Preservar el capital social de la caficultura

HAN COMENZADO A CIRCULAR en el sector cafetero nombres muy respetables —como los de Juan Camilo Restrepo, Mario Gómez, Roberto Junguito, Néstor Osorio, Catalina Crane o Juan Esteban Orduz, entre otros— como candidatos a suceder en la gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros al ahora ministro de Defensa, Gabriel Silva Luján. Decisión crucial y nada sencilla, dados los avances conseguidos y también los retos que enfrenta nuestra caficultura.

Coincidimos con el Ministro de Hacienda en que uno de los logros más destacables de la gestión de Gabriel Silva fue haberles “devuelto la confianza a los cafeteros en su organización, y al país en su caficultura”. Desde el año 2002, cuando Silva tomó las riendas de la Federación, los resultados han sido más que satisfactorios en áreas que abarcan desde la implementación de la estrategia de valor agregado hasta el desarrollo de alianzas con diversos estamentos nacionales e internacionales para implementar innovadores programas en todas las regiones cafeteras del país. Es difícil encontrar hoy un aliado del Estado más importante y eficiente que la Federación y sus Comités de Cafeteros para implementar políticas en el sector rural.

Claramente el gremio caficultor no representa un oficio más en el conjunto de actividades económicas en Colombia. Más de la mitad de los municipios del país en el sector rural están vinculados a la actividad cafetera y un número superior a 500.000 familias derivan su sustento del café. La Federación, con más de 350 comités municipales de cafeteros y quince comités departamentales, se ha consolidado como una de las instituciones con mayor presencia en las diferentes regiones, convirtiéndose en un aliado natural para desarrollar e implementar programas que permitan mejorar la calidad de vida de millones de personas por todas las zonas montañosas del país.

Esa presencia en las zonas cafeteras —que actualmente abarcan desde las laderas del volcán galeras en Nariño hasta las estribaciones de la Serranía del Perijá en el Cesar, o desde las nuevas zonas cafeteras del Chocó hasta el piedemonte llanero— y ese contacto estrecho de los comités con sus bases han permitido que hoy en día se reconozca a las instituciones cafeteras y el café como un capital social estratégico para el mundo rural colombiano. Y que se reconozca además a la Federación como una de las organizaciones no gubernamentales más grandes del mundo por la dimensión y valor de sus iniciativas.

La responsabilidad de mantener las políticas e iniciativas impulsadas por Gabriel Silva durante los últimos siete años, que están plasmadas en el actual plan estratégico de la Federación, recaerá en ese nuevo gerente que escogerá el Congreso Extraordinario de Cafeteros convocado para el próximo 27 de agosto. Escoger a la persona adecuada para tan importante reto es sin duda un desafío que los miembros de los comités de cafeteros de todo el país y del Comité Nacional de Cafeteros deben asumir con la mayor seriedad. De alguna manera el bienestar común de los caficultores y de millones de habitantes rurales del país depende de que el gremio siga siendo un actor reconocido como ejemplo de liderazgo y unión.

Se trata sin duda de un complejo perfil. De un líder que entienda de mercadeo, de alta ingeniería financiera, que se desenvuelva con propiedad en diferentes escenarios, que conozca de la industria cafetera y que tenga la vocación de conocer las necesidades de su base directamente en las parcelas cafeteras del país. Confiamos en que los cafeteros sabrán escoger un colombiano o colombiana de bien que lleve a la caficultura colombiana por una senda de bienestar en los próximos lustros.

 

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