La gira del Presidente

HA INICIADO EL DÍA DE AYER EL presidente Álvaro Uribe una gira por Suramérica para tratar de calmar las aguas ante los temores fundados en la región por el acuerdo que Colombia ha negociado, hasta ahora en silencio, con los Estados Unidos para el uso de las bases militares en nuestro territorio.

El presidente Uribe visitará junto con el canciller Jaime Bermúdez a los presidentes de Perú, Alan García; Chile, Michelle Bachelet; Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; Paraguay, Fernando Lugo, y Bolivia, Evo Morales. Estaba por definirse a la hora de escribir estas líneas si podría reunirse también con los mandatarios de Argentina, Cristina Kirchner, y Uruguay, Tabaré Vázquez.

Muy importante que, como lo pedíamos en este mismo espacio el domingo último, el Gobierno Nacional se haya decidido a pasar de las justificaciones a la aceptación de que se trata de un asunto sensible que con toda razón inquieta a los países de la región, más allá de la gritería de los vecinos más cercanos con quienes hoy tenemos las relaciones congeladas. Poner la cara para ofrecer las explicaciones que se les deben a quienes son amigos solidarios con la lucha de Colombia pero que, en medio de la confusión y la ausencia de información, pueden modificar dicha solidaridad hacia otros gobiernos era tarea urgente e inaplazable.

Algunos comentaristas de opinión han dicho en la radio, el día de ayer, que resulta contraproducente en el ambiente enrarecido que se vive en la región el desplante patente del presidente Álvaro Uribe de no asistir al escenario lógico para dar dichas explicaciones, la cumbre próxima de Unasur en Quito, y a cambio salir a encontrarse uno a uno con los presidentes. Tanto más, afirman, cuando países neutrales como Chile y Brasil habían solicitado su presencia en la Cumbre para analizar el tema de las bases estadounidenses.

Razón les cabe en que, en circunstancias normales, se pretenda sustituir los escenarios multilaterales para intentar imponer una relación uno a uno, pero en este caso más que una invitación a dar explicaciones en Unasur, lo que se parecía estar montando era un juicio público a Colombia, que el Gobierno hizo bien en evitar. Aun cuando no fuera lo más diplomático, el contacto uno a uno luce menos riesgoso a presentarse a una encerrona en Unasur de pronóstico reservado.

Es pronto, ciertamente, para saber si la estrategia dará sus resultados. Para nadie son un secreto las habilidades del presidente Uribe en el contacto personal y es de esperar que le vaya bien para tranquilizar a los gobernantes amigos, o al menos sensatos, y no quedarse solo en la región, como pareció estarlo al final de la semana pasada. Porque declaraciones tan fuertes como las que dio el por lo general mesurado canciller brasileño, Celso Amorin, quien insistió el fin de semana en que “preocupa una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad parecen ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia”, dan una idea de que la recepción a la comitiva colombiana en la mayoría de los países —y en especial Brasil— no será complaciente.

Por eso ojalá que esta correría armada a las carreras —ni para qué decir ahora que ojalá no sea demasiado tarde siendo que debió planificarse desde que se comenzó a negociar el acuerdo con los Estados Unidos— esté sustentada en un acervo de información suficiente y convincente sobre el alcance del acuerdo con los Estados Unidos, más que en la reconocida capacidad de convencimiento del presidente Uribe. Y de ser así, no sobra decirlo, ojalá que esa misma información nos llegue a los colombianos que, sí, hemos aplazado nuestras dudas frente a las bases porque estamos más interesados en que se puedan calmar los ánimos en la región. Pero sólo por el momento.

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