Tejiendo los desgarros del franquismo

'El tiempo entre costuras' es una novela que como alguna vez lo hizo la cinta Casablanca, recrea la vida de los europeos durante los protectorados en Marruecos.

Esta novela de 634 páginas, escrita por una debutante en el género de la novela,  cuenta la historia de Sira Quiroga, una mujer que entre puntadas y agujas va construyendo una vida en el convulsionado protectorado español en Marruecos. Sira es una mujer particular, pero a la vez encarna la historia femenina por excelencia de los tiempos antes del fin de la guerra. Casi como si hicieran evidencia de eso que había profetizado Virginia Woolf en su libro ‘Un cuarto propio’, Sira sabe que la única manera de poder sobrevivir, una vez que el amor de su vida la ha abandonado, es ganar dinero. Su oficio de costurera llevará por  su taller a importantes mujeres y novias de militares que le revelarán sus secretos y que en una charla íntima llevarán al lector a una vívida experiencia de los dolores, las invasiones y las guerras. El Espectador entrevistó a la española, durante su paso por Colombia.

¿Por qué eligió ubicar la novela ‘El tiempo entre costuras’ en la época de  la Guerra Civil  y la Segunda Guerra Mundial?

En principio no quería para nada escribir una novela sobre la guerra civil o sobre el franquismo, quería  eso sí situar la novela en el norte de Marruecos durante la presencia española allí, empecé a documentarme, y di  con unos personajes históricos fascinantes  en la época de la Guerra Civil, del franquismo y de la Segunda Guerra y entonces decidí insertarlos en la trama de la novela,  pero como no quería una novela histórica pues creé a mi protagonista, Sira Quiroga quién deja Madrid junto a su amor y se traslada a Tánger pero tras una traición llega a Tetuán sola y llena de deudas.

¿Por qué interesarse en el protectorado español en Marruecos?

Durante 44 años en las primeras décadas del siglo XX, Marruecos estuvo dividió en dos protectorados: el de Francia, al sur y el de España, al norte, fueron miles de españoles los que vivieron allí y contrariamente  a lo que se piensa que  allá solo hubo vida de cuarteles, guerra militares y dolor hubo también una gran población civil de la que nadie se acuerda  entre los que estaba mi familia materna. Como tenía esta información tan de primera mano en mi propia familia y percibía que además había un vacío enorme en la memoria de aquel tiempo  que en la  narrativa nadie se había ocupado en recuperar, por lo menos no esa vida civil, pensé que tenía un escenario perfecto para una novela. Este es un escenario muy evocador, que se ha retratado en  otras producciones artísticas, la más emblemática sin duda la película Casablanca (1942) que sucede también en Marruecos, sólo que en la zona francesa, pero es esa mezcla de lo árabe con lo español, los claro oscuros, la época de la Segunda  Guerra Mundial en donde nadie sabe quién es exactamente quién, épocas de conspiraciones y espías, pues es el  mundo que quería retratar.

¿Cómo es  su indagación sobre  la vida de las mujeres de la época?

Yo tenía interés desde el principio en que mi personaje fuera una mujer, entonces me planteé  una protagonista que sin ser una heroína convencional  sí tuviera una vida propia, autónoma e independiente. Para esta época las mujeres tenían muy poco espacio, si no tenían un marido o un patrimonio familiar que las respaldara la tenían bien difícil,  entonces la costura, que es la profesión que le asigno a Sira me permitió que ella tuviera autonomía financiera, en ese sentido me era muy interesante hacerla modista y luego  el hecho de coser para clientas le permitía  conocer en su intimidad a mujeres de otros mundos  y esferas sociales. Justamente a través de las relaciones que entabla con ellas aparecen varias subtramas de la novela.  Ella es una mujer independiente a la fuerza, es la traición la que hace estar sola y sin un hombre, pero también lo que la lleva a construir su independencia.

El titulo ‘El tiempo entre costuras’ parece aludir a algo más que las horas interminables en las que Sira Quiroga cose…

El titulo es una constancia de  la realidad de la vida de la modista que vive entre costuras,  pero además  es una metáfora de lo que fueron esos años. Para Sira y esos personajes  era una vida que se iba haciendo a trozos que se desgarraba  una vida llena de desgarros, de agujeros que fuerza de costuras y de remiendos pues se fue componiendo.

 Ha dejado claro que se trata de una novela de ficción, sin embargo ¿hubo un trabajo de campo y documentación?

Es una ficción, pero tiene un componente histórico muy fuerte y algunos de los personajes son   históricos,  lo que pasa es que yo hice un gran esfuerzo para que la realidad y la ficción fueran de la mano sin que se notara, sin que fuera claro dónde  empezaba o terminaba cada una, de tal forma que no fuera un lastre la documentación para la agilidad de la narración  y que lo ficticio tuviera un respaldo de verosimilitud.

En la novela aparece un personaje histórico  muy polémico por abandonar, en la época de la II Guerra Mundial,  las lindes del franquismo ¿cómo se topó con Juan Luís  Beigbeder?

Juan Luís  Beigbeder es un personaje que cayó en el olvido por completo, aunque es  fascinante,  y yo me lo tropecé documentándome sobre ese Marruecos en el que él fue un alto mandatario. Cuando termina la Guerra Civil, Franco  lo elige como su Primer Ministro de asuntos exteriores  con la mala suerte de que  al mes de jurar su cargo estalla la Segunda Guerra Mundial. Franco se pone del lado de Alemania  pero Beigdeber que está enamorado de Rosalinda Fox una inglesa, se pone del lado de los británicos. Por amor lo destituyen y lo persiguen.

Usted le dedica su libro a “todos los antiguos residentes  del protectorado español en Marruecos y a los marroquíes con ellos convivieron”. ¿Cómo era la relación entre los marroquíes y los españoles?

Sería perfecto decir que fue una fusión de culturas íntegra y perfecta,  pero la realidad es que no hubo una fusión, eran dos comunidades muy distintas. La marroquí musulmana y la española cristina, pero si es verdad que vivían en una cierta. Era una vida que los marroquíes la recuerdan con mucho cariño, ahora vas a Tetuán  y los más  jóvenes ni se acuerdan, pero los más viejos te  oyen hablando español y ellos mismos hablan español y te cuentan de aquellas épocas.

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