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Resisten los awás

EL 9 DE FEBRERO PASADO, VOCEROS de Unidad Indígena del Pueblo Awá (Unipa), que agrupa 24 resguardos, denunciaron el asesinato de un grupo de indígenas del resguardo Tortugaña-Telembí, en Barbacoas, Nariño.

Esa misma semana se pronunciaron los ministros de Defensa y del Interior. Mientras Juan Manuel Santos afirmó que la masacre hacía parte del plan ‘Renacer’ de las Farc —con el fin de ‘ablandar’ a la población para que exija negociaciones de paz—, Valencia Cossio anunció la conformación de una comisión “para analizar a fondo la situación de esta etnia”, a la vez que insistió en que la Fuerza Pública hiciera presencia en el resguardo.

El tiempo pasó y nada se supo de los desaparecidos. Las autoridades no tenían claridad sobre el número de víctimas, ni información que permitiera dar con el paradero de los cuerpos. Visiblemente decepcionados, el 23 de febrero los indígenas comunicaron la decisión de emprender una marcha para recuperar los cuerpos masacrados por la Farc.

La marcha de los awás se denomina Minga Humanitaria. Para ellos es cosa de humanidad esencial unirse para enterrar debidamente a sus compañeros. Por eso se realizó, en un desafío abierto a ese grupo y también pese a los requerimientos del Gobierno para que se abstuvieran de ir en busca de los cuerpos. Para los indígenas, el peligro que representa el minado de los campos y caminos o una eventual agresión, es menor que la amenaza espiritual de fallar al deber frente a sus muertos. Y es mucho menor que la necesidad de actuar en ejercicio de la autonomía que la Constitución colombiana les reconoció y de la necesidad de poner una vez más en marcha la resistencia civil.

Fieles a sus advertencias, el 23 de marzo más de 400 indígenas emprendieron el primer recorrido en busca de sus familiares. Desde el corregimiento El Diviso salieron de diferentes regiones del país para trasladarse hacia la vereda Buenavista, en Barbacoas. En su inusual recorrido, los que no cayeron enfermos enfrentaron problemas para preparar los alimentos que llevaban, pues temían que el calor de las fogatas activase las minas sembradas.

La Minga Humanitaria encontró los cadáveres de ocho miembros de esa comunidad. Según los indígenas, de los ocho cuerpos hallados, cinco corresponden a la masacre perpetrada el pasado 4 de febrero y tres fueron asesinados por las Farc en 2008. La ONIC aclaró que dos de las mujeres awás asesinadas, menores de 25 años, estaban embarazadas. Aunque el grupo regresó ileso, días después tres indígenas awás —un padre y sus dos hijos— cayeron en un campo minado en la misma zona donde se realizó la Minga. La Unidad Indígena del Pueblo Awá condenó el hecho y afirmó que el pueblo seguirá con sus movilizaciones.

Muchos desconfían de la resistencia civil y la ven, escépticos unos, maliciosos los otros. Olvidan las varias marchas indígenas contra el secuestro y el asesinato de sus miembros por las Farc y los paramilitares realizadas entre 1999 y 2005. Éstas precedieron con su ejemplo de organización y dieron ánimo para las enormes movilizaciones civiles contra el secuestro en el año 2007. Esta forma de acción social indígena, ejemplo de valor y dignidad para la sociedad, se sustenta en la neutralidad de los civiles frente a los armados. Y en la idea de que el miedo que produce la violencia no debe inmovilizar a los ciudadanos, pues los ciudadanos aterrados alimentan la vía de las armas con su pasividad.

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