Tiro al hipopótamo

ADUCIENDO RAZONES BASTANTE cuestionables, la principal autoridad ambiental del país dio la orden de disparar contra Pepe, un hipopótamo que escapó de la hacienda Nápoles junto a su pareja en 2006.

Un tiempo después de desplegado el operativo, llevado a feliz término con la ayuda de dos cazadores y aprobado igualmente por Corantioquia, que es la entidad “responsable de la gestión, protección y promoción de los recursos medioambientales del departamento”, nos percatamos del hecho a partir de una foto bastante peculiar en la que, sonrientes, un grupo de soldados posa alrededor del cuerpo inerte del animal. Ahora que la indignación es prácticamente unánime entre defensores de animales, conocedores del medio ambiente y ciudadanos del común, la hembra que aún no ha sido detectada y su cría aparentemente no serán sacrificadas de la misma forma, a la espera de una pronta solución.

En defensa de su postura la viceministra de Ambiente, Claudia Mora, sostuvo que “los hipopótamos son transmisores de enfermedades, no sabemos en qué condiciones se encuentran y su logística es muy costosa”. También afirmó que “No fue una decisión fácil, fue muy pensada y soportada técnica y científicamente”, y que desde 2007 se hizo todo lo posible por reubicarlos, sin éxito alguno. Se dijo que representan una amenaza para la comunidad, un verdadero riesgo para la población, y hay quienes han acudido, entre los alarmistas, a recordar que estos gigantescos animales son los que más causan problemas en África, de donde los trajo Pablo Escobar, según reza la leyenda, en un avión junto a parejas de avestruces, jirafas, búfalos, ciervos, tortugas, caimanes, tigres, dantas, cebras, elefantes y monos.

No les falta razón a quienes estiman que un animal como este, que se encuentra en un medio que no es el suyo y es potencialmente peligroso pese a que no corresponda al carnívoro que puede atacar asentamientos de humanos en busca de su supervivencia, representa un problema serio frente al que es imperativo tomar decisiones con prontitud. Pero de ahí a resolver la engorrosa situación a escondidas y con balas, como aquí se hizo, para después exhibir el trofeo de caza como si se tratara de cualquier deporte, hay una serie de justificados reclamos que con razón pueden hacerse.

Más allá de que este sea un animal declarado en vía de extinción, preocupa la lentitud y falta de resultados de la gestión ambiental encargada de postergar la caza del animal. El caso de Pepe, que esperamos no se repita con su pareja y su cría, o en los otros 22 hipopótamos que aun habitan la hacienda Nápoles, es sólo el reflejo de lo poco preparados que estamos para enfrentar algunas de las realidades que nos han sido impuestas por el narcotráfico. Y ello desde hace más veinte años.

Es un hecho que los narcotraficantes latinoamericanos tienen tendencia a adquirir fauna silvestre como leones y panteras, con los que ensanchan la lista de sus bienes suntuosos, y procuran crecer en poder y fuerza. En México, por ejemplo, se ha afirmado que “casi siempre”, cuando se catean los domicilios particulares de capos de la droga, es común encontrar zoológicos con especies exóticas. Debido al gran porcentaje de animales incautados, el gobierno mexicano ha tomado medidas para castigar la tenencia de los mismos, y ha asegurado también la supervivencia de las distintas especies, a través de la labor de entidades como la Procuraduría Federal del Medio Ambiente.

En Colombia, pese a que narcotraficantes y paramilitares reproducen el mismo fenómeno de contrabando y compra de animales exóticos y en vía de extinción, no se han tomado medidas estructurales al respecto y cada que se detectan tigres, leones y otras especies, se responde con disposiciones improvisadas. En nuestro país las excentricidades zoológicas de criminales tienen penas bastante laxas. En 2008, mientras se denunció el decomiso de 780 especies silvestres listas para ser negociadas en las calles de la ciudad de Cali, sólo cuatro personas fueron judicializadas. La mayoría de las veces los animales rescatados son recibidos por los zoológicos de las diferentes ciudades del país, pero la manutención y cuidado de una especie exótica es en sí misma una carga muy pesada para éstos. Y no por esto se acudiría, en muchos otros países, a la vía fácil de las armas.

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