Los medios y la ‘Operación Jaque’

LOABLE QUE LA ‘OPERACIÓN JAQUE’ se recuerde siempre y que constituya un símbolo de la capacidad de las Fuerzas Militares frente al crimen organizado, pero no suena convincente, así sea por la vía de la cordialidad o invocando responsabilidad social, tratar de unificar la presentación de los medios frente al hecho en señal de adhesión a la efemérides.

Lo primero es un deber del Estado para honrar a unos héroes liberadores y liberados. Lo segundo deja la impresión de sutil imposición de los medios a la celebración oficial, en una postura de uniformidad que no conviene.

La seguridad nacional es una tarea prioritaria y de realización colectiva, pero resulta excesivo que se convierta en una misión de culto. Se trata de una responsabilidad del Estado y sus Fuerzas Armadas a la que la sociedad contribuye solidariamente. Ese es el mandato vigente en la Constitución y todos los ciudadanos forman parte de este objetivo común. Pero en medio del respeto y respaldo histórico que la sociedad ha otorgado a sus oficiales, ellos mismos son conscientes de que el poder civil es la base de la democracia y también el soporte donde radican sus victorias.

Por eso sus grandes logros en defensa de la sociedad deben ser exaltados, eso sí con la opción de permitir que cada medio de comunicación haga uso de la independencia que debe tener en una democracia y que le concede la ley para presentar sus propios análisis y contenidos. Un asunto es que alguno de los órganos del Estado quiera comunicar a los ciudadanos un mensaje urgente o necesario y que los canales de televisión se unan para lograr un mayor alcance. Pero otro tema es que la Comisión Nacional de Televisión quiera enaltecer a la Fuerza Pública y a través de la amable sugerencia promueva entre sus vigilados que todos los medios cedan su señal para hacerlo.

Nadie en Colombia puede hoy desconocer las bondades y aciertos de la política de seguridad democrática, sello que distingue a la acción del Estado desplegada durante los siete años de gobierno de Álvaro Uribe Vélez para enfrentar a los violentos. De hecho, como ha quedado en evidencia, más allá del debate electoral, incluida la opción de la reelección, la seguridad democrática representa una política de Estado irrenunciable. Pero convertir sus éxitos en ocasión para unificar la señal de televisión en horario estelar para elogiarlos, plantea una apología oficial que suena impositiva.

No lo necesitan las Fuerzas Militares. El cuerpo de oficiales retirados, así como aquellos hombres y mujeres que hoy cumplen con buena parte del propósito de preservar la vida, honra y bienes de los ciudadanos, saben que hoy son el soporte en la recuperación de la seguridad. Si en algún momento de la historia reciente del país hubo insuficiente apoyo social a sus sacrificios y esfuerzos, hoy no cabe duda de que gozan del respaldo de las grandes mayorías de la Nación, que a su vez tienen claro que las guerras no las ganan los ejércitos sino los pueblos que los respaldan.

Sin embargo, en una democracia de consensos y disensos, los medios de comunicación deben ser libres, incluso para no aceptar cordialmente un requerimiento también amable, de ceder sus espacios para destacar una hazaña militar. Una cosa es sumarse entusiasta a la conmemoración de un audaz y valiente operativo que a buena hora devolvió a 15 colombianos a su libertad, cada medio dentro de sus criterios de sana crítica y elección de contenidos; y otra, ciertamente incómoda y distinta, que la voz sea una sola y los medios de comunicación asistan pasivos a la versión oficial multiplicada.

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