Obama mantiene la esperanza

ESTE 4 DE JULIO LOS ESTADOS Unidos conmemoran su Declaración de Independencia. Y lo hace en circunstancias especiales. El presidente Obama enfrenta la mayor crisis interna en mucho tiempo, pero al mismo tiempo ha recuperado el liderazgo internacional de su país.

En política internacional, Obama sepultó la tesis del choque de civilizaciones y abrió los ojos del mundo a la posibilidad de una nueva era de tolerancia y respeto entre religiones y culturas. Recientemente el Presidente estadounidense hizo un elocuente llamado para que se reconozca el Estado Palestino y criticó con vehemencia la continuidad de los asentamientos de Israel en Cisjordania. Obama representa una esperanza de paz en el Oriente Medio.

También parece dispuesto a superar algunos de los conflictos que heredó de sus antecesores. Pronto llevará a cabo una reunión con el presidente de Rusia, Dmitri Mdvedev, en la que se firmará un acuerdo sobre desarme nuclear. Venezuela estrena nuevo embajador estadounidense. Siria probablemente también tendrá un nuevo embajador tras cuatro años de hostilidades. Y los cubano-americanos pueden ahora viajar a la isla y permanecer el tiempo que deseen.

Pero no todos los conflictos de los Estados Unidos han terminado. Obama ha mantenido una posición ambigua, de respeto a la autonomía de los países, pero de no renuncia a la necesidad de proveer seguridad en un mundo lleno de amenazas. Tras seis años de enfrentamientos, el repliegue de las tropas estadounidenses de Irak ocurre en medio de atentados. El más reciente, ocurrido en la ciudad de Kirkuk, causó la muerte de más de 30 personas. Afganistán, tras casi ocho años de intervención militar, recibe el apoyo bélico de 4.000 marines destinados a una “gran ofensiva” que pretende arrebatarles a los talibanes sus bastiones de opio.

El avance de Obama en el frente externo, donde muchas veces basta con la voluntad política, contrasta con su falta de progreso en el frente interno. La economía se ha recuperado levemente, pero las cifras de empleo sugieren que la recuperación es incipiente y socialmente dudosa. Datos oficiales recién divulgados indican que en junio la economía de los Estados Unidos perdió 467.000 empleos. El índice de desempleo, el mayor en 25 años, ascendió a 9,5%.  El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gribbs, ha dicho que un índice de desempleo de dos dígitos en los próximos meses es casi un hecho cierto.

En el mismo frente interno, la posibilidad de una reforma migratoria significativa parece desvanecerse. Varios grupos de derechos civiles, demócratas liberales y funcionarios latinos elegidos por vía popular exigen que se avance en una reforma. Una mayor seguridad en la frontera con México, el acceso continuo a mano de obra para algunas actividades económicas y la legalización de millones de indocumentados son algunas de los deseos de quienes, en su momento, apoyaron al Presidente en campaña. Pero, en momentos de dificultades económicas (y pérdida de empleo), estas iniciativas son poco viables.

Con todo, algunas de las promesas hechas en campaña se sostienen. De “imperativo económico y moral” calificó Obama la reforma al sector salud que busca abaratar los costos médicos y extender la cobertura a todos los ciudadanos. A pesar de la crisis económica, el presidente Obama ha insistido en la viabilidad de la reforma. Y ha hecho explícita su intención de acabar con la discriminación a los homosexuales en las Fuerzas Armadas.

Doscientos treinta y tres años después de su independencia, los Estados Unidos enfrentan graves problemas. Pero cuentan con un Presidente excepcional, empeñado no sólo en devolverle a su país el poderío económico, sino también el liderazgo internacional. La crisis no está para grandes celebraciones. Pero Obama le ha devuelto la esperanza a su país. Y al mundo.

 

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