Retos y obstáculos del Parlamento Andino

EL PRÓXIMO 14 DE MARZO LOS COlombianos podrán elegir a los cinco representantes de los 20 que conforman el Parlamento Andino.

Un órgano creado en Cartagena, en 1969, que muy poco les dice a los colombianos y contra el que ya son comunes las diatribas y quejas de quienes consideran que este es otro ente diplomático sin relevancia alguna. Los más escépticos lo tildan de elefante blanco y burocratizado, tan ineficaz como ineficiente. Una excusa para que los parlamentarios viajen, una forma más de malgastar los escasos recursos públicos.

Algo de cierto habrá en estos ataques. Desde su aparición en la escena de las relaciones internacionales los logros del Parlamento Andino son modestos, casi imperceptibles. Entre los que saben de su existencia, que no serán muchos, no están lo suficientemente difundidas sus funciones. Por el contrario, hace carrera en los medios la idea de que sus miembros no resuelven problemas tangibles, no abordan asuntos que puedan ser del interés de las personas que dicen representar. Ad portas de las elecciones y no obstante los dardos de sus opositores, quizá convenga reenfocar el debate hacia algunos de los inconvenientes puntuales que hacen del Parlamento Andino una institución bienintencionada pero fallida. Con seguridad que continuar por la senda de los improperios no permitirá discutir algunas de las posibles razones que llevaron al descrédito y la apremiante parálisis del organismo.

Lo primero es el tema de su finalidad. Ideada para promover la integración regional, desde que Venezuela se retiró formalmente del grupo y otras iniciativas similares han aparecido, como la de Mercosur, se desdibujó el papel de la Comunidad Andina de Naciones, hoy compuesta por Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Agréguese a ello que en el marco de la globalización la tendencia de parte de los países miembros ha sido hacia la implementación de políticas nacionales.

En ese mismo sentido la comparación con la experiencia de la Unión Europea, de la que el Parlamento Andino dice ser fiel seguidor, permite entrever lo lejanas que están las expectativas de quienes se reunieron hace más de 30 años para planear un futuro en común. De entrada las elecciones para elegir a los parlamentarios tienen una fecha diferente para cada país. Obedecen, por lo mismo, a una lógica nacional. No hay, pues, partidos panamericanos ni candidatos que expresen los intereses de los votantes que no se encuentran anclados en sus territorios. Adicionalmente, formar parte del grupo de naciones andinas no supone una verdadera comunión de intereses y valores que sea requerida. Justo lo contrario de lo que acaece en la Unión Europea, en donde a los países que desean ingresar se les exige  algunos  cambios en su sistema político y económico.

Por último, no está de más constatar que la presunta irrelevancia del Parlamento Andino quedó en evidencia ante las dificultades políticas que vivió el país con Venezuela y Ecuador. Eran estos los tiempos en que se requería con mayor premura de la intervención de un organismo multilateral con autonomía y capacidad de liderazgo. Ocurrió lo contrario y también por ello es que nos cuestionamos frente a la importancia de las elecciones que se acercan.

No obstante estos graves obstáculos, que más de uno calificará de insalvables, conviene igualmente explorar lo provechosa que sería una mayor y más exitosa integración. Un buen Parlamento Andino contribuiría a superar mutuos prejuicios entre peruanos, bolivianos, ecuatorianos y colombianos, les daría impulso a los acuerdos que permiten mejorar las relaciones fronterizas y permitiría que se concilien legislaciones educativas, sociales y ambientales. Retos lejanos, es cierto, pero nada despreciables.

 

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