La resurrección del referendo

HA VUELTO A RESPIRAR ESTA SEmana el referendo que permitiría la segunda reelección inmediata del presidente Álvaro Uribe, después de que muchos le habían anticipado su sepultura con la rebelión en la elección de las presidencias de Senado y Cámara durante la instalación de la presente legislatura.

La firma de la conciliación con el texto que la permitiría para 2010 y su posterior aprobación el pasado miércoles en el Senado —por 56 votos a favor y dos en contra, de 102 posibles— revivió el fantasma de la continuidad en el poder y todos los males que la acompañan.

Cuando se pensaba que la coalición se había roto y el Gobierno se iba a ver forzado a dejar respirar la política nacional; cuando aspirábamos algunos, no sin algo de ingenuidad, a que el Ejecutivo asimilara ese golpe para dedicarse a ejercer un último año de gobierno convocando a las mejores gentes a su alrededor; cuando confiábamos en que la lección de la aprobación de la primera reelección acudiendo al todo vale, que tiene hoy a tres congresistas presos y a varios de sus funcionarios investigados, se hubiera aprendido para evitar la tentación de forzar la aprobación del referendo, el Gobierno nacional se ha volcado de nuevo con todo su poder a que se modifique la Constitución para que el país continúe por la senda del caudillismo.

Todo lo cual, como es apenas natural, ha enrarecido el ambiente político. Ya se denuncian presiones y maniobras oscuras para “persuadir” a los congresistas de votar favorablemente el referendo y, de hecho, se escucha a algunos legisladores que se venían oponiendo al proyecto comenzar a defenderlo luego de pasar por el Palacio de Nariño. Ahora, dicen, no se recurre a la feria de las notarías —sería muy evidente—, sino a la vieja usanza, no por común menos reprochable, de las cuotas burocráticas a cambio del voto. El senador Camilo Sánchez denunció incluso el uso —abuso— de cuantiosos recursos de Acción Social para ofrecer a dedo estratégicas inversiones en las regiones de influencia de aquellos congresistas que apoyen la conciliación.

El martes próximo llegará en ese ambiente el texto conciliado a la aprobación de la Cámara de Representantes, último paso en el Congreso, con pronóstico reservado. Allí fue aprobado un texto que permitiría la reelección en 2014, pero el de la conciliación que habrán de votar la tiene para 2010. Se requieren 84 votos de los 166 que componen la Cámara, y sobre 86 de ellos pesa investigación por la votación presuntamente irregular del mismo proyecto el último diciembre.

Esa posibilidad de que el referendo se caiga en la Cámara, dando por descontado que una Corte Constitucional dominada por su cercanía al Gobierno cambiaría su jurisprudencia contraria a otra reelección inmediata, surge como última esperanza de contener la concentración de poder en cabeza de una sola persona que amenaza nuestra democracia. Pero ya ha quedado claro que el Ejecutivo no piensa agachar la cabeza frente a la eventual imposibilidad legal de que su apoyo popular se traduzca en la continuación en el poder. Por lo que, incluso si el referendo sale derrotado, es previsible que aparezcan salidas extremas, de las que ya se ha hablado, verbigracia una Asamblea Constituyente, una convocatoria directa por parte del Presidente en una interpretación bastante libre de la Constitución, la inclusión de una papeleta en las elecciones legislativas al estilo de la que llevó a la Constituyente del 91 o la imposición del “Estado de Opinión”.

Sostienen los opinadores afines al Gobierno que todo se trata, no del interés en perpetuarse en el poder, sino de no perder gobernabilidad para lo que resta de su mandato. Habría que preguntarse gobernabilidad para qué, si la reelección es el tema que domina la agenda por sobre cualquier otro, por urgente que sea. Difícil creer que en aras de la gobernabilidad se pueda pisotear la institucionalidad como se está haciendo.