La mala hora del Registrador

“NO SERÁ UN CONTEO DE AFÁN, SINO hecho por una Comisión Escrutadora, que debe contar los votos desde las 9:00 a.m., para más legitimidad” explicó el registrador nacional, Carlos Ariel Sánchez, refiriéndose al proceso de verificación de los datos de las mesas de votación que arrancó este martes en los municipios.

Ante la inaudita demora en la entrega de los resultados, el Consejo Nacional Electoral dio la orden de que el escrutinio de votos se iniciara con la consulta conservadora. Después se hará el reconteo para la Cámara y el Senado, cuyos resultados no oficiales ya han sido ampliamente discutidos. Preocupa, de entrada, que en una sola oración el propio Registrador incurra en dos lapsus. Evidentemente que este no puede ser un “conteo de afán”, viniendo de quien viene la aclaración es de esperar que ningún conteo lo sea. Y, peor aún, no sobra aclarar que se es legítimo o ilegítimo, de la misma manera que nadie puede ser “más” honesto.

Estas no pasarían de ser disquisiciones lingüísticas sin mayor trascendencia de no ser porque expresan con exactitud la ambigüedad de un proceso electoral plagado de dudