Malagueña, presa de la libertad

He creado una y otra vez las mismas redes de burbujas pero son inútiles, los cardúmenes escasean, el agua cada vez es más fría, debo marcharme lo más pronto posible. No hay krill y la grasa acumulada debajo de mi piel es poca.

Me despido de éstas aguas antárticas que me sirvieron de hogar por un tiempo y parto rumbo al norte, donde lugares mas tibios me recibirán y serán el hogar ideal para mi bebé que revolotea cada vez mas en mi panza deseando conocer muy pronto este maravilloso y profundo planeta azul.

La corriente marina que se desplaza hacia el norte me sirve de autopista. En aguas chilenas queda atrás el estrecho de Magallanes que fueron mi hogar de alimentación por unos meses. El norte me espera.

El viaje es largo y no hay tiempo que perder. Entre todas mis parientes lejanas, somos nosotras, las yubartas del pacífico sudeste, las que realizamos la migración más larga sobre todos los océanos de todo el mundo, desde esta región polar hasta los cálidos mares ecuatoriales. Esta vez, en tan solo cuatro meses estaré sobre la costa de algún pequeño pueblo colombiano, que me acogerá por unos meses en los preparativos de mi nacimiento. Un grupo grande viaja conmigo; algunas de mis amigas también preñadas y un grupo de machos fuertes en busca de fecundar, también realizan la travesía. Mi gran amiga de toda la vida, Fecunda, viaja a mi lado al igual que sus seis ballenatos que ha tenido. Yo nunca he tenido crías, es mi primera vez y estoy ansiosa. Viajamos sin parar día y noche y las amenazas que se presentan durante el camino año tras año aumentan cada vez mas.

Después de 45 días y a unos tres mil kilómetros recorridos, recibimos una fuerte vibración enviada por uno de los machos más fuerte del grupo; ha colisionado con una gran embarcación y sus sonidos indican que está herido de muerte. A pesar de sus 15 metros y sus 32 toneladas, la fragilidad de este macho se doblega sobre cualquier invento destructivo creado por los mamíferos racionales, los hombres. En un solo instante, la supervivencia de vida construida durante cuarenta años se ha apagado. Estamos cerca de la Bahía de Sechura en el Perú y es aquí donde declaramos una pérdida vital para la reproducción del grupo. Ha desaparecido un cetáceo más y no se recuperará jamás. Sus cánticos y sus majestuosas acrobacias se callaron para siempre. Si tan solo se controlara un poco más las rutas de éstas embarcaciones sobre nuestras vías de migración, nuestro viaje sería más seguro. Hay peligro y aumenta aletazo tras aletazo.

El agua un poco más tibia nos recibe en la Isla de la Plata, en Ecuador. Varias ballenas del grupo migrante se quedan sobre estas costas pariendo y amamantando a sus crías, otras decidimos seguir más al norte, hacia las aguas tranquilas en las costas del pacífico colombiano.
Los enmalles de los animales sapiens creados para el exterminio de toda vida marina, se cruzan en nuestro camino. Uno de los ballenatos que viaja con nosotros, enredó su aleta pectoral derecha en una red de pesca en la anterior peregrinación y aún la conserva. Su nado cada vez se le dificulta más. Tal vez este sea su último viaje; su travesía de retorno se ve amenazada.

El amanecer ilumina mi llegada. Agua cálida y el sonido de un fuerte coletazo sobre la superficie solo indican una cosa: el viaje ha terminado. El recorrido de unos 8.000 kilómetros desde las gélidas aguas que emprendí hace ya cuatro meses tiene su fin. Algunos ha preferido seguir un poco más al norte, Golfo de Tribugá, Nuquí, Bahía solano e incluso el Golfo de Chiriquí, en Panamá. Yo por lo pronto, expongo mi cara fuera del agua y me oriento: El pacífico colombiano me da la bienvenida. Con menos de tres toneladas de peso perdidas a causa del viaje, Fecunda y yo estamos ya en cercanías de Bahía Málaga, donde construiremos nuestra guardería durante los próximos días. Son aguas poco profundas y libres de depredadores.

Inicia la temporada de reproducción y los músicos de la más mágica sinfonía circense apenas se preparan. Coletazos, saltos, aletazos. Exposiciones de cola, cabeza, aleta dorsal; giros, flotación y resoplidos. Toda una ceremonia danzante de cortejos por parte de los machos para elegir su mejor pareja, recuperar su jerarquía o simplemente para limpiar sus pieles, da inicio a la función. Afuera, unos pocos animales racionales disfrutan con nuestro baile.

Los sonidos sociales resonantes durante la reproducción no se hacen esperar. Impetuosas melodías seducen la más tímida hembra en busca de apareamiento. Pentagramas enteros de minutos y horas inundan éstas tranquilas aguas. Recuerdo algunas melodías que año a año son repetidas por algún macho tal cual como sonaron en la pasada migración; algunos hasta se inspiraron en la composición de nuevas estrofas. Sus canciones viajan en su memoria. Por encima de cualquier nominación al mejor premio musical, tenemos la mejor armonía del planeta.

Una noche larga llena de contracciones musculares y tras emitir un fuertes sonidos durante el nacimiento, la luz del sol ilumina mis aletas que abrazan mi nueva cría. Es una hembra saludable y estoy feliz. Malagueña será su nombre, en honor a la bahía que la adoptó para nacer. Con sus 4 metros y alrededor de 1 tonelada, es mi primer ballenato. Revolotea, nada, aletea, resopla; está feliz. Sus protuberancias carnosas en el rostro, su gran cuerpo gris oscuro en el dorso combina con el más lúcido blanco de sus aletas pectorales; sus casi 400 barbas a en sus maxilares apenas se observan y su aleta dorsal única, hacen de este nuevo ser uno de los mamíferos más majestuosos sobre las aguas de este imponente planeta azul. Me siento orgullosa de pertenecer a esta pequeña gran familia, eliminada poco a poco año tras año.

Diariamente, unos 600 litros de leche consume; debo amamantarla y protegerla los próximos días, hasta que sus pulmones se desarrollen mejor y podamos emprender juntas el viaje de regreso en busca de alimento. Con mi cabeza la ayudo a sostenerse sobre la superficie para que pueda respirar. Pronto lo hará por sus propios aleteos. Un macho adulto me escolta cumpliendo una labor protectora.

Aumentan los visitantes humanos que visualizan nuestra danza. Algunos sin conciencia protectora golpean el agua fuertemente, nos lanzan objetos, prenden los motores de sus embarcaciones muy cerca interrumpiendo nuestra tranquilidad. Otros perplejos contemplan nuestra magnitud, nuestra magia pero ante todo, nuestra inocencia.

La temporada sigue en intervalos de 20 días por sector y mientras unas ballenas dan a luz a sus pequeños, otras en cambio se aparean haciendo su mejor esfuerzo por mantener vigente nuestra raza, nuestra especie.
Fecunda, con sus crías desarrolladas durante los últimos años, se ha dejado seducir por un fuerte macho y en unos meses, de retorno a éstas aguas, estará sumando un nuevo ballenato más, ojala no sea un ser vulnerable ni en riesgo de desaparecer.

La temporada termina. Hay que alcanzar la Antártida a tiempo para el verano. Malagueña se encuentra preparada para su primer viaje de más de 8.000 kilómetros, un viaje que depende que un océano saludable durante todo el camino, pero desafortunadamente no fue así. Este viaje será memorable por las violentas imágenes que mi hija grabará en su retina.

De regreso sobre la ruta migratoria que nos lleva al sur en busca de alimento, un enorme buque factoría, seguidor de cetáceos mediante el sangriento pretexto de caza con fines científicos, ha lanzado de nuevo su peligroso y temido arpón explosivo sobre nuestro grupo. Siento un fuerte dolor que atraviesa mis pulmones, esta vez, y para desgracia de mi hija y la felicidad que sentía al tenerla, soy yo la víctima.

