Desastre Ecológico en humedal La Chucua de Fagua
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Pódcast La Zaga: El gran pantano de la Sabana

Este es el segundo episodio de una historia sobre la Chucua de Fagua: una quebrada del municipio de Chía que fue cubierta con tierra y escombros y aún continúa así.

La Zaga, un pódcast que narra cómo se hace una pieza periodística

La Zaga es una serie de audio que muestra el proceso de creación de una pieza periodística, los dilemas, fuentes y preguntas que surgen durante una investigación. En este segundo capítulo indagamos la relación de los habitantes de la Sabana bogotana con el agua, cómo esta ha cambiado y, de paso, examinamos si lo que ha sucedido en la Chucua es un caso aislado o parte de un problema más grande.

En la segunda entrega de La Zaga nos enfocamos en los daños ambientales que sufrió la vereda de Fagua, a raíz del relleno de la Chucua, y en la inconformidad de muchos habitantes de la zona por la expansión urbana de Chía. Además, fue necesario mirar hacia atrás, para entender cómo ha cambiado la relación de los habitantes de la Sabana con el agua y las chucuas, y cómo ha afectado el crecimiento de las ciudades a los cuerpos de agua de la Sabana.

“Chucua” es una palabra de origen Muisca que se define, en el Vocabulario Muisca 158 de Gómez y Trespalacios, como “pesquería, humedal, pantano o lodazal”. Es otra de las tantas palabras muiscas que usamos en nuestra cotidianidad, como “guache”, “Bogotá” o “Chía”.

Al descubrir el relleno de la Chucua, la comunidad se organizó para protestar ante la CAR y, así, detener el movimiento de tierra. Fernando Parrado, presidente de la junta de Acción Comunal de la vereda de Fagua, buscó la ayuda de expertos, como la fundación Alianza por el Agua, para llevar el caso a la CAR. Una de las personas consultadas fue Johanna Gonzales, administradora ambiental y habitante de Chía, quien estuvo involucrada desde que comenzó el relleno de la Chucua. Ella nos explicó por qué esta aparente quebrada puede ser considerada un humedal: nace en los cerros de Chía y baja hasta la vereda de Fagua, donde sus meandros (las curvas de ríos y quebradas) funcionan como humedales. Su concepto coincide con el de otros biólogos y con el del equipo técnico de la CAR: la Chucua es un cuerpo de agua que debe ser conservado. Su testimonio también nos dio insumos para otra línea de investigación: cómo sucedió este desastre ambiental y quiénes fueron los responsables. Según ella, en el POT de Chía, aprobado en 2016 (un año antes de que se rellenara la Chucua), no se identificaron los cuerpos de agua del municipio y, por tanto, no quedó claro qué espacios se debían proteger.

Este es el concepto que escribió Johanna como parte del caso que llevaron los activistas de la vereda a la CAR para protestar por el relleno.

La profesora Marta Herrera, investigadora en historia de la Universidad de los Andes, enfatizó en el cambio que ha habido en la forma de relacionarnos con el agua en la Sabana. Ella explica que antes de la colonización española los Muiscas convivían armónicamente con los cuerpos de agua, e inclusive, desarrollaron tecnologías avanzadas para el manejo de inundaciones y sequías. A diferencia de lo que se cree, dichas comunidades continuaron con este manejo del agua hasta épocas poscoloniales. Hay vestigios de vallados creados por los muiscas en la actualidad. Uno de los textos que describen cómo se veía la Sabana antes del siglo XX es La Peregrinación de Alpha: Por las provincias del norte de la Nueva Granada en 1850 de Manuel Ancizar. Allí el autor habla de la zona donde actualmente se ubica Chía:

De Bogotá a Zipaquirá hay 10 leguas granadinas de camino llano, cuya mayor parte tiene el mismo piso que nos dejó el buen Bochica cuando desaguó el gran lago cuyo lecho constituye la hermosa planicie que habitaron y labraron los inocentes Chibchas. Ellos, según refieren los cronistas de la conquista, tenían cultivada palmo a palmo toda la llanura: nosotros la mantenemos convertida en potreros de ceba, es decir, hemos dado un paso atrás, puesto que la ganadería es el primer escalón de la civilización la cual no se radica verdaderamente sino con la agricultura.

