Inquietud en la región

SIN SABERSE TODAVÍA CUÁLES SERÁN las medidas concretas que amenaza tomar el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y que determinarán al final de cuentas qué tanto hay de bochinche habitual y qué tanto de real decisión de destrozar las relaciones con Colombia en el lío diplomático que armó esta semana, luego de que se conociera que lanzacohetes vendidos por Suecia a Venezuela terminaron en manos de las Farc, ha comenzado a aflorar una suerte de velada solidaridad en la región con la rabieta de Chávez por el tema que está en el trasfondo de la disputa: el permiso a los Estados Unidos para operar desde cinco bases militares colombianas.

“No me agrada nada una base estadounidense en la región”, dijo el jueves el presidente del Brasil, Luiz Inácio Lula, opinión en la que lo secundó “completamente” su homóloga chilena, Michelle Bachelet. El canciller brasileño, Celso Amorim, lo recalcó el viernes al asegurar que “la presencia de tropas de países que no pertenecen a la región siempre preocupa” y “debe ser mejor explicada”.

Con todo, los mandatarios ofrecieron sus oficios para actuar como mediadores entre Colombia y Venezuela y propusieron que en la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que se celebrará en Quito el próximo 10 de agosto, se abordara “el problema de seguridad de nuestras fronteras y, sobre todo, el problema de que Colombia tenga una base estadounidense”, en palabras de Lula. Sin embargo, un funcionario del Palacio de San Carlos en Bogotá, sin dar su identidad ni las razones de la determinación, dijo a las agencias internacionales el mismo viernes que ni el presidente Uribe ni el canciller Jaime Bermúdez piensan acudir a la cumbre de Quito.

Frustrante que ese espacio de diálogo y buenas intenciones que pareció emerger se deseche de plano. Pero apenas entendible también, en la medida en que la invitación más parece un llamado a comparecer. Les cabe razón, en ese sentido, a quienes se preguntan ¿por qué, por ejemplo, no se pidieron explicaciones similares cuando buques de guerra rusos se pasearon por el mar Caribe a invitación venezolana? Aún más, ¿por qué si se trata de hablar de seguridad en la región no se piden en este mismo escenario explicaciones a Venezuela y a Ecuador sobre sus aparentes muestras de cercanía, por decir lo menos, con las Farc? ¿No es acaso ese un asunto que “preocupe” a la región y “deba ser mejor explicado”? Tanto más cuando la Unasur tiene una resolución que “rechaza la presencia o acción de grupos armados al margen de la ley que ejerzan o propicien la violencia, cualquiera que sea su origen”.

Con todo, aun cuando haya razones para justificar la no asistencia a la cumbre de Unasur y así en Colombia exista consenso en el pleno apoyo, incluso de los sectores más opositores, a la actitud del Gobierno nacional en esta seria confrontación —la cual, vale decirlo, ha sido prudente y cuidadosa frente a la gritería venezolana—, sí parece urgente aplacar los ánimos de la región frente al asunto de las bases estadounidenses. Seguir insistiendo en que no hay nada por explicar ya que se trata de un acuerdo bilateral, resulta insuficiente, si no miope, a estas alturas. Y no tanto para hacer entender a los vecinos, que tienen sus propias agendas políticas, como para bloquear la solidaridad hacia ellos de países que como Brasil y Chile pueden ser apoyos fundamentales para que Colombia no se quede solo con su tragedia interna. Aceptar que resulta apenas lógico que la presencia militar estadounidense ampliada en el territorio nacional inquiete a la región y llenar de información a todos los países —y de paso a los colombianos— sobre los alcances de dicho acuerdo, es el primer paso para avanzar hacia la solución del lío diplomático en que estamos inmersos. Si Unasur no es el escenario, hay que encontrar el adecuado con celeridad.

 

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