La memoria capital

En el marco de las celebraciones del Bicentenario, el Distrito lanza tres libros para hacer de la nostalgia una realidad más palpable: ‘Historia del Acta de Independencia’, ‘Bogotá, una memoria viva’ e ‘Historia de la traducción’. Tres títulos para conocer más a la ciudad. En esta edición presentamos algunos apartes de los anecdóticos textos de la segunda obra.

Ciudad de pocas diversiones

El cronista Casiano, en sus ‘Colaciones’, dice que en los tiempos coloniales, después de las comidas, los santafereños hacían tertulia en algún almacén de la Calle Real (hoy carrera 7ª) o de la Plaza Mayor (ahora de Bolívar). Por la tarde se paseaban lentamente por el altozano de la Catedral y de vez en cuando iban con sus familias a distraer sus ocios al paseo de Agua Nueva o a las vecindades del río Tunjuelo.

La gastronomía colombiana en la Colonia

Las comidas europeas y ‘americanas’ fueron habituales en Santafé. La mazorca y la yuca, la arracacha, las papas, el maíz y el arroz, con algunas legumbres tropicales, eran la entrada principal. También se consumían carnes de res, de cordero, de gallina y, sobre todo, de cerdo. Por dulce se empleaba el melao de panela con cuajada de leche, y para suplir la falta de vino se usaba la chicha, aun entre las familias principales, con raras y muy honrosas excepciones.

Casa de la Moneda

Una de las más bellas reliquias santafereñas del siglo XVIII es la Casa de la Moneda, ubicada en la actual calle 11 frente a la biblioteca Luis Ángel Arango. Fue construida durante el gobierno del virrey Solís en 1753 y ostenta todavía la nobleza de “su estirpe castellana”, al decir del historiador Ernesto Cortés Ahumada. La inscripción esculpida en el friso de la portada dice: “Reinando don Fernando VI el justo, se incorporó en su real dominio (…) esta Real Casa de Moneda, año de 1756”. En el arquitrabe se lee lo siguiente: “Siendo virrey el excelentísimo señor don Joseph Solís Folch de Cardona y primer superintendente el señor Miguel de Santistevan”.

El origen del Capitolio

El lugar que hoy ocupa el Capitolio Nacional fue un lote abandonado durante casi sesenta años desde cuando un incendio ocurrido en 1786 redujo a cenizas el palacio virreinal que se encontraba allí, en la esquina sureste de la Plaza Mayor, hoy de Bolívar. En seguida de éste se ubicaban la casa de la Real Audiencia y la llamada cárcel de corte. Los sucesos de la Independencia impidieron que el gobierno español hubiera construido en este lote la mayor obra de arquitectura civil en Bogotá, dada la pericia de los arquitectos de la época.

Los primeros himnos nacionales

Bogotá fue el escenario en donde se dieron a conocer los primeros himnos del país. Durante la “época del terror”, Juan Antonio Velasco compuso canciones patrióticas que fueron cantadas por los independentistas.  Francisco Villalba, un español que llegó como director de una compañía teatral, presentó el 20 de julio de 1837 un himno que tuvo gran aceptación. Por la misma época, Lorenzo María Lleras escribió la letra de la canción ‘El Neogranadino’. Luego, el inglés Enrique Price compuso la ‘Canción Nacional’, estrenada por la Sociedad Filarmónica de Bogotá en 1847.

El buen negocio del tranvía

Los documentos de la extinta empresa del Tranvía Municipal de Bogotá (1910–1951) y las estadísticas que llevaba la Contraloría Municipal de Bogotá muestran cifras que no dejan dudas acerca de que el tranvía fue el primer medio masivo de transporte en Bogotá y de que además fue una empresa autosostenible. En su mejor año, 1946, el tranvía transportó en sus 120 carros casi 60’000.000 (sí, sesenta millones) de pasajeros a lo largo de 14 rutas que cruzaban la ciudad en todas sus direcciones, dejando un producto neto para las arcas del municipio de $817.435 de la época.

