“Una vez más, ¡fuerza, Chile!”

UNA VEZ MÁS LA NATURALEZA SE ensaña con nuestro golpeado continente.

Sin haber terminado de digerir la catástrofe en Haití, ahora el turno es para Chile, país que a pesar de haber sufrido con anterioridad violentos terremotos y haberse preparado para estas eventualidades, enfrenta una nueva situación de emergencia en buena parte del territorio nacional. Como escribió recientemente desde Santiago el escritor Antonio Skarmeta, a pesar de que la ocurrencia de terremotos es un “hábito chileno”, nunca se está realmente preparado para este tipo de fenómenos telúricos. En especial en este verano austral, cuando miles de personas se desplazaron a las playas y lagos del sur, precisamente la zona más afectada.

De hecho en este momento, en el que ya se puede tener mayor certeza sobre la magnitud de la tragedia, es cuando de verdad comienza el día después. Es decir que de ahora en adelante el Estado en su conjunto, la empresa privada y la sociedad civil tienen que asumir la titánica tarea de aunar esfuerzos y, bajo la conducción de las instancias gubernamentales encargadas para tal fin, sacar fuerza para enfrentar este difícil momento.

Como hecho paradójico, esta situación se da justo a pocos días del cambio de gobierno, lo que le permitirá a Sebastián Piñera y a su equipo concluir el empalme con el saliente de Michelle Bachelet sobre la base de un propósito nacional que esté por encima de los avatares de las discrepancias políticas. Ya Piñera ha hecho un claro llamado al sector privado para comprometerse en un plan que él mismo denominó “Levantemos Chile”.

El número de víctimas fatales, que ya se acerca al millar; el de los damnificados, que sobrepasa los dos millones; un millón y medio de personas con las viviendas afectadas, así como las sobrecogedoras imágenes de los destrozos causados por el movimiento telúrico mueven la sensibilidad internacional.

La primera lección que se evidencia es que gracias a los esfuerzos y previsiones gubernamentales las consecuencias, al menos en vidas humanas, no han sido peores. El terremoto, que tuvo una magnitud de 8,8 en la escala de Richter, y una intensidad 500 veces mayor del que ocurrió en Haití, no provocó la inmensa cantidad de muertes que se presentaron en el país caribe.

Por otro lado, al parecer es inevitable que cuando grandes sectores de la población se ven enfrentados a este tipo de adversidades, que les privan de tener acceso a agua y comida, terminen en algunas circunstancias siendo presas de la desesperación y acudan al saqueo, dado que los comercios permanecen cerrados y todavía no  llega del todo la ansiada ayuda gubernamental. Infortunadamente, lo que comienza como una mera acción que permite paliar una necesidad primaria debido al desabastecimiento, como es la de proveer alimentos a sus familias, termina siendo aprovechada por delincuentes. El Gobierno debió emplearse a fondo. Fuera del uso de la fuerza a través de las autoridades policiales en Concepción, también se vio obligado a imponer un toque de queda que ya dio sus frutos con la disminución de los saqueos.

Por todo lo anterior, y con el conocimiento que tenemos del tesón y la laboriosidad del pueblo chileno, nos sumamos al emocionado llamado que realizó el domingo pasado la presidenta Michelle Bachelet: “Nuestra historia está plagada de desastres naturales que ponen a prueba la voluntad, el tesón y la solidaridad que nos caracterizan como nación. Pero también nuestra historia registra la fortaleza y perseverancia de nuestra gente. Como lo hemos hecho ante cada dificultad, no tengo dudas de que sabremos salir adelante. Una vez más, ¡fuerza Chile!”.

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