El debate conservador

CONFRONTARON EL MIÉRCOLES, A INSTANcias de El Espectador, sus tesis de campaña y sus posiciones frente a los temas de actualidad en el país los cuatro precandidatos a la Presidencia de la República inscritos para la consulta interna del Partido Conservador el próximo 27 de septiembre. Una consulta que, sin embargo, algunos parlamentarios han pedido aplazar —y otros quieren torpedear— para abrirle espacio en el conservatismo a la desde ayer precandidata Noemí Sanín.

Dura encrucijada la que se presenta a los azules frente a esta nueva actriz en escena. Nadie duda del peso político de la ex embajadora, pero su llegada al Partido, como lo enfatizaron ayer los precandidatos inscritos, no puede darse pisoteando los acuerdos y los propios estatutos para la escogencia del candidato. Los cuatro invitaron a Sanín para que participe en la consulta, pero solamente Fernando Araújo restó importancia a la posibilidad de aplazar la consulta. Todos, eso sí, demandaron de ella un apego a las reglas de juego establecidas y abandonar posibles pretensiones de un trato privilegiado. Este tema, que en apariencia es de mera mecánica, puede resultar dividiendo a un partido que hoy se muestra unido y con intenciones de tener vida propia tras vivir arropado a la sombra del gobierno del presidente Uribe.

Este, sin duda, es otro punto de quiebre en el debate interno del conservatismo. Ante la dudosa suerte del referendo reeleccionista, muy a pesar de que el Partido Conservador sí cumplió con los acuerdos para las mesas directivas del Congreso que se hicieron trizas el pasado lunes, el asomo del Partido a ofrecerse como opción de poder pareció alumbrar en el debate de ayer. Salvo por Andrés Felipe Arias quien, coherente con lo que fue el lanzamiento de su candidatura, prometió llevar al Partido Conservador a sumarse al presidente Uribe en caso de que le sea posible ser candidato por tercera vez, los demás se comprometieron a ir hasta el final. Como dijo Carlos Holguín, en septiembre aún no estará definido el tema del referendo y el elegido recibirá un mandato de los electores para sacar adelante un programa específico. Incluso, Fernando Araújo fue más allá y criticó la posibilidad de una tercera reelección, por sus implicaciones para la institucionalidad del país. Importante escuchar del conservatismo estos signos de vida propia, tras siete años de ciego apego ideológico, programático y burocrático al gobierno.

Para rescatar también del debate de ayer, la coincidencia en que el tema central de la campaña no será la seguridad sino los programas sociales y, en particular, la urgente generación de empleos. Claro, varios de ellos ponen la seguridad como premisa sin la cual es imposible generarlos, pero que el partido que ha sido el mayor apoyo de la política de seguridad democrática encuentre en los planteamientos de sus precandidatos que la sola seguridad no basta es muy significativo y abre todo un nuevo escenario de debate que puede oxigenar la campaña que ya ha comenzado.

El tema más polémico, por la posición divergente de José Galat, fue el de las posibilidades de paz con la guerrilla. Contrario a sus contrincantes, que insistieron en que las posibilidades de diálogo con las Farc están cerradas y la única opción es su rendición, Galat abrió las puertas al diálogo y pidió abandonar los adjetivos denigrantes para quienes llamó “hermanos, descarriados; criminales, terroristas, pero al final hermanos”.

De cualquier manera, más allá de las posiciones de cada candidato y de las encrucijadas internas en que se debate el Partido Conservador, este encuentro en El Espectador, que se suma al que se hizo con los precandidatos liberales hace unas semanas, permite observar un escenario político vivo, que refresca el ambiente tras estos años centrados en un único personaje, centro de todo el debate: Álvaro Uribe. Enhorabuena.

Temas relacionados

 

últimas noticias

Aviones en el vecindario

Cambio en la cúpula de las fuerzas armadas