La diplomacia del diálogo

LLEGA HOY A COLOMBIA EL PRESIdente de Venezuela, Hugo Chávez, a pocas semanas de haber roto relaciones con nuestro país ante las acusaciones de la presencia activa de guerrilleros de las Farc y el Eln en el país vecino y la solicitud de una comisión de verificación internacional para aclararlas.

El aire que ahora se respira es el de la diplomacia directa propuesta por el presidente Juan Manuel Santos. Con cauto optimismo, parece ser el momento para rehacer la maltrecha relación bilateral sobre la base de la generación de confianza y el despeje de las dudas existentes a ambos lados de la frontera.

El diagnóstico es de sobra conocido. Pocas veces en la historia bilateral las relaciones entre Colombia y Venezuela han experimentado momentos tan complejos como en los últimos cinco años. Reiteradas acusaciones de este lado por la presencia impune de la guerrilla allá. Las pruebas del computador incautado a Raúl Reyes, las cuales, al parecer, incriminan con nombre propio a funcionarios y ex funcionarios del gobierno de Chávez. Las ligeras declaraciones hechas por el presidente venezolano, incluso en el recinto de la Asamblea Nacional, ensalzando a la guerrilla y a sus jefes, para oprobio del pueblo colombiano. Con estos elementos de juicio se estructuró aquí la idea de que desde Caracas se impulsaba un proyecto armado destinado a derrocar al Gobierno colombiano. Y del lado de allá no han cesado los señalamientos por el alineamiento con Washington, como un proyecto para urdir y poner en práctica un plan destinado a acabar con la revolución chavista. Desde ese enfoque, cada paso que Colombia dio en su lucha contra la guerrilla, incluida la discutida presencia de tropas norteamericanas en siete bases militares colombianas, sería el gran paso para una invasión contra nuestro vecino, lo cual les justificaba su multimillonaria escalada armamentista.

Dichos argumentos, que fueron evaluados como ciertos por Uribe y Chávez, cada uno desde una perspectiva parcial, no son válidos. Bajo esta óptica sesgada se fue resquebrajando la confianza de una manera tal que al final del día les impidió a ambos mantener unas relaciones estables sobre la base del respeto mutuo. De allí que sea tan importante mencionar, una vez más, que dentro del actual ambiente de esperanza y diálogo es esencial que se aclaren todos y cada uno de los puntos que, dentro de la nefasta diplomacia del micrófono, ensombrecieron la relación. Y que, como parece estar sucediendo, se privilegien los canales de la diplomacia directa.

Los mecanismos para hacerlo existen y ya han sido utilizados con éxito en momentos de tensión. Una vez restablecida la confianza entre Santos y Chávez se deben descongelar y ponerlos a funcionar de nuevo. La canciller María Ángela Holguín, como conocedora profunda que es de este tema, sabe de dichos mecanismos y pudo aplicar algunos de ellos durante su paso por la Embajada en Caracas. Dados estos primeros y necesarios pasos, vendrán como consecuencia directa la cooperación y el restablecimiento de unas relaciones comerciales que han probado en el pasado ser un elemento indispensable en el entendimiento mutuo.

Esto no quiere decir que estemos exentos de que se presenten otras situaciones difíciles a futuro. Ya el pasado ha demostrado que una de las desventajas de tener una frontera tan extensa y activa es que los incidentes allí son inevitables. Pero para canalizarlos y solucionarlos está el antídoto de la voluntad política que privilegia el diálogo.

Por lo anterior, saludamos la presencia del presidente Hugo Chávez en Colombia y respaldamos al presidente Juan Manuel Santos en las sensatas directrices que con respecto al tema de Venezuela hizo en su discurso de posesión. No hay otro camino. Así las espinas sigan allí regadas.

 

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