De la justicia que va llegando

EN SU COLUMNA PUNTO DE ENcuentro, Orlando Sierra, subdirector del diario La Patria de Manizales y uno de los periodistas más leídos de su momento, en medio de amenazas, escribió: "En un graffiti en Europa, un ángel del buen humor transformó la célebre sentencia del filósofo Descartes, cogito ergo sum, pienso luego existo, por cogito ergo ¡pum!, pienso luego ¡pum! (…) pum, a callar, chitón, a lo tuyo capullo, a otra cosa mariposa, pum. Dios mío, (…) Yo también, lo confieso, le temo al pum".

La columna fue firmada el 12 de agosto de 2001. Cinco meses después, mientras se disponía a entrar a la sede del periódico, fue asesinado. El motivo: la denuncia de políticos corruptos con nombre y apellido en una época que, como se pudo sentir, no convenía ir en contra de la corriente.

Una de las principales batallas de Orlando Sierra fue contra Ferney Tapasco, presidente durante 11 años de la Asamblea departamental de Caldas, inhabilitado en 1998 por concusión y favorecimiento a un homicida. Del mismo caudal político de Víctor Renán Barco, jefe del Partido Liberal en Caldas, a quien por ello, en una carta abierta del año 2000, el periodista le dijo: “Senador Barco, no se puede juzgar bien a quien traiciona una causa y usted lo hizo porque puso a Caldas en manos de rapaces”. Afirmación bastante amable, pero que por obvias razones ni esa ni las demás denuncias que realizó Sierra cayeron bien entre la clase política del departamento, la cual, siempre se especuló, estaba detrás del crimen.

También lo sabían las autoridades y con precisión. Varias declaraciones recolectadas por la Fiscalía apuntaban al mismo origen: los Tapasco. “Necesito que me cuadre a ese hp de La Patria, Orlando Sierra, que si a éste no lo organizamos en esta semana, me va a publicar unos asuntos malucos que hay referentes a la campaña de mi muchacho”, dijo Ferney Tapasco, según uno de los testigos. El muchacho al que se refiere es el político liberal Dixon Tapasco, su hijo, condenado ya por la Corte Suprema de Justicia a siete años de prisión por nexos con paramilitares. Su padre fue procesado después por los mismos nexos.

Sin embargo, hasta esta semana, y a pesar de que la Procuraduría le había pedido a la Fiscalía desde 2004 vincular a los Tapasco como autores intelectuales del asesinato del periodista, el crimen seguía archivado. Afortunadamente, la justicia cojea pero llega, y por fin les tocó el turno a algunos políticos caldenses de responder por tan macabro proyecto. El martes pasado, padre e hijo fueron vinculados mediante indagatoria al proceso del homicidio de Orlando Sierra. Y si bien esto no implica que el crimen vaya a encontrar culpables, reabrir el caso es ya el primer paso en la lucha contra una larga historia de indignante e inadmisible impunidad.

De aquí, entonces, que comenzar a romper con la apatía de la justicia sea sin duda un asunto de celebrar. Y no sólo por la decisión. Reabrir el caso de Orlando Sierra sienta precedentes claros de que las consecuencias sí existen y de que el poder no blinda para siempre. Señal por lo demás oportuna para ciertas élites políticas que siguen sin entender que las cosas ya no son como eran antes y que las jerarquías de medio pelo no eximen de las reglas como una vez lo hicieron. Claro, el camino es largo y falta mucho para que el país les diga a sus enemigos, como ellos le dicen sus servidores: “a otra cosa mariposa”, pero acciones como éstas abonan el camino y además recuerdan —como lo tituló en su momento la revista Cambio— que los corruptos no sólo roban, sino matan.

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