El hallazgo más prometedor, califican los autores, apareció en los sofocos. Al combinar los resultados de cuatro ensayos clínicos, los investigadores encontraron que consumir alimentos a base de soja se asociaba con una reducción de la frecuencia y la gravedad de estos episodios. </p>



<p>El análisis estadístico estimó un efecto favorable de magnitud moderada. Sin embargo, cuando evaluaron los síntomas vasomotores en conjunto, no encontraron una reducción estadísticamente concluyente. Es decir, los resultados sugieren que la soja podría ayudar con los sofocos, pero no permiten asegurar que alivie de manera general las molestias físicas de la menopausia.</p>



<p>Los investigadores también examinaron si estos alimentos podían influir en el estado de ánimo. No se trata de un problema menor. Según explican los autores, se estima que la depresión afecta hasta el 55 % de las mujeres durante la menopausia y se ve exacerbada por los síntomas vasomotores y otros factores estresantes. En este caso, el análisis combinado de tres ensayos no encontró un beneficio estadísticamente concluyente de la soja sobre los síntomas psicológicos. Otros patrones dietéticos, incluidas las dietas mediterránea y DASH sí mostraron beneficios potenciales para reducir los síntomas depresivos y mejorar el estado de ánimo. Estos patrones dietéticos están caracterizados por una alta ingesta de frutas, verduras, cereales integrales y grasas insaturadas, y ya se han relacionado con una menor inflamación sistémica y una mejor salud metabólica.</p>



<p>Además, se lee en la investigación: "las intervenciones con restricción calórica se asociaron con mejoras modestas en los síntomas depresivos y de ansiedad, especialmente cuando se combinaron con ejercicio". Para los autores, en este punto los hallazgos respaldan la relación bidireccional entre la salud metabólica y psicológica y sugieren que la modificación de la dieta puede proporcionar un enfoque complementario para el manejo de los síntomas. </p>



<p>Sin embargo, aclaran que el tamaño del efecto fue pequeño y la relevancia clínica sigue siendo incierta.</p>



<p>La función cognitiva fue otro de los aspectos evaluados. Los síntomas cognitivos durante la menopausia, incluyendo dificultades de memoria y reducción de la concentración, se reconocen cada vez más, pero siguen estando subrepresentados en los ensayos clínicos, escriben los autores del estudio. "Estos hallazgos son consistentes con evidencia más amplia que vincula la calidad de la dieta con la salud cognitiva", se lee en la investigación. Allí se explica que, aunque la disminución de estrógenos durante la menopausia se ha asociado con cambios en el metabolismo cerebral y una mayor vulnerabilidad al deterioro cognitivo, y los factores dietéticos pueden proporcionar una mitigación parcial a través de estas vías, la base de evidencia sigue siendo limitada.</p>



<p>Hay una advertencia importante para interpretar todos estos resultados: los investigadores calificaron como muy baja la certeza de la evidencia de los análisis combinados. Aunque algunos hallazgos fueron estadísticamente significativos, esto no significa necesariamente que el beneficio esté demostrado con suficiente solidez. Los ensayos utilizaron distintas cantidades y presentaciones de los alimentos, midieron los síntomas de maneras diferentes y, en muchos casos, incluyeron pocas participantes. Además, la mayoría de los estudios se realizaron en mujeres posmenopáusicas.</p>



<p>Los autores también señalan que es difícil separar los efectos de la composición de la dieta de los que podrían deberse a otros cambios, como la pérdida de peso. En uno de los ensayos, por ejemplo, las mujeres que siguieron una dieta vegana baja en grasas y consumieron soja a diario perdieron más peso que las participantes del grupo de control. Por tanto, no es posible atribuir todas las mejoras observadas exclusivamente a la soja.</p>



<p>Los autores concluyen entonces que "en los ensayos clínicos aleatorizados, los enfoques dietéticos, en particular aquellos que incorporan soja y patrones más amplios basados en plantas, se asociaron con mejoras modestas en algunos resultados". Sin embargo, agregan a renglón seguido, "la considerable heterogeneidad y la baja certeza de la evidencia limitan la confianza en estos hallazgos".</p>



<p>Por ahora, entonces, la evidencia no permite recomendar una dieta específica como tratamiento para los síntomas de la menopausia. Sin embargo, los autores creen que los resultados apuntan a que una alimentación variada, rica en frutas, verduras, cereales integrales, grasas insaturadas y alimentos de origen vegetal, como los patrones mediterráneo y DASH, podría ser una opción complementaria para cuidar la salud durante esta etapa. Incluir alimentos a base de soja también podría ayudar a algunas mujeres con los sofocos, aunque todavía se necesitan estudios más sólidos para confirmar ese efecto. </p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">fizkes</media:credit>
									</media:content>
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			<title><![CDATA[Que tu vida siga siendo color de rosa]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/dia-mundial-de-la-lucha-contra-el-cancer-de-mama-que-tu-vida-siga-siendo-color-de-rosa/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Camila Torres Vélez]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[El cáncer de mama va más allá de las campañas rosas. Camila Torres Vélez, líder de Hematología y Oncología en LaCardio, reflexiona sobre la detección temprana, los avances en los tratamientos y los retos emocionales de vivir con un diagnóstico de cáncer.]]></description>
			<pubDate>Mon, 19 Oct 2026 18:15:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>En esta columna de opinión, Camila Torres Vélez, líder de Hematología y Oncología en LaCardio, reflexiona sobre lo que significa vivir un diagnóstico de cáncer de mama más allá de las campañas rosas. También aborda la importancia de la detección temprana, los avances en los tratamientos y el acompañamiento a quienes enfrentan la enfermedad.</p>



<figure class="size-large is-resized"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/6PUIOMZIBVCIFJJIYSQS5CSUIQ.jpg?quality=60&amp;w=984" alt="Cáncer de seno. Cáncer de mama, Octubre rosa, autoexamen." class="wp-image-615624" style="aspect-ratio:1.502302058732317;width:1096px;height:auto" /><figcaption>Cáncer de seno. Cáncer de mama, Octubre rosa, autoexamen.</figcaption></figure>



<p>Cada octubre, el mundo se llena de lazos de color rosa, campañas publicitarias y frases de aliento. </p>



<p>Pero cuando la palabra cáncer deja de sonar lejana y llega a tu vida, te das cuenta de que el verdadero proceso no es de color rosa.</p>



<p>Cada 19 de octubre, se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Esta fecha, impulsada por la Organización Mundial de la Salud, va mucho más allá de un simple recordatorio en el calendario: es un llamado de atención global sobre la importancia de la detección temprana, el diagnóstico oportuno y la solidaridad con millones de mujeres y familias que enfrentan esta condición.</p>



<p>El cáncer de mama es el tipo de cáncer más frecuente y la principal causa de muerte por cáncer entre las mujeres en Colombia. La carga de esta enfermedad representa un reto de salud pública significativo. Se diagnostican anualmente entre 17.000 y 18.000 nuevos casos de cáncer de mama en el país, con una mortalidad cercana a 4.000 fallecimientos al año. Los más importantes factores de riesgo son edad mayor de 50 años, mutaciones genéticas  BRCA1 y BRCA2, antecedente de cáncer familiar de mama y ovario, aumento de la densidad mamaria, menarquía temprana (antes de los 12 años) y menopausia tardía (posterior a los 55 años), así como factores de riesgo modificables como consumo de alcohol, sobrepeso y obesidad.</p>



<p>En el camino del cuidado de la salud femenina, con frecuencia escuchamos hablar de mamografías, ecografías y chequeos médicos periódicos. </p>



<p>Si bien estos exámenes clínicos son irremplazables para la detección temprana del cáncer de mama, existe una herramienta cotidiana, gratuita y accesible que marca el punto de partida en la relación con nuestro cuerpo: el autoexamen de seno, este el principal método de autorreconocimiento, sinónimo de amor propio, y una herramienta poderosa que puede salvar millones de vidas. Es indispensable realizarlo 5-7 días posterior al inicio del periodo menstrual, o en menopausia se debe elegir un día fijo al mes con el fin de crear el hábito. </p>



<p>Con respecto al tamizaje en Colombia se realiza en mujeres a partir de los 50 años de edad o a partir de los 40 años en caso de identificación de factores de riesgo (antecedentes familiares de cáncer de mama en primer grado o mutaciones genéticas en <em>BRCA1/BRCA2</em>), con mamografía cuya periodicidad se determina según hallazgos, y/o con ecografía de mama complementaria en caso de duda diagnóstica o senos densos.</p>



<p>Aunque con frecuencia se asocia de forma exclusiva a las mujeres, el cáncer de mama en hombres es una realidad médica que representa aproximadamente el 1% de todos los casos. Debido a la escasa cantidad de tejido mamario en los varones, las masas o nódulos suelen palparse con mayor facilidad. El tumor histológico más común es el carcinoma ductal infiltrante, y entre sus principales factores de riesgo destacan la predisposición genética (especialmente mutaciones en el gen <em>BRCA2</em>), el síndrome de Klinefelter, antecedentes familiares directos y condiciones de hiperestrogenismo o disfunción hepática. El diagnóstico oportuno mediante ecografía, y biopsia resulta decisivo para ofrecer un tratamiento curativo y multidisciplinario.</p>



<p>Hoy en día, gracias a los avances diagnósticos y terapéuticos, un diagnóstico de cáncer de mama es el inicio de un proceso médico tratable y, en la gran mayoría de los casos, curable. La clave es la detección temprana. En la actualidad existe una revolución en la medicina de precisión, ya que el cáncer de mama no es una sola enfermedad; existen diferentes subtipos (como los receptores hormonales positivos, HER2 positivo o triple negativo). </p>



<p>Hoy no se aplica un único tratamiento para todas las pacientes, sino terapias dirigidas a la biología específica de cada tumor, lo cual impacta de manera satisfactoria el pronóstico de la enfermedad, mejorando variables como sobrevida global y tiempo libre de progresión.</p>



<p>La palabra cáncer históricamente es sinónimo de muerte, sin embargo, a través de los años gracias a los avances de la ciencia potencialmente pudiera convertirse en una enfermedad crónica.  Nadie elige recibir un diagnóstico de cáncer de mama. Nadie pide que la rutina se detenga de golpe para dar paso a consultas, tratamientos, análisis y días inciertos. Es natural sentir temor, incertidumbre e incluso rabia. </p>



<p>Sin embargo, la resiliencia no consiste en no tener miedo, si no enfrentarse a el de la manera más sabia con la convicción que nuestra luz interior es capaz de iluminar hasta el día más oscuro, sigue adelante hay un futuro esperándote. Aquí en La Cardio, estamos a tu lado para librar una batalla por la vida.</p>



<p>*Camila Torres Vélez es líder de Hematología y Oncología en LaCardio.</p>



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						<media:content url="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/6PUIOMZIBVCIFJJIYSQS5CSUIQ.jpg?quality=60&#038;w=984" type="image/jpeg" height="655" width="984">						<media:description type="plain"><![CDATA[Cáncer de seno. Cáncer de mama, Octubre rosa, autoexamen.]]></media:description>
										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Getty Images</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Medicamentos en adultos mayores: lo que cambia con la edad y qué precauciones tomar]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/medicamentos-en-adultos-mayores-lo-que-cambia-con-la-edad-y-que-precauciones-tomar/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Ana Vega]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Tomar cinco o más medicamentos al día es una realidad para muchos adultos mayores, pero ¿cuándo pueden convertirse en un riesgo? Expertos explican cómo identificar interacciones, evitar tratamientos innecesarios y saber cuándo es seguro reducir o retirar un medicamento.]]></description>
			<pubDate>Sat, 17 Oct 2026 21:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Con los años, la lista de medicamentos y suplementos que toma un adulto mayor puede crecer, y con ella, el riesgo de interacciones y efectos adversos. Especialistas explican cómo revisar los tratamientos, qué señales de alerta no se deben ignorar y qué precauciones tener para un uso seguro de los medicamentos en la vejez.</p>



<figure class="size-large is-resized"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/IA3DAKZUEBGJPBWU3Q4ERRRRCI.jpg?quality=60&amp;w=736" alt="La pastilla del día después debe ser considerada como una opción de último recurso. Aprende cómo, en qué periodos y cuantas veces tomarla." class="wp-image-2004230" style="width:1096px;height:auto" /><figcaption>Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la polifarmacia es el uso concurrente de múltiples medicamentos. Aunque no existe una definición universal, la organización señala que suele entenderse como el uso rutinario de cinco o más.</figcaption></figure>



<p>A las siete de la mañana, en ayunas, van los medicamentos para la tensión. Después del desayuno, la insulina. Al mediodía, tres o cuatro pastillas más para el corazón y la tensión; antes del almuerzo, otra dosis de insulina. En la noche, antes de la cena, de nuevo la insulina y otras pastillas. Y eso sin contar el suplemento entre comidas ni el analgésico de turno cuando algún dolor lo amerita. Esta es, en pocas palabras, la rutina de mi padre, un paciente con diabetes mellitus e hipertensión que, a sus 64 años, tiene un cajón reservado solo para sus medicamentos y una hoja pegada en la nevera con todos los horarios, con la que intenta, a veces sin lograrlo, tomarlos correctamente.</p>



<p>Su caso no es una excepción. El aumento progresivo de la longevidad a nivel global ha transformado enfermedades que antes eran agudas y fatales en condiciones crónicas que acompañan a las personas durante décadas, explica el doctor José David Cruz, médico internista de la Fundación Cardioinfantil (LaCardio). Como esas enfermedades requieren tratamientos sostenidos en el tiempo, el uso simultáneo de varios fármacos, conocido en el ámbito clínico como polifarmacia, se ha vuelto una realidad cotidiana para millones de adultos mayores en el mundo.</p>



<p>Según la <a href="https://iris.who.int/server/api/core/bitstreams/be139493-0474-49cd-9767-b72069bf42d6/content">Organización Mundial de la Salud (OMS),</a> la polifarmacia es el uso concurrente de múltiples medicamentos. Aunque no existe una definición universal, la organización señala que suele entenderse como el uso rutinario de cinco o más. Esta cuenta abarca todos los fármacos que consume un paciente: los medicamentos prescritos por un médico, los de venta libre y los productos tradicionales, naturistas o complementarios.</p>



<p>La OMS en su reporte técnico Seguridad de los medicamentos en la polifarmacia muestra qué tan extendido está el fenómeno. Citando una <a href="https://www.jamda.com/article/S1525-8610(15)00182-6/abstract">revisión </a>sistemática de 44 estudios realizados en centros de atención a largo plazo, instituciones que brindan atención principalmente a adultos mayores, pacientes crónicos y personas con alguna discapacidad, se encontró que existe alta prevalencia de polifarmacia, con hasta un 91%, 74% y 65% de los residentes tomando más de 5, 9 y 10 medicamentos, respectivamente.</p>



<p>Sin embargo, tomar muchos medicamentos no siempre es un problema. “La polifarmacia no necesariamente es mala”, explica Cruz. Lo importante es revisar si cada medicamento sigue siendo necesario, si sus beneficios justifican los riesgos y si la combinación es adecuada para las condiciones de cada paciente.</p>



<h2>¿Qué cambia en el organismo con el envejecimiento y la medicación?</h2>



<p>Con los años, el cuerpo cambia y también lo hace la manera en que procesa los medicamentos: cómo los absorbe, los distribuye, los metaboliza y los elimina. Los especialistas consultados destacan tres aspectos clave para entender por qué algunos tratamientos requieren precauciones adicionales en los adultos mayores: la composición corporal, la función de los riñones y el hígado, y la evolución de las enfermedades.</p>



<p>El primero es la <strong>composición corporal.</strong> Con la edad suele cambiar la proporción de grasa, agua y masa muscular. Esta transformación influye en cómo se distribuyen los medicamentos por el cuerpo y en cuánto tiempo permanecen en él. “A medida que envejecemos, aumenta el tejido graso y disminuye el agua corporal. Por eso, la distribución de algunos medicamentos puede modificarse, dependiendo del tipo de fármaco”, explica Diana Atencio, especialista en geriatría de LaCardio.</p>



<p>Cruz agrega que algunos fármacos tienen “afinidad” por la grasa y pueden acumularse en ese tejido, lo que prolonga sus efectos y aumenta el riesgo de reacciones adversas.</p>



<p>El segundo cambio está relacionado con <strong>los riñones y el hígado</strong>, órganos fundamentales para eliminar o metabolizar muchos fármacos. Con el envejecimiento, explica Cruz, la función renal puede disminuir y el hígado puede experimentar cambios en su capacidad para procesar determinadas sustancias. Como resultado, algunos medicamentos pueden eliminarse más lentamente y acumularse si la dosis no se ajusta a las condiciones del paciente.</p>



<p>Esto no significa que todos los adultos mayores necesiten dosis más bajas: depende del medicamento y del estado de salud de cada persona.</p>



<p>El tercer aspecto es que <strong>las enfermedades y las necesidades de tratamiento también evolucionan.</strong> Una dosis que era adecuada hace unos años puede requerir una revisión si se modifican la presión arterial o los niveles de azúcar o colesterol. “Los medicamentos deben revisarse periódicamente porque, con los años, pueden cambiar las enfermedades que padecemos”, señala Ana Milena López, especialista en Medicina Interna y Geriatría y directora del Centro de Cuidado Clínico de Ortogeriatría de la Fundación Santa Fe de Bogotá.</p>



<p>La especialista explica que, en algunos casos, la evolución del paciente puede hacer que un medicamento deje de ser necesario: “Por ejemplo, un paciente que tenía diabetes, que empezó a adoptar hábitos de vida saludables, que bajó de peso y sus exámenes mejoraron, puede ya no requerir el medicamento”. La decisión, sin embargo, debe tomarse con el equipo médico, después de evaluar su evolución y los resultados de los controles.</p>



<h2>¿Cuándo se puede retirar un medicamento?</h2>



<p>La revisión periódica de los tratamientos también permite identificar cuándo un medicamento ya no es necesario o cuándo sus riesgos pueden superar los beneficios. En esos casos, el equipo médico puede considerar la desprescripción, un proceso que consiste en reducir la dosis o retirar un medicamento cuando deja de ser adecuado para las necesidades del paciente.</p>



<p>Hacerlo no siempre es sencillo. Para Cruz, la desprescripción representa un reto tanto para los profesionales de salud como para los pacientes y la sociedad, porque suele existir la percepción de que una buena atención médica implica formular más medicamentos. “Deprescribir puede parecer contraintuitivo y que estoy disminuyéndole el cuidado, pero esto también hace parte del cuidado de las personas, particularmente en los adultos mayores”, señala.</p>



<p>Esta idea exige revisar la creencia de que todos los tratamientos deben mantenerse de por vida. Atencio explica que durante las consultas es frecuente encontrar pacientes que consideran permanentes sus medicamentos, aunque esto no siempre sea así. “Siempre toca replantear cuál es el objetivo de utilizar ese tratamiento en un paciente e individualizar la terapia y, si ya no hay beneficio, empezar a retirar”, afirma.</p>



<p>La decisión de retirar o reducir un medicamento puede tomarse, por ejemplo, cuando una enfermedad mejora, cambian las condiciones de salud o se identifica que un fármaco está provocando efectos adversos. También puede ser necesario revisar medicamentos que se añadieron para tratar molestias ocasionadas por otro tratamiento y que quizá ya no se requieran si se corrige la causa inicial.</p>



<p>Pero la evaluación no debe centrarse únicamente en los beneficios y riesgos clínicos. Para Cruz también es importante considerar cómo la cantidad de medicamentos afecta la vida cotidiana de la persona. El médico internista señala que conversar sobre los objetivos terapéuticos con los pacientes y sus familias permite comprender las dificultades que implica cumplir algunos tratamientos. “Una persona que debe tomar entre 15 y 20 pastillas al día, por ejemplo, necesita organizar sus horarios y actividades alrededor de las dosis, lo que puede dificultar acciones cotidianas como viajar o salir de casa”.</p>



