Pero nadie asume la responsabilidad

La desaparición de un peligroso delincuente, acaso uno de los más temidos, terminó convertida en un penoso sainete del que participaron diferentes autoridades colombianas sin que al final se pudiese establecer responsabilidad alguna.

Tan confusa fue la situación que llegó a considerarse como válida la posibilidad de que no estuviéramos ante una fuga y que, por el contrario, Daniel Alejandro Serna, alias Kener, hubiese sido víctima de un plagio mientras se encontraba en su apartamento cumpliendo con la detención domiciliaria que le fue acordada por una fiscal de Medellín. Esta hipótesis, sugerida por su propia compañera sentimental, María Victoria Puerta, quien narró cómo alias Kener salió de su casa conducido por un hombre que dijo ser del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), perdió vuelo tras la exitosa recaptura del sujeto ocurrida el martes en las horas de la tarde.

De cualquier manera la desafortunada situación tomó a más de uno por sorpresa. Miguel Ceballos Arévalo, viceministro de Justicia, optó por el espejo retrovisor y afirmó que la guardia del Inpec es escasa frente a sus diversas labores. Un atraso histórico, dijo, que es responsabilidad de muchos gobiernos. El actual director del Inpec, coronel Carlos Barragán, sin tantas dubitaciones rápidamente disculpó a sus funcionarios de cualquier error que se les pudiera adjudicar. Explicó que el Instituto Carcelario no es responsable de vigilar a los condenados en detención domiciliaria y la emprendió contra la Fiscalía General de la Nación. Aclaró que desde el Inpec se libró una guerra jurídica para impedir que el reo, cuya peligrosidad es alta, fuese reubicado y que incluso se sabía de informaciones que permitían suponer una fuga.

No obstante estos supuestos indicios, alias Kener, quien se encontraba preso en Palmira, fue trasladado a un hospital en Medellín por orden de la Fiscal 29 de Medellín, que le otorgó el beneficio de casa por cárcel argumentando que el convicto presentaba precarias condiciones de salud. Antes de llegar a su casa, además, fue trasladado a un hospital de Medellín y no de Palmira, como habría sido conveniente dado el margen de maniobra que puede tener en su ciudad quien es considerado el jefe de sicarios de la tenebrosa Oficina de Envigado. Para terminar, como gran cosa, se le asignó un brazalete electrónico.

El presidente Uribe, en su alegato contra la Fiscalía, introdujo una nueva y salomónica fórmula: la de culpar de la falta de eficiencia a la Corte Suprema de Justicia, presunta culpable de la interinidad de ocho meses en el ente acusador. No tardó en reaccionar el fiscal encargado, Guillermo Mendoza Diago, quien aclaró unos puntos e introdujo mayor confusión en otros. Recordó que la Fiscal 29 es autónoma en sus decisiones y que, de cualquier manera, cualquier otro juez ha debido tomar la misma determinación dado que Medicina Legal ya había expedido varios conceptos atestiguando que la complicada salud de alias Kener requería atención médica hospitalaria. Una explicación parcialmente satisfactoria pues aunque rebate el argumento presidencial de la interinidad no es del todo concluyente en lo que tiene que ver con los motivos que llevaron a evadir la peligrosidad del criminal.

Con todo, decisiones judiciales y policivas erráticas llevaron a la fuga de un convicto altamente comprometedor. Esta parece ser una escandalosa historia en la que, como todos tienen algo de culpa, ninguno es responsable.

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