Madres de desaparecidos cumplen una década de marchas silenciosas

Emulan a las Madres de Mayo en Argentina que aún buscan a sus familiares secuestrados.

Las Madres de La Candelaria marcharon como cada miércoles desde hace una década por las calles de Medellín, emulando en silencio a las argentinas Madres de la Plaza de Mayo para que sus desaparecidos tampoco caigan en el olvido.

Este movimiento, que aglutina a 1.775 familias, surgió a finales de 1998 para protestar contra el secuestro de policías y militares en el departamento de Antioquia, pero un año después se unieron las madres y otros familiares de civiles desaparecidos.

Así, desde el 17 de marzo de 1999, las madres y todos los que quieren acompañarlas se concentran cada miércoles en el atrio de la iglesia de La Candelaria de Medellín.

La representante legal de Las Madres de la Candelaria, Amparo Mejía, explicó que el grupo está integrado en su mayoría por familiares de desaparecidos a manos de la ya disuelta organización paramilitar AUC , que tras un acuerdo de paz con el Gobierno desmovilizó entre 2003 y 2006 a más de 31.000 combatientes.

Pero también hay familias a cuyos seres queridos se los llevó la guerrilla y otras cuyos hijos o hermanos fueron víctimas del terrorismo de Estado, de los denominados "falsos positivos".

A Mejía, el grupo subversivo de las Farc le arrebataron en 1997 a su "hermano de crianza" durante un secuestro masivo de militares y policías en Antioquia.

Ese "hermano" quedó libre en 2000 gracias al acuerdo humanitario negociado entre las Farc y el entonces presidente Andrés Pastrana, pero otros tres familiares de Mejía siguen desaparecidos y a su padre "lo mataron los paramilitares".

Igual de desgarradora es la historia de Amparo Cano, otra de las Madres de La Candelaria, cuyo esposo desapareció el 26 de octubre de 2002 en un paraje conocido como San Agustín, al que había ido a buscar madera.

Cano está segura de que se lo llevaron los paramilitares, al igual que a su hijastro, desaparecido tiempo después, según relató. Desde entonces sobrevive "en la completa oscuridad" , porque no ha tenido noticia de ellos, y, además, debió desplazarse con su familia a Medellín tras recibir amenazas.

El hijo de Marta García se esfumó en 2004 y tres días después de su desaparición una vecina recibió una llamada anónima de una mujer, quien aseguró que se lo habían llevado los paramilitares.

Por su lado, Doralina Carvajal tardó en denunciar la desaparición de su madre y un hermano, ocurrida en la localidad de Bello el 18 de agosto de 2000, porque temía ser víctima de represalias, pero ahora cuenta que ya no tiene miedo.

Su madre fue sacada literalmente de su casa por un grupo armado del bloque "Metro" de las AUC y a su hermano lo raptaron en la calle, recuerda Carvajal.

La experiencia de Alejandra Balvín, hija de Amparo Cano, no es menos trágica. "Mi papá desapareció cuando tenía 13 años. Fue muy duro, me volví rebelde" , confesó.

Alejandra tiene ahora 20 años y coordina el movimiento de Hijos e Hijas de las Madres de La Candelaria, del que forman parte casi 800 niños y adolescentes que han perdido a uno de sus progenitores.

Según Balvín, a raíz de una desaparición los niños "quedan mal afectivamente" , como le ocurrió a ella, e incluso algunos se ven obligados a trabajar para sostener económicamente a sus familias.

Esta joven expuso el caso de un niño que le dijo que quería "ser guerrillero para matar" a los que se llevaron a su padre. Para intentar corregir este tipo de conductas, el movimiento de Hijos e Hijas de La Candelaria realiza talleres de ayuda a las víctimas con el apoyo de la alcaldía de Medellín.

También algunas Madres de La Candelaria han tomado cursos de capacitación con el fin de afrontar el momento en que reciben los restos de sus seres queridos tras una exhumación de fosas autorizada por la Fiscalía, tareas que, según Amparo Mejía, se han paralizado por falta de recursos.

Desde que las Madres comenzaron a luchar por los suyos se han recuperado los restos de 25 de sus desaparecidos. Para hallar a los que faltan solo les queda confiar en que las decenas de ex paramilitares detenidos y encarcelados faciliten información.

El problema, como señala Mejía, es que algunos de esos ex paramilitares fueron extraditados a Estados Unidos por el Gobierno de Álvaro Uribe por delitos de narcotráfico, antes de que pudieran confesar dónde enterraron a las víctimas.

Temas relacionados

 

últimas noticias