<p>Por eso, la decisión de mantener, ajustar o retirar un medicamento debe tener en cuenta tanto las necesidades médicas como las circunstancias y preferencias del paciente. “La desprescripción no significa que una persona deba tomar menos medicamentos solo por ser mayor. El objetivo es mantener aquellos que siguen siendo necesarios y evaluar cuáles podrían retirarse de manera segura”, afirma Atencio.</p>



<h2><strong>Riesgos, automedicación e interacciones</strong></h2>



<p>Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, más del 50 % de los medicamentos se prescriben, dispensan o venden de forma inapropiada, y una proporción similar de pacientes no los toma correctamente.</p>



<p>Este problema no solo deteriora la calidad de vida de los pacientes, sino que representa un desafío de salud pública. En <a>su reporte técnico</a><a href="#_msocom_1">[AV1]</a>&nbsp;, la OMS calcula que el manejo inadecuado de la polifarmacia representa el 4 % de los costos evitables en salud en el mundo: unos USD 18.000 millones , a fecha del 2019 cuando se publicó el reporte, que podrían ahorrarse con una gestión terapéutica adecuada.</p>



<p>Uno de los mayores riesgos de la polifarmacia inadecuada es la llamada “cascada de prescripción”, que ocurre cuando un efecto adverso se confunde con un síntoma de una nueva enfermedad y se prescribe otro medicamento para tratarlo. Cruz lo describe como un círculo vicioso: “Todos los medicamentos que prescribimos tienen riesgo de presentar algún efecto adverso, pero en vez de preguntarnos por qué apareció ese efecto nuevo, pensamos que es otra manifestación de la enfermedad y buscamos contrarrestarlo con un nuevo medicamento. Para cada efecto adverso, otro medicamento. &nbsp;Se genera como un fenómeno en cascada”.</p>



<p>Un ejemplo frecuente es el de la salud digestiva. Existe la creencia de que tomar muchas pastillas daña inevitablemente el estómago y que, por eso, siempre se debe añadir un “protector gástrico”, como el omeprazol. Atencio desmiente esta idea: “Hay medicamentos que sí pueden producir efectos gastrointestinales, pero no quiere decir que a mayor cantidad de medicamentos voy a generar una gastritis o un reflujo”. A su juicio, dar omeprazol solo porque el paciente toma muchos fármacos es una práctica errada, pues se agrega otro medicamento que también puede tener efectos secundarios.</p>



<p>López, de la Fundación Santa Fe de Bogotá, añade que quienes padecen gastritis o molestias digestivas deben vigilar el uso de antiinflamatorios de venta libre como el naproxeno, el ibuprofeno y el diclofenaco, que pueden empeorar los problemas gastrointestinales y aumentar el riesgo de sangrado, especialmente en quienes tienen antecedentes de estas afecciones.</p>



<p>La automedicación, señalan los especialistas, es otro de los grandes riesgos del uso de medicamentos en los adultos mayores. Para alertar sobre estos peligros, la comunidad médica internacional puede recurrir a una herramienta de referencia conocida como los <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12478568/">criterios de Beers,</a> desarrollados en 2011 por la Sociedad Americana de Geriatría (AGS) y actualizados periódicamente. Estos criterios identifican medicamentos potencialmente inapropiados para adultos mayores en determinadas circunstancias.</p>



<p>En esa lista hay fármacos de uso común que pueden resultar perjudiciales para algunos adultos mayores. López, por ejemplo, menciona los peligros que pueden presentarse con antiinflamatorios como el ibuprofeno y el naproxeno: “Estos medicamentos pueden interactuar con anticoagulantes, con medicamentos de metabolismo renal y con medicamentos que inhiben la función plaquetaria”. También recomienda prestar atención a los fármacos para dormir, controlar el vértigo o aliviar alergias, pues algunos, “al tener efectos sedantes, aumentan el riesgo de caídas y de deterioro cognitivo”.</p>



<p>La precaución se extiende a los suplementos y productos naturistas que se venden con promesas de contrarrestar los efectos de la vejez, pero que no están libres de riesgos. Atencio advierte que “ningún multivitamínico realmente es la fórmula antienvejecimiento”. Además, el consumo excesivo de algunas vitaminas puede producir toxicidad, dependiendo de la sustancia y la dosis. Por eso, antes de iniciar un suplemento, es importante evaluar si existe una necesidad concreta y si puede interactuar con otros tratamientos.</p>



<p>Asimismo, algunos productos herbarios pueden interactuar con otros fármacos. López alerta, por ejemplo, sobre los riesgos asociados al consumo de dosis altas de cúrcuma en tabletas o de ginkgo biloba, que pueden favorecer complicaciones como el sangrado en determinadas circunstancias.</p>



<h2><strong>Señales de alarma: ¿cuándo consultar?</strong></h2>



<hr class="has-alpha-channel-opacity" />



<p>Reconocer una posible reacción adversa permite actuar a tiempo. Los síntomas pueden variar según el medicamento, la dosis y las condiciones de cada paciente, y no siempre aparecen inmediatamente después de iniciar el tratamiento.</p>



<p>Si tras tomar un medicamento nuevo se presentan dificultad para respirar, inflamación de la lengua o los labios, o una reacción alérgica intensa, es necesario acudir de inmediato a urgencias.</p>



<p>Otros cambios pueden indicar que el tratamiento necesita una valoración médica. Entre ellos están la somnolencia inusual, la confusión, los mareos intensos, las náuseas persistentes, los vómitos, la diarrea, el dolor abdominal, la hinchazón de los pies o una disminución marcada de la cantidad de orina. La aparición de moretones sin causa clara, sangre en la orina, heces negras o vómito con sangre también requiere atención médica; los signos de sangrado importante deben tratarse como una urgencia.</p>



<h2><strong>¿Cómo usar los medicamentos de forma segura?</strong></h2>



<p>Para reducir los riesgos, es importante que los pacientes y sus familias participen activamente en el manejo de los tratamientos. La OMS establece cinco momentos para la seguridad de la medicación:</p>



<ol>
<li>Antes de empezar un medicamento, pregunte para qué sirve, cómo debe tomarlo, qué efectos adversos puede producir y durante cuánto tiempo debe utilizarlo. Informe a su médico sobre sus enfermedades, alergias y demás tratamientos.</li>



<li>Al tomar los medicamentos, siga las indicaciones de dosis y horario. Llevar una lista actualizada con los nombres, las dosis y los horarios puede facilitar la organización, especialmente cuando se utilizan varios fármacos al día.</li>



<li>Antes de añadir otro medicamento o suplemento, incluso si es de venta libre o naturista, consulte si es adecuado para usted y si puede interactuar con los demás tratamientos. No asuma que un producto es seguro solo porque se vende sin fórmula o se promociona como “natural”.</li>



<li>Revise periódicamente su tratamiento con su médico. Lleve a las consultas la lista completa de medicamentos y suplementos que consume e informe si ha presentado síntomas nuevos o si han cambiado sus condiciones de salud. En este momento, se resalta la figura del médico internista, qui<ins>e</ins><del>é</del>n, según Cruz, puede actuar como un “director de orquesta” que coordina toda la medicación prescrita por el resto de especialistas.</li>



<li>Antes de suspender o modificar un medicamento, consulte con el médico que lo formuló. Si se considera que un medicamento ya no es necesario, la decisión debe acompañarse de un plan de seguimiento.</li>
</ol>



<p>Adicionalmente, los especialistas insisten en la importancia de que los pacientes sean honestos sobre los medicamentos que realmente consumen y aquellos que han dejado de tomar. Atencio insiste en que los pacientes “alcen la mano” y reporten sin temor cualquier síntoma adverso o dificultad para seguir el tratamiento. Comunicar esta información les permitirá a los profesionales evaluar si es necesario ajustar la terapia y evitar tratamientos que no respondan a las necesidades reales de la persona.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Tomada de redes</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Siete trasplantes en 23 horas: así fue la jornada que reunió a más de 100 profesionales]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/siete-trasplantes-en-23-horas-asi-fue-la-jornada-que-reunio-a-mas-de-100-profesionales/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redación Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[En la Fundación Cardioinfantil- LaCaridio siete personas, entre ellos un niño, recibieron su trasplante. Uno de los casos tiene una particularidad que lo convierte en el primero hecho en Bogotá.]]></description>
			<pubDate>Sat, 17 Oct 2026 19:54:38 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>En la Fundación Cardioinfantil- LaCardio siete personas, entre ellos un niño, recibieron su trasplante. Uno de los casos tiene una particularidad que lo convierte en el primero hecho en Bogotá.</p>



<figure class="size-large"><img height="683" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/IQZKIZ5L3BCZ7FTWZRLFQLPMHM.png?quality=60&amp;w=1024" alt="En Colombia se realizan en promedio cerca de 1.395 trasplantes al año. El 50% de todos ellos se realiza en LaCardio. /Cortesía  LaCardio" class="wp-image-2076857" /><figcaption>En Colombia se realizan en promedio cerca de 1.395 trasplantes al año. El 50% de todos ellos se realiza en LaCardio. /Cortesía  LaCardio</figcaption></figure>



<p>Seis pacientes adultos y un niño que esperaban un trasplante fueron intervenidos durante un mismo día por la <strong>Fundación Cardioinfantil – LaCardio</strong>. La jornada, que se llevó a cabo el viernes, 9 de octubre, requirió de cuatro salas de cirugía funcionando al mismo tiempo y más de 100 profesionales trabajando en coordinación.</p>



<p>Ese día, todo inició a las 2 de la mañana. Cirujanos de trasplante, anestesiólogos, instrumentadores quirúrgicos, enfermeros y coordinadores de trasplantes, con el respaldo del laboratorio clínico, el banco de sangre, farmacia, las unidades de cuidado intensivo y los equipos administrativos que acompañaron a las familias, atendieron a siete pacientes.</p>



<p><a href="https://www.elespectador.com/salud/supersalud-interviene-el-hospital-de-san-andres-y-providencia-por-reiterado-incumplimiento/">(Lea también: Supersalud interviene el Hospital de San Andrés y Providencia por "reiterado incumplimiento")</a></p>



<p>De acuerdo con LaCardio, tres personas requerían trasplante de riñones, dos de hígado, uno de corazón y otro de páncreas. Este último caso, correspondió al primer paciente trasplantado de páncreas aislado realizado en LaCardio y, al primero hecho en Bogotá. Esto quiere decir que, únicamente se trasplantó el páncreas. En otros casos, el procedimiento se hace junto con un trasplante de riñón.</p>



<p>“Esta modalidad es una alternativa para los pacientes con diabetes mellitus insulinorequirientes con problemas con sus tratamientos insulínicos”, explica el doctor Luis Barrera, cirujano de trasplantes de LaCardio.&nbsp;</p>



<p>Además, la institución incorporó una tecnología biomédica usada por primera vez en el hospital: un equipo de perfusión hipotérmica pulsátil para trasplante renal. Esta ayuda a mantener el riñón a baja temperatura y hace circular una solución de preservación por sus vasos mediante pulsos de presión controlada, con el propósito de proteger el órgano mientras se realiza el trasplante. El seguimiento de su función y de la evolución del paciente permitirá evaluar su aporte en la práctica clínica de la institución.</p>



<p><a href="https://www.elespectador.com/salud/asi-son-los-laboratorios-rusos-de-investigacion-de-peste-el-mundo-aun-espera-respuestas/">(Lea: Así son los laboratorios rusos de investigación de la peste. El mundo aún espera respuestas)</a></p>



<p>Para que las siete cirugías tuvieran éxito, tanto la preparación de cada receptor como la disponibilidad del órgano debía coincidir. Esto se logró gracias al equipo quirúrgico, infraestructura, tecnología y talento humano, no solo de LaCardio, sino también del Hospital Simón Bolívar y Colombiana de Trasplantes que se sumaron a la jornada.&nbsp;</p>



<p>En 2025, cerca de 20 de cada 100 trasplantes realizados en el país se hicieron en LaCardio, lo que ubicó a la institución como el hospital de mayor volumen en estos procedimientos en Colombia, según datos del Instituto Nacional de Salud. Aun así, más de 4.200 personas permanecen en lista de espera. "Esa cifra obliga a sostener programas capaces de responder cuando aparece una oportunidad y a garantizar el tratamiento posterior, el acceso a los medicamentos y la vigilancia del órgano trasplantado", dijo la institución en un comunicado.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Cortesía  LaCardio</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[ACV: reconocerlo y actuar a tiempo puede salvar vidas ]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/acv-reconocerlo-y-actuar-a-tiempo-puede-salvar-vidas/</link>
			<guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/acv-reconocerlo-y-actuar-a-tiempo-puede-salvar-vidas/</guid>
			<dc:creator><![CDATA[Daniela Bueno]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[En Colombia, cada día se registran alrededor de 100 ataques cerebrovasculares (ACV). Actuar rápidamente es clave: Cuanto más se demora el tratamiento, mayor puede ser el daño cerebral y el riesgo de discapacidad o muerte.]]></description>
			<pubDate>Sun, 11 Oct 2026 16:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>En Colombia, cada día se registran alrededor de 100 ataques cerebrovasculares (ACV). Actuar rápidamente es clave: cuando se interrumpe el flujo de sangre al cerebro, las células comienzan a morir por falta de oxígeno y nutrientes.  Cuanto más se demora el tratamiento, mayor puede ser el daño cerebral y el riesgo de discapacidad o muerte. </p>



<figure class="size-full is-resized"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/10/WhatsApp-Image-2026-10-09-at-7.26.56-PM.jpeg" alt="ACV" class="wp-image-5259743" style="aspect-ratio:1.5014777647948312;width:1024px;height:auto" /><figcaption>En Colombia, los ACV son la primera causa de discapacidad en adultos.<br></figcaption></figure>



<p>Un ataque cerebrovascular (ACV) ocurre cuando el flujo de sangre hacia una parte del cerebro se bloquea o cuando un vaso sanguíneo se rompe. En ambos casos, el cerebro deja de recibir el oxígeno que necesita y puede sufrir lesiones permanentes. ¿Cómo identificarlo? ¿Qué tipos de ACV existen? ¿Cómo prevenirlos? Esto es lo que debe saber. </p>



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							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Cáncer de seno: cada día cuenta]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/cancer-de-mama-cuando-hacerse-una-mamografia-y-que-cambios-vigilar/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redación Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[El autoexamen de seno no ha demostrado reducir las muertes por cáncer de mama, pero conocer el propio cuerpo y reconocer cambios puede ayudar a consultar a tiempo. ¿Qué señales debes identificar y por qué no reemplaza la mamografía?]]></description>
			<pubDate>Sat, 10 Oct 2026 16:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Detectar el cáncer de seno cuando todavía está localizado puede cambiar el pronóstico y las posibilidades de tratamiento. Esta es la ruta que sigue la Fundación Santa Fe de Bogotá, desde la detección temprana y el diagnóstico hasta el tratamiento y el acompañamiento de la paciente, y por qué reducir los tiempos en cada etapa puede marcar una diferencia.</p>



<figure class="size-large is-resized"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/7VZCAY3PA5DHRMGZQQA5E7P7NE.png?quality=60&amp;w=910" alt="La detección temprana del cáncer de mama mejora la supervivencia en un 85%." class="wp-image-2867727" style="width:1096px;height:auto" /><figcaption>En las Américas, la OPS estima que cada año se diagnostican más de 525.000 casos de cáncer de mama y alrededor de 100.000 mujeres mueren por esta enfermedad.</figcaption></figure>



<p>A diferencia de lo que podría pensarse, el cáncer no es una enfermedad moderna.</p>



<p>Probablemente ha acompañado a los seres humanos desde tiempos muy antiguos. Se han encontrado evidencias de tumores en restos humanos de miles de años y existen descripciones de enfermedades compatibles con el cáncer en antiguos textos egipcios.</p>



<p>Uno de los más conocidos es el Papiro de Edwin Smith, una obra médica egipcia cuya copia se fecha alrededor del 1600 a. C., aunque se cree que recoge conocimientos de textos mucho más antiguos. Allí aparece una de las primeras descripciones conocidas de un tumor de mama: una masa que se había extendido por la mama y que era grande, dura y abultada al tacto. En los casos más avanzados, podía atravesar la piel y producir una herida o úlcera.</p>



<p>Hoy, afortunadamente, es mucho menos frecuente encontrar la enfermedad en etapas tan avanzadas. Podemos detectarla antes, cuando todavía no es posible verla o palparla.</p>



<p>“La detección temprana es la herramienta más poderosa que tenemos contra el cáncer de seno”, dice el doctor Fabio Torres, cirujano mastólogo y jefe de la Sección de Cirugía de Seno de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB). “Entre más pequeño es el tumor y menos se ha extendido, mayores son las posibilidades de curarlo”. La historia del cáncer de mama es la historia de nuestra capacidad para encontrarlo (y tratarlo) cada vez más temprano.</p>



<h2><strong>El origen del cáncer</strong></h2>



<p>En términos prácticos, el cáncer aparece cuando algunas células del cuerpo comienzan a crecer y dividirse de manera anormal y sin los controles habituales. Es un problema enorme de salud pública: cada año, millones de personas reciben este diagnóstico y miles más mueren por alguno de sus diferentes tipos. Entre ellos, el cáncer de mama es particularmente importante. Es el más común entre las mujeres. En 2024 se estimaron 2,4 millones de nuevos casos en el mundo y más de 690.000 muertes por esta enfermedad, según GLOBOCAN, la base de datos en línea de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que reúne estimaciones sobre la incidencia, la mortalidad y la prevalencia de 36 tipos de cáncer en 186 países.</p>



<p>En las Américas, la OPS estima que cada año se diagnostican más de 525.000 casos de cáncer de mama y alrededor de 100.000 mujeres mueren por esta enfermedad. Y la carga seguirá creciendo: se estima que para 2030 el número de mujeres diagnosticadas aumentará 34 %. En América Latina y el Caribe, además, el cáncer de mama golpea a mujeres relativamente jóvenes: la mitad de las muertes por esta enfermedad ocurre antes de los 65 años. </p>



<p>Y en Colombia, según datos del Instituto Nacional de Cancerología, solo en 2020 se reportaron 15.509 nuevos casos, lo que representa un 48,3% por cada 100.000 mujeres al año.</p>



<p>Pero ¿cómo empieza todo? A medida que pasa el tiempo, algunas células pueden acumular cambios en su ADN que alteran la forma en que crecen, se dividen y mueren. Cuando esos controles se pierden, las células pueden multiplicarse sin parar, formar un tumor e invadir los tejidos que las rodean. En algunos casos, pueden viajar a otras partes del organismo a través de la sangre o el sistema linfático. A esto se le conoce como metástasis.</p>



<p>Los científicos saben bastante sobre lo que ocurre una vez que una célula empieza a perder el control. Lo que no siempre pueden explicar del todo es por qué ocurrió en primer lugar.</p>



<p>Esos cambios pueden aparecer por errores durante la división celular, por el envejecimiento, por factores ambientales, por algunas exposiciones o hábitos, y también por alteraciones heredadas que aumentan el riesgo. </p>



<p>“Los principales factores de riesgo son ser mujer y la edad, sobre todo después de los 50 años”, explica el Dr. Torres. “A estos se suman la exposición hormonal prolongada (primera menstruación temprana, menopausia tardía, no tener hijos o tener el primero después de los 30, no lactar y la terapia hormonal combinada), el alcohol, la obesidad después de la menopausia, las mamas densas, las lesiones atípicas previas y la radioterapia en el tórax antes de los 30”. No todos estos factores pueden modificarse. La edad, los antecedentes hormonales, la densidad mamaria o algunas alteraciones heredadas forman parte de la historia biológica de la persona y no se cambian.</p>