La fundación de Bogotá

Después de fundar a Bogotá el 6 de agosto de 1538 —aparentemente en el lugar que hoy ocupa el municipio de Funza, Cundinamarca, lo cual sigue siendo objeto de debate entre los historiadores—, la ciudad fue destruida por un incendio cuya autoría intelectual se le adjudicó al cacique Sagipa. Esa fue la razón para que Jiménez de Quesada hubiera ordenado a varios capitanes la construcción de una ciudad de españoles, siendo elegido el territorio de Teusacá, en las estribaciones de los cerros de Monserrate y Guadalupe.

Presencia afro en Bogotá

Es común la idea de que la presencia de afrodescendientes en Bogotá es reciente. Sin embargo, es necesario decir que está presente desde el nacimiento de la ciudad misma. Llegaron con los conquistadores y no solamente como esclavizados, sino como capataces, militares y otros oficios. Su aporte a la ciudad ha sido inmenso y va desde las labores de la casa, el trabajo agrícola, ganadero y minero, hasta la participación en la música, la literatura, la política y otras ciencias.

El Concejo, patrimonio institucional

De las instituciones de Bogotá, y probablemente de toda Colombia, la más antigua es el Concejo de Bogotá, el que durante la época colonial y parte del período republicano fue identificado como Cabildo. Es una herencia de las formas de gobierno, probablemente de origen romano, que España trasladó al Nuevo Mundo. El Cabildo colonial fue el eje articulador del proceso de conquista y colonización desarrollado por España en América.

¿El florero de Llorente?

La historia dice que para festejar la visita del oidor don Antonio Villavicencio, un grupo de criollos —encabezado por los hermanos Morales— fue hasta la miscelánea del español Antonio Llorente a solicitarle prestado un florero para adornar la mesa del banquete. Pero el chapetón se negó a facilitarlo y eso desencadenó una pelea que, a la postre, originó el grito de Independencia. Sin embargo, el que se exhibe en la Casa Museo del 20 de Julio, en Bogotá, tiene una historia particular. La porcelana perteneció al pintor Epifanio Garay, quien un buen día de 1882 lo donó al Museo Nacional.

Campanarios ruidosos

Según el plano levantado en 1797 por el ingeniero Carlos Felipe Cabrer, Bogotá tenía veinte manzanas de sur a norte y diez de oriente a occidente.  Santafé era un almácigo de conventos y un revuelo de campanas que todavía en el siglo XIX mortificaba a la generación de los radicales, que estaban obligados a descubrirse en forma permanente cuando pasaban frente a las iglesias, y que atormentaba, también, a muchos vecinos inconformes con el ‘ruido’ de tantos campanarios. Casi al unísono, todos los días, a las 6 de la mañana, al mediodía y al crepúsculo, comenzaba el tañir de las campanas...

Mujeres de armas tomar

Las mujeres bogotanas, tanto de la alta sociedad como de los estamentos pobres, desempeñaron parte activa en los acontecimientos del 20 de julio de 1810. Ese día, muchedumbres compuestas por hombres y mujeres expresaron su oposición a los “tiranos” y exigieron la formación de una junta republicana. Entre las mujeres que estaban presenten figuraban las llamadas “revendedoras”, quienes odiaban amargamente a las autoridades españolas. Esa antipatía provenía en parte de las actividades de la arrogante y dominante virreina Francisca Villanova y Marco.

Casas de huertos y jardines

El cronista Lucas Fernández de Piedrahíta hizo en 1666 una descripción de lo que era entonces el barrio de La Candelaria. “Las calles son muy anchas —expresa—, derechas y empedradas (…). Los edificios altos y bajos son costosos y bien labrados a lo moderno, de piedra, ladrillo, cal y teja de suerte que no los exceden los de Castilla (…). Las casas casi todas tienen espaciosos patios, jardines y huertos… Hermoséanla cuatro plazas y cinco puentes de arco”.

Himno de Bogotá

El Acuerdo 71 de 1967 dispuso la convocatoria de un concurso público para adoptar el himno oficial de la capital. Se ofreció un premio de 50.000 pesos. Los ganadores fueron Pedro Medina y Roberto Pineda Duque, autores de la letra y música, respectivamente.

 

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