Para tener una mente sana

Los expertos recomiendan no sólo visitar al psiquiatra o al psicólogo cuando  crea que  padece una enfermedad mental, sino también cuando hay una crisis de ansiedad persistente. Hacerse un chequeo no es de locos.

Muchas veces los cambios de hábitos por una situación repentina, como la pérdida del trabajo, o incluso planeada, como la llegada de la jubilación, por emprender o terminar la vida conyugal o la llegada de un hijo traen consigo un síndrome de ansiedad, precisamente porque son circunstancias nuevas para las personas. En realidad, es común sentir nervios en estos momentos imprevistos o que traigan variables radicales en la vida, el problema es que estos sentimientos se prolonguen afectando el normal funcionamiento del organismo.

Cuando los síntomas de angustia persistan y estén afectando la vida diaria es necesario, recomiendan los especialistas, visitar al psicólogo para que haga una evaluación del caso y con terapias comience a tratar la sensación de desasosiego. Así lo aconseja Rodrigo Córdoba, psiquiatra y presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas: “No necesariamente una persona consulta al psiquiatra o al psicólogo cuando tiene un diagnóstico de una enfermedad mental, la vida trae momentos de crisis o situaciones que generan conflicto, que alguien con el entrenamiento adecuado puede ayudarle a corregir para conseguir mayor claridad sobre sí mismo, lo cual redundará en la solución de sus dificultades”.

Pero a veces hay duda sobre qué tipo de profesional de la salud mental visitar: el psicólogo o el psiquiatra. Según Córdoba, las personas que presenten señales como falta de sueño, irritabilidad, cambios de ánimo, angustia, abandono de actividades, ideas extrañas, aislamiento o cualquier otro síntoma anormal que permanezca más de una semana y que aumente progresivamente, debe consultar a un psiquiatra, y con mayor razón si hay antecedentes familiares de esta clase de trastornos. El  psiquiatra tiene formación médica, lo que le permite conocer a profundidad el sistema nervioso y sus relaciones con las otras partes del cuerpo humano; mientras el psicólogo enfoca su entrenamiento en conocer sólo los aspectos mentales de los seres humanos.

Una vez se tenga claro qué profesional visitar, éste procederá a dar un diagnóstico de si existe o no enfermedad mental y, si hay trastorno, se acordará con el paciente el tratamiento al que se debe someter. Córdoba explica que las terapias mentales son multifactoriales, es decir, existen distintos tipos de tratamientos: los farmacológicos, que consisten en el uso de medicamentos; por otro lado, existen las psicoterapias, que son experiencias emocionales de diferentes clases. “Las más usadas —asegura Córdoba— son las de corte psicodinámico, en las que se tratan conflictos intrapsíquicos no resueltos, y las cognitivo-conductuales, que modifican el mundo externo”. Asimismo, el trastorno mental y su gravedad determinarán el distanciamiento y periodicidad de los encuentros con el psiquiatra.

Para Córdoba todos los desórdenes mentales son importantes y se deben tratar con precaución, pero hay que prestar mayor atención a aquellos que pueden causar deterioro físico y mental de la persona (como la esquizofrenia, el trastorno bipolar y la depresión mayor), pues éstos se consideran enfermedades complejas porque no se puede determinar su origen de manera específica.

El papel de la familia

Cuando alguien padece un trastorno mental, tanto esta persona como los familiares deben aceptar la enfermedad y entender que esto no depende de ella ni de su voluntad. “No hay culpables, no es que quiera molestar o hacerse, y no es que se haga por llamar la atención”, afirma Córdoba.

En este caso el apoyo familiar es importantísimo para una mejor evolución del desorden mental, “el hecho de que pueda ser difícil o fatigante no es excusa para abandonar a la persona que padece una enfermedad mental, ya que estos trastornos entrañan un gran sufrimiento para el enfermo”, concluye.

Temas relacionados