<p>“La herencia explica el 5–10 % de los casos (de cáncer de seno), pero tiene mucho peso: una mutación en BRCA1 o BRCA2 eleva el riesgo a cerca del 70 % a lo largo de la vida”, dice el médico de la Fundación Santa Fe de Bogotá. La mayoría de los cánceres de mama no se deben a una alteración genética heredada. Pero cuando una persona sí hereda determinadas mutaciones, el riesgo puede aumentar de manera importante.&nbsp; BRCA1 y BRCA2, a los que se refiere el especialista, son genes que normalmente ayudan a reparar daños en el ADN.</p>



<p>Cuando presentan ciertas mutaciones, esa función puede verse afectada y aumenta la probabilidad de que algunas células acumulen alteraciones que favorezcan el desarrollo de cáncer. Es algo así como tener un sistema de reparación que no funciona tan bien: los daños que aparecen en el ADN tienen más posibilidades de permanecer y acumularse.</p>



<p>“Una mujer debería consultar si en su familia hay cáncer de seno antes de los 50 años, varios familiares afectados, cáncer de ovario, cáncer de seno en un hombre o una mutación ya conocida”, resume el doctor Fabio Torres. Para eso existe la asesoría genética, que permite revisar los antecedentes, estimar el riesgo y, cuando está indicado, considerar una prueba genética.</p>



<p>Si una familiar de primer grado tuvo cáncer de seno, por ejemplo, se recomienda considerar el inicio de los controles 10 años antes de la edad en que fue diagnosticada, sin comenzar antes de los 30 años. Para las mujeres con un riesgo particularmente alto —como portadoras de estas y otras mutaciones, o con antecedentes de radioterapia en el tórax—, las recomendaciones apuntan a que pueden requerir resonancia magnética anual desde los 25 años y mamografía desde los 30. “El principio es que a mayor riesgo, más temprano, más frecuente y con métodos más sensibles, en un plan individualizado”, dice el Dr. Torres.</p>



<p>Otros factores de riesgo asociados al cáncer de mama, como el consumo de alcohol o el exceso de peso después de la menopausia, sí pueden modificarse y hacen parte de las oportunidades de prevención en las que los médicos insisten una y otra vez. La Organización Mundial de la Salud estima, de hecho, que cerca del 38 % de todos los casos de cáncer podrían prevenirse reduciendo factores de riesgo conocidos. Entre ellos están el consumo de tabaco y alcohol, el exceso de peso, la inactividad física y algunos factores ambientales.</p>



<h2><strong>Las limitaciones del autoexamen</strong></h2>



<p>Durante décadas, las campañas de detección temprana del cáncer de mama se concentraron en el autoexamen. Publicidades y campañas de salud enseñaban y convencían a las mujeres de palparse los senos con frecuencia para buscar bultos o cambios que pudieran ser una señal de alarma. </p>



<p>La idea de que cada mujer podía vigilar sus propias mamas y detectar un tumor a tiempo se hizo tan popular que, durante años, palparse los senos se convirtió casi en sinónimo de prevención. Parecía bastante lógico, efectivo y eficiente: si una mujer encontraba un bulto antes de que la enfermedad avanzara, tendría más posibilidades de recibir tratamiento oportunamente y mejorar su pronóstico.</p>



<p>Sin embargo, con el tiempo, la evidencia fue arrojando un panorama mucho más complejo. Poco a poco, diferentes e importantes estudios concluyeron que enseñar a las mujeres a realizarse un autoexamen de manera sistemática no reducía las muertes por cáncer.</p>



<p>“En el ensayo de Shanghái, con más de 266.000 mujeres, solo aumentó las biopsias de lesiones benignas”, explica el Dr. Torres. Esa investigación, publicada en 2002 en el <em>Journal of the National Cancer Institute</em>, siguió durante más de una década a 266.064 mujeres y no encontró una reducción significativa en la mortalidad por cáncer de mama entre quienes recibieron entrenamiento para realizarse el autoexamen y quienes no. En cambio, sí encontró un aumento de las biopsias que finalmente mostraron lesiones benignas.</p>



<p>En otras palabras, el autoexamen no ayudaba a identificar eficazmente tumores y, por el contrario, generaba muchas falsas alarmas: descubrir un bulto que se parecía a un posible cáncer, pero que después de una preocupante serie de pruebas resultaba no serlo.</p>



<p>No fue el único estudio en ese sentido. Otra investigación, publicada en 2003 en la <em>Cochrane Database of Systematic Reviews</em>, combinó los resultados del ensayo de Shanghái con otro realizado en Rusia, para analizar en conjunto a 388.535 mujeres. Y en la misma línea, tampoco encontró una reducción significativa de las muertes por cáncer de mama entre quienes realizaban autoexámenes de manera sistemática y entre quienes no.</p>



<p>La conclusión, que no ha hecho más que asentarse, es que una estrategia que durante años se había presentado como una herramienta para salvar vidas, no estaba demostrando hacerlo. Y, al mismo tiempo, podía llevar a más procedimientos innecesarios. “Su principal limitación es que solo detecta lesiones palpables, en general de más de 1–2 cm, cuando la mamografía puede encontrarlas mucho antes”, explica el especialista de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Cuando una mujer puede sentir un tumor con sus propias manos, el cáncer ya ha avanzado mucho.</p>



<p>Sin embargo, y quizá paradójicamente, a pesar de que el autoexamen de mamas no demostró reducir la mortalidad en estos ensayos, muchos cánceres de mama siguen siendo descubiertos porque las propias mujeres notan un cambio en sus senos.</p>



<p>La evidencia llevó entonces a separar dos conceptos. Una cosa es enseñar a todas las mujeres a realizarse un autoexamen de manera sistemática, con la expectativa de que así se reduzcan las muertes por cáncer; y otra, muy distinta, es que cada mujer conozca cómo son normalmente sus senos y pueda reconocer cuando algo ha cambiado.</p>



<p>Hoy, las directrices internacionales ya no recomiendan la autoexploración mamaria formal y periódica como método de cribado —es decir, para buscar una enfermedad en personas que todavía no tienen síntomas—, pero tampoco plantean que las mujeres ignoren sus propios senos. </p>



<p>La recomendación es diferente: conocer el propio cuerpo y consultar ante cualquier cambio. “Hoy se promueve el autoconocimiento del seno: que la mujer sepa cómo son normalmente sus senos y consulte sin demora ante cualquier cambio”, dice el Dr. Torres. En nuestro medio, agrega, sigue siendo valioso porque muchas veces es la propia paciente quien encuentra una alteración, pero esto no reemplaza los controles médicos ni la mamografía, el único examen de tamizaje que ha demostrado reducir la mortalidad por cáncer de seno, hasta en un 40 % en las mujeres que asisten a los controles.</p>



<p>De ahí que hoy se hable cada vez más de “concientización mamaria”: conocer las propias mamas, reconocer cambios nuevos o persistentes y saber cuándo es momento de acudir al médico. “Debe consultar ante cualquier cambio nuevo y persistente: una masa en el seno o en la axila, piel retraída o con aspecto de ‘cáscara de naranja’, enrojecimiento, retracción o eczema del pezón, secreción espontánea, sobre todo si es con sangre y de un solo lado, o un cambio en el tamaño o la forma del seno”, dice el Dr. Torres. Más que buscar metódicamente un tumor, su propósito es no pasar por alto una señal que antes no estaba.</p>



<p>En mujeres de riesgo promedio, la norma colombiana establece controles de promoción y mantenimiento desde los 40 años y recomienda la mamografía cada dos años entre los 50 y los 69 años. Las guías internacionales recomiendan comenzar la mamografía a los 40 años.</p>



<p>“No se debe esperar a sentir dolor”, advierte el especialista de la Fundación Santa Fe de Bogotá. El cáncer de seno en etapas tempranas casi nunca produce dolor, mientras que el dolor aislado suele tener otras causas, con frecuencia hormonales o benignas. Esperar a que aparezca este síntoma puede retrasar la consulta y permitir que el tumor avance. Según el especialista, retrasos de entre tres y seis meses se asocian con estadios más avanzados y menor supervivencia.</p>



<h2><strong>El tiempo contra el cáncer</strong></h2>



<p>En lo que tiene que ver con el cáncer, cada día cuenta y puede hacer la diferencia entre encontrar la enfermedad cuando todavía está localizada y hacerlo cuando ya ha comenzado a extenderse. </p>



<p>“Cuando lo encontramos localizado en la mama, la supervivencia a cinco años es cercana al 99 %, mientras que si ya hizo metástasis cae a alrededor del 30 %”, dice el Dr. Torres. Detectarlo en ese momento, además, agrega el especialista, permite implementar tratamientos menos agresivos: “muchas veces podemos conservar la mama, evitar retirar todos los ganglios de la axila (con menos riesgo de linfedema), ahorrarle a la paciente la quimioterapia y ofrecerle mejores resultados de reconstrucción”.</p>



<p>El tiempo no importa solamente en el momento de la detección, sino en todo lo que ocurre después. Una mujer puede notar un cambio en su seno, hacerse una imagen, recibir un resultado sospechoso y, a partir de ahí, comenzar una carrera que tiene varios pasos: llegar al especialista, confirmar y conocer qué tipo de tumor es y definir el tratamiento.</p>



<p>Cada espera entre uno y otro de esos momentos es una oportunidad que puede ganarse o perderse. Por eso, algunos grupos de especialistas han establecido tiempos de referencia para medir qué tan oportuno es este recorrido.&nbsp; La Sociedad Europea de Especialistas en Cáncer de Mama (EUSOMA), por ejemplo, plantea que en pacientes con cáncer de seno no metastásico el tratamiento debería comenzar idealmente dentro de las seis semanas desde la primera imagen relacionada con el cáncer y, como máximo, dentro de ocho semanas.</p>



<p>“En la Fundación Santa Fe de Bogotá, ante una sospecha, la paciente entra a una ruta organizada por condición”, explica el Dr. Torres. Se trata de la ruta integral del cáncer de seno del Instituto de Cáncer de la FSFB, que hace parte del tratamiento del cáncer donde el paciente es el centro de la atención. </p>



<p>“La ruta empieza con la valoración por mastología, los estudios de imagen y la biopsia guiada para confirmar el diagnóstico. Luego se hace la caracterización del tumor por patología y una junta multidisciplinaria define un plan de tratamiento individualizado. Ese plan integra cirugía con reconstrucción, tratamiento sistémico (quimioterapia, inmunoterapia, terapias target) y radioterapia”. Entre septiembre de 2024 y junio de 2026, por ejemplo, transcurrieron 16 días, en promedio, entre una imagen clasificada como BI-RADS 4 o 5 (categorías que indican una lesión sospechosa y que requieren estudios para confirmar o descartar cáncer) y la consulta con mastología.</p>



<p>Como punto de referencia, en el Hospital Geral de Caxias do Sul, en Brasil, un centro de referencia en oncología, el tiempo mediano entre una imagen mamaria anormal y la primera consulta de mastología fue de 35 días, según un estudio realizado entre 2011 y 2015.</p>



<p>El siguiente momento es todavía más importante: confirmar el diagnóstico y comenzar el tratamiento. En la Fundación Santa Fe de Bogotá, el tiempo entre el diagnóstico histopatológico y el inicio del tratamiento fue de 31 días, frente a 45 días en el indicador de referencia utilizado por la Cuenta de Alto Costo, una entidad técnica del sistema de salud que recopila, analiza y reporta información sobre enfermedades, entre ellas el cáncer.</p>



<p>“A lo largo del proceso la acompañan enfermería especializada, psicooncología, nutrición, rehabilitación y cuidado paliativo”, añade el Dr. Torres. “Poner a la paciente en el centro significa organizar el equipo alrededor de ella, reducir barreras y tiempos, tomar las decisiones junto con ella y atender también sus necesidades emocionales, familiares y de calidad de vida”. Y esa última parte, de hecho, también puede medirse. Durante el primer año desde el inicio del tratamiento, las pacientes atendidas en la Fundación Santa Fe de Bogotá registraron 77,1 puntos sobre 100 en la escala QLQ-C30, una herramienta global que evalúa la percepción de la calidad de vida relacionada con la salud. Solo como referencia, la población general europea obtuvo 66,1 puntos en esta misma escala.</p>



<p>El objetivo, entonces, y más allá de tratar el cáncer y tener el mejor pronóstico posible, es conseguir que la paciente pueda atravesar ese proceso conservando la mayor calidad de vida. “Sentirse bien no significa estar libre de la enfermedad”, concluye el especialista de la Fundación Santa Fe de Bogotá. “Por eso, invito a cada mujer a conocer su riesgo, hablar con su médico sobre cuándo empezar sus controles y no aplazarlos: detectarlo a tiempo salva vidas”.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Klaus Nielsen en Pexels</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Inteligencia artificial en salud: la nueva era será humana o no será]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/inteligencia-artificial-en-salud-la-nueva-era-sera-humana-o-no-sera/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Mateo Tamayo]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[La inteligencia artificial está transformando la atención en salud, pero su verdadero valor estará en mejorar el diagnóstico, reducir brechas y devolver tiempo a médicos y pacientes.]]></description>
			<pubDate>Mon, 05 Oct 2026 14:37:25 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>La inteligencia artificial ya está transformando la forma de diagnosticar, prevenir y tratar enfermedades. Pero su verdadero impacto en salud no debería medirse solo por lo que los algoritmos pueden hacer, sino por cómo mejoran la atención. El reto es usar la tecnología para devolver tiempo a los médicos, acercar a los pacientes y reducir las brechas del sistema.</p>



<figure class="size-large"><img height="576" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/10/imagen-columna-dr.-tamayo.jpg.jpeg?quality=60&amp;w=1024" alt="La inteligencia artificial no debería convertirse en un fin. Debería servir para mejorar la calidad, anticiparnos al daño, tomar mejores decisiones y, sobre todo, devolver tiempo y capacidad a aquello que hace que la atención en salud siga siendo humana." class="wp-image-5244037" /><figcaption>La inteligencia artificial no debería convertirse en un fin. Debería servir para mejorar la calidad, anticiparnos al daño, tomar mejores decisiones y, sobre todo, devolver tiempo y capacidad a aquello que hace que la atención en salud siga siendo humana.</figcaption></figure>



<p>La escena se repite en cualquier consultorio del país. El paciente habla y el médico escribe en el computador. No es desinterés. Es un sistema que exige registrar más de lo que permite escuchar. Esa distancia es el problema que la inteligencia artificial debería ayudarnos a resolver: <strong>usar la tecnología para acercar a las personas, no para alejarlas</strong>. Esa debería ser también la vara con la que la medimos.</p>



<p>La inteligencia artificial ya permite encontrar patrones en cantidades de información que una persona no podría procesar y, cada vez más, interpretar imágenes, producir lenguaje, anticipar riesgos y apoyar decisiones. Por ejemplo, en Columbia y Weill Cornell, un modelo puede encontrar en un electrocardiograma señales de enfermedad cardíaca estructural que no son evidentes para el ojo humano. En Johns Hopkins, sistemas de apoyo ayudan a distinguir qué pacientes con quistes pancreáticos necesitan cirugía y cuáles pueden ser vigilados. En Harvard, modelos entrenados con imágenes de patología apoyan el diagnóstico y el pronóstico del cáncer.</p>



<p>Las capacidades son extraordinarias. Pero la pregunta más importante es otra: <strong>qué vamos a hacer con ellas</strong>.</p>



<p>Hay una frontera que no deberíamos perder de vista: <strong>somos personas cuidando personas</strong>.</p>



<p>Por eso la inteligencia artificial no debería convertirse en un fin. Debería servir para mejorar la calidad, anticiparnos al daño, tomar mejores decisiones y, sobre todo, devolver tiempo y capacidad a aquello que hace que la atención en salud siga siendo humana.</p>



<p>En la <strong>Fundación Santa Fe de Bogotá</strong> hemos intentado partir precisamente de esa lógica: no comenzar preguntando qué modelo de inteligencia artificial podemos implementar, sino <strong>qué problema vale la pena resolver</strong>. En cáncer, por ejemplo, implementamos inteligencia artificial para identificar antes a los pacientes, acelerar el diagnóstico y reducir el tiempo hasta el inicio del tratamiento, disminuyendo la fragmentación y evitando que un paciente se pierda entre consultas, estudios, autorizaciones y especialistas mientras su enfermedad sigue avanzando.</p>



<h2><strong>La tecnología cambia. El principio no</strong></h2>



<p>Y aquí aparece algo fundamental: <strong>la inteligencia artificial no define la estrategia de una institución. La amplifica.</strong></p>



<p>Si una organización está obsesionada con producir volumen, probablemente utilizará la IA para hacer más consultas en menos tiempo. Si está centrada en seguridad, la utilizará para identificar riesgos antes. Si valora la relación entre el paciente y su equipo de salud, puede utilizarla para devolverle tiempo a esa relación.</p>



<p>Por eso, implementar inteligencia artificial sin preguntarnos primero qué cultura queremos amplificar es peligroso. Podemos terminar <strong>haciendo con extraordinaria eficiencia cosas que nunca debimos estar haciendo</strong>.</p>



<p>También podemos cometer otro error: confundir innovación con impacto. Un algoritmo puede tener métricas impecables y no cambiar la vida de nadie. Puede funcionar muy bien en un gran hospital y ser irrelevante para millones de personas que nunca tendrán acceso a él.</p>



<p>En Colombia esto debería preocuparnos especialmente. Si la inteligencia artificial llega únicamente a los lugares donde ya existían especialistas, datos, infraestructura y recursos, no habremos cerrado las brechas del sistema. <strong>Las habremos sofisticado.</strong></p>



<h2><strong>Innovar sin equidad es fracasar</strong></h2>



<p>La distancia que deberíamos medir no es solamente entre un modelo nuevo y el anterior. Es la distancia entre el paciente que puede acceder a la mejor medicina disponible en Bogotá y aquel que necesita atención en Quibdó, La Guajira, el Pacífico o cualquier lugar donde la capacidad del sistema sigue siendo limitada. La tecnología verdaderamente transformadora no es solo la que aumenta nuestra precisión, sino la que permite que esa precisión llegue más lejos.</p>



<p>Tal vez en el futuro cambien profundamente los roles de médicos, enfermeras y demás profesionales de la salud. <strong>Sería ingenuo asegurar lo contrario.</strong> Pero el objetivo no puede ser preservar exactamente la forma en que trabajamos hoy. El objetivo es cuidar mejor.</p>



<p>Más tecnología debería significar más capacidad para prevenir, más tiempo para escuchar, menos variabilidad injustificada, menos daño evitable y mejores decisiones.</p>



<figure class="size-large"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/10/docs.png?quality=60&amp;w=820" alt="Mateo Tamayo Medina, MD · Fundación Santa Fe de Bogotá" class="wp-image-5244066" /><figcaption>Mateo Tamayo Medina, MD · Fundación Santa Fe de Bogotá</figcaption></figure>



<h2><strong>Más tecnología para más humanidad</strong></h2>



<p>Podemos construir el algoritmo más preciso, automatizar procesos y predecir riesgos. Pero si al final el paciente se siente menos escuchado, si el acceso sigue dependiendo de dónde vivimos, de nuestro estrato o de nuestra capacidad de pago, habremos avanzado técnicamente mientras retrocedemos como sociedad.</p>



<p>Por eso, cuando en la Fundación Santa Fe de Bogotá hablamos de más y mejor salud para Colombia y la región, ese propósito también debería medirse así: más capacidad para cuidar mejor, llegar a más personas y devolverle tiempo a la conversación con la que empezó esta columna.</p>



<p><strong>Porque al final, ser mejores en tecnología solo importa si nos ayuda a ser más humanos. Somos personas cuidando persona</strong>s.</p>



