Adiós al maestro Umaña

Pese a un agnosticismo que compartimos, no es esta una despedida. No es este ningún adiós. El maestro Umaña Luna ha trascendido a través de una lucha sin par por los derechos humanos en un país que diariamente los preconiza, pero que segundo a segundo los desconoce. <p>&nbsp;</p>

Desde los albores de una juventud rebelde frente a la misma casta a la que pertenecía, se perfiló como un verdadero revolucionario, el que abandona las comodidades y las seguridades heredadas de generación en generación en las famélicas familias que mal nos han gobernado.

El maestro renunció a ellas, y se sumó al ejército de los más, al de los abandonados, al de los desposeídos, al de los ultrajados históricamente en una dialéctica que aun mantiene al amo en hombros del esclavo. El maestro supo reconocer el momento histórico que lo rodeó, no se abandonó a idearios propios para realidades ajenas, para mundos extraños; jamás se maridó con utopías que obedecen a otros contextos, el maestro Umaña Luna fue así el más latinoamericano de los latinoamericanos, el más colombiano de los colombianos, se reconoció como sujeto de un mundo polarizado, y luchó siempre, desde estas periferias, por la dignidad de los seres humanos y de los pueblos.

El maestro Umaña Luna es el titular de los Derechos Humanos en Colombia. El maestro Umaña Luna ha trascendido como sujeto de facto y de intelecto. No fue el académico que encuentra soluciones idealistas en el marco de formulas que jamás han contemplado la realidad del mundo; él vivió el mundo para poder hacer ejercicio intelectual, contempló la problemática de una Colombia que se desangra desde épocas inmemoriales, rastreó la génesis de la violencia en nuestro país; fue así el Científico puro, el que conecta teorías con realidades, hechos con apotegmas.

Más de treinta libros dan testimonio de esa consagración. Más de mil conferencias hablan de ellos. Millones de colombianos así lo reconocemos. El maestro Umaña Luna es el primer científico de la nación.

El maestro Umaña Luna consagró su vida al ejercicio más puro y digno que la humanidad halla podido generar; desde al año de 1953 enlazó su destino con el mundo de la docencia; supo entonces la necesidad de dar al pueblo elementos necesarios para generar su propia conciencia; desde ahí no hubo día en que no supiera la responsabilidad que tenía como guía de los miles de jóvenes que abandonamos los surcos de nuestras parcelas con la intención de perfilar un mejor futuro para nosotros, para los nuestros..... Y el maestro Umaña Luna nos agregaba la responsabilidad de labrar, desde las aulas universitarias, un mejor futuro para todo el país, nos dice: la bondad de la mayoría de los colombianos, la estratégica ubicación del país entre los dos océanos, su riqueza natural, su empuje industrial, el duro trabajo de nuestros asalariados

(No; somos ajenos a las plañideras de oficio) Precisamente por estas positivas realidades resulta absurdo que, en el futuro inmediato, la violencia en sus variadas manifestaciones siga cortando las esperanzas de un mundo mejor; más justo, más rico y dueño de sí. Desde la Universidad se convirtió en el abanderado por una academia comprometida con la nación, de ahí la pertinencia en el empeño por fundar unas Facultades de Sociología y Trabajo Social, así como en el fortalecimiento de la facultad de Derecho y Ciencias Políticas.

El maestro Umaña Luna es el primer académico de la nación. Pero fue, sin duda alguna, la Universidad Nacional su escenario natural, aquí se sintió primero como un hijo, y luego como un padre. Aquí es nuestro compañero.

Aquí se forjó como nuestro camarada. La Universidad Nacional de Colombia es y será su casa. Reconoció en ella una síntesis de la Colombia real; aquí se deslumbró, y así me lo manifestó en muchas ocasiones, con las capacidades naturales de miles de jóvenes colombianos que hacen gala de verdadera sed de conocimiento y de sabiduría.

En la Universidad Nacional de Colombia se sintió, como en ningún otro lugar, uno más de entre tantos de los colombianos cargados de problemas, invadidos de dudas frente a futuros inciertos; en ella fue eterno estudiante consagrado al mundo del estudio; en ella fue el revolucionario que levantó su voz gruesa y su puño firme para reclamar por la mejor educación para el pueblo colombiano, fue el eterno abanderado para exigir permanentemente el reconocimiento de la función pública de la universidad.

Como estudiante, como profesor, como decano, como rector en la Libre, reconoció siempre la función social de la educación. Eduardo Umaña Luna es el Maestro de Maestros. Hoy, hoy no venimos a decirle adiós. No venimos a depositar una flor marchita sobre su cuerpo. No venimos a elevar plegarias a ninguna forma metafísica. No venimos a estrechar las manos de sus deudos.

Venimos a asegurarle al país, a esta nación que tanto amó, que el Maestro sigue vivo en sus ideas, sigue vivo en sus luchas, sigue vivo en sus libros, sigue vivo en los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia. Venimos a decirle a doña Chely, a sus hijos, a sus nietos y familiares, que su esposo y padre está presente en toda lucha reivindicatoria.

Venimos a confirmar el testimonio de una vida consagrada en la lucha por las igualdades sociales. Maestro Eduardo Umaña Luna, Usted que me permitió ser su amigo, Usted que me permitió ser su bastón en la alborada de su vida, Usted que me permitió ser su discípulo, permítame decir en nombre de los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia, y de todos los jóvenes revolucionarios del país: Eduardo Umaña Luna, presente, presente, presente.