Nuevas formas de la fe

LA SEMANA DE PASCUA ES EL TIEMpo ideal para reflexionar sobre las formas que va asumiendo la religiosidad en nuestro país y en el mundo.

Hace poco se publicó en Estados Unidos la Encuesta Anual de Identificación Religiosa y en ella hay algunos datos interesantes que, por ser ese país el que casi siempre marca las tendencias del mundo occidental, sin duda nos conciernen también a nosotros.

Quizás el dato más llamativo de la encuesta sea el siguiente: en los últimos veinte años el número de estadounidenses que se clasifican a sí mismos como cristianos (de cualquier denominación) ha disminuido en 10 puntos porcentuales, del 86 al 76%. Mucha gente, incluso si se considera religiosa de algún modo, o con alguna creencia espiritual ultraterrena, ya no se define como perteneciente a ninguna iglesia en particular, sino simplemente como creyente sin filiación específica. Este tipo de “creyentes libres y sin iglesia” son ya cerca del 16% de la población estadounidense, mucho más numerosos que los judíos, que son el 1,2%, o que los musulmanes, que son apenas el 0,6% de los angloamericanos.

Otro dato interesante es que las personas que se consideran ateas o agnósticas han pasado, desde 1990 hasta este año, de un millón de individuos a 3,6 millones. Esto quiere decir que los no creyentes se han multiplicado casi por cuatro en las últimas dos décadas, aunque su peso porcentual sigue siendo bastante bajo, apenas del 1,2% (un porcentaje comparable al número de judíos norteamericanos).

Si bien las tendencias marcan, entonces, un paso lento pero constante hacia una sociedad más secularizada, caracterizada por formas de religiosidad más privadas que públicas, no se puede negar que Estados Unidos, como Colombia, son todavía sociedades claramente marcadas por la creencia religiosa y en particular por el cristianismo. Aunque los datos de nuestro país no son tan confiables, parece seguro que más del 80% de la población se sigue identificando con la religión católica y que las denominaciones de mayor crecimiento son las iglesias cristianas evangélicas o protestantes.

También aquí, sin embargo, sobre todo en los segmentos más educados de la población, el crecimiento de los creyentes que no siguen a ninguna iglesia, y el de los agnósticos y ateos, tienen la misma tendencia epocal de las regiones más desarrolladas del mundo. Esto puede llevarnos a formas de integrismo religioso —si algunas franjas de creyentes se alarman y se sienten amenazados—, pero también es posible que desemboque en maneras de vivir de un modo más libre y tolerante con todas las formas de creencia religiosa o no religiosa.

El valor que se debe preservar, de acuerdo con nuestra Constitución, es el de la libertad: libertad para creer y practicar cualquier religión, y libertad para declararse no creyente. Mantener separadas las órbitas del gobierno y de la religión ha sido una de las mayores conquistas de la cultura occidental, y aquí, después de épocas en que vivimos situaciones parecidas a las guerras de religión (la famosa Violencia de mediados del siglo XX fue en parte esto), estamos ahora en una situación en la que las ideas de libertad y tolerancia se han afianzado como formas culturales de convivencia. Es importante no retroceder en este aspecto y antes bien consolidar una cultura de libertad de cultos.

La religión, y todas las formas de creencias espirituales, son aspectos de la vida fundamentales para muchas personas. Vivir, en el transcurso cotidiano de la vida privada, de acuerdo con la doctrina de cualquier iglesia, siempre y cuando esta vivencia no intente trasladarse a la vida política o a la legislación, es un derecho inalienable de todos los ciudadanos. Lo importante es mantener separadas la esfera de la creencia de la esfera de la legislación; no confundir pecados con delitos, ni tratar de imponer por la fuerza (de la violencia, de las leyes o de la prohibición) ninguna creencia específica.

Para la semana de Pascua es importante que hagamos estas reflexiones que nos pueden conducir a tener una sociedad, al mismo tiempo, viva en todas sus formas de manifestación cultural (y la religiosidad es una de ellas), pero tolerante y libre en este delicado aspecto de la marcha armoniosa de una nación.

Temas relacionados

 

últimas noticias

Otra reforma fallida

Incinerar la paz

Belisario Betancur y la paz a pesar de todo