El fotógrafo de las estrellas

Esta semana se abrió la exposición de treinta fotografías de personajes de la cultura popular mexicana, como María Félix y Pedro Infante, tomadas por el artista Armando Herrera.

Sus primeros retratos fueron los del acordeonero El Buster Suárez. El hombre, tímido, arrollador en sus retratos, llegó al lugar de los ensayos con sus cuatro fotografías en blanco y negro para anticiparles a todos que había descubierto a un hombre capaz de fabricar famosos con su cámara. El propio Agustín Lara, líder de la orquesta en la que Suárez aporreaba el acordeón, le exigió inmediatamente que le diera el nombre de aquel fotógrafo. Fue así como el mexicano Armando Herrera (1913) empezó a consagrarse entre las estrellas populares del México de los años treinta. Primero fue Agustín Lara, luego su lente y ese trato íntimo que, decían, lograba revelarle el alma a sus retratados, lo, convocaron a María Félix, el trío Los Panchos, Jorge Negrete y Pedro Infante. También Toña La Negra, Germán Valdés, Tin Tan, Silvia Pinal, Yolanda Montes, Tongolele, Emilia Guiú y Pedro Armendáriz. Sería después entrañable amigo de Mario Moreno, Cantinflas, y tendría oportunidad de retratar muchas facetas de su carrera.

Treinta de esas cientos de fotografías que inmortalizaron la época dorada del cine y la canción mexicana y que fueron consignadas en el libro El fotógrafo de las estrellas, son expuestas en Bogotá hasta el 31 de octubre, en el marco del primer festival del Centro Cultural Gabriel García Márquez, Visiones de México en Colombia.

“En su estudio, Armando Herrera observa el ánimo de su cliente o clienta, con frecuencia sus amigos, y revisa el cúmulo de sus miedos y vanidades. Ningún artista está tan seguro de la eternidad de su público. Herrera está acostumbrado a las reacciones de las estrellas o de quienes desearían serlo, e incluso al empezar ya tiene el hábito de la cacería de facciones transmitido por su padre José María”, consignó el difunto Carlos Monsiváis en el prólogo que acompaña al libro, donde se recogen más de 400 fotografías tomadas por Hererra.

“El libro y la exposición se pensaron con el fin de patentar el resultado del trabajo de Armando Herrera, porque en México, durante mucho tiempo, la profesión de fotógrafo no tuvo gran relevancia, a pesar de que en nuestro país, a finales del siglo XIX y principios del XX, había más de 50 estudios fotográficos en el Centro Histórico, que estaban dedicados a conservar las tradiciones de las familias mexicanas”, explica Héctor Herrera, hijo del emblemático fotógrafo, quien añade: “Si tú sabes entender a la gente, como lo hizo muy bien mi padre, tienes ganada la batalla. Tomar fotos es un acto de amor, en el mejor de todos los sentidos. Lo que es interesante también es cómo se nutre el fotógrafo de todo lo positivo que te ofrece la persona retratada y cómo el que se va a retratar se deja llevar por el fotógrafo. Es un sentimiento de unión, abierto, muy grato”.

Centro Cultural Gabriel García Márquez. Calle 11 No. 5-60. Teléfono: 283 2200