Aromáticos, suaves y brasileños

Con más de 30 años en Brasil, el cubano Félix Menéndez hace del puro bahiano una sabrosa opción con altos estándares de calidad.

Con más de 30 años en Brasil, el cubano Félix Menéndez hace del puro bahiano una sabrosa opción con altos estándares de calidad.

Además de la comida condimentada, del clima caluroso, de los orixás, del pueblo fiestero y de la buena música, Bahía tiene algo más en común con la isla de Cuba: buen tabaco y, principalmente, buenos puros. Aunque sin la misma fama internacional de los cubanos, los puros que se fabrican en Bahía ganan cada vez más aficionados. No son tan fuertes ni tienen tanto cuerpo como los habanos, pero, como las uvas vinícolas, el tabaco obtiene sabores y aromas diferentes de acuerdo con elementos como el suelo y el microclima de la localidad donde se produce. Con eso, el puro bahiano ofrece más suavidad y aromas que el cubano, y –de a poco– conquista paladares exigentes en el mercado internacional.

Sin embargo, si el tabaco bahiano obtiene reconocimiento como alternativa de los tradicionales habanos, es imposible hablar de puros brasileños de calidad sin citar el nombre de un cubano: Félix Menéndez. Hijo de Alonso Menéndez, el creador de los célebres Montecristo, Félix llegó a Brasil en 1977, donde formó Menéndez Amerino, en asociación con la familia bahiana Amerino Portugal. Más de 30 años después, y perfectamente adaptado en Brasil, el empresario se define como “un bahiano de La Habana”.

Pero ¿qué llevó a los Menéndez a Bahía? La historia es larga: cuando las propiedades de la familia fueron tomadas por la Revolución Cubana, no tuvieron otra alternativa que dejar la isla. Entonces se instalaron en las Islas Canarias, donde por casi dos décadas fabricaron puros –con tabaco importado de Bahía– mientras veían al gobierno cubano usar sus marcas en el mercado internacional. “Vinimos a Brasil cuando ya no era posible producir puros artesanales en las Canarias, por el costo de mano de obra”, recuerda Félix.

Nacía entonces Menéndez & Amerino, en sociedad con su antiguo proveedor. Desde entonces las cosas no han cambiado mucho. Entre ellas, el gusto del consumidor brasileño. Si las campañas antitabaco alejan parte del público, la apertura del mercado ha sofisticado el gusto del consumidor, que se hizo más exigente. “Se fuma menos y mejor”, dice Félix.

A pesar de la competencia de los cubanos importados, el puro brasileño gana espacio en los segmentos más sofisticados. Gran parte de ese éxito se debe a la variedad de tabaco plantada en Bahía, el Braziliense, que así como la especie Habaniense, posee una riqueza de sabor y aroma superior a la de los tabacos híbridos. En cuanto a la fabricación, Menéndez & Amerino, que lideran el mercado nacional, usan las mismas técnicas artesanales de los mejores puros cubanos. En el fondo, el secreto está en el tabaco. “Con un buen tabaco se puede hacer un puro malo. Pero es imposible hacer un buen puro con tabaco malo”, dice Félix. El empresario, sin embargo, incomoda a sus compatriotas cubanos. “Los fabricantes estatales no hacen stocks, y tampoco compran siempre el tabaco a los mismos proveedores, por eso están más sujetos a la variación de cosechas”.

Félix sueña con una denominación de origen controlada para el tabaco del Recôncavo Bahiano, aunque sepa que ése es un largo y complicado proceso. Aun así, es más fácil que recuperar algún día los activos de la familia expropiados por el gobierno cubano. “No hago planes. La vida me enseñó a esperar”, dice. Y qué mejor manera de hacerlo que fumando un buen puro, de preferencia bahiano.

Puro tabaco

Corría la década de 1930 y Alonso Menéndez y los hermanos Francisco y Ramón García empezaban a gestar lo que sería una de las carreras más vertiginosas de la industria de los puros en Cuba. Después de fundar Menéndez García Sociedad alcanzaron la fama con el lanzamiento de la legendaria marca Montecristo. En la década de 1950 ya habían tocado el cielo al convertirse en los mayores productores y exportadores de cigarros de la isla, por delante de Cifuentes, la compañía dueña de la también célebre marca Partagás. Pero sería 1959 el peor año de sus vidas. Fidel Castro asumió el poder y Alonso optó por el exilio dejando atrás sus bienes para aterrizar en su natal España en donde, junto con sus hijos Benjamín y Félix, fundaron la Compañía Insular Tabacalera.

Desde las Islas Canarias, Alonso empezó a tejer una red de nuevos contactos con empresarios del sector, entre ellos Mario Amerino Portugal, cuya familia ha estado vinculada a la industria del tabaco por más de 100 años. Una de las últimas movidas de Alonso antes de su muerte, en 1965, fue lograr negociar con Portugal la materia prima de su negocio directamente. Después de su muerte la compañía quedó en manos de Benjamín quien, influenciado por Portugal, se mudó a Bahía en busca de condiciones ideales para producir tabacos de alta calidad. Con equipo de técnicos, semillas y tradiciones cubanas, iniciaron su producción con mano de obra local, en su mayoría femenina, hasta fundar Menéndez Amerino.

El resto es historia. Bajo el paraguas de la compañía lanzaron marcas como El Patio, en 1978, y Amerino, en 1979. En 1985 Benjamín se trasladó a República Dominicana para ocupar la vicepresidencia de General Cigar (hoy es vicepresidente Premium Cigars) y Félix siguió con el negocio familiar en Brasil, desde donde ha lanzado marcas como Alonso Menéndez (1980), Doña Flor (1987) y Aquários (2003).

Temas relacionados