Samuel Moreno, un año después

UN AÑO DESPUÉS DE POSESIONARse como alcalde de Bogotá, y tras haber sido elegido con una cifra histórica y cercana al millón de votos, ya es hora de que Samuel Moreno Rojas se imponga sobre las duras críticas que los medios de comunicación, los sectores de la oposición y buena parte de ciudadanos están haciendo a su gestión administrativa.

Después de haber iniciado su periodo con una aceptación ciudadana del 61 por ciento, según medición efectuada por la firma Invamer Gallup, los índices de favorabilidad del alcalde disminuyeron en junio a 49 y en octubre a 31, cifra nunca antes vista en Bogotá desde 1999. Es cierto que un papel importante en esta corriente de opinión pública ha sido asumido por sus opositores políticos, pero preocupa que haga carrera la idea de que el alcalde está ausente en importantes escenarios de la ciudad o que su programa de gobierno siga siendo un enigma.

 “A mí las encuestas no me trasnochan y yo no gobierno para las encuestas”, se le escuchó decir al alcalde, en entrevista con la revista Semana. Es más, también argumentó que “La agenda de los medios es una y la agenda de la ciudad es otra”. Sin embargo y más allá de la implícita referencia a una supuesta frivolidad en los temas escogidos por el periodismo para examinar la dinámica de la ciudad, es importante que el alcalde entienda que si bien puede existir una excesiva politización, la sociedad es la principal auditora de las actividades de sus gobernantes.

El primer año de gobierno de Samuel Moreno deja importantes logros. Se aprobó un plan de gobierno en el que, pese a algunas ambigüedades, la ruta trazada es clara y el énfasis social adecuado y coherente con lo que se esperaba del Polo Democrático. En educación y salud hay resultados positivos. Los índices de seguridad, contra lo que se piensa, mejoraron con respecto al año anterior. La tasa de homicidios, por ejemplo, 18 por cada 100.000, es menor que la de Cali, Barranquilla y Medellín.

Sin embargo, un aspecto clave como la movilidad, constituye sin duda el lunar con el que se cerró el año. Tras la dimisión del secretario de movilidad,  Luis Bernardo Villegas, habrá de esperar a ver los resultados del nuevo Secretario y si el anunciado –y varias veces pospuesto- sistema integrado de transporte, por fín entra en funcionamiento.  En cuanto al prometido Metro, los primeros estudios técnicos no se conocerán antes del mes de marzo.

El primer año de gobierno no es fácil para ningún alcalde. Pero el siguiente no puede mantenerse en la misma tónica. El tiempo de espera comienza a agotarse. Si se tiene en cuenta que 2009 será un año  enteramente político y que obras como las de la tercera fase de Transmilenio, la intervención de la troncal de la calle 26, la terminación de la Avenida Ciudad de Cali y la ampliación de la Autopista Norte agudizarán aún más la movilidad en la ciudad, el alcalde tiene que dar por descontado que la presión mediática y la oposición no cesarán si su liderazgo no se impone.

Los resultados existen, y el propio alcalde sostiene que es el mandatario en Bogotá “que más cosas ha hecho en el primer año”. Pero es el momento de visibilizar esos logros. El aparente cortocircuito en las comunicaciones entre el Palacio de Liévano y la opinión pública debe cesar. Si el porcentaje de personas que creen que las cosas van de mal en peor pasó de 38 a 46 por ciento, es preciso una actitud más enérgica del alcalde a la hora de tomar decisiones y fijar el rumbo de la ciudad. El año de gracia terminó, pronto la realidad dejará de estar supeditada a la percepción ciudadana.

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Editorial

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