Las elecciones y sus matices

GANADORES Y PERDEDORES SIEMpre habrá en una contienda electoral.

La que se celebró el domingo pasado no fue la excepción, pero hacen falta los matices. Escrutadas cerca del 95% de las mesas de votación, es preciso entonces realizar un segundo análisis de las elecciones.

En el tema del Parlamento Andino los resultados invitan a la confusión. El gran ganador, seguido del Partido de la U y sus 1’277.559 votos, es el voto en blanco con un total de 1’445.990. Hay quienes sostienen que este no es suficiente motivo para repetir las elecciones, pero la ley así lo indica. Ahora bien, ¿cómo leer ese voto en blanco? ¿Representa acaso su alta presencia una señal de rechazo al Parlamento Andino? ¿A los candidatos postulados? ¿O significa simplemente que hubo serios problemas de divulgación de la información requerida para votar a conciencia?

Quienes sí lograron una masiva presencia en las urnas fueron los candidatos conservadores. Recibieron la segunda votación más alta de la jornada. Sin embargo, la realización de la consulta para candidato presidencial, en la que todavía no hay ganador definitivo entre Noemí Sanín y Andrés Felipe Arias, amenaza con convertirse en un motivo de polarización para el Partido. La lentitud de la Registraduría en la entrega oficial del conteo final no tiene presentación ni excusa. De parte de los candidatos tampoco caen bien las declaraciones que buscan sembrar dudas sobre la transparencia del proceso electoral. Con todo, el éxito del Partido Conservador se puede explicar tanto en una conservaturización de la sociedad como en la coherencia programática que ha habido con el uribismo, de ideología a todas luces conservadora.

Para efectos del futuro Congreso la fuerza política que suma el Partido Conservador y el de la U es arrolladora. Entre los dos coparán cerca del 50% de la Corporación. Incluso sin sumar el apoyo del cuestionado PIN, estamos ante un gran triunfo para el presidente Álvaro Uribe y el candidato Juan Manuel Santos, y una clara derrota para los partidos de la oposición.

Que, sin embargo, aunque no sumaron nuevos apoyos tampoco perdieron poder. Pese a la presunta derrota del Polo Democrático Alternativo, Cambio Radical y el mismo Partido Liberal, lo cierto es que un análisis más reposado arroja conclusiones distintas. Es impreciso hablar del fracaso de Cambio Radical, pues aunque pasó de tener 15 senadores a ocho, fenómenos como el distanciamiento entre su máximo líder y el presidente Uribe, así como la práctica generalizada del transfuguismo avalado por la reciente reforma política ya habían debilitado seriamente la colectividad. Algo similar ocurre con el Polo, al que con seguridad la mala imagen del alcalde Samuel Moreno y las rivalidades internas del partido le ocasionaron un serio traspié. Si bien es claro que algunos de sus grandes electores —como su hasta ayer presidente, Jaime Dussán— perdieron su lugar en el Parlamento, nuevas figuras de mayor cercanía con la tendencia liderada por Gustavo Petro, como Mauricio Ernesto Ospina, entrarán al Congreso. Y sigue siendo una fuerza relevante en el escenario nacional. El liberalismo, por su parte, permaneció estable, hazaña que parecía impensable para un partido que se mantuvo en franca oposición a las mayorías uribistas durante los últimos ocho años.

Finalmente, tenemos el excelente desempeño del Partido Verde, cuya candidata al Senado Gilma Jiménez sacó la segunda votación más alta del país, sólo superada por Juan Lozano, quien por lo demás está en una buena posición para pedir la presidencia de la corporación dada su extraordinaria votación. Y en cuanto al Partido de Integración Nacional, que pese a sus notorias anomalías se ha convertido en la cuarta fuerza política del país, se abre acá una polémica discusión sobre si el dinero del narcotráfico que presuntamente acompañó algunas de las campanas permitirá una legitimación política de actores otrora repudiados por la sociedad colombiana.

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