Insulza y la OEA

EL PRÓXIMO 24 DE MARZO UNA ASAMblea Extraordinaria elegirá al Secretario General de la OEA y la única candidatura que existe es la del actual ocupante del cargo, José Miguel Insulza, quien aspira a un segundo período de cinco años.

Su pretensión ha sido objeto de polémica a raíz de editoriales y artículos de opinión en diversos países. ¿Qué hay detrás de esta historia y qué tiene que ver con Colombia?

Para el común de la gente no es muy claro para qué sirve la OEA ni qué hace su Secretario General, a quien se percibe erróneamente como una especie de presidente continental. La Organización la conforman en la actualidad 33 países, los cuales toman sus decisiones por consenso —lo cual le genera válidas críticas— y las mismas se constituyen en la “hoja de ruta” que debe seguir el Secretario General para su actuación futura. Es decir que a pesar de la capacidad de iniciativa que se le confiere, éste debe ajustarse para su desempeño a lo que decidan sus Estados miembros de común acuerdo. A pesar de ello, los eventuales errores, más que los aciertos, se le cobran por lo general a él.

Si a lo anterior le sumamos que la región cambió mucho en los últimos diez años, con actores que promueven proyectos políticos antagónicos, las cosas se complican aun más al tener que conciliar intereses disímiles dentro de un trabajo de filigrana, del cual puede dar fe el ex presidente César Gaviria luego de su trasegar en la OEA.

El actual Secretario realizó hace pocos días un balance de su gestión y mencionó cronológicamente, entre otras cosas, la participación de la OEA en la mediación en la crisis político-institucional en Nicaragua en 2005; el cambio y transformación democrática en Bolivia 2006-2009; el apoyo a Ecuador al proceso de reforma constitucional; la mediación en el diferendo territorial entre Belice y Guatemala; la acción de buenos oficios en la crisis Colombia-Ecuador; el establecimiento en Colombia de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz (MAPP), que en los últimos seis años ha realizado un trabajo serio, y de bajo perfil, con más de cien personas desplegadas sobre el terreno; el tema del eventual retorno de Cuba a la OEA, dejando ahora el balón en el campo de La Habana si acepta las condiciones democráticas de la Organización; la crisis de Honduras, que evidenció sus graves falencias y la necesaria reforma de su Carta Democrática, así como la reconocida actividad en cerca de 50 procesos de observación electoral, tres de ellos en nuestro país. Todo, a solicitud del Estado miembro interesado. No es poca cosa lo que se ha hecho.

Insulza llegó a la OEA precedido de un reconocido desempeño como canciller y ministro del Interior en Chile, donde contribuyó a fortalecer la institucionalidad democrática y la defensa de los Derechos Humanos luego de la nefasta dictadura de Pinochet. Es un hombre con una visión moderna y progresista de la realidad hemisférica, lo que le ha valido recibir críticas provenientes de sectores conservadores de la región. Algunas, sin embargo, no siempre justas y atinadas. Falta ver si lo suficientemente poderosas como para atajar su posible reelección.

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