Benedicto XVI dice que su ángel de la guarda no le impidió romperse la muñeca

El pontífice dijo que el accidente era una enseñanza de paciencia y más humildad de parte del Señor.

Benedicto XVI bromeó sobre su reciente caída y dijo que "desafortunadamente" su ángel de la guarda no impidió que resbalara, "seguro que por orden superior, ya que tal vez el Señor quería enseñarme más paciencia y más humildad para darme más tiempo al rezo y a la meditación".

El Papa así lo manifestó en las palabras que dirigió a los policías, miembros de Protección Civil, militares y bomberos -cerca de 500- que han garantizado su seguridad durante los 16 días que ha permanecido de vacaciones en Les Combes, en el Valle de Aosta, de los que se despidió hoy, poco antes de concluir su estancia en la región alpina italiana.

El Obispo de Roma les llamó sus "ángeles de la guarda" y dijo que, al igual que los ángeles, "que son invisibles" , los agentes también fueron "invisibles y al mismo tiempo eficaces".

"Así habéis sido vosotros, invisibles para mí y al mismo tiempo eficaces. He vivido aquí una paz celestial" , manifestó el Papa en sus palabras de agradecimiento, que subrayó que gracias a la labor de esas personas pudo estar rodeado de "un silencio increíble, del canto de los pájaros".

Tras esas palabras recordó su caída, producida al tropezar con una pata de la cama de su alcoba cuando en la madrugada del pasado día 17 se levantó y a oscuras buscaba el interruptor de la luz.

Debido a la caída se fracturó la muñeca derecha y tuvo que ser operado en un hospital de Aosta
Mirándose la muñeca, bromeó con el infortunio, dijo lo del ángel de la guarda y de nuevo agradeció a los agentes el trabajo prestado.

Ya el pasado viernes, cuando visitó la catedral de Aosta, el Papa ya bromeó sobre la caída y cuando se despedía de los varios centenares de fieles les deseó, mirándose la mano, unas "buenas vacaciones... sin accidentes".

Benedicto XVI concluirá esta tarde sus vacaciones alpinas. Alrededor de las 17 horas (15.00 GMT) emprenderá regreso a Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros al sur de Roma, donde permanecerá el resto del verano.

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