Golpe al componente militar de las Farc

El abatimiento de Jorge Briceño Suárez, conocido como Mono Jojoy, y de Henry Castellanos, alias Romaña, ha propiciado un duro golpe al componente militar de las Farc por lo que representaban estos dos cabecillas en la conducción estratégica armada del grupo insurgente, lo cual no significa que se haya obtenido la derrota militar definitiva.

Después de marzo de 2008, la guerrilla de las Farc comenzó a generar formas de adaptación que le permitieran enfrentar la ofensiva de la Fuerza Pública, construyendo retaguardias tácticas en varias regiones del país, una de ellas en La Macarena, donde el objetivo principal era la seguridad del Mono Jojoy. Este hecho hizo que el Bloque Oriental pasara a una fase defensiva, perdiendo capacidad ofensiva, aspecto que se vio reflejado en los últimos hechos que afectaron a la Fuerza Pública en Caquetá, Putumayo, Nariño, Antioquia y Norte de Santander, acciones terroristas en las cuales el Bloque Oriental no tuvo protagonismo militar.

Se considera que las Farc sufren un grave revés militar que requerirá un rápido y difícil relevo en los cuadros de cabecillas, pudiendo ser Joaquín Gómez (Milton Toncel) el sucesor inmediato o Jaime Parra Rodríguez, alias El Médico, para suplir este vacío, que además diezma el componente psicológico en el interior del grupo insurgente.

Uno de los aspectos de mayor importancia estratégica en esta acción es la manera como la Fuerza Pública concibe un nuevo modelo de operaciones contrainsurgentes, identificando las retaguardias tácticas de las guerrilla para atacarlas con un alto grado de efectividad y acierto. Así lo demuestran las acciones militares y policiales en La Macarena y en Putumayo, con lo cual se debilita a las Farc en las líneas que estaban garantizando hasta ahora seguridad, zonas de repliegue y supervivencia, y que en una confrontación irregular son vitales para una guerrilla.

Aunque faltan más retaguardias tácticas por eliminar, es claro que la Fuerza Pública va por la senda estratégica adecuada para mantener ventaja militar, y una capacidad de asedio intensa y sostenida que puede producir otras acciones de estas características.

En cuanto al efecto político que esto pueda tener, está claro que ante los ataques perpetrados por este grupo guerrillero durante las últimas semanas, cualquier espacio para el diálogo estará claramente cerrado. La guerrilla tendría que mostrar voluntad política y someterse a unas reglas de juego impuestas por el Gobierno para que dicho diálogo pueda siquiera considerarse.

Hoy, evidentemente el gobierno Santos tiene una ventaja estratégica, política y militar para poder ser quien determine esas reglas de juego. Éstas sin duda partirán de un cese al fuego por parte de este grupo insurgente, la entrega de la totalidad de los secuestrados que hoy se encuentran en su poder, así como suspender y demostrar con hechos que sus vínculos con el narcotráfico y lavado de activos no seguirán siendo su estrategia de financiación.

Viendo este panorama, las cartas están echadas. Y hoy el pulso lo tienen ganado el Gobierno y nuestras Fuerzas Armadas.

 *Directora Ejecutiva Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga

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