 
Imagen del libro La Peregrinación de Alpha: Por las provincias del norte de la Nueva Granada en 1850 de Manuel Ancizar.
Gabriela Supelano

El cambio de una agricultura donde los recursos hídricos se preservaban para la pesca y el riego, a una economía urbana donde los cuerpos de agua deben ser eliminados para la construcción, ha creado tensión entre la idea de preservación del medio ambiente y la necesidad de crecimiento de las ciudades. En “Bogotá Región: Crecimiento Urbano en la consolidación del territorio metropolitano”, el profesor Jair Preciado habla del crecimiento desmedido de Bogotá desde la década del 70: “en 1973 la ciudad de Bogotá abarcaba 12.985 hectáreas, en 1985 eran 22.775, y, para 2003, Bogotá contaba con 32.000 hectáreas de suelo”.

La presión urbanística de Bogotá sobre el municipio de Chía es un problema que mencionan todos los activistas locales. Es importante señalar que la Chucua se encuentra en una zona designada para expansión urbana en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) del municipio. En este caso, los activistas denuncian “volteo de tierras”, es decir, el cambio del suelo rural a urbano, con el propósito de aumentar el costo de los predios. Este fenómeno de aumento del valor es una consecuencia natural de la urbanización de una zona, pero también podría implicar corrupción, como han mencionado públicamente personajes como el senador Carlos Fernando Galán.

El daño ambiental de la Chucua ya fue causado. Se debe a la reducción y a la desviación del cauce de la quebrada. Según la respuesta a un derecho de petición enviado a la CAR, la Chucua tenía un ancho de 4m y fue reducido a 1.5m. En la plataforma SIG-OT del Instituto Agustín Codazzi, que permite la medición de áreas, el espacio de la Chucua en el lugar del relleno era de 10m originalmente. Ahora bien, no existe un estudio multitemporal, y tampoco una caracterización del cuerpo de agua, que nos arroje detalles de su estructura hidrológica. Sabemos que el relleno afecta un área de 29,547 metros cuadrados (información también otorgada por la CAR) y que la vegetación que existía en las orillas de la Chucua, lugar de anidación de gran variedad de pájaros, también fue eliminada con el relleno.

Medición del cauce de la Chucua en la zona no intervenida a través de la plataforma Sig-OT del Instituto Agustín Codazzi.

Cauce de la Chucua antes de llegar a lugar del relleno/ Fotografía Cristian Garavito

Imagen área de la zona de afectación.

Para el caso presentado a la CAR, también se recopiló un concepto de la Asociación Bogotana de Ornitología, en el que se mencionan las especies de aves nativas y migratorias que habitan en la Chucua de Fagua. Entre ellas, se destaca la tingua moteada o de pico verde, que se encuentra fuertemente amenazada. Esta ave es endémica de la sabana bogotana y es muy difícil de encontrar, inclusive en otros humedales más grandes.

Aquí la tabla de las especies identificadas:

Según el biólogo Byron Calvachi, uno de los más reconocidos expertos en humedales de Bogotá, la recuperación es posible, pero compleja y muy costosa. Hay ejemplos de éxito, como el humedal “el Burro”, en la Localidad de Kennedy. Calvachi explica que hay países, como España, donde han tenido que recurrir a la creación de humedales artificiales para suplir la necesidad de dichos ecosistemas, e inclusive se están utilizando como sistemas de alcantarillado natural.

Imágenes de Empresa de Acueducto, Agua y Alcantarillado de Bogotá.

Según la resolución 0470 de 2017 de la CAR, la Chucua debe ser recuperada por los dueños del lote, presuntos responsables del relleno. Calvachi está convencido de que el daño puede ser revertido, aunque la recuperación no es sencilla, debido a que requiere muchos estudios previos y recursos. “No consiste en volver a sacar la tierra con la que se rellenó y ya”. Pero, ¿quiénes son los responsables de este desastre y de su recuperación? En nuestro capítulo final terminaremos de conocer la historia de lo sucedido en la Chucua.

Si tienen información sobre la chucua de Fagua, o desean enviarnos nuevos temas para investigar, pueden hacerlo al correo:  [email protected], o a través de nuestras redes sociales: @elespectador, en twitter e Instagram, con los hashtag #lazaga y #humedales.

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