Un fuerte estallido resuena en mi interior, el arpón ha detonado. Han sido destruido mi tórax y órganos cercanos. La sangre conducida a través de mis venas a perdido su rumbo y se desvía hacia cualquier parte de mi cuerpo. Un tono rojizo se mezcla con la transparencia del mar. Me desangro.

Somos inocentes, pero ustedes los sapiens no lo saben. Porque nos asesinan si todos somos hijos del mismo milagro del tiempo llamado vida? Si somos familiares y compartimos este mismo hogar llamado tierra? No los comprendo. Ustedes han surgido con la capacidad de cambiar la historia del planeta, pero lo están destruyendo. Cada especie tiene un papel, cada especie tiene un lugar, pero ustedes han invadido territorios enteros, como ninguna especie lo había hecho antes. Desde los pequeños seres microscópicos, vegetales, los demás animales, todos estamos en riesgo gracias a su poder destructivo. Usted es un animal al igual que yo, no lo recuerda? Somos hermanos.

Nosotras respetamos su territorio, respetamos su hábitat. Porque contaminan nuestro hogar si nosotras no manchamos el de ustedes? Porque hacen pruebas militares en nuestro hogar? Porqué la contaminación acústica? Nuestro hogar ahora es su basurero, porqué? La explotación de hidrocarburos con pruebas sísmicas ha aumentado al igual que el dragado y construcción de muelles. Proyectos residenciales costeros de alto impacto son inevitables, así como los enmalles y las cacerías. El aumento de buques genera colisiones. Ustedes han tenido el poder de cambiar el equilibrio climático durante millones de años. Las ballenas y casi toda la fauna de la Antártida dependemos del kril, sin él estaría desierto el lejano sur. El krill depende del hielo, y el hielo está desapareciendo gracias a usted. Hace un tiempo atrás, le bastaron tan solo 20 años en lograr casi nuestra desaparición para siempre. El tiburón blanco y algunas orcas eran nuestro mayor temor, pero ahora es usted nuestro mayor depredador.

El futuro de mi solitaria Malagueña quedó a la deriva; solo espero que su final, el de Fecunda y el de todas las ballenas no sea como el mío, asesinada por el hombre.

He lanzado mis dolorosos sonidos al mar narrando esta pequeña historia durante los momentos agonizantes cercanos a mi muerte. Ojala algún ser pensante no asesino la escuche y la pueda transmitir. Solo ustedes, seres inteligentes, invasores y destructores de todo medio ambiente, pueden evitar nuestra desaparición y la conservación de este majestuoso milagro llamado TIERRA. Es tiempo y es ahora.

De mi último aliento, brota este deseo: Solo espero que mi hija sea presa, pero de la más majestuosa libertad.!

 

FUENTES:

Documental HOME, Yann Arthus-Bertrand //// Documental TIERRA, La película de nuestro planeta, www.loveearth.es, BBC Worldwide. //// Lilián Flórez-González, Isabel Cristina Ávila, Juan Capella Alzueta, Patricia Falk F., Fernando Félix, Jorge Gibbons, Héctor M. Guzmán, Ben Haase, Julio César Herrera C., Viviana Peña, Luis Santillán, Isabel Cristina Tobón B., Koen Van Warebeek. 2007. Estrategia para la conservación de la ballena jorobada del Pací?co Sudeste. Lineamientos de un plan de acción regional e iniciativas nacionales. Fundación Yubarta. Cali. Colombia. 106 p. //// www.eltiempo.com //// www.colombiaporlasballenas.org //// www.wwf.org.co //// www.elperiodico.com.co //// www.natgeo.tv //// www.panda.org //// www.opepa.org //// www.ecuadoroutes.com/ecuador-viajes //// www.elespectador.com //// Diversos artículos virtuales: Fundación Yubarta //// www.semana.com //// www.reddeconservacionmarina.ning.com //// www.bioculturismo.com //// www.greenpeace.org/chile

 

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