Eldorado, 50 años escribiendo historia en la aviación colombiana

Desde entonces, para muchos se consideró como una obra sobredimensionada. <strong>Crónica</strong>.

Cuando el General Gustavo Rojas Pinilla, como Jefe de Gobierno concibió la política nacional de desarrollo aeroportuario, el aeropuerto de Bogotá se constituyó en el proyecto más grande y ambicioso de cuantos se habían ejecutado hasta entonces en el país.

Desde entonces, para muchos se consideró como una obra sobredimensionada que sólo alcanzaría a ser utilizada en toda su dimensión 50 años después.

El nuevo aeropuerto, que en un comienzo se denominó simplemente "Internacional" fue tema casi único de la Junta Directiva de la Empresa Colombiana de Aeródromos (ECA) hasta el momento en el que se hizo realidad.

Fue precisamente el presidente de la ECA, el ingeniero Virgilio Barco Vargas, luego Presidente de la República, quien aceleró los trabajos de construcción ante el inminente riesgo que corría la aviación colombiana debido a que el sector estaba dispuesto a abandonar las rutas a Bogotá. El argumento era que la capital colombiana carecía de la moderna infraestructura que exigía la aviación de la época y el viejo terminal de Techo, aunque era funcional no cumplía con los requerimientos que traía consigo el avance tecnológico en materia aeronáutica.

Un año antes...

Un año antes de su inauguración aún no se había concluido con el proceso de adquisición de terrenos y tampoco se tenían adjudicados todos los contratos de compra e instalación de equipos.

En enero de 1959 la ECA aprobó la construcción de los edificios de administración, estación de bomberos y mantenimiento. Al mes siguiente se fijó entre 1.450 y 10.500 pesos el canon de arrendamiento de los veinte lotes que conformaban los terrenos de reserva y que formaban parte del desarrollo futuro de terminal.

Estas áreas se destinaron especialmente al pastoreo y le representaron a la Empresa un recaudo mensual de 123.000 pesos.

En abril se compraron e instalaron los ascensores y escaleras eléctricas, que fueron adjudicados a la firma Otis Elevador por un costo de 957.000 pesos. Al mismo tiempo se adquirió el lote de dos fanegadas en el Cerro Manjuí, donde se instalaron las plantas de energía y la torre transmisora.

En mayo se adquirieron por 13.791 dólares, las 35 básculas que luego se vendieron a las empresas aéreas para el control de peso de equipajes.

Hacia junio fueron compradas las plantas eléctricas que proveería de energía al aeropuerto en casos de emergencia, su costo fue de 52.000 pesos.

Durante julio se realizó el cerramiento y demarcación del aeropuerto y se adjudicaron mediante licitación los primeros espacios dados en arrendamiento, entre los que se encontraban la librería, la floristería, el alquiler de automóviles, almacenes y la oficina del Ministerio de Comunicaciones donde se vendían estampillas y se colocaban giros.

Las áreas de carga fueron distribuidas entre las aerolíneas Avianca (2.800 m2) y Aerocóndor (280 m2), para Correos (280m2) y la zona de aduana (800 m2). Las cinco primeras máquinas de bomberos se compraron a la firma American La France, por valor de 138.140 dólares.

En agosto y por un costo de 98.731 pesos se adquirió el amoblamiento para el corredor central del segundo piso. En septiembre se concibió el pabellón de la Federación Nacional de Cafeteros, y se consideró pertinente el suministro gratuito de café, con el fin de dar la bienvenida a los extranjeros que visitaban nuestro país.

La Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá fue la encargada de la decoración externa del aeropuerto. El 29 de septiembre, después de reunirse la Junta directiva de la ECA, se fijó el 10 de diciembre de 1959 como la fecha de inauguración.

El 28 de octubre, el gerente de la ECA, René Van Meerbeke, recomendó la ubicación del nombre del aeropuerto en la parte central de la fachada del edificio, sin embargo, el nombre fue motivo de grandes reflexiones, se buscaba un nombre terrígena, corto fácil de pronunciar y que rememorara la cultura aborigen que ocupó la Sabana de Bogotá, así las cosas de escogió Eldorado como la denominación más acertada para el nuevo terminal.

Después de muchas discusiones de académicos encabezados por el profesor Luis López de Mesa, el padre Félix Restrepo y Alberto Miramón y mediante decreto se determinó éste como el nombre del aeropuerto, escrito sin espacios, conformando una sola palabra.

El día cero...

El 10 de diciembre de 1959, fue inaugurado el aeropuerto internacional Eldorado con una espectacular exposición aeronáutica, que se inició desde el 6 de diciembre, 16 aviones, 12 a propulsión a chorro y cuatro B-26 fueron los que más impresión causaron dentro del público.

Hacía parte del espectáculo un helicóptero B-27 y un KC-97. La FAC participó con aeronaves T-33. T-34, F-86 y bombarderos livianos B-26.

La pista de aterrizaje cumplió con su prueba de fuego tres días antes con el aterrizaje de un bombardero a reacción ante la mirada atónita de una multitud de bogotanos.

De igual forma, la virgen de Loreto, Patrona de la Aviación, llegó en un avión de la Fuerza Aérea, piloteado por dos sacerdotes-pilotos, quienes encabezaron un original desfile compuesto por 18 aviones provenientes de Medellín

El acto inaugural fue encabezado por el Presidente Alberto Lleras Camargo y en el participaron los ministros del despacho, las autoridades civiles, militares y eclesiásticas.

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