Están a la espera del examen de los tejidos
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Muerte de bagres, un extraño fenómeno sin resolver

Desde hace unos tres meses empezaron a aparecer muertos en algunos ríos de la cuenca del Magdalena ejemplares de bagre rayado. Científicos y autoridades están desconcertados y tratando de encontrar una explicación.

La muerte de bagres se ha registrado en los ríos Cauca y Nechí. / Cortesía

Quienes suelen viajar a lo largo de la cuenca del Magdalena saben que uno de los principales platos que encuentran en los ríos que la conforman es el bagre rayado. El Pseudoplatystoma magdaleniatum, como lo definió la ciencia, ha sido por décadas una especie apetecida. Sus ejemplares son grandes (miden hasta 1,5 metros) y son vendidos con facilidad. A diferencia del bocachico, otro de los peces legendarios de ese extenso territorio, también conformado por los ríos Cauca y San Jorge, su carne se puede comer con facilidad sin tener que eludir cientos de espinas. (Puede leer: La ciencia oculta (hasta ahora) de los grandes bagres del Amazonas)

El 2019, sin embargo, no ha sido un buen año para el bagre, siempre ubicado entre las especies más aprovechadas por los pescadores. En febrero, luego de que disminuyera el caudal del río Cauca tras la presión que le impuso al caudal el proyecto Hidroituango, se registró la muerte de varios ejemplares. Y desde hace unos tres meses, además, se ha presentado un extraño fenómeno que tiene desconcertados tanto a científicos como a autoridades pesqueras. En algunos puntos del río Cauca y Nechí empezaron a aparecer bagres de gran tamaño flotando en el agua. Estaban muertos y tenían en el dorso una pigmentación amarilla.

“Empezamos a recibir reportes de algunos pescadores y luego lo verificamos”, dice Arbei Osorio, subdirector de regionalización de la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (Corantioquia). “Lo extraño es que solo había bagres; ningún otro pez. Y sea lo que sea, porque aún no sabemos qué es lo que está sucediendo, solo parece afectar a los ejemplares grandes”. (Ver más: Guardianes del bagre rayado)

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Una de las primeras cosas que advierte Luz Fernanda Jiménez es que hay que evitar los artículos escandalosos en torno a esta situación. También, dice, hay que evitar buscar culpables. Ella es ictióloga y profesora del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia y le inquieta lo que está sucediendo, pero prefiere ser prudente: “¿A qué se debe esta muerte de bagres? ¿Por qué está presentándose ahora y no en años anteriores? ¿Qué fenómenos lo está generando?”, se pregunta. “Infortunadamente, por el momento solo tenemos especulaciones. Pero son dudas que nos generan muchas inquietudes. Por ahora solo podemos hacer un llamado a las autoridades para que, de manera urgente, busquen una respuesta integral”, dice.

A lo que se refiere es que para explicar un fenómeno tan extraño se necesitan esfuerzos que, con base en evidencia, ayuden a resolver esos interrogantes. Carlos Mario Zapata, director regional de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), asegura que ya están tratando de responderlos, pero, afirma, “hay que tener paciencia. Ya Corantioquia tomó unas muestras y debemos esperar a los resultados. Por ahora, solo podemos hacer eso: esperar”.

Osorio, de Corantioquia, lo confirma: “Aunque ha sido difícil capturar individuos vivos para hacer el análisis de tejidos blandos, ya hemos logrado algunos. Pero, por el momento, es irresponsable arrojar una hipótesis. Esperamos que a mediados o finales de diciembre nos los entreguen para ver si es posible establecer una relación con alguna causa. Puede ser contaminación, un problema asociado a algún ecosistema específico o la presencia de un metal pesado. No lo sabemos”.

Jiménez tampoco se aventura a arrojar una hipótesis, pero sabe que la cuenca poco a poco se ha ido deteriorando y acumulando problemas. A medida que ha crecido la población humana, explica, ha habido mayor demanda de proteína animal y los pescadores han capturado más recursos. “Además, la deforestación ha crecido y hemos modificado los suelos. Hemos tumbado bosques para siembra y las ciénagas, en algunos puntos, las han desecado. En términos de aprovechamiento económico, hemos tenido bastantes desaciertos en el manejo de estos ecosistemas acuáticos”.

En palabras de Fernández, para ser un poco más precisos, los tres ecosistemas claves para la supervivencia del bagre, un pez de migración local que recorre entre 100 y 500 kilómetros, han cambiado drásticamente: las ciénagas, donde crecen; el cauce de los ríos, donde se mueven, y los afluentes, donde van a desovar.

A ese cúmulo de errores se suma uno más reciente que, tanto Jiménez como Osorio tienen en su bajara de posibles explicaciones: la minería ilegal de oro que se está haciendo en algunos afluentes, como el río Nechí, puede estar generando residuos que están afectando a los bagres. Intuyen que tras la prohibición del uso de mercurio se esté usando alguna otra sustancia para separar las pepitas doradas que vienen adheridas a grandes trozos de tierra. (Puede leer: Hallan mercurio en bagres de la ciénaga de Zapatosa)

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2019-12-15T16:10:38-05:00

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- Redacción Vivir

Medio Ambiente

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