En la etapa final de la guerra

Especialista internacional en temas de terrorismo e inteligencia analiza los antecedentes de  la ‘Operación Jaque’, que considera la más perfecta en la historia de América Latina. Si Gobierno y Fuerza Pública  siguen el camino actual, el fin de las Farc está asegurado.

La ‘Operación Jaque’ es probablemente la acción de rescate de rehenes más perfecta en la historia militar latinoamericana, si no en el mundo, desplazando a la operación de rescate de rehenes de la residencia del embajador de Japón en Lima, Perú, ‘Operación Chavín de Huántar’, hace ya 11 años. ‘Jaque’ desplaza a Chavín de Huántar principalmente porque no hubo muertos, ni heridos, ni tiros y no se tuvo que activar ninguno de los planes de contingencia.

La falta de tiros es un golpe sicológico a las Farc sin precedentes. La decisión de no bombardear a los 58 guerrilleros restantes fue un acierto operacional con implicaciones estratégicas porque si hubieran bombardeado el campamento después de haber sacado a los rehenes, las Farc se hubieran podido consolar diciendo que por lo menos habían combatido para evitar que los rescataran. Sin tiros, se demostró que el Ejército podía entrar al seno de las Farc como Pedro por su casa y llevarse su tesoro más precioso, ¡a plena vista de todos, sin que nadie se diera cuenta! Ésa es una clara indicación de la moribunda debilidad actual de los farianos. Ya no hay duda de que si las cosas siguen como van, Colombia está en la etapa final de su guerra contra las Farc.

Es posible que debido al actual descalabro ya haya varios muertos dentro de las Farc, pero no por sus enemigos sino por sus propias balas. La cantidad de acusados y asesinados por infiltración dentro de las Farc, producto de la paranoia causada por el rescate de los rehenes, en los próximos días y meses sobrepasará la cifra de asesinados por Javier Delgado, del Frente Ricardo Franco, el “monstruo de los Andes”, desde hace ya más de 20 años. Esto en vez de consolidar la seguridad interna de las Farc creará otras oportunidades para golpes de las Fuerzas Militares.

Por todo esto hay que felicitar al comandante del Ejército, Mario Montoya, al comandante de las Fuerzas Militares, Freddy Padilla, al Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos y al presidente Álvaro Uribe. Merecen todos los galardones y honras que se les puede rendir. Pero muy especialmente hay que rendirles honores a los miembros de la inteligencia del Ejército y a los comandos y pilotos que los acompañaron en la operación, y todas las demás unidades que quedaron invisibles apoyando en una forma u otra. Sin ellos el triunfo hubiera sido imposible.

¿Por qué ahora?

Cuando yo empecé a trabajar de fondo el tema de Colombia, hace como diez años, las capacidades desplegadas en la actual operación en su mayoría ya existían. Entonces surge la pregunta: ¿por qué no se pudo hacer una operación de esta índole antes? La simple razón es que, aunque las capacidades existían, las condiciones no estaban dadas para poder ejecutar tal operación. Hoy las condiciones sí existen. Esto quiere decir que el triunfo del 2 de julio es la acumulación de una serie de fases preparatorias que hicieron posible el rescate de los 15 rehenes. Vale la pena repasar un poco.

Sir Robert Thompson dijo que para triunfar en la contrainsurgencia hay que: 1. Adoptar la estrategia correcta. 2. Poner en lugar las estructuras ideales.  3. Tomar ventaja de las oportunidades que se presentan. Usando las palabras de Thompson se puede dividir la historia de los últimos 10 años del conflicto colombiano.

De 1998 a 2002 fue el período de buscar la estrategia correcta.  Bajo el liderazgo de los generales Fernando Tapias y Jorge Mora se reconoció la naturaleza real del enemigo y se buscó frenar su plan.  Aunque el enfoque del gobierno de Pastrana fue quizás erróneo, era tal vez necesario porque cumplió dos propósitos fundamentales: primero, expuso ante el público colombiano que las Farc eran un enemigo implacable que no tenía ninguna intención real de negociar, sino la de la rendición del Gobierno. Eso permitió la movilización del pueblo colombiano en apoyo a la estrategia de Seguridad Democrática. Y segundo, saco a Colombia del aislamiento internacional por problemas de derechos humanos y narco corrupción. 

Los elementos de la correcta estrategia militar, incluyendo el comienzo de la transformación de las instituciones armadas, ya estaban en camino antes de la elección del presidente Uribe.  Uribe jugó el papel fundamental de fusionar la política con el esfuerzo militar al entender que la contrainsurgencia es una estrategia fundamentalmente política con un elemento armado, importante, pero todavía subordinado al elemento político. Movilizó al Gobierno entero y, junto con ello, a una mayoría de la población.  Eso ha sido la clave del éxito de su gestion.

Una vez fue adoptada la Estrategia de Seguridad Democrática, bajo el liderazgo de los generales Jorge Mora, Carlos Ospina, Martín Orlando Carreño y Reynaldo Castellanos, se implementaron las estructuras correctas entre 2002 y 2006. Volvieron a ocupar todos los municipios y pueblos abandonados por el Estado con policías, carabineros, soldados regulares y soldados campesinos.  Áreas críticas fueron ocupadas por batallones de alta montaña.  Se multiplicó la cantidad de brigadas móviles. Además, el Presidente creó el Centro de Coordinación de Acción Integral para participar en la recuperación no militar de las áreas aseguradas por las Fuerzas Militares. 

Las Fuerzas Militares completaron su transformación, adquirieron equipo moderno y empezaron las ofensivas estratégicas, neutralizando los frentes alrededor de Bogotá y luego desarticulando y desgastando en forma prolongada el área base de las Farc en el Caquetá, con la ‘Operación JM’. Pero, además, a través del Plan Patriota se avanzó simultáneamente en contra de todos los frentes farianos en todo el país. Esa constante y prolongada presión resultó en la desarticulación y desorganización del grupo armado.

En 2006 se entregó al liderazgo actual una situación en la que han podido tomar ventaja de las oportunidades. Otros generales y líderes políticos de pronto hubieran sido tímidos y cautelosos, pero hay que reconocer que el liderazgo actual ha actuado con audacia, tomando altos riesgos, pero con buena planificación sobre bases sólidas, nunca olvidándose de mantener el esfuerzo base, con abundante apoyo logístico, técnico y, lo más importante, político.  Esto ha resultado en una serie de victorias de alto rendimiento político, cada uno más importante que el anterior.

Las Farc están tambaleando.  No hay que dejarlos aterrizar, ni descansar mandándoles el mensaje claro de que si no se desmovilizan, serán exterminados. En cualquier momento se puede acabar la guerra. Mientras más esperan, peor serán las condiciones y los términos de paz. Si el Gobierno y las Fuerzas Armadas siguen el camino actual, el fin de las Farc está asegurado. 

*Por razones de seguridad, el autor exige que se utilice este seudónimo. Es especialista internacional en temas de terrorismo e inteligencia.

 

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