McCain pasa por Cartagena

EL CANDIDATO POR EL PARTIDO REPUblicano a las elecciones presidenciales
en Estados Unidos, John McCain, se encuentra de visita en Cartagena y
su presencia allí ha servido para estimular el debate en Colombia sobre
el presente y futuro de nuestras relaciones con la potencia del norte.

Varias preguntas flotan en el aire: ¿Cuál es y cuál debería ser la naturaleza de nuestra relación con el candidato republicano? ¿Qué efectos puede traer para las futuras relaciones entre Colombia y Estados Unidos una cercanía con él? ¿Qué posibles escenarios nos esperan después de las elecciones en noviembre?

El análisis hay que empezarlo dejando en claro que el acuerdo bipartidista que alguna vez sirvió de cimiento a la formulación de la política estadounidense hacia Colombia, se ha desvanecido. Y se ha desvanecido, entre otras cosas, porque tampoco es que exista consenso entre republicanos y demócratas sobre muchos de los pilares fundamentales de la política exterior estadounidense. Así, de la misma forma en que Vietnam polarizó a la sociedad y a la clase política estadounidenses en los años sesenta y setenta, la invasión a Irak desbarató el consenso que en materia internacional se había construido desde ese entonces.

No hay acuerdo, por ejemplo, sobre los resultados de la cruzada antiterrorista que la administración Bush concibió y puso en marcha. Los demócratas critican la ausencia de una aproximación más multilateral y menos solitaria; el uso y abuso de una estrategia militar que ha ignorado abiertamente el contenido del Derecho Internacional Humanitario; y más importante aún, el partido actualmente en la oposición ha cuestionado duramente la falta de resultados contundentes. La guerra no se ganó, le significó costos humanos y materiales a EE.UU. de una proporción que ni el más acérrimo pesimista hubiese pronosticado, y ahora lo que queda es buscar una salida medianamente decorosa.

La apuesta colombiana después de los ataques del 11 de septiembre fue la de convertir el conflicto colombiano en un frente adicional de esta polémica guerra antiterrorista. Con sus defectos y virtudes, ésta fue una movida audaz del Gobierno colombiano que terminó por alienar al Partido Demócrata y a su bancada en el Congreso.

La visita de McCain puede ser leída como una manifestación adicional de esta misma apuesta y puede alejar aún más a los demócratas. Para la continuista campaña republicana, Colombia es definitivamente un caso en el que el ‘éxito’ de la guerra antiterrorista es mucho más claro que en Irak. En parte, gracias a los recursos y a la inteligencia estadounidenses, el Gobierno colombiano hoy puede afirmar que ha debilitado militarmente a la guerrilla. Ésta es una historia que McCain quiere que su electorado escuche. Pero el panorama puede cambiar si Barak Obama llega a la Casa Blanca. Y hasta ahora, el Gobierno colombiano no pareciera tener Plan B para enfrentar efectivamente dicha posibilidad. Al contrario, insiste en jugarle a una sola alternativa.

Claramente la agenda del presidente Uribe en materia de seguridad y de libre comercio es mucho más parecida a la de McCain que a la de Barak Obama, quien en varias oportunidades ha cuestionado al Gobierno colombiano por no otorgarle garantías al ejercicio del sindicalismo y por la forma en que condujo el proceso con los paramilitares. Así que la tesis de que Estados Unidos desde su posición hegemónica tendrá la misma política exterior sin importar quién gane las elecciones es simplista y desconoce los detalles y las complejidades del proceso político en ese país. Tanto más cuando la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Colombia se volvió importante tema de debate en la contienda electoral.

El reto está en formular una estrategia diplomática hacia nuestro vecino del norte que nazca de un conocimiento profundo de dicho proceso y de un análisis riguroso tanto de las tendencias históricas, como de las actuales diferencias entre los candidatos presidenciales. Es además clave usar la creatividad, el pragmatismo y el pluralismo —en lugar del dogmatismo y el sectarismo— como principios inspiradores y, desde ya, diversificar tanto los contactos como el lenguaje.

Nadie, por supuesto, puede soslayar la importancia de que un candidato a la Presidencia de los Estados Unidos haya escogido a Colombia en su periplo de esta semana, así su interés sea meramente electoral en busca del voto latino. Sin embargo, el encanto local con su presencia no debe permitirse ir más allá de la diplomacia.

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