Bogotá tiene talento

EL MARTES PASADO EL DISTRITO le apostó en grande a la cultura. La apertura de la convocatoria ‘Bogotá tiene talento’ pasó algo inadvertida, pero no por ello deja de ser una gran noticia para quienes esperan de las autoridades capitalinas un impulso tangible a sus actividades artísticas. Y es, a la vez, un síntoma de que el sector cultural tiene mucho para ofrecer.

Algunas de sus particularidades son ejemplo para la Nación y otras ciudades colombianas. Cabe destacar inicialmente que la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte del Distrita fomenta la formación, investigación, creación y circulación de las prácticas de arte, cultura y patrimonio, a través de la entrega directa de premios, becas y apoyos para proyectos que se discuten con las organizaciones culturales. El portafolio de convocatorias puesto a disposición de los ciudadanos cuenta con el respaldo de cerca de 5.200 millones de pesos y se espera, es obvio, que su adjudicación se haga de la manera más transparente posible.

Los apoyos a los proyectos de los ciudadanos se entregan tras un proceso de concertación en el que las organizaciones jurídicas sin ánimo de lucro que han presentados sus propuestas reciben el acompañamiento de la Secretaría, para afinar sus iniciativas y pactar los montos. A través de esta estrategia se fomenta el apalancamiento de recursos, lo que mueve a los ciudadanos a buscar el apoyo de la empresa privada y a orientar sus proyectos hacia el autosostenimiento.

Un aspecto destacable del portafolio de convocatorias es que se destinan recursos para diversos grupos poblacionales. Asimismo, su enfoque territorial garantiza la participación de las 20 localidades de la capital, a través de sus casas de cultura y de las organizaciones con carácter local. Muchas de éstas desarrollan iniciativas que van más allá de lo artístico y creativo, para asumir responsabilidades sociales en sus barrios. Otra particularidad del sector es su carácter ampliamente participativo e incluyente. Cabe destacar que el pasado 27 de febrero se posesionaron alrededor de 450 consejeros que forman 47 consejos y representan las distintas áreas artísticas y poblacionales.

Estas dos circunstancias marcan la diferencia con otras prácticas estatales que entregan subsidios condicionados con criterios poco claros o sin previa concertación con la ciudadanía y los gremios. El sector cultural toma distancia, entonces, de las políticas públicas verticales, que salen de un escritorio y aterrizan en los ciudadanos como paracaidistas.

Ahora bien, estos avances implican grandes retos para el Distrito. La Secretaría de Cultura no ha sido tan exitosa en la divulgación de la información de interés sobre el sector. El seguimiento y evaluación de las políticas no es tan riguroso como debiera. Las organizaciones culturales todavía son débiles en su capacidad de gestión. Y es preciso fortalecer la precaria idea que se tiene de las industrias culturales, aquellas cuya actividad económica está centrada en la explotación de los derechos patrimoniales de las obras protegidas por el derecho de autor.

La ciudadanía también juega un rol determinante. Se espera que su participación se haga con proyectos de calidad y gran impacto social. La responsabilidad por el éxito o el fracaso de la convocatoria no se limita, pues, a la órbita de la administración. Los bogotanos tienen que demostrar que tienen talento.

Hay quienes sostienen, desde el deber ser, que el capital social construido alrededor de la cultura demuestra que los procesos democráticos producen frutos palpables y abren las puertas del Estado para el trabajo mancomunado y coherente. Que este sea un ejemplo. 

 

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