Por un país de lectores

EL DOMINGO PASADO FINALIZÓ LA XXII Feria del Libro de Bogotá y a pesar de las buenas cifras iniciales y el triunfalismo demostrado por la Cámara Colombiana del Libro, los resultados están aún distantes de dar respuesta a las necesidades de un público que presenta serios problemas en materia de acceso a los bienes y servicios culturales.

Según el DANE, aproximadamente el 95% de los colombianos mayores de 12 años sabe leer y escribir. Sin embargo, de acuerdo con la Encuesta de Consumo Cultural del DANE del año 2008, tan sólo el 52% de las personas que manifiestan saber leer y escribir han leído al menos un libro durante los últimos doce meses. El “reloj de población colombiana” indica que somos más de 45 millones de colombianos. Es decir que 23 millones de colombianos no han leído un solo libro en el último año.

Este panorama les plantea retos inmensos a las entidades relacionadas con la industria editorial, los hábitos de lectura y en general el mundo del libro. En este caso en particular, la Cámara Colombiana del Libro, como organizadora de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, está en la obligación de responder a las necesidades de la población, así como a los cambios que plantea el entorno. Por ejemplo, es posible afirmar, estando o no de acuerdo, que la Cámara intentó responder a factores externos cuando decidió modificar la fecha de la Feria del Libro.

Por el contrario, en las respuestas a las necesidades de la población la Feria se quedó corta. Si bien hubo una programación paralela, firmas y lanzamientos de libros, conversatorios y demás, la programación no fue diferente a la del año anterior. La Feria se estancó. Aun sin datos oficiales, en los pasillos de la Cámara Colombiana del Libro se comenta que el número de visitantes bajó de más de 450 mil durante 2008 a alrededor de 425 mil este año. Esto sin mencionar las cifras de ventas de libros de las editoriales, sobre lo cual difícilmente se tendrá información pública, pero que sin lugar a dudas están por debajo de lo esperado para este año y sobre todo con respecto a las metas conseguidas en años anteriores.

A pocos días del inicio de la Feria, la estrategia de prensa y difusión apenas si arrancaba y tan sólo cuando empezó el evento y salieron las presentadoras de los noticieros transmitiendo desde Corferias, fue cuando el ciudadano de a pie se enteró del cambio de fecha. Esto hubiera requerido una estrategia de comunicación y socialización que debió iniciarse en el mes de abril, cuando la gente empezaba a extrañar esta fiesta del libro y la lectura. Desafortunadamente, esa campaña de comunicación agresiva que posicionara la Feria en la agenda de los ciudadanos nunca llegó por parte ni de Corferias ni de la Cámara. Incluso, la página oficial de esta última entidad se encuentra completamente desactualizada y sin registros de ferias anteriores, lo que deja a la ciudadanía con más vacíos informativos.

Adicionalmente, si dentro de los objetivos estratégicos de la Cámara se encuentra la promoción del libro y la lectura, dicha entidad está en mora de realizar alianzas público privadas de alto impacto, que faciliten el acceso del libro a los más de 20 millones de Colombianos que viven en la pobreza.

El reto es aún mayor si se tiene en cuenta que, de acuerdo con la misma encuesta, el 59% de las personas que no han leído un libro en el último año afirman que ello se debe  a que “no les gusta o no les interesa”, lo que pone en entredicho el problema de la oferta o el precio de los libros en Colombia. Si más de 13 millones de colombianos no leen por falta de interés (el 59% de los que no leen), entonces la Cámara Colombiana del Libro y el Ministerio de Cultura, con su Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas, tienen un arduo camino por delante.

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