Un feligréscuesta abajo

Cuesta abajo en su rodada, cantaba Gardel: “Ahora, triste en la pendiente, solitario y ya vencido, yo me quiero confesar…”, pero esta año no podrá ser.

No podré confesar mis pecados ni pagar mis culpas. Tendré como cristiano que resignarme a incumplir mi pacto con Dios por haberse cerrado el camino al santuario de Monserrate. Ya desde el 13 de febrero, cuando El Espectador informó anticipadamente que el camino peatonal de Monserrate se cerraría, yo quise poner el grito en el cielo.

Hoy, a pocos días de la Semana Mayor se escuchan voces que proponen trasladar al “Señor caído” a la Catedral primada y dejarnos así, a miles de feligreses como yo, con nuestras promesas por cumplir, a mitad de camino. Yo prometí subir dos veces el mismo día para pagarle al señor una ayudita que me dio después del descalabro de la Pirámide (no la de Mockus). Y es real que me ha ayudado, pero no tanto cómo para tener los $14.000 para cada ida y vuelta. Eso es lo que cuesta el teleférico y/o el funicular.

Aunque pensándolo bien sería una buena experiencia, pues nunca he montando en esos “carros chocones aéreos”. La cuestión es que yo quiero hacer mi propio viacrucis, como tantos veces lo he hecho. No me parece respetuoso con el “Señor caído” subir y bajar en esos trenes confortables. Para pagar promesas hay que sudar en serio. Ojalá eso lo supieran los políticos.  Tendré que ver el toro desde la barda y no cogerlo por los cachos. Dejar que el diablo me cargue a cuestas por faltarle a Dios. Me quedará ese consuelo tibio de Gardel y cantaré: “Ahora, cuesta abajo en mi rodada/ las ilusiones pasadas/ ya no las puedo arrancar/ Sueño con el pasado que añoro/ el tiempo viejo que lloro/ y que nunca volverá...”.

Salvo que ya no podré rodar desde Monserrate. A lo mejor, en esta Semana Santa, como tampoco habrá festival de teatro, aprovecho para tomarme una “licencia” pagana e irme a adorar ídolos temporales en Melgar o Girardot. Salud.

* Colaboración del lector

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