<p>*<strong>Mateo Tamayo Medina, MD · Fundación Santa Fe de Bogotá</strong></p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Shutterstock</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[¿Qué hemos entendido mal sobre la menopausia?]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/menopausia-sintomas-cambios-en-el-cuerpo-y-tratamientos-disponibles/</link>
			<guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/menopausia-sintomas-cambios-en-el-cuerpo-y-tratamientos-disponibles/</guid>
			<dc:creator><![CDATA[Ana Vega]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[La menopausia es una etapa natural de la vida de las mujeres, pero puede traer síntomas como sofocos, alteraciones del sueño, cambios en el deseo sexual y aumento de la grasa abdominal. ¿Qué tratamientos existen y cuándo se recomienda la terapia hormonal?]]></description>
			<pubDate>Sat, 03 Oct 2026 16:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>¿La menopausia es una enfermedad? ¿Todas las mujeres la viven igual? ¿Se acaba el deseo sexual? ¿La terapia hormonal es mala o es necesaria para todas las mujeres? &nbsp;Alrededor de esta etapa todavía circulan muchas ideas que mezclan ciencia, prejuicios y experiencias personales. ¿Qué dice hoy la medicina?</p>



<figure class="size-large"><img height="683" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/10/shoham-avisrur-hYljdqK315s-unsplash.jpg?quality=60&amp;w=1024" alt="La mayoría de las mujeres experimentan la menopausia entre los 45 y los 55 años como un episodio natural fruto del envejecimiento biológico." class="wp-image-5237166" /><figcaption>La mayoría de las mujeres experimentan la menopausia entre los 45 y los 55 años como un episodio natural fruto del envejecimiento biológico.</figcaption></figure>



<p>“Durante demasiado tiempo, los problemas de salud de la mujer han sido subestimados”, dijo Marty Makary, comisionado de la <a href="https://www.fda.gov/news-events/press-announcements/hhs-advances-womens-health-removes-misleading-fda-warnings-hormone-replacement-therapy">Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA</a>)&nbsp;, al anunciar un cambio en la manera en que la agencia aborda las advertencias sobre la terapia hormonal para la menopausia.</p>



<p>Su llamado fue directo: las mujeres y sus médicos deben tomar decisiones “basadas en datos, no en el miedo”.</p>



<p>La frase resumía un giro que llevaba varios años gestándose. A finales de 2025, la FDA anunció que iniciaría la eliminación de las etiquetas de advertencia de algunos tratamientos hormonales utilizados para aliviar los síntomas de la menopausia, luego de décadas en las que su uso fue cuestionado. Para entender el porqué de esas dudas hay que remontarse a 2002, cuando una investigación publicada en JAMA por la Iniciativa de Salud de la Mujer (WHI) asoció el uso de una combinación de estrógeno y progestágeno con un mayor riesgo de cáncer de mama, enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular, entre otras enfermedades. Aquellos resultados cambiaron radicalmente la percepción sobre las hormonas y llevaron a una caída en su uso.</p>



<p>Con el tiempo, sin embargo, nuevos análisis mostraron que aquella evidencia necesitaba ser interpretada con mucha mayor precisión: la edad de la mujer al iniciar el tratamiento, el momento respecto de la menopausia, la formulación, la vía de administración y los antecedentes de salud de cada paciente podían modificar la relación entre beneficios y riesgos. Pese a eso, la duda, el estigma y la sospecha alrededor de la terapia hormonal persistieron durante años.</p>



<p>No era la primera vez, en todo caso, que la menopausia se entendía desde el temor, los prejuicios y el desconocimiento. Durante mucho tiempo, alrededor de esta etapa se construyeron explicaciones que hoy, con el conocimiento médico disponible, han sido cuestionadas o resultaron equivocadas. Ya en los siglos &nbsp;XIX y XX, una amplia variedad de síntomas físicos y mentales que presentaban las mujeres se atribuían a la llamada “histeria femenina”, una suerte de categoría médica bajo la cual se agruparon problemas muy distintos y que, en algunos casos, llevó a tratamientos que terminaron siendo perjudiciales para las pacientes.</p>



<p>Aunque ha pasado mucho tiempo de eso, y hoy existe mucha más evidencia sobre la menopausia, todavía persisten preguntas, vacíos de conocimiento y discusiones sobre cómo acompañar esta etapa de la vida.</p>



<p><ins>&nbsp;</ins>“Yo pensaría que el principal problema es la desinformación”, cree Isabel Eugenia Jáuregui, ginecóloga y obstetra colombiana y presidenta de Asomenopausia, una ONG dedicada a estudiar, difundir y atender de manera integral los temas relacionados con el climaterio y la menopausia. Para la especialista, durante años hubo más conversación alrededor de problemas masculinos como la disfunción eréctil, mientras la menopausia permanecía en un segundo plano. “De hecho, en Colombia, solo hasta julio de este año, por fin y por primera vez en la historia, se contempló la menopausia como parte del ciclo reproductivo de la mujer”.</p>



<p>Se refiere a la Resolución 1350 de 2026 a través de la cual Colombia adoptó una Política Nacional Intersectorial de Sexualidad, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos (2026-2035), <del></del>que incorporó de manera explícita al climaterio, la menopausia y la posmenopausia dentro de las acciones de política pública relacionadas con la salud sexual y reproductiva.</p>



<p>Los avances en la investigación, las nuevas terapias y la inclusión de la menopausia en las políticas públicas son pasos importantes, dice Jáuregui. Pero comprender mejor esta etapa empieza por lo más básico: entender qué ocurre en el cuerpo de una mujer cuando se acerca a ella, qué cambios son esperables y cuáles son los mitos más comunes.</p>



<h3><strong>La menopausia no es una enfermedad</strong></h3>



<p>Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la menopausia es el cese definitivo de la menstruación y se confirma cuando una mujer ha pasado 12 meses consecutivos sin menstruar, siempre que no exista otra causa fisiológica o patológica que explique la ausencia del periodo, ni una intervención médica que la haya provocado. La mayoría de las mujeres la experimenta de forma natural entre los 45 y los 55 años. Hoy, explica Miguel Omeara, especialista en medicina interna y endocrinología de la Fundación Cardioinfantil-LaCardio “la menopausia ya no se entiende como una enfermedad, sino como un proceso fisiológico normal asociado con la disminución y el cese de la función ovárica".</p>



<p>Antes de la última menstruación previa al inicio de la menopausia existe un periodo de transición que puede durar varios años. “El periodo anterior a la menopausia se caracteriza por un cambio del patrón menstrual”, explica Aura María González, especialista en endocrinología ginecológica y climaterio de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Es una etapa conocida como perimenopausia durante la cual los ovarios modifican de manera progresiva su producción hormonal y los ciclos comienzan a tener una variación: pueden hacerse más cortos, más largos o irregulares, hasta que desaparecen.</p>



<p>Toda esta transición tiene efectos en el bienestar físico, emocional, mental y social de la mujer. Por eso, los especialistas aclaran que hablar de menopausia únicamente como el momento en que “se acaba el periodo” resulta insuficiente.</p>



<p>&nbsp;"Imagínese que de un día para otro está desconcentrada, le duelen las articulaciones, se le seca la vagina, le dan calores, está más sensible a los cambios de temperatura o no tiene un buen deseo sexual. Todo eso te afecta la calidad de vida totalmente”, describe Jáuregui de Asomenopausia. Esta combinación de síntomas que menciona la doctora, sin embargo, no están presentes en todas las mujeres, y cuando lo están, no siempre tienen la misma intensidad ni duración.</p>



<p>Que el cuerpo cambie tanto, explica el doctor de LaCardio, tiene que ver en buena parte con los estrógenos. “A medida que disminuye la función ovárica, descienden los niveles de estas hormonas, que no solo participan en el aparato reproductivo, sino en distintos procesos del organismo”. Por eso su descenso produce cambios que pueden sentirse en distintos sistemas del cuerpo.</p>



<p>Uno de ellos es el cerebro. Algunas mujeres describen olvidos, dificultad para concentrarse o una sensación de “niebla mental”. Esto no significa que toda dificultad de memoria después de los 45 años sea consecuencia de la menopausia, advierten los expertos. El sueño, el estrés, el estado de ánimo, las condiciones de vida y otras enfermedades también tienen que ver. Precisamente por eso, uno de los retos tanto de médicos como de pacientes consiste en diferenciar los cambios propios de la menopausia de aquellos que requieren una evaluación adicional.</p>



<p>Algo similar sucede con los huesos y el sistema cardiovascular. Después de la menopausia “aumenta la velocidad de pérdida de densidad mineral ósea, lo que contribuye al riesgo de osteoporosis y fracturas”, advierte Omeara, de LaCardio. También se producen cambios en la composición corporal y aumenta progresivamente el riesgo cardiovascular, aunque este último también está determinado por múltiples factores, entre ellos la edad y otros factores de riesgo.</p>



<h3><strong>¿La menopausia hace aumentar de peso?</strong></h3>



<p>Según los especialistas, el aumento de peso durante la menopausia es uno de los temas más frecuentes en los consultorios. El especialista de LaCardio aclara que, más que un aumento de peso neto o inevitable, lo que ocurre en el cuerpo de la mujer “es un cambio en la distribución de la grasa corporal”. En la etapa reproductiva, explica, los estrógenos actúan como protectores y reguladores de la grasa en el cuerpo femenino. Estas hormonas hacen que la grasa se distribuya de una manera específica, acumulándose habitualmente menos en el abdomen y un poco más en zonas como las caderas o a nivel subcutáneo. Cuando llega la menopausia y baja la producción de estrógenos, ese equilibrio se pierde. Como consecuencia, la grasa corporal se redistribuye y pasa a acumularse principalmente en el abdomen. “Esta acumulación en la zona abdominal es lo que genera en las mujeres la fuerte percepción física de haber subido de peso”, dice.</p>



<p>Pero el cambio no es solo estético. Según Omeara, la grasa abdominal se considera más perjudicial porque "aumenta significativamente el riesgo cardiovascular, está estrechamente relacionada con la resistencia a la insulina y puede producir un aumento de los triglicéridos".<ins></ins></p>



<p>A esto se suman otros factores. "El aumento de peso también tiene que ver con la edad y con los hábitos", explica González, de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Para contrarrestar estos cambios metabólicos, la especialista enfatiza en adoptar hábitos de vida saludables con alimentación balanceada, ejercicio y/o actividad física, evitar el consumo de tabaco y mantener una buena higiene del sueño.</p>



<p><strong>¿Se pierde el deseo sexual?</strong></p>



<p>Los especialistas explican que se trata de un fenómeno complejo, que suele tener tres posibles causas. La primera es el impacto de los síntomas locales. Según los médicos, con frecuencia la aparente pérdida de deseo no se debe a una falta de apetito sexual en sí, sino a las molestias que genera la disminución de estrógenos en la zona íntima. "Una de las más comunes es la resequedad vaginal y el dolor con las relaciones sexuales, lo que llamamos dispareunia", explica Omeara. "No es que haya una disminución del apetito, sino que eso se percibe como una barrera". Para este escenario, subraya, "el tratamiento local ayuda mucho" a aliviar el dolor y recuperar la comodidad.</p>



<p>La segunda posible causa es una reducción real del deseo. Jáuregui señala que en algunas mujeres sí se presenta una disminución, independiente de las molestias físicas, y que esto hace parte de la valoración integral que define cómo se hace el manejo.</p>



<p>Y la tercera posibilidad es el efecto acumulativo de otros síntomas. "La realidad es que es un síntoma muy frecuente que tiene múltiples causas: la mujer que tiene mal dormir, que tiene calores nocturnos, que tiene cambios en el humor", dice González de la FSFB. En consulta, explica, los médicos evalúan si la falta de deseo es un síntoma aislado o la consecuencia del desgaste físico y emocional de la paciente.</p>



<p>"Todas esas cosas suman para poder decir si es una disminución del apetito sexual o son los otros síntomas los que están alterando la calidad de vida", resume Omeara. La buena noticia, agrega González, es que "es un síntoma que se corrige con los tratamientos adecuados".</p>



<h3><strong>¿Existe tratamiento para la menopausia?</strong></h3>



<p>En este punto, vuelve a ser importante la petición que hacía Makary, comisionado la <a>FDA,</a> <a href="#_msocom_1">[AG1]</a>&nbsp;para tomar decisiones basadas en la ciencia y no en el miedo. Hoy, la discusión sobre las terapias de hormonas ya no es simplemente si son buenas o malas, sino para quién pueden ser útiles, en qué momento y bajo qué condiciones.</p>



<p>Los especialistas explican que existen tratamientos médicos orientados principalmente a mitigar los síntomas derivados de la disminución de estrógenos. Sin embargo, todos coinciden en que no son universales ni obligatorios para todas las mujeres, y deben evaluarse según la necesidad individual junto a un profesional.</p>



<p>La principal alternativa, explican, es la terapia de reemplazo hormonal (TRH), que consiste en “suministrar al organismo parte de las hormonas que los ovarios han dejado de producir”, dice Omeara. Estos tratamientos pueden ayudar a controlar manifestaciones que afectan la calidad de vida, como los sofocos, los sudores nocturnos, las alteraciones del sueño, la irritabilidad y la "niebla mental". <ins></ins></p>



<p>El especialista añade que, bien indicada, esta terapia también puede tener efectos positivos sobre la salud ósea.</p>



<p>Hoy existen distintas formas de administrar la terapia hormonal, más allá de las pastillas. Entre ellas están los parches transdérmicos y los sprays, que los especialistas evalúan para pacientes con condiciones como diabetes, obesidad o hipertiroidismo. Cuando los síntomas son exclusivamente locales, como la sequedad vaginal o la dispareunia, señalan que es común recurrir a cremas de estrógenos de uso local. Y para las mujeres con contraindicaciones absolutas al uso de hormonas, como antecedentes de cáncer de seno u otros tumores dependientes de hormonas, existen alternativas no hormonales.</p>



<p>Lo importante, dice González, es que las mujeres tengan una consulta con especialistas en climaterio para ubicar cuál es el tratamiento individualizado. En ese acompañamiento médico se deben analizar la edad de la paciente, el momento en que inició la menopausia y sus antecedentes de salud.</p>



<p>Los médicos recomiendan además acompañar cualquier tratamiento con hábitos saludables y advierten contra las falsas promesas del mercado informal. “Todo lo que le ofrezcan como milagroso en redes para tratar los síntomas de la menopausia, sospeche que no es verdad”, dice Omeara.</p>



<p>La OMS señala que la menopausia debe entenderse como “un punto más en el continuo de las etapas vitales”, por eso, considera que la atención médica durante esta transición cumple un papel importante en la promoción del envejecimiento saludable y la calidad de vida.</p>



<p>Jáuregui, se suma a este llamado al sector salud: “Tenemos que ayudar a las mujeres en consulta a romper el silencio, a enseñarles a contar lo que les está pasando, no solo en su parte física, sino en su parte emocional también”.</p>



<p>La OMS también argumenta que la falta de información sigue siendo uno de los desafíos: muchas mujeres no saben que los síntomas que experimentan pueden estar relacionados con la menopausia o que existen opciones de orientación y tratamiento. Por eso, entender qué ocurre durante esta etapa, saber cuándo consultar y conocer las opciones disponibles puede ser el primer paso para dejar atrás los mitos y abordar la menopausia con información, acompañamiento médico y decisiones ajustadas a cada mujer.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Freepick </media:credit>
									</media:content>
							</item>
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			<title><![CDATA[El insomnio también está vinculado a un mayor riesgo de accidente cerebrovascular]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/el-insomnio-tambien-esta-vinculado-a-un-mayor-riesgo-de-accidente-cerebrovascular/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Un grupo de investigadores analizó la relación que hay entre el insomnio y el accidente cerebrovascular. Esto fue lo que encontraron.]]></description>
			<pubDate>Mon, 28 Sep 2026 19:41:04 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Un grupo de investigadores analizó la relación que hay entre el insomnio y el accidente cerebrovascular. Esto fue lo que encontraron.</p>



<figure class="size-large"><img height="683" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/MIXPTUTI75F2PIPL6LIGM5OWAA.jpg?quality=60&amp;w=1024" alt="¿Cómo vencer el insomnio y conciliar el sueño?" class="wp-image-175471" /><figcaption>El insomnio es un trastorno común del sueño que dificulta quedarse o mantenerse dormido.</figcaption></figure>



<p>Si bien desde hace varios años los científicos y médicos han encontrado que el insomnio no solo se asocia con un sueño deficiente y una menor capacidad funcional durante el día, investigaciones recientes han arrojado nuevos vínculos entre este trastorno común del sueño que dificulta quedarse o mantenerse dormido con otros indicadores de riesgos para la salud. </p>



<p>Un reciente estudio, liderado por la Academia Europea de Neurología y realizado en coordinación con distintas universidades de este continente, se dio a la tarea de recopilar la evidencia existente entre el insomnio y siete áreas distintas, entre esas, la demencia, el accidente cerebrovascular, la depresión, la conducta suicida, la mortalidad, entre otros. </p>



<p><strong>(Puede leer: <a href="https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/salud-cardiovascular-en-jovenes-como-cuidar-el-corazon-desde-temprano/">Cuidar el corazón también es cosa de jóvenes</a>)</strong></p>



<p>Para analizar las relaciones entre el insomnio y el accidente cerebrovascular, los científicos identificaron nueve estudios con más de 1.3 millones de participantes. Tras analizar sus resultados, los investigadores encontraron que el insomnio se asoció con un riesgo un 26 % mayor de ictus, como se conoce a este tipo de accidentes, cuando el flujo de sangre a una parte del cerebro se detiene. </p>



<p>Los científicos también encontraron vínculos con el insomnio y la demencia, sobre todo con la enfermedad de Alzheimer, así como con la depresión y el comportamiento suicida. Sin embargo, aclararon los investigadores en su estudio, que fue publicado en la revista académica <em><a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1087079226001449?via%3Dihub">Sleep Medicine Reviews</a></em>, los resultados no fueron consistentes en todos los parámetros analizados.</p>



<p><strong>(Le puede interesar: <a href="https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/cuando-el-corazon-falla-el-lugar-donde-estas-importa-mas-de-lo-que-crees/">Cuando el corazón falla, el lugar donde estás importa más de lo que crees</a>)</strong></p>



<p>Frente a los resultados más contundentes, los autores fueron enfáticos en resaltar que la correlación no implica causalidad, es decir, no hay un vínculo causal entre el insomnio y el accidente cerebrovascular. Lo que sí sugieren los resultados es que el insomnio debería considerarse con mayor atención como una posible señal de alerta en relación con la salud cerebral y mental. </p>



<p>De acuerdo con Stefan Seidel, investigador de la Universidad Médica de Viena y uno de los autores del reciente estudio, "el sueño debería formar parte del debate sobre la salud cerebral en todas las etapas de la vida".</p>



<p><strong>(También puede leer: <a href="https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/obesidad-no-es-solo-responsabilidad-individual/">Obesidad: por qué no basta con decirle a la gente que coma mejor y haga ejercicio</a>?</strong></p>



<p>"Debemos sensibilizar sobre el insomnio y su tratamiento, y garantizar que el sueño también se tenga en cuenta en los programas de promoción de la salud en comunidades, escuelas y lugares de trabajo", concluyó Seidel.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Filmstax</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Cuidar el corazón también es cosa de jóvenes ]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/salud-cardiovascular-en-jovenes-como-cuidar-el-corazon-desde-temprano/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Ana Vega]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[El infarto no es exclusivo de los adultos mayores: estos son los factores de riesgo y señales que los jóvenes deben conocer.]]></description>
			<pubDate>Sun, 27 Sep 2026 16:12:50 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p> Los problemas cardiovasculares suelen asociarse con la edad, pero la mayoría de sus factores de riesgo modificables comienzan a acumularse mucho antes. ¿Qué papel tienen el sedentarismo, el vapeo y la alimentación en la salud cardiovascular durante la juventud? ¿Y por qué la prevención no debería esperar hasta los 50 años? </p>



<figure class="size-large is-resized"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/XHEE3DEGTVFQ7OWAOERKLWFPDI.jpg?quality=60&amp;w=958" alt="Caminar solo 30 minutos al día puede reducir significativamente el riesgo de infarto" class="wp-image-1716030" style="width:1096px;height:auto" /><figcaption>Caminar solo 30 minutos al día puede reducir significativamente el riesgo de infarto</figcaption></figure>



<p>Esta semana, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) publicó una nueva entrega de sus Estadísticas Vitales (EEVV), con los datos oficiales sobre nacimientos y defunciones ocurridas en Colombia. Entre los hallazgos hay uno que vuelve a poner al corazón en el centro de la conversación: entre las defunciones no fetales, las enfermedades isquémicas del corazón fueron la principal causa de muerte, con una participación del 17,3 % en 2025 y del 17,0 % entre el 1 de enero y el 31 de julio de 2026.&nbsp;</p>



<p>Hablar de estas cifras permite recordar algo fundamental: el cuidado del corazón no debería empezar cuando aparecen los primeros problemas de salud, sino mucho antes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la mayoría de los infartos se pueden prevenir controlando un pequeño número de factores de riesgo conductuales y metabólicos”. Entre ellos enumera el consumo de tabaco, la alimentación poco saludable, la inactividad física, el consumo nocivo de alcohol, el sobrepeso y la obesidad, la presión arterial elevada, la glucosa alta y las alteraciones de los lípidos en sangre. Muchos de estos factores, dice el organismo, comienzan a acumularse desde etapas tempranas de la vida, mucho antes del infarto.&nbsp;</p>



<p>De ahí la importancia de mirar también qué está ocurriendo entre los adultos jóvenes. Aunque el riesgo cardiovascular aumenta con la edad, el infarto no es un problema exclusivo de las personas mayores, como muestran algunos estudios realizados en Estados Unidos. Un análisis del American College of Cardiology (ACC) encontró que la proporción de hospitalizaciones por infarto entre personas de 35 a 54 años pasó del 27 % entre 1995 y 1999 al 32 % entre 2010 y 2014. Además, en un registro de pacientes que sufrieron un infarto a los 50 años o antes, la proporción de quienes tenían menos de 40 años aumentó 1,7 % anual entre 2007 y 2016.&nbsp;</p>



<p>Estos datos no quieren decir que el infarto sea ahora una enfermedad propia de los jóvenes, pero sí muestran por qué la prevención cardiovascular no debería esperar a que aparezcan los primeros problemas ni quedar relegada a las edades avanzadas.&nbsp;</p>



<p>“La salud cardiovascular se construye durante toda la vida, pero las decisiones que tomamos en la juventud pueden marcar una diferencia enorme décadas después”, señala el doctor Andrés Buitrago, especialista en medicina interna, cardiología y epidemiología, y jefe de Cardiología de la Fundación Santa Fe de Bogotá.&nbsp;</p>



<h2><strong>¿Qué podemos hacer desde jóvenes para cuidar nuestro corazón?</strong> </h2>



<p>Una parte de esta respuesta está en los dos pilares que se suelen nombrar para tener una vida más saludable en general: la alimentación y la actividad física.&nbsp;</p>



<p>Por el lado de la alimentación, suele asociarse a los jóvenes con cierto descuido a la hora de comer: consumo de embutidos, dulces, productos ultraprocesados e industrializados que, al menos en apariencia, no tienen consecuencias inmediatas. El metabolismo parece funcionar sin problemas durante la juventud, pero, a largo plazo, estos hábitos pueden tener consecuencias sobre la salud cardiovascular.&nbsp;</p>



<p>"Cuando un joven consume en exceso grasas saturadas y alimentos ultraprocesados, tanto de paquetes como cárnicos, introduce al organismo una carga mayor de aceites, grasas y 'mantecas' procesadas. Aunque en el momento no se perciba, este hábito va construyendo un daño a largo plazo", explica el doctor Carlos Ortiz, jefe de Cardiología de la Fundación Cardioinfantil-LaCardio.&nbsp;</p>



<p>¿Y cómo afecta esto al corazón?&nbsp; Una de las vías tiene que ver con el colesterol. Una alimentación rica en grasas saturadas puede elevar los niveles de colesterol LDL, conocido como colesterol “malo”, y contribuir al desarrollo de aterosclerosis. "La grasa se tiende a oxidar y a depositar por dentro o en la pared de las arterias, generando daño temprano y aterosclerosis prematura, que es lo que llamamos las placas de colesterol que se forman desde la infancia y la adultez temprana", precisa Ortiz.&nbsp;</p>



<p>Esta placa se vuelve especialmente peligrosa cuando se rompe. Al hacerlo, expone al torrente sanguíneo componentes de su interior que favorecen la formación de un trombo.&nbsp; Si ese coágulo obstruye una arteria coronaria, puede interrumpir el flujo de sangre al corazón y desencadenar un infarto. En algunos casos, el infarto puede provocar arritmias graves y, como consecuencia, un paro cardíaco.&nbsp;</p>



<p>Otro de los factores relacionados con la alimentación es el consumo excesivo de azúcar. Ortiz explica que cuando hay un exceso de glucosa en la sangre se producen procesos conocidos como productos finales de glicación avanzada, en los que la glucosa se une a proteínas y otras moléculas del organismo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Estos productos están asociados con el daño de diferentes tejidos y con las alteraciones metabólicas que acompañan a la diabetes.&nbsp;</p>



<p>La otra parte de la ecuación es la actividad física. La OMS recomienda que los adultos de 18 a 64 años dediquen como mínimo 150 minutos semanales a la práctica de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa a la semana, o una combinación equivalente de ambas. También recomienda realizar actividades de fortalecimiento muscular que involucren los grandes grupos musculares durante dos o más días a la semana.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre (NHLBI) de Estados Unidos señala que la actividad física regular trae varios beneficios para la salud del corazón: fortalece el músculo cardíaco, lo que permite que fluya más sangre hacia los músculos y que aumenten los niveles de oxígeno en la sangre; ayuda a reducir el riesgo de miocardiopatía isquémica, y también puede disminuir el riesgo de sufrir un segundo ataque cardíaco en las personas que ya han tenido uno.&nbsp;</p>



<p>Hay que hacer, sin embargo, una advertencia importante: hacer ejercicio no significa ignorar las señales del cuerpo. La actividad física regular produce cambios normales en la frecuencia cardíaca y la respiración, pero existen síntomas que requieren valoración.&nbsp;</p>



<p>"Cuando hacemos ejercicio sentimos que el corazón se esfuerza un poco. Esa es una respuesta normal. En la medida en que uno va haciendo más ejercicio, el organismo se adapta. Pero es diferente cuando, mientras se hace ejercicio, aparecen taquicardias irregulares, sensación de que el corazón no anda bien o, adicionalmente, sensación de desmayo o síncope", explica Ortiz. Estos síntomas deben alertar incluso si se trata de una persona joven, pues pueden estar relacionados con alguna anomalía genética o estructural del corazón que requiere estudio.&nbsp;</p>



<h2><strong>Vapeo, cigarrillo y sustancias: otros riesgos para el corazón</strong> </h2>



<p>Ahora bien, hay otros hábitos en los que vale la pena detenerse: el vapeo y el consumo de sustancias psicoactivas. "El mensaje para los jóvenes es claro: vapear no es inocuo y fumar cigarrillos tampoco", señala el Dr. Buitrago, de la FSFB.&nbsp;</p>



<p>El especialista señala que la evidencia disponible muestra que la nicotina puede aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de producir contracción de los vasos sanguíneos y favorecer alteraciones de la función vascular. Los aerosoles de los cigarrillos electrónicos, por su parte, contienen sustancias químicas y otras partículas que pueden contribuir a procesos de inflamación y estrés oxidativo.&nbsp;</p>



<p>Buitrago aclara que, aunque todavía se necesitan más estudios para conocer con precisión las consecuencias cardiovasculares de los vapeadores, esto no significa que estos productos sean inocuos. En el caso del cigarrillo convencional, en cambio, existe una relación ampliamente documentada con el infarto, el accidente cerebrovascular y otras enfermedades cardiovasculares. .&nbsp;</p>



<p>A esto se suma el consumo de sustancias psicoactivas como la cocaína y las anfetaminas, que, según Buitrago, "pueden provocar aumentos bruscos de la presión arterial y la frecuencia cardíaca, espasmo de las arterias coronarias y alteraciones del ritmo cardíaco, aumentando el riesgo de eventos cardiovasculares agudos incluso en personas jóvenes".&nbsp;</p>



<h2><strong>La importancia de la detección temprana</strong> </h2>



<p>Pero no todo riesgo cardíaco en los jóvenes está relacionado con el estilo de vida. También existen enfermedades cardíacas hereditarias o congénitas, como algunas cardiomiopatías y trastornos eléctricos del corazón, que pueden aparecer durante la adolescencia o los primeros años de la adultez y pasar inadvertidas durante mucho tiempo.&nbsp;</p>



<p>Detrás de algunas de estas condiciones pueden existir alteraciones genéticas que pasan desapercibidas durante años. Como explica el Dr. Ortiz, de LaCardio, "generalmente son mutaciones que son heredables o que pueden ser espontáneas". Estas alteraciones pueden modificar las instrucciones que determinan la producción y funcionamiento de determinadas proteínas y, en algunas enfermedades, producir cambios en la estructura o en la actividad eléctrica del corazón.&nbsp;</p>



<p>Una de las patologías que puede tener este origen es la miocardiopatía hipertrófica, una enfermedad en la que el músculo cardíaco tiene un grosor mayor de lo habitual. En algunos pacientes "se va reemplazando el músculo por fibrosis (tejido cicatricial que reemplaza parte del músculo cardíaco), lo que genera riesgo de arritmias y de muerte súbita", explica Ortiz.&nbsp;</p>



<p>Por eso, conocer los antecedentes familiares es una pieza importante para detectar estas condiciones. Los médicos advierten que las familias en las que se ha presentado una muerte súbita o inesperada en un adolescente o en un adulto joven, especialmente antes de los 35 o 40 años, deben consultar para determinar si puede existir una condición hereditaria. "Estas familias deben tener una alerta mayor porque ya pueden tener una alteración genética", señala el especialista de LaCardio.&nbsp;</p>



<p>De hecho, si existen antecedentes de muerte súbita a edades tempranas, "eso obliga a que nosotros como médicos no nos quedemos ahí, sino que hagamos una pesquisa", agrega.&nbsp;</p>



<p>También existen enfermedades relacionadas con alteraciones en los canales eléctricos del corazón, como algunos síndromes de QT largo, QT corto o Brugada, que pueden no manifestarse hasta que aparecen síntomas como palpitaciones, desmayos o, en casos graves, una arritmia potencialmente mortal.&nbsp;</p>



<p>Por eso, aunque una persona joven lleve una vida saludable, conozca sus factores de riesgo y haga ejercicio con frecuencia, los antecedentes familiares y ciertos síntomas siguen siendo relevantes. De ahí la importancia de hablar del corazón de los jóvenes: no solo para promover desde temprano hábitos que reduzcan los factores de riesgo cardiovascular, sino también para prevenir, identificar señales de alerta y detectar a tiempo aquellas enfermedades que pueden permanecer silenciosas durante años.&nbsp;&nbsp;</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Getty Images</media:credit>
									</media:content>
							</item>
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			<title><![CDATA[Cuando el corazón falla, el lugar donde estás importa más de lo que crees]]></title>
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			<dc:creator><![CDATA[Redación Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[La atención del corazón ha evolucionado hacia un modelo integral que combina especialistas, tecnología, tratamientos menos invasivos y rehabilitación para cada paciente.]]></description>
			<pubDate>Sun, 27 Sep 2026 16:00:33 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Las enfermedades cardiovasculares pueden afectar las arterias, las válvulas o el sistema eléctrico del corazón, y cada problema requiere un abordaje distinto. En LaCardio, especialistas de diferentes áreas trabajan de manera coordinada para diagnosticar, tratar y acompañar al paciente, combinando experiencia, tecnología y una ruta que busca ir más allá del procedimiento para recuperar su calidad de vida.</p>



<figure class="size-large"><img height="684" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/ZDEH565YYVBFFHKZ4MOEODQCV4.jpg?quality=60&amp;w=1024" alt="En 2025, LaCardio generó ingresos por $824.391 millones COP, un crecimiento del 8 % frente al año anterior. /LaCardio." class="wp-image-5117678" /><figcaption>En 2025, LaCardio generó ingresos por $824.391 millones COP, un crecimiento del 8 % frente al año anterior. /LaCardio.</figcaption></figure>



<p>A simple vista, el corazón parece sencillo: late hasta 100.000 veces al día para llevar sangre a todo el cuerpo. Pero detrás de cada latido hay una compleja infraestructura de músculos, arterias, válvulas y un sistema eléctrico que debe funcionar de manera coordinada. Cuando alguna de estas piezas falla, ese delicado equilibrio puede romperse y comprometer la capacidad del corazón para cumplir su función y, con ella, la de todo el organismo. Y las consecuencias pueden ser graves. En 2024, por ejemplo, las enfermedades isquémicas del corazón —que incluyen el infarto— fueron la primera causa específica de muerte en Colombia y estuvieron presentes en el 17 % de las 275.778 muertes no fetales registradas.</p>



<p>Esa complejidad explica por qué el corazón no puede abordarse desde una sola especialidad. Pero entenderlo tomó décadas. Durante buena parte de la historia de la cardiología, cardiólogos, cirujanos cardiovasculares e intervencionistas trabajaban por separado, cada uno desde su campo. Era, en palabras del Dr. Darío Echeverri Arcila, líder del Departamento de Cardiología de la Fundación Cardioinfantil, una medicina que funcionaba “en silos”: cada especialista veía al paciente desde su área, pero no como parte de una decisión conjunta. La aparición de tratamientos cada vez más diversos hizo que esa forma de trabajar empezara a quedarse corta, cuenta Echeverri. Una misma enfermedad podía tener varias opciones: medicamentos, procedimientos por catéter o cirugía.</p>



<p>La decisión ya no era solo sobre qué podía hacerse, sino sobre qué era lo más conveniente para cada paciente. Así nació el concepto de <em>Heart Team</em>: un equipo en el que distintas especialidades ponen en común sus conocimientos para tomar una decisión conjunta.</p>



<p>En LaCardio, cuenta el Dr. Echeverri, este modelo se adoptó hace más de 15 años para romper con el trabajo aislado y aprovechar lo que él llama la “inteligencia colectiva”. “Dos, tres o cuatro cerebros piensan mejor que uno”, resume. La mirada conjunta de cardiólogos, cirujanos cardiovasculares e intervencionistas permite comparar opciones, riesgos y beneficios y abordar cada caso de manera integral. Para Echeverri, esta forma de trabajo es parte de lo que ha convertido a LaCardio en un centro de referencia en Colombia.</p>



<p>En un hospital que ha hecho de la atención cardiovascular una de sus grandes áreas de trabajo y que cuenta con más de 30 especialistas en cardiología, este modelo ha tenido efectos en la atención. Para el Dr. Echeverri, ha permitido un manejo más integral, con menos complicaciones, mortalidad y rehospitalizaciones, además de una mejor calidad de vida. La idea es que, desde su llegada, todas las etapas de atención hagan parte de una misma ruta. Carlos Ortiz, líder médico de Cardiología Clínica de la Fundación, explica que hay cuatro vías frecuentes de entrada: dolor en el pecho y síndrome coronario agudo; falta de aire asociada a falla cardíaca; arritmias y síncopes; y enfermedades de las válvulas.</p>



<p>Identificar rápidamente qué ocurre permite llevar al paciente hacia la atención que necesita.&nbsp; Pero la ruta no consiste solo en pasar de un especialista a otro: se trata de un cuidado coordinado y adaptado a las necesidades y a la vida de cada paciente.</p>



<h2><strong>Las “autopistas” del corazón</strong></h2>



<p>Entre los problemas más frecuentes del corazón están los que afectan a sus arterias coronarias. Si el corazón fuera una gran ciudad, estas serían sus autopistas: por ellas circula la sangre que lleva oxígeno al músculo cardíaco para mantenerlo latiendo. El problema aparece cuando esas “autopistas” se estrechan u obstruyen. El Dr. Jaime Cabrales, cardiólogo intervencionista y especialista en hemodinamia de LaCardio, se encarga de identificar qué ocurre en estos vasos y, cuando es necesario, intervenirlos.</p>



<p>La hemodinamia, explica, permite estudiar cómo circula la sangre y tratar algunos problemas desde el interior de los vasos, utilizando catéteres en lugar de cirugía abierta.</p>



<p>Cuando una arteria se estrecha poco a poco, cada vez llega menos sangre al músculo del corazón. Al principio, el problema puede aparecer solo cuando el corazón trabaja más, por ejemplo, durante el ejercicio: surge entonces dolor o presión en el pecho, lo que se conoce como angina. Pero si la arteria se bloquea de repente, el flujo se interrumpe y puede producirse un infarto. Cabrales atiende ambos escenarios en LaCardio: pacientes cuya enfermedad se ha desarrollado durante años y otros que llegan de urgencia por una obstrucción súbita. Para saber qué está ocurriendo y localizar el problema, una de las herramientas que más utiliza el&nbsp; especialista es la angiografía, un estudio que permite seguir el recorrido de la sangre mediante un medio de contraste visible en los rayos X.</p>



<p>“Es como una película”, explica el Dr. Cabrales: las imágenes muestran cómo el contraste avanza por las arterias y permiten identificar dónde el flujo está reducido o bloqueado.</p>



<p>También ayudan a entender cómo se produjo la obstrucción, muchas veces resultado de un proceso que avanza durante años y en el que se acumulan placas en las paredes de las arterias. En ese proceso influyen la carga genética y el estilo de vida, incluidos factores como la hipertensión, el sobrepeso, la obesidad y las alteraciones del colesterol. Al cierre de 2024, más de seis millones de personas tenían hipertensión reportada en Colombia.</p>



<p>Aunque esta cifra corresponde a personas diagnosticadas y registradas y no a la prevalencia real, las estimaciones poblacionales calculan que cerca de tres de cada diez adultos tienen hipertensión. La diabetes también forma parte de este entramado: en 2024 había 2,2 millones de personas reportadas con la enfermedad, mientras que una estimación poblacional la ubicó en el 12,3 % de los adultos en 2022, alrededor de uno de cada ocho.</p>



<figure class="size-large"><img height="683" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/GJASIHEVYFES7BBX5XF3VKFZU4.jpg?quality=60&amp;w=1024" alt="Este ranking, considerado uno de los más rigurosos de la región, evalúa factores como la seguridad del paciente, los resultados clínicos, la sostenibilidad, entre otros." class="wp-image-550829" /><figcaption> La cirugía cardiovascular pasó de los procedimientos abiertos tradicionales a incorporar técnicas menos invasivas y nuevas alternativas para tratar las válvulas, la aorta y otros problemas complejos. </figcaption></figure>



<p>Cuando los médicos identifican la causa de la obstrucción, viene la siguiente pregunta: ¿cómo tratarla? A veces bastan los medicamentos; en otros casos se puede abrir la arteria y colocar un <em>stent</em> o recurrir a una cirugía de <em>bypass</em>. “Son tratamientos complementarios”, explica el Dr. Cabrales. La edad, el estado general y las condiciones de cada paciente pesan en la decisión: una misma enfermedad puede requerir caminos distintos en una persona de 40 años y en otra de 80. No basta, entonces, con saber qué procedimiento es posible; hay que ponerlo en relación con la persona que está frente al médico.</p>



<p>Esa experiencia se ha acumulado durante décadas. Por la hemodinamia de adultos de LaCardio han pasado más de 80.000 pacientes y, con el tiempo, también han cambiado las herramientas. Hoy existen tecnologías que permiten mirar con mayor detalle lo que ocurre dentro de las arterias antes de decidir si es necesario intervenir, así como nuevas alternativas para tratar algunas obstrucciones sin dejar necesariamente un dispositivo permanente. La idea detrás de estos avances es sencilla: intervenir de la manera más precisa y menos invasiva posible, pero de acuerdo con lo que necesita cada paciente.</p>



<p>Las arterias, sin embargo, son solo una parte de esa infraestructura que nos permite estar vivos. El corazón tiene válvulas, unas estructuras que deben abrirse y cerrarse en el momento preciso para que la sangre avance en la dirección correcta. Y esa es otra historia.</p>



<h2><a></a><strong>Las válvulas: cuando las puertas del corazón fallan</strong></h2>



<p>Si las arterias son las autopistas por las que llega la sangre al corazón, las válvulas son las puertas que deben abrirse y cerrarse en el momento preciso para mantenerla en una sola dirección. Cuando una se estrecha o no cierra bien, el corazón tiene que esforzarse más para mantener el flujo.&nbsp; El Dr. Jaime Camacho, líder de cirugía cardiovascular y vascular periférica de LaCardio, lleva más de tres décadas viendo de cerca este tipo de problemas.</p>



<p>En su campo están las enfermedades de las válvulas, pero también la enfermedad coronaria, la falla cardíaca, los aneurismas y las disecciones de aorta y, en los casos más complejos, los trasplantes y dispositivos de asistencia ventricular. Con tantos años de experiencia, Camacho tiene claro que no se puede tratar una enfermedad cardiovascular sin mirar también a la persona: su edad, otras enfermedades, factores metabólicos y las condiciones en las que ha vivido. El médico propone pensar, por ejemplo, en una válvula aórtica que se ha vuelto demasiado estrecha. El corazón debe esforzarse cada vez más para hacer pasar la sangre hacia el resto del cuerpo. Durante mucho tiempo, la principal opción fue reemplazarla mediante cirugía. </p>



<p>Hoy existen más alternativas, como el TAVI, que permite llevar una nueva válvula hasta el corazón a través de un catéter, sin cirugía abierta, o el procedimiento de Ross en pacientes jóvenes y seleccionados. La llegada de estas opciones no ha reemplazado a las anteriores: ha ampliado las posibilidades de tratamiento.</p>



<p>En ese punto vuelve a entrar el <em>Heart Team</em>: cardiólogos, intervencionistas y cirujanos revisan el caso y comparten sus conocimientos para decidir qué opción tiene más sentido. Esa es, cuenta el Dr. Ortiz, la lógica que se mantiene hoy en el manejo de las enfermedades valvulares. En LaCardio, el equipo se apoya además en especialistas en imágenes y tecnologías avanzadas para afinar el diagnóstico y definir el tratamiento más adecuado.</p>



<p>Esa capacidad de combinar distintas formas de tratar una misma enfermedad refleja la evolución que el Dr. Camacho ha visto en LaCardio. La cirugía cardiovascular pasó de los procedimientos abiertos tradicionales a incorporar técnicas menos invasivas y nuevas alternativas para tratar las válvulas, la aorta y otros problemas complejos. Camacho recuerda que la institución comenzó hace más de cinco décadas en un pequeño espacio del Hospital de la Misericordia y que, con los años, fue ampliando su capacidad hasta convertirse en el centro de alta complejidad que es hoy. </p>



<p>En ese camino llegaron hitos como las primeras cirugías de corazón abierto en niños, el primer trasplante cardíaco en 2005 y procedimientos cada vez más complejos, como las intervenciones sobre el arco aórtico.</p>



<p>Para el Dr. Camacho, todo ese desarrollo tiene sentido si la tecnología termina beneficiando al paciente. Las técnicas y los dispositivos pueden cambiar, pero no la necesidad de encontrar la mejor manera de tratar a la persona que está al otro lado.</p>



<h2><a></a><strong>Cuando el problema está en el ritmo</strong></h2>



<p>El corazón también necesita un sistema eléctrico que indique cuándo y a qué ritmo contraerse. Cuando algo se altera en ese circuito, puede latir demasiado rápido, demasiado lento o de forma desordenada. Ese es el campo de la electrofisiología, la especialidad que estudia y trata los trastornos del ritmo cardíaco. En LaCardio, el Dr. Luis Carlos Sáenz Morales trabaja en este campo, tanto con pacientes adultos como pediátricos, junto con un equipo de cinco especialistas. Entre sus procedimientos están las ablaciones con catéter y el implante de dispositivos como marcapasos y desfibriladores. </p>



<p>Una de las arritmias que más atienden es la fibrilación auricular, en la que las aurículas (las cavidades superiores del corazón) pierden su ritmo regular. No siempre produce síntomas: puede causar palpitaciones, cansancio o falta de aire, pero también pasar desapercibida durante años.</p>



<p>Sáenz explica que este problema se ve cada vez con mayor frecuencia. Por un lado, más personas sobreviven a enfermedades como la hipertensión, la diabetes, los infartos o las enfermedades valvulares, pero pueden desarrollar nuevas alteraciones con los años. A esto se suma que los factores de riesgo cardiovascular aparecen a edades cada vez más tempranas. </p>



<p>También han cambiado las formas de detectar las arritmias. Un reloj inteligente, un anillo o una banda pueden identificar una frecuencia irregular y generar una alerta. Sáenz cuenta, de hecho, que en LaCardio cada vez reciben más pacientes que llegan por esa razón: un dispositivo detectó una alteración que las personas no habían sentido.</p>



<figure class="size-large"><img height="554" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/AUF4ICJBGJDSREFZH7YI4DBHRE.png?quality=60&amp;w=1024" alt="“Cada paciente es una historia de satisfacción porque es poder ayudar a una persona que está muy enferma a salir adelante”, dice Gilberto Mejía, de LaCardio. /Cortesía LaCardio." class="wp-image-2076849" /><figcaption>Reparar una arteria, cambiar una válvula o controlar una arritmia sigue siendo solo una parte del recorrido. La otra inicia cuando la persona tiene que volver a vivir con ese corazón.</figcaption></figure>



<p>Esto último es especialmente relevante porque la fibrilación auricular puede aparecer de forma intermitente y, con el tiempo, hacerse más frecuente y prolongada. Detectarla temprano permite intervenir antes de que avance y reducir el riesgo de insuficiencia cardíaca, hospitalizaciones y deterioro de la calidad de vida. El tratamiento, como suele pasar con otras condiciones, puede incluir medicamentos, procedimientos para modificar las zonas que generan señales eléctricas anormales o dispositivos implantables para regular el ritmo o tratar arritmias peligrosas, según las características de cada paciente.</p>



<p>Sin embargo, como ocurre en otros campos de la salud, la solución no está solo en encontrar la enfermedad cuando aparece. Para Sáenz, buena parte del trabajo ocurre mucho antes: controlar el peso, alimentarse mejor, hacer actividad física, evitar el cigarrillo, moderar el alcohol y los estimulantes, dormir bien y manejar el estrés pueden disminuir el riesgo cardiovascular. La prevención, insiste, debe empezar mucho antes del primer diagnóstico. La tecnología puede ser una aliada, pero no sustituye lo esencial: interpretar la señal, confirmar qué ocurre y decidir qué hacer con ella. En LaCardio, algunos pacientes con dispositivos implantables pueden ser monitoreados de manera remota, lo que permite detectar alteraciones del ritmo a distancia y reducir desplazamientos al hospital.</p>



<p>Reparar una arteria, cambiar una válvula o controlar una arritmia sigue siendo solo una parte del recorrido. La otra inicia cuando la persona tiene que volver a vivir con ese corazón.</p>



<h2><strong>Tratar el corazón no termina en el quirófano</strong></h2>



<p>Hay una parte de la ruta cardiovascular que comienza cuando el procedimiento termina y que resulta decisiva para lo que viene: la rehabilitación. Para la Dra. Astrid Fajardo, especialista en medicina física y rehabilitación de LaCardio, superar un infarto, una cirugía cardíaca, un cambio de válvula, la implantación de un <em>stent</em> o un trasplante no significa terminar el tratamiento, sino comenzar otra etapa. El servicio de rehabilitación cardíaca de LaCardio lleva 32 años y acompaña a los pacientes que pasan por la institución desde el primer día del evento cardiovascular hasta su regreso progresivo a la vida cotidiana.</p>



<p>La primera fase ocurre incluso durante la hospitalización. Allí comienza el ejercicio, de acuerdo con las condiciones de cada paciente, pero también un proceso menos visible: recuperar la confianza. Después de un evento cardíaco, explica la Dra. Fajardo, muchas personas quedan profundamente conmovidas y angustiadas. Por eso, ese primer contacto busca ayudarlas a entender lo ocurrido y recuperar la confianza para verlo también como una segunda oportunidad. Después de esa primera etapa comienza el proceso ambulatorio, que puede extenderse unos seis meses. </p>



<p>El ejercicio aumenta de forma progresiva según lo que cada paciente puede tolerar y se acompaña de educación, seguimiento médico, adherencia a los medicamentos y cambios en los factores de riesgo y hábitos.</p>



<p>Y hay algo que la Dra. Fajardo nunca pierde de vista. En esta ruta, no todos los pacientes pueden hacer lo mismo. Aunque las sesiones sean grupales, la prescripción del ejercicio es individual, porque cada persona tiene una condición y una tolerancia diferentes. No es lo mismo rehabilitar a alguien que tuvo un infarto que a un paciente trasplantado, uno con falla cardíaca, otro al que le cambiaron una válvula o alguien que lleva un marcapasos.</p>



<p>La recuperación tampoco depende de una sola especialidad. Psicología, trabajo social, nutrición, cardiología, cirugía cardiovascular y rehabilitación hacen parte del acompañamiento. Fajardo insiste en que, después de un evento cardiovascular, hay que atender también a la persona detrás del diagnóstico. </p>



<p>“Uno no es el infartado”, dice. Es alguien con una familia, un trabajo, sentimientos, dificultades y alegrías. Quizá por eso uno de los momentos que más recuerda de su trabajo ocurre fuera de una sala de procedimientos. Fajardo cuenta que algunos pacientes que llegan a rehabilitación después de pasar por cuidados intensivos terminan, meses después, participando en competencias deportivas. Ver a alguien que dos meses antes estaba en una cama y seis meses después cruzaba una meta es, para ella, la prueba más visible de esa segunda oportunidad.</p>



<p>La virtualidad también ha abierto una alternativa para quienes viven lejos o tienen dificultades para desplazarse. Desde la pandemia, LaCardio incorporó telesesiones de rehabilitación dirigidas en tiempo real, y ahora explora herramientas como aplicaciones, inteligencia artificial y telemetría para acompañar al paciente desde casa.</p>



<p>Pero la Dra. Fajardo pone el énfasis en algo más sencillo: el éxito está en que la persona aprenda a cuidar su corazón durante toda la vida. Hacer unas sesiones y volver a los mismos hábitos no resolvería el problema. Al final, la ruta de un paciente cardiovascular se parece al propio corazón: ninguna de sus partes funciona por separado. Más de cinco décadas después de sus primeros pasos, LaCardio ha ampliado su capacidad con nuevas especialidades, procedimientos y tecnologías. El principio es que cada avance tenga un propósito concreto y que, detrás de cada arteria destapada, cada válvula reparada, cada ritmo controlado y cada proceso de rehabilitación, haya una persona que vuelva a su vida.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">LaCardio</media:credit>
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			<title><![CDATA[Obesidad: por qué no basta con decirle a la gente que coma mejor y haga ejercicio]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/obesidad-no-es-solo-responsabilidad-individual/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[¿Y si la obesidad no es solo una responsabilidad individual? La ciencia empieza a mirar más allá de la voluntad para entender por qué esta condición afecta a millones de personas.]]></description>
			<pubDate>Tue, 22 Sep 2026 19:56:17 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>La obesidad suele abordarse como un problema de hábitos y decisiones individuales, pero factores como el entorno, el acceso a los alimentos, el sueño, la salud mental y las condiciones de vida también influyen. ¿Qué implica entonces prevenirla y cuánto depende realmente de cada persona?</p>



<figure class="size-large"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/SWNKPITGRZGFRDFXMWERPZUKTM.jpg?quality=60&amp;w=984" alt="Según cifras de la última Encuesta Nacional de la Situación Nutricional, el 56,5 % de los colombianos padece de sobrepeso u obesidad. Las mujeres se encuentran con el 59,6 % con respecto a los hombres, 52,8 %." class="wp-image-682290" /><figcaption>Según cifras de la última Encuesta Nacional de la Situación Nutricional, el 56,5 % de los colombianos padece de sobrepeso u obesidad. Las mujeres se encuentran con el 59,6 % con respecto a los hombres, 52,8 %.</figcaption></figure>



<p>Durante varias décadas, la conversación sobre la obesidad se ha concentrado en lo que hace o deja de hacer cada persona. Qué come, cuánto ejercicio hace o cuánto pesa. Pero los científicos y médicos hoy se están acercando cada vez más a un consenso diferente: quizá esas preguntas, que se basaron siempre en lo que el individuo hace o deja de hacer, no son suficientes para explicar por qué millones de personas hoy sufren de obesidad.</p>



<p>La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2022 más de 890 millones de adultos vivían con obesidad en el mundo, cerca de una de cada ocho personas. En Colombia, ese mismo año, el 23,6 % de los adultos y el 10,6 % de los niños y adolescentes de 5 a 19 años vivían con obesidad. ¿Puede entonces entenderse un problema que alcanza a cientos de millones de personas únicamente como el resultado de decisiones individuales? ¿Qué tanto depende de una persona prevenir la obesidad cuando buena parte de los factores que influyen en ella están fuera de sus decisiones individuales?</p>



<p>“Cuando hablamos de prevención de la obesidad, no podemos reducir la conversación a comer menos o hacer más ejercicio. Los hábitos saludables son fundamentales, pero forman parte de un conjunto mucho más amplio de factores que determinan la salud metabólica, entre ellos la alimentación, la actividad física, el sueño, la salud mental, la genética y el entorno en el que vivimos. Por eso, prevenir no significa seguir dietas restrictivas o buscar resultados rápidos, sino construir cambios sostenibles y posibles de mantener a lo largo de la vida", explica José Luis Torres, presidente de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo (ACE).  "También significa reconocer los factores de riesgo y consultar oportunamente".</p>



<p>Torres y sus colegas proponen que entendamos la obesidad en toda su complejidad y no solo como una "consecuencia de la falta de voluntad". Esto significa que, por ejemplo, comer de determinada manera o hacer la actividad física que recomiendan los médicos y las organizaciones como la OMS no ocurre en el vacío. Las posibilidades de una persona están atravesadas por algo más que solo su voluntad: por sus horarios de trabajo, el acceso y precio de los alimentos, el entorno en el que vive, las oportunidades para hacer ejercicio, el descanso, el estrés, la salud mental y también factores genéticos.</p>



<p>Cuando lo que nos rodea o lo que nos determina hace más fácil o más difícil adoptar ciertos hábitos, pedirle a una persona que simplemente “se cuide más” puede ser una explicación demasiado sencilla para un problema mucho más complejo. </p>



<p>Por ejemplo, un estudio publicado el 18 de enero de 2025 en la prestigiosa revista <a href="https://www.nature.com/articles/s43016-024-01101-y.epdf?sharing_token=xBAk2vI1mqfJThCL041JT9RgN0jAjWel9jnR3ZoTv0MIRtZ9sisXGwFnFK-vE_groTqNrITylAHQyluNOx25nB8IqBa3JUh4RzRRV5XipNTMoStqY0lP2W4FwL1vtX_H0GmEwFX3gJiTC3AtIbFjQED17nXq68ZHPqMiJpUa2qss_hiL80-6Xvkj5DifJzDbp3CpcfHnMKKGdTMqmu3RZQ%3D%3D&amp;tracking_referrer=elpais.com" target="_blank" rel="noopener"><em><u>Nature Foods</u></em></a> evaluó el alcance y la efectividad de las intervenciones regulatorias relacionadas con los productos ultraprocesados a nivel mundial, alimentos y bebidas formulados industrialmente a partir de ingredientes y aditivos que suelen tener poco o ningún alimento entero en su composición y que, en muchos casos, contienen altas cantidades de azúcares, grasas o sodio. La investigación encontró que muchas de las intervenciones buscan modificar las decisiones de los consumidores, principalmente mediante información nutricional, en lugar de transformar el entorno alimentario.</p>



<p>Todas esas intervenciones, señalaban los autores en ese momento, parecían obviar algo muy básico: que las decisiones individuales están condicionadas por el entorno y el contexto en el que ocurren. Y si ese entorno favorece de manera constante y determinante algunas opciones sobre otras, pedir únicamente cambios de comportamiento puede quedarse corto frente a un problema que, por su escala, ya es de salud pública.</p>



<p>Y así ocurre con otras actividades, como la actividad física. No es lo mismo recomendar 150 minutos de ejercicio a la semana a una persona que tiene tiempo, espacios seguros y cercanos para hacerlo, que a alguien que pasa varias horas al día desplazándose o trabajando y vive en un entorno donde las posibilidades de actividad física son limitadas. Lo mismo puede decirse del descanso: dormir bien no depende únicamente de decidir acostarse temprano cuando las jornadas laborales, los cuidados familiares o las condiciones de vida pueden dificultarlo. </p>



<p>Nada de esto significa que los hábitos individuales no importen o haya que dejarlos de lado en esta conversación. Los comportamientos cotidianos tienen un papel, pero no basta con dejarles a las personas toda la responsabilidad sobre esos comportamientos. </p>



<p>“Prevenir la obesidad no significa esperar a que una persona tenga un diagnóstico para empezar a actuar. Significa identificar los factores de riesgo, generar entornos que faciliten decisiones saludables y acompañar a las personas de manera oportuna. Cuando la obesidad ya está presente, también es fundamental entender que requiere un abordaje integral, que permita reducir el riesgo de complicaciones y mejorar la calidad de vida", agrega Torres, de la ACE. "El objetivo no debe ser únicamente modificar un número en la báscula, sino proteger la salud de manera sostenida”.</p>



<p>Por eso, prevenir la obesidad implica una tarea que va en dos direcciones: ayudar a las personas a construir hábitos que puedan sostener a lo largo de la vida, pero también generar condiciones que hagan más fácil adoptar esos hábitos. En ese segundo punto, la responsabilidad de actores como el Estado es fundamental: crear políticas que favorezcan entornos alimentarios más saludables, facilitar el acceso a alimentos adecuados, promover espacios seguros para la actividad física y garantizar que las personas puedan recibir orientación y atención oportunamente. </p>



<p>Pero no es una tarea exclusiva de las instituciones públicas. Las escuelas, las empresas, los sistemas de salud, las familias y la industria de alimentos también tienen un papel en las condiciones que rodean las decisiones cotidianas.</p>



<p>En ese mismo sentido, la prevención de la obesidad también implica actuar antes de que aparezcan complicaciones. Cambios progresivos en el peso o en la circunferencia abdominal, alteraciones de la glucosa, presión arterial elevada, cambios en el colesterol o antecedentes familiares de enfermedades metabólicas son algunos de los factores que pueden justificar una consulta. La valoración profesional permite identificar riesgos, establecer objetivos realistas y, cuando existe obesidad, definir un manejo de acuerdo con las necesidades de cada persona. </p>



<p>"En el marco de la Semana de Hábitos de Vida Saludable y del Día Nacional de Lucha contra la Obesidad y el Sobrepeso, la ACE invita a cambiar la mirada sobre la prevención y a entender que los hábitos saludables no son medidas temporales ni deben estar motivados exclusivamente por el peso. Alimentarse mejor, mantenerse activo, descansar adecuadamente, cuidar la salud emocional y consultar cuando sea necesario son decisiones que, sostenidas en el tiempo, pueden contribuir a prevenir enfermedades y a construir una mejor salud metabólica a lo largo de la vida".</p>



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			<title><![CDATA[¿Para quién son los rankings de hospitales?]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/para-quien-son-los-rankings-de-hospitales/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Juan Gabriel Cendales, MD*]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Cada año, los rankings de hospitales y clínicas convierten la atención en salud en una tabla de posiciones. Pero, ¿qué están midiendo realmente y para quién son útiles? Más allá del puesto que ocupa una institución, estas listas pueden servir para mirar los indicadores que hay detrás, aunque tienen limitaciones que conviene conocer antes de usarlas para comparar hospitales o tomar decisiones.]]></description>
			<pubDate>Mon, 21 Sep 2026 11:35:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Cada año, los rankings de hospitales y clínicas convierten la atención en salud en una tabla de posiciones. Pero, ¿qué están midiendo realmente y para quién son útiles? Más allá del puesto que ocupa una institución, estas listas pueden servir para mirar los indicadores que hay detrás, aunque tienen limitaciones que conviene conocer antes de usarlas para comparar hospitales o tomar decisiones.</p>



<figure class="size-large"><img height="683" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/ZZZP4V4SW5GWNBFJ7PJHKIOBE4.png?quality=60&amp;w=1024" alt="¿Qué significa realmente que un hospital esté entre los “mejores” del país? Los rankings pueden influir en la reputación de una institución y servir como punto de partida para hacer preguntas sobre su desempeño." class="wp-image-1470665" /><figcaption>¿Qué significa realmente que un hospital esté entre los “mejores” del país? Los rankings pueden influir en la reputación de una institución y servir como punto de partida para hacer preguntas sobre su desempeño.</figcaption></figure>



<p>Cada año se publican listas de los mejores hospitales y clínicas del país, de la región y del mundo. Circulan en avisos, en noticias y en conversaciones. Antes de discutir si están bien hechas, conviene preguntar quién las usa para decidir.</p>



<p>En Colombia, la mayoría de los pacientes no escogen hospital. Escogen asegurador, y la red de atención la definen el contrato y la remisión. Quien sufre un “infarto” llega a donde lo lleve la ambulancia o al hospital más cercano. El efecto de estas listas está en otro lugar: un buen puesto pesa en la negociación con aseguradores internacionales (no nacionales), en la atracción de especialistas y en el ánimo de los equipos. Ese es el mercado que sí reconoce los rankings.</p>



<p>La pregunta interesante es qué hace el director de un hospital con esa lista en la mano. Puede tratarla como un titular, o abrirla y buscar qué indicador lo dejó donde quedó. El dueño de una escudería de Fórmula 1 pone los recursos en el motor, en la parada de pits y en la fiabilidad, porque sabe que el campeonato se gana ahí. La versión hospitalaria de ese motor ya existe y rara vez sale en la foto: equipos que llevan años gestionando indicadores, bajando tasas de infección, acortando tiempos de atención y mejorando el reporte de eventos adversos. Ese trabajo se hace haya ranking o no.</p>



<figure class="size-large"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/6RLTU5N7ERBIBL63DJBLRA7X7M.jpg?quality=60&amp;w=984" alt="Juan Gabriel Cendales, MD FACP" class="wp-image-5083159" /><figcaption>Juan Gabriel Cendales, MD FACP</figcaption></figure>



<p>Los estudios sobre estas mediciones señalan puntos débiles conocidos. Buena parte del puntaje viene de encuestas de reputación entre médicos o directivos: responden pocos y, sobre todo, quienes tienen interés en responder. El peso de cada indicador rara vez se explica. El problema mayor es la comparación desigual: un hospital que recibe los casos más complejos tendrá más complicaciones que uno que atiende casos sencillos, y si las cifras no se corrigen según el tipo de paciente, la lista no mide bien los resultados clínicos; mide quién recibió a los más enfermos. Además, buena parte de los datos los reporta la propia institución, sin verificación externa.</p>



<p>Hoy hay mucha información disponible sobre la actividad hospitalaria, y con ella se pueden ordenar y comparar instituciones de muchas maneras. Según qué datos se incluyan y cuánto pese cada uno, la tabla cambia.</p>



<p>¿Y el paciente? Puede usar estas listas. Sirven para armar preguntas concretas cuando hay una cirugía o un tratamiento por delante: cuántos casos como el mío hacen aquí al año, qué tan frecuentes son las complicaciones, quién me va a operar y con qué equipo. El volumen y la experiencia del grupo suelen importar más que el puesto en la tabla, y esas respuestas se piden directamente. Un buen ranking debería ayudar a formular esas preguntas.</p>



<p>Una comparación para terminar. El campeonato de constructores no premia la vuelta más rápida de un piloto: mide el desempeño del equipo completo durante toda la temporada. Algo así deberían buscar los rankings de hospitales, mostrar cómo funciona la institución en conjunto y no la reputación de un momento. Con un límite claro, en la Fórmula 1 las reglas de puntuación son públicas y estables año tras año, y cualquiera puede revisar el resultado. En muchos rankings de salud eso todavía se está construyendo.</p>



<p>*Juan Gabriel Cendales MD, FACP.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Pixabay</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[El estrés crónico puede desencadenar una inflamación oculta que daña el corazón]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/el-estres-cronico-puede-desencadenar-una-inflamacion-silenciosa-que-afecta-al-corazon/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Redacción Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[¿Puede el estrés afectar al corazón? Un estudio encontró una relación entre inflamación crónica, salud mental, grasa corporal y mayor riesgo cardiovascular.]]></description>
			<pubDate>Mon, 21 Sep 2026 14:20:02 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Un nuevo estudio encontró una relación entre la inflamación crónica, ciertos cambios en la estructura y función del corazón y un mayor riesgo cardiovascular. Los investigadores también identificaron vínculos con el malestar psicológico, el tabaquismo, la grasa corporal y factores socioeconómicos, además de interacciones con la predisposición genética.</p>



<figure class="size-large"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/SLBF5AZKHRGUXJPFVLDY76Y7DY.jpg?quality=60&amp;w=984" alt="10 consejos para cuidar tu corazón y presumir de una buena salud" class="wp-image-1024724" /><figcaption>Además del tabaquismo y la grasa corporal, el estudio identificó vínculos entre inflamación, malestar psicológico y factores socioeconómicos, y encontró que la genética puede modificar estas asociaciones.</figcaption></figure>



<p>Una investigación realizada con datos de casi medio millón de personas en el Reino Unido concluye que el estrés crónico derivado de la vida cotidiana puede estar provocando cambios estructurales duraderos en el corazón, perjudicando la salud y reduciendo la esperanza de vida.</p>



<p>"Nuestro estudio, el más grande de su tipo, sugiere que millones de personas podrían estar viviendo con una inflamación oculta, que está alterando lentamente su corazón y causando daños a largo plazo, aumentando el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular", señala, citado en una nota de prensa, Declan O'Regan, titular de la Cátedra de IA Cardiovascular de la British Heart Foundation en el Imperial College de Londres. "La inflamación crónica es compleja, pero sabemos que está vinculada a nuestra salud y se ve influenciada por diversos factores económicos y de estilo de vida; es decir, las personas pueden estar en mayor riesgo simplemente por su entorno, su situación económica, la salud de su familia y su estilo de vida".</p>



<p>El artículo de investigación fue publicado esta semana en la <a href="https://academic.oup.com/eurjpc/advance-article/doi/10.1093/eurjpc/zwag435/8802224#574822922">Revista Europea de Cardiología Preventiva</a> y allí se explica que la inflamación es una respuesta normal del organismo frente a una infección, una lesión o cualquier otra amenaza. El problema, sin embargo, aparece cuando esa respuesta permanece activa durante mucho tiempo, aunque no exista realmente una agresión puntual que combatir. Esa inflamación crónica de bajo grado se ha relacionado desde hace años con enfermedades cardiovasculares, pero todavía no estaba del todo claro cómo se relacionaba con los cambios que ocurren en el corazón antes de que aparezca una enfermedad evidente. Eso fue precisamente lo que buscó entender esta investigación.</p>



<p>Los autores recurrieron al UK Biobank, una gran base de datos del Reino Unido que reúne información genética, clínica y de estilo de vida de las personas. El análisis incluyó datos de 488.079 personas para medir la inflamación y, dentro de ese grupo, distintos subconjuntos con imágenes por resonancia magnética del corazón, análisis de proteínas, información sobre exposiciones ambientales y seguimiento de eventos cardiovasculares. Para estimar el nivel de inflamación crónica utilizaron una molécula llamada GlycA, que puede medirse en la sangre mediante espectroscopia de resonancia magnética nuclear.</p>



<p>En términos sencillos, explican los científicos, esa molécula GlycA funciona como un marcador que permite aproximarse al nivel de inflamación sistémica sostenida de una persona.</p>



<p>El hallazgo más importante, según los científicos, es que las personas con los niveles más altos de inflamación (el 20% superior) tenían un riesgo un 43% mayor de sufrir un infarto o un derrame cerebral que aquellas con los niveles más bajos (el 20% inferior). El profesor Bryan Williams, director científico y médico de la British Heart Foundation, declaró, citado en la nota de prensa: "La inflamación forma parte del proceso de curación del cuerpo, pero también tiene un lado oscuro. Este estudio a gran escala reveló que las personas con mayores niveles de inflamación experimentaban cambios silenciosos en la estructura de su corazón y tenían un mayor riesgo de sufrir eventos cardíacos graves, como infartos y accidentes cerebrovasculares".</p>



<p>Precisamente, cuando los investigadores compararon los niveles de GlycA con las imágenes del corazón, encontraron que las personas con niveles más altos del marcador tendían a presentar menores volúmenes de las cavidades cardíacas, especialmente del ventrículo izquierdo, que es la cámara encargada de impulsar la sangre hacia el resto del cuerpo. También tenían un menor volumen sistólico, es decir, expulsaban menos sangre con cada latido, y presentaban una frecuencia cardíaca más alta. El conjunto de estos cambios fue interpretado como una posible forma de adaptación del corazón frente a un contexto de inflamación crónica. Todos estos cambios pueden desarrollarse silenciosamente durante años antes de progresar a una insuficiencia cardíaca.</p>



<h2>El estrés y el corazón</h2>



<p>Después de encontrar esta relación entre la inflamación y los cambios en el corazón, una de las preguntas centrales de los científicos fue qué factores podían estar relacionados con esos niveles de inflamación crónica. Para responderla, analizaron una gran cantidad de variables relacionadas con las condiciones de vida, el cuerpo y el ambiente.</p>



<p>Entre las que mostraron una relación más fuerte con GlycA estuvieron la cantidad de grasa acumulada en el tronco, fumar actualmente, <strong>el malestar psicológico</strong> y algunos indicadores de una situación socioeconómica desfavorable. También encontraron asociaciones con la grasa visceral, los síntomas depresivos y la distribución de la grasa corporal. En cambio, algunas variables relacionadas con una mayor actividad física, una alimentación más saludable y mejores condiciones socioeconómicas mostraron asociaciones con niveles más bajos de GlycA.</p>



<p><strong>Aquí entra el estrés.</strong> El estudio no analizó el estrés crónico como una causa aislada de la inflamación, pero sí encontró una relación importante entre el malestar psicológico y los niveles de GlycA. Por eso, los autores plantean que las condiciones psicológicas y sociales pueden formar parte del conjunto de factores que se relacionan con una mayor inflamación crónica. La idea es importante porque el organismo no responde únicamente a factores de riesgo cardiovasculares más conocidos, como fumar o acumular grasa: también parece haber una conexión entre las condiciones en las que una persona vive, su salud mental y la respuesta inflamatoria de su cuerpo.</p>



<p>En ese sentido, el profesor Declan O'Regan añadió: “Lo sorprendente fue la estrecha relación entre los factores sociales y la salud mental, así como con la inflamación y el daño cardíaco, además de factores de riesgo más conocidos como el tabaquismo y el sedentarismo. También existía un importante factor genético, ya que algunas personas eran naturalmente más resistentes o más susceptibles al daño inflamatorio derivado de diferentes estilos de vida”.</p>



<p>Esta última parte introduce otro elemento de la investigación: la genética. Los científicos encontraron que algunas características genéticas podían modificar la relación entre determinadas exposiciones ambientales, los niveles de inflamación y el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares. Es decir, dos personas expuestas a circunstancias similares no necesariamente tienen la misma respuesta biológica. La predisposición genética puede influir en la intensidad de esa respuesta.</p>



<p>Eso, sin embargo, no significa que una persona esté destinada a desarrollar una enfermedad cardiovascular por sus genes ni que el estrés inevitablemente termine dañando su corazón. El estudio encontró asociaciones y posibles mecanismos, pero no demuestra una cadena causal individual. De hecho, los propios investigadores plantean que comprender estas interacciones podría servir para identificar oportunidades de prevención.</p>



<p>Para los autores, los resultados tienen implicaciones en varios sentidos. Por un lado, plantean que combinar marcadores de inflamación en sangre con información sobre el riesgo genético podría, en el futuro, ayudar a identificar a las personas que podrían beneficiarse de una intervención más temprana. Por otro lado, como señala el profesor Williams, los hallazgos refuerzan la importancia de actuar sobre las causas que contribuyen a la inflamación y al riesgo cardiovascular, al tiempo que se apoya a las personas para adoptar cambios que puedan proteger la salud del corazón.</p>



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<p></p>
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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Pixabay</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[¿Cómo ayudar en una crisis de salud mental? Primeros auxilios y herramientas para actuar]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/crisis-de-salud-mental-senales-de-alerta-primeros-auxilios-psicologicos-y-cuando-buscar-ayuda/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Ana Vega]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Las crisis emocionales y/o psicológicas pueden ocurrirle a cualquier persona, y saber cómo responder puede ser fundamental. Esta guía explica cómo reconocer cuándo una situación requiere atención de emergencia, qué hacer y cómo acompañar a alguien mientras accede a la atención que necesita.]]></description>
			<pubDate>Sun, 20 Sep 2026 21:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Las crisis emocionales y/o psicológicas pueden ocurrirle a cualquier persona, y saber cómo responder puede ser fundamental. Esta guía explica cómo reconocer cuándo una situación requiere atención de emergencia, qué hacer y cómo acompañar a alguien mientras accede a la atención que necesita.</p>



<figure class="size-full"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/09/WhatsApp-Image-2026-09-18-at-11.29.00-AM.jpeg" alt="Guía sobre primeros auxilios psicológicos con recomendaciones para actuar ante una crisis de salud mental, acompañar a una persona y saber cuándo buscar ayuda profesional." class="wp-image-5193431" /><figcaption>Los primeros auxilios psicológicos pueden ayudar a acompañar a una persona durante una crisis de salud mental. Le explicamos qué hacer, qué evitar y cuándo buscar atención profesional.</figcaption></figure>



<p>Saber qué hacer puede marcar la diferencia en una emergencia. Estamos acostumbrados a que ciertas nociones de primeros auxilios hagan parte de lo que aprendemos en el colegio, en el trabajo o en otros espacios de formación. Sabemos que una reanimación cardiopulmonar (RCP), una maniobra para despejar las vías respiratorias o la forma correcta de detener una hemorragia pueden ayudar a salvar una vida. También hemos aprendido a reconocer algunas señales que indican que una persona necesita atención médica.</p>



<p>En salud mental, sin embargo, esas herramientas no siempre son tan conocidas. Muchas personas pueden encontrarse frente a alguien que está atravesando una crisis emocional o psicológica y no saber qué decir, cómo acercarse o incluso si su intervención puede ayudar. Puede tratarse de una reacción intensa después de una situación traumática, de una persona que está desbordada emocionalmente o de alguien que expresa que no encuentra una salida a lo que está viviendo.</p>



<p>A veces, y presos de ese desconocimiento, se pueden cometer errores que, lejos de ayudar, pueden aumentar el malestar. Los primeros auxilios psicológicos (PAP) reúnen una serie de pautas para brindar ese primer acompañamiento. Su propósito es ofrecer apoyo inmediato, reducir el malestar y ayudar a la persona a identificar lo que necesita y a conectarse con sus redes de apoyo o con servicios especializados. No requieren que quien los aplique sea psicólogo o psiquiatra, pero sí implican saber reconocer los límites del acompañamiento.</p>



<p>Esta guía reúne algunas de esas herramientas: cómo reconocer una posible crisis, cómo acercarse a una persona que necesita ayuda, qué se puede hacer en esos primeros momentos, qué conviene evitar y cuáles son las señales que indican que es necesario buscar atención profesional o activar una respuesta de emergencia inmediata.</p>



<h2><strong>¿Necesito ayuda con mi salud mental? Cómo saber cuándo actuar</strong></h2>



<p>El <a>Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos (NIMH)</a> propone prestar atención a <strong>la intensidad y duración de los síntomas y a cuánto interfieren en la vida cotidiana.</strong> &nbsp;Como orientación general, el NIMH distingue situaciones que pueden manejarse inicialmente con medidas de autocuidado de aquellas en las que conviene buscar ayuda profesional.</p>



<p> <strong>Nivel 1 - Síntomas leves durante menos de dos semanas</strong></p>



<p>&nbsp;Algunos signos pueden ser:</p>



<ul>
<li>&nbsp;Sentirse triste, estresado o preocupado, pero poder continuar con las actividades cotidianas y el cuidado propio y de otras personas.</li>



<li>Sentirse cansado o con poca energía, pero poder realizar las tareas habituales.</li>



<li>Tener menos interés en las actividades que por lo general disfruta.</li>



<li>Presentar cierta dificultad para dormir.</li>
</ul>



<p>¿Qué puede ayudar?</p>



<ul>
<li>Hacer ejercicio con regularidad, alimentarse saludablemente y procurar dormir entre siete y nueve horas.</li>



<li>&nbsp;Pasar tiempo con familiares, amigos u otras personas cercanas.</li>



<li>Practicar actividades de meditación o ejercicios de respiración.</li>



<li>&nbsp;Dedicar tiempo a actividades que disfruta y que le resulten poco estresantes.</li>



<li>Participar en actividades de voluntariado o de apoyo a otras personas.</li>
</ul>



<blockquote class="is-layout-flow">
<p><em>“En el día a día, la mejor acción que podemos hacer es ser conscientes y percibir nuestro estado de ánimo. Preguntarnos "¿cómo me siento hoy?" es un gran inicio para poder gestionar nuestras emociones”, doctora Lizeth Paola Coral Vela, Psiquiatra y coordinadora de Salud Mental, Dirección de Salud Población de la Fundación Santa Fe de Bogotá</em></p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Nivel 2 - Síntomas persistentes o que interfieren en la vida diaria <ins>&nbsp;</ins></strong></p>



<ul>
<li>Sentirse triste, con ganas de llorar o desesperanzado.</li>



<li>Sentirse irritable, culpable o frustrado.</li>



<li>Sentirse cansado o con poca energía.</li>



<li>Perder el interés en actividades que por lo general disfruta.</li>



<li>Tener dificultad para concentrarse o tomar decisiones sencillas.</li>



<li>Tener dificultad para completa sus tareas y actividades habituales;</li>



<li>Presentar cambios en el apetito, peso, sueño y/o deseo sexual.</li>
</ul>



<p><strong>&nbsp;¿Qué puede hacer?</strong></p>



<p>Busque ayuda profesional, especialmente si estos síntomas persisten durante dos semanas o más o interfieren con su vida cotidiana. No es necesario esperar dos semanas para pedir ayuda si siente que la necesita.</p>



<blockquote class="is-layout-flow">
<p><em>“Si siento que estoy funcionando bien, pero igual me siento cargado y perturbado emocionalmente también puedo consultar. No tengo que esperar a que se interfieran las tareas de vida para pedir ayuda", María Fernanda Quintero Marzola, Coordinadora de Psicología de la Fundación Cardioinfantil-LaCardio.</em></p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Nivel 3 - Pensamientos de suicidio o de autolesión</strong><br>&nbsp;Si tiene pensamientos de suicidio, intención de hacerse daño o existe un riesgo inmediato, necesita ayuda urgente. Busque ayuda de inmediato a través de una línea de atención en salud mental o de los servicios de urgencias. </p>



<p>Si acompaña a una persona y considera que existe un riesgo inmediato de que se haga daño, procure que no permanezca sola y contacte los servicios de emergencia.</p>



<h2><strong>Primeros auxilios psicológicos</strong></h2>



<p>Según el <a>Ministerio de Salud</a>, los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) son una intervención de apoyo humanitario y no invasiva que se ofrece durante una situación de crisis. Su objetivo es brindar apoyo inmediato, reducir el malestar inicial y ayudar a la persona a afrontar la situación y conectarse con los recursos que necesita. </p>



<p>Sin embargo, es importante tener en cuenta que los PAP no sustituyen la atención psicológica o psiquiátrica especializada. Por eso, ante un malestar emocional, pueden funcionar como una herramienta de apoyo inicial, mientras que, si existe un riesgo inmediato para la vida o la integridad de la persona, la prioridad es buscar atención de emergencia.</p>



<h3><strong>¿Qué es una crisis de salud mental?</strong></h3>



<p>“Una crisis de salud mental se define como una respuesta emocional y biológica ante una situación que la persona está enfrentando y que considera que sobrepasa los recursos que tiene en el momento actual para gestionarla o afrontarla”, explica María Fernanda Quintero, coordinadora de Psicología de LaCardio. Una crisis puede manifestarse de diferentes maneras.  Los trastornos de ansiedad y depresión, por ejemplo,  que son los más frecuentes en Colombia, pueden producir cambios importantes en la forma en que una persona se siente, piensa o actúa.</p>



<p>Aunque ansiedad y depresión suelen mencionarse juntas, no necesariamente se presentan de la misma manera. Una diferencia que puede observarse está relacionada con el nivel de activación y energía que experimenta la persona. </p>



<p>Según los especialistas, en una crisis ansiosa pueden aparecer temblores, respiración agitada o hiperventilación, sudoración, inquietud y una necesidad constante de movimiento. En una crisis depresiva, en cambio, puede presentarse una marcada falta de energía, incluso para levantarse de la cama, pérdida de interés por actividades o planes y desmotivación para realizar las tareas cotidianas. Reconocer estas manifestaciones es importante, pero no significa intentar diagnosticar a alguien que está atravesando un momento difícil. El objetivo de los primeros auxilios psicológicos es acompañar y facilitar el acceso a la ayuda que corresponda.</p>



<h2><strong>¿Cómo actuar ante una crisis?</strong></h2>



<p>Las orientaciones del Ministerio de Salud, basadas en los principios de los Primeros Auxilios Psicológicos promovidos por la Organización Mundial de la Salud, plantean una serie de acciones que pueden orientar ese acompañamiento.</p>



<p><strong>Paso 0 (momento previo).</strong> Evaluar si es pertinente aplicar los Primeros Auxilios Psicológicos o si la persona requiere atención médica urgente.</p>



<p><strong>Paso 1 · Apoyo inicial.</strong> Establecer un contacto empático y una escucha activa que generen confianza y seguridad.</p>



<p><strong>Paso 2 · Regulación emocional.</strong> Ayudar a la persona a manejar la ansiedad o la agitación, por ejemplo, con ejercicios de respiración.</p>



<blockquote class="is-layout-flow">
<p><em>“Una respiración lenta aleja al sistema nervioso de la respuesta de lucha o huida. Inhala lentamente por la nariz y deja que la exhalación dure más que la inhalación”. Coral Vela, psiquiatra de la FSFB.</em></p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Paso 3 · Categorización de necesidades.</strong> Ayudarle a ordenar y priorizar sus necesidades, respetando lo que considere más importante.<em></em></p>



<p><strong>Paso 4 · Iniciar acciones y conexión con recursos.</strong> Poner en marcha las acciones definidas y conectar a la persona con sus redes de apoyo y con los servicios disponibles.</p>



<p><strong>Paso 5 · Normalización y psicoeducación.</strong> &nbsp;&nbsp;Ayude a la persona a entender lo que está viviendo y explíquele dónde puede encontrar ayuda.</p>



<blockquote class="is-layout-flow">
<p><em>"Además de brindar apoyo inmediato, es necesario explicarle que su estado actual es una respuesta a la situación que atraviesa y motivarla a activar sus redes de apoyo, para que pueda comenzar a gestionar el momento difícil que está viviendo". Quintero Marzola, Coordinadora de Psicología de LaCardio.</em></p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Paso 6 ·</strong>  <strong>&nbsp;Después de la crisis.</strong> Si es posible, vuelva a comunicarse con la persona para saber cómo sigue y si pudo acceder a la ayuda que necesitaba.</p>



<h3><strong>Técnicas que pueden ayudar</strong></h3>



<p>Las técnicas de regulación no funcionan de la misma manera para todas las personas y no reemplazan la atención profesional. Sin embargo, algunas herramientas sencillas pueden ayudar a recuperar algo de calma y a dirigir la atención hacia el presente.</p>



<p><strong>Respiración lenta: </strong>cuando aumenta la activación emocional, la respiración puede hacerse más rápida y superficial. Respirar de manera lenta y pausada puede ayudar a disminuir esa activación.</p>



<p>El objetivo también es llevar la atención al momento presente. “Buscamos atención en el presente para sacar a la persona de la rumia o del bucle cognitivo que le puede estar ocasionando o manteniendo el malestar emocional”, precisa la coordinadora de Psicología de LaCardio.</p>



<p><strong>Técnica 5-4-3-2-1: </strong>esta técnica busca dirigir la atención hacia lo que ocurre alrededor cuando los pensamientos se vuelven difíciles de detener. Consiste en identificar cinco cosas que pueda ver, cuatro que pueda tocar, tres sonidos que pueda escuchar, dos olores que pueda percibir y un sabor que pueda identificar en la boca.</p>



<p><strong>Cambio de temperatura:</strong> otra alternativa puede ser utilizar estímulos de temperatura para ayudar a la persona a conectarse con el presente cuando existe una alta activación emocional.“El cambio de temperatura funciona también: agarrar hielo, hacer algo muy frío, tomar cosas frías, o comer algo que tenga una sensación mentolada o una sensación fuerte en la boca que me traiga al presente”, explica Quintero.</p>



<p><strong>Técnica STOP:</strong> esta técnica, utilizada en mindfulness, propone hacer una pausa antes de reaccionar impulsivamente. Sus cuatro pasos son:</p>



<ul>
<li><strong>S — Deténgase:</strong> haga una pausa antes de reaccionar.</li>



<li><strong>T — Respire:</strong> inhale lentamente por la nariz y procure que la exhalación sea más larga que la inhalación.</li>



<li><strong>O — Observe:</strong> identifique qué emoción siente, dónde la percibe en el cuerpo y qué pensamientos están presentes.</li>



<li><strong>P — Proceda con atención:</strong> decida cómo actuar de manera deliberada, en lugar de responder únicamente desde el impulso del momento.</li>
</ul>



<h2><strong>¿Qué no hacer durante una crisis?</strong></h2>



<p>Acompañar a alguien que atraviesa una crisis también implica evitar algunas respuestas que pueden aumentar su malestar o dificultar que busque ayuda. Por eso:</p>



<ul>
<li>No minimice lo que siente con frases como “cálmese”, “eso no es para tanto” o “todo estará bien”.</li>



<li>No la obligue a hablar si no quiere hacerlo.</li>



<li>No juzgue ni dé consejos apresurados. Escuche y pregunte qué necesita.</li>



<li>No la deje sola si existe un riesgo inmediato de que se haga daño.</li>



<li>No intente reemplazar la atención profesional. Los primeros auxilios psicológicos son un apoyo inicial.</li>
</ul>



<p>Los PAP no consisten en solucionar el problema de la persona ni en hacer que la emoción desaparezca de inmediato. Su propósito es acompañarla, escucharla, ayudarla a recuperar algo de calma y conectarla con el apoyo que necesita.</p>



<h3><strong>¿Dónde buscar ayuda?</strong></h3>



<p>Si la situación requiere atención inmediata, puede acudir a las siguientes líneas:</p>



<p><strong>“</strong><strong>Línea 123:</strong> línea nacional de emergencias.</p>



<p><strong>Línea 106:</strong> atención psicosocial disponible en Bogotá, Valle del Cauca, Antioquia y Boyacá.</p>



<p><strong>Línea Púrpura, Bogotá:</strong> 018000 112 137, con orientación para mujeres.</p>



<p>También puede consultar la línea de salud mental habilitada en su ciudad o departamento.</p>



<hr class="has-alpha-channel-opacity" />



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<p></p>
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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Vega</media:credit>
									</media:content>
							</item>
									<item>
			<title><![CDATA[Estos son los hospitales colombianos que aparecen entre los mejores especializados del mundo]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/ranking-mundial-de-hospitales-2027-estas-son-las-instituciones-colombianas-destacadas/</link>
			<guid isPermaLink="true">https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/ranking-mundial-de-hospitales-2027-estas-son-las-instituciones-colombianas-destacadas/</guid>
			<dc:creator><![CDATA[Redacción Salud]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[El ranking mundial de hospitales especializados de Newsweek y Statista destaca a varias instituciones colombianas, entre ellas la Fundación Santa Fe de Bogotá, líder nacional en tres especialidades.]]></description>
			<pubDate>Fri, 18 Sep 2026 22:04:33 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>La Fundación Santa Fe de Bogotá fue la institución colombiana que más se destacó en esta edición: ocupó el primer lugar del país en Gastroenterología, Nefrología y Oncología. Junto a ella, la Fundación Valle del Lili, el Hospital Internacional de Colombia y el Hospital Pablo Tobón Uribe también aparecen en distintas especialidades del listado mundial.</p>



<figure class="size-large is-resized"><img height="682" width="1024" src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/II6LYA3LUZCO7JGRYMLPQS73TM.jpeg?w=1024" alt="El reconocimiento incluye servicios como tomografía, resonancia magnética, mamografía y ultrasonido del Departamento de Imágenes Diagnósticas de la Fundación Santa Fe de Bogotá. /FSFB" class="wp-image-5119048" style="width:1024px;height:auto" /><figcaption>. En su edición 2027 resalta la Fundación Santa Fe de Bogotá que alcanzó el primer lugar entre las instituciones colombianas en Gastroenterología, Nefrología y Oncología. /FSFB</figcaption></figure>



<p>Se acaba de publicar uno de los rankings de hospitales especializados más importantes del mundo y hay muy buenas noticias para Colombia. </p>



<p>La clasificación, elaborada por Newsweek —una de las revistas de noticias más reconocidas de Estados Unidos— y Statista —una firma internacional especializada en datos, estadísticas e investigación de mercados—, destaca a varios hospitales del país entre los más reconocidos internacionalmente en distintas especialidades médicas. En su edición 2027 resalta la Fundación Santa Fe de Bogotá que alcanzó el primer lugar entre las instituciones colombianas en Gastroenterología, Nefrología y Oncología, tres especialidades que hacen parte de las 13 áreas médicas evaluadas en esta edición.</p>



<p>Además de la Fundación Santa Fe de Bogotá, otras instituciones colombianas también aparecen en el listado internacional. La Fundación Valle del Lili se destaca en Pediatría y Nefrología; el Hospital Internacional de Colombia, en Cardiología; y el Hospital Pablo Tobón Uribe, en Endocrinología.</p>



<p>“Recibir este reconocimiento en tres especialidades tan relevantes para la atención de enfermedades complejas es, ante todo, un reconocimiento al trabajo de nuestros equipos y a una forma de entender la salud basada en la excelencia, la evidencia y la mejora continua. Cada resultado representa el esfuerzo de profesionales que trabajan de manera articulada para ofrecer una atención segura, humana y con los más altos estándares de calidad", celebró Henry Gallardo, director de la Fundación Santa Fe de Bogotá. También, agregó el directivo, "es una oportunidad para mostrar que en Colombia contamos con instituciones capaces de desarrollar prácticas de salud que son reconocidas y valoradas internacionalmente”. </p>



<p>Antes de continuar, vale la pena explicar brevemente cómo se construyó el ranking. En su edición 2027, Newsweek y Statista evaluaron hospitales especializados en 13 áreas médicas, entre ellas cardiología, oncología, pediatría, neurología, endocrinología y cirugía cardíaca. La clasificación combina tres elementos: la reputación de los hospitales entre profesionales de la salud, que representa el 83,5 % del puntaje; sus acreditaciones y certificaciones, con un 10 %; y la implementación de medidas de resultados reportados por los pacientes (PROMs), que aporta el 6,5 % restante. </p>



<p>Para medir la reputación se tuvieron en cuenta las recomendaciones de profesionales y gestores de salud recogidas entre mayo y junio de 2026, junto con las de los dos años anteriores, aunque las más recientes tuvieron mayor peso. El número de hospitales incluidos varió según la especialidad: la lista llega a 300 instituciones en cardiología y oncología, 250 en pediatría, 175 en gastroenterología, 150 en varias categorías y entre 100 y 125 en las restantes.</p>



<p>Desde la Fundación Santa Fe de Bogotá explican que los resultados en Gastroenterología, Nefrología y Oncología, esta última a través de su Instituto de Cáncer, reflejan el desarrollo de capacidades para atender enfermedades de alta complejidad, apoyadas en equipos multidisciplinarios, procesos clínicos estandarizados, tecnología, investigación y modelos de atención centrados en las necesidades de los pacientes. </p>



<p>La institución también señala que, más allá de las posiciones obtenidas, el valor de este tipo de mediciones está en evaluar los resultados de la atención, aprender de ellos y convertir ese conocimiento en mejores prácticas clínicas. </p>



<p>Este resultado se suma a otros reconocimientos recientes para la Fundación Santa Fe de Bogotá. En la edición 2026 de <em>World’s Best Hospitals</em>, también de Newsweek y Statista, la institución apareció por tercer año consecutivo entre los 250 hospitales mejor posicionados del mundo, en el puesto 212, y recibió además dos reconocimientos relacionados con la implementación de PROMs.</p>



<p>En septiembre de 2026, el <em>Ranking IntelLat 2026 de los Mejores Hospitales y Clínicas de América Latina</em> la ubicó en el tercer lugar de la región, teniendo en cuenta dimensiones como eficiencia, seguridad y resultados clínicos, tecnología y gestión de personas.</p>



<p>Para la Fundación Santa Fe de Bogotá, estos reconocimientos hacen parte de un proceso orientado a fortalecer la atención de alta complejidad, la investigación y la incorporación de herramientas para medir los resultados de la atención. Entre ellas están los PROMs, que permiten recoger la percepción de los pacientes sobre su estado de salud y los resultados que obtienen después de una intervención.</p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">FSFB</media:credit>
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			<title><![CDATA[El impacto del alcohol en el hígado: qué ocurre en el cuerpo cada vez que toma]]></title>
			<link>https://www.elespectador.com/salud/salud-consciencia/alcohol-y-higado-que-efectos-tiene-el-consumo-frecuente-y-excesivo/</link>
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			<dc:creator><![CDATA[Oscar Alfredo Beltrán Galvis *]]></dc:creator>
			<description><![CDATA[Conozca qué le pasa al hígado cuando consume alcohol, cómo procesa esta sustancia y cuáles son los riesgos del consumo frecuente o excesivo.]]></description>
			<pubDate>Sun, 13 Sep 2026 23:00:00 +0000</pubDate>
			<content:encoded><![CDATA[
<p>Cuando consumes alcohol, tu cuerpo entra en modo de alerta. El hígado asume la mayor carga, y su cuidado es clave para mantener el equilibrio del organismo.</p>



<figure class="size-large is-resized"><img src="https://www.elespectador.com/wp-content/uploads/elespectador/QPVZZRCENBHYVHK5K56IV4RN7A.jpg?w=910" alt="El hígado es fuerte y tiene una gran capacidad de adaptación, pero no es invencible." class="wp-image-189311" style="width:910px;height:auto" /><figcaption>El hígado es fuerte y tiene una gran capacidad de adaptación, pero no es invencible.</figcaption></figure>



<p>Cuando consumes alcohol, tu cuerpo entra en modo de alerta. Aunque pasa por el estómago y el intestino, es el hígado el que asume casi todo el trabajo pesado. Este órgano actúa como una gran planta de limpieza: procesa, filtra y transforma las sustancias que ingresan a tu organismo para que puedas eliminarlas. El alcohol no es la excepción, pero sí representa un reto importante.</p>



<p>A diferencia de otros órganos, el hígado es el principal encargado de procesar el alcohol. Más del 90% se descompone allí. Esto significa que cada bebida implica un esfuerzo directo para este órgano, que debe priorizar la descomposición del alcohol por encima de otras funciones esenciales, como regular el azúcar en la sangre, almacenar nutrientes o eliminar toxinas.</p>



<p>El hígado es fuerte y tiene una gran capacidad de adaptación, pero no es invencible. Cuando el consumo de alcohol es frecuente o excesivo, la “planta de limpieza” empieza a saturarse. Primero puede aparecer la acumulación de grasa en el hígado, una condición silenciosa que muchas veces no da síntomas. Con el tiempo, si el consumo continúa, puede evolucionar a:</p>



<p>• Acumulación de grasa en el hígado </p>



<p>• Inflamación (hepatitis alcohólica) </p>



<p>• Daño irreversible como la cirrosis</p>



<h2>¿Por qué el alcohol impacta tanto nuestro hígado?</h2>



<p>Al procesar el alcohol, el hígado lo convierte en sustancias altamente tóxicas que afectan directamente a sus células, generan inflamación y favorecen el daño progresivo. Además, el alcohol altera el equilibrio de grasas y azúcares, y puede interferir con la absorción de vitaminas esenciales.</p>



<p>El consumo de alcohol no solo afecta al hígado de forma aislada. Su impacto se extiende a otros sistemas del cuerpo, pero es el hígado el que recibe la mayor carga y el que más sufre cuando no hay moderación.</p>



<h2>¿Qué factores debemos tener en cuenta?</h2>



<p>No todas las personas reaccionan igual al alcohol. Factores como los siguientes influyen en el daño hepático:</p>



<p>• Edad </p>



<p>• Peso </p>



<p>• Sexo </p>



<p>• Genética </p>



<p>• Presencia de otras enfermedades</p>



<p>Sin embargo, hay algo claro: entre más frecuente y mayor sea el consumo, mayor es el riesgo.</p>



<p>Dar espacios de descanso al hígado, evitar el consumo repetido y entender que normalizar el consumo no significa que sea inofensivo, son pasos importantes para cuidarlo. El hígado agradece los periodos sin alcohol, una alimentación balanceada, buena hidratación y actividad física regular.</p>



<p>Cuando cuidamos el hígado, nuestro cuerpo está en equilibrio.</p>



<h2>No se trata de prohibir, sino de decidir mejor</h2>



<p>El hígado cumple funciones vitales para todo el organismo. Protegerlo implica tomar decisiones conscientes frente al consumo de alcohol y adoptar hábitos que le permitan recuperarse y funcionar adecuadamente.</p>



<p>Hablar de alcohol no es hablar de prohibiciones, sino de conciencia. Entender cómo funciona tu cuerpo te da herramientas para decidir mejor. El hígado trabaja por ti todos los días, incluso cuando no lo notas. Cuidarlo hoy puede marcar la diferencia en tu salud a largo plazo.</p>



<p>*Oscar Alfredo Beltrán Galvis es médico especialista en gastroenterología de LaCardio. </p>



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										<media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Pixabay</media:credit>
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