Una oportunidad para la paz

El rescate de los ‘canjeables’ puso a las Farc ante el desafío  de  insistir en la guerra o negociar.

El regreso a casa de 15 de los ‘canjeables’ que permanecían en poder de las Farc es un acontecimiento que -además de  llenar de regocijo al país-  constituye la consolidación de una nueva etapa del conflicto armado colombiano.  No se trata ya de la guerrilla a la ofensiva que andaba tomándose pueblos y secuestrando militares y policías por decenas. Tampoco parece ser el de unas Fuerzas Militares que de vez en cuando se apuntan pequeños logros en su lucha contra ese grupo armado ilegal.

La operación para el rescate de Íngrid Betancourt, los tres cooperantes de Estados Unidos y once de los militares y policías colombianos, algunos de ellos secuestrados hace 10 años,  demuestra el alto grado de infiltración de las fuerzas de seguridad del Estado en las Farc.  Mucho va de un bombardeo en el Vichada para dar muerte a un jefe guerrillero a un planificado operativo de liberación en el que se les quita a las Farc parte de su “botín de guerra” sin disparar y, peor aún,  sin que se den cuenta.   

Pero  tras euforia colectiva por los rescates también es posible dibujar algunos de los escenarios hacia los que puede moverse el conflicto,  deseables más algunos que los otros.

Por el lado del gobierno todo indica que la idea es continuar con las misiones de rescate de los secuestrados, aunque sin hacerlo “a sangre y fuego” como señalaban algunas actitudes y acciones del Ejecutivo a comienzos de la administración Uribe Vélez. Aunque el objetivo es el mismo, bastante distancia hay también entre el desafiante lenguaje presidencial  de hace dos o tres años y el tono mesurado con el que Uribe llama ahora a los guerrilleros a desmovilizarse, delatar a sus jefes y liberar secuestrados.

La guerrilla también tiene ante sí dos caminos principales: puede insistir en la guerra o moverse hacia una salida política para el conflicto.  Dados los fuertes golpes sufridos en el campo de batalla durante el último, no parece que tengan muchas posibilidades si se inclinan por la  primera vía.  Contra la segunda, en cambio, está el antecedente de que ven en Uribe a su enemigo acérrimo con el cual juran y perjuran que no negociarán.

Mientras las Farc se debaten en ese, su más grande dilema político, pueden en cambio intentar acciones armadas para contradecir a quienes creen que se aproxima su derrota militar.  El gobierno sabe que su poder desestabilizador está diezmado, pero es consciente de que no puede bajar la guardia.

Por eso los analistas de una y otra vertiente invitan a tomar los acontecimientos de las últimas horas con prudencia.  El objetivo, en últimas es la liberación de todos los secuestrados, y aún faltan casi 30 de los que las Farc pretenden cambiar por guerrilleros presos, así como 2.500 colombianos plagiados por razones extorsivas, según cifras de País Libre.

Con una guerrilla que a la fuerza o por simple relevo generacional tiene ahora entre sus máximos jefes a personas formadas en la academia, lo que muchos esperan es que por fin los escenarios de paz puedan abrirse camino  en el país.  Ese sería el escenario más favorable, en últimas, para el país.

Del lado del gobierno, demostraría que la presión militar constante era clave para quitarle a la contraparte la  prepotencia con que la guerrilla se ha comportado cuando el Estado le tiende la mano.  al mismo tiempo dejaría claro que aquello del corazón blando era más que una estrategia publicitaria para ganar votos en época electoral.

Del de la guerrilla, la negociación sería la oportunidad perfecta para reivindicar consignas sociales por una vía no solo más legítima sino eficaz que la de la violencia. Ambos ganarían tanto como los 30 secuestrados ‘canjeables’ que siguen viendo cómo se les escapan sus vidas en la manigua, como los guerrilleros rasos que están cansados de la guerra y como los millones colombianos que claman a gritos la paz.

Un día de felicidad

Doña Yulanda Pulecio y su hija Íngrid Betancourt, vivieron  el día  más  feliz  de sus vidas  desde el 23 de febrero de 2002 cuando la entonces candidata presidencial fue secuestrada por las Farc.

El comandante del Ejército, general Mario Montoya, compartió con ellas la eterna alegría del retorno a la libertad. La ex aspirante a la Primera Magistratura,  recibió un sentido mensaje del presidente de Francia Nicolás Sarkozy, quien celebró que ella y 14 secuestrados más hubieran sido rescatadas en un operativo militar. Horas después estuvo en la Casa de Nariño acompañando al presidente Álvaro Uribe en su saludo a los militares que ejecutaron el exitoso operativo de rescate, y a los 14 militares, policías  que también retornaron a sus casas.

últimas noticias

El día en que las Farc llegaron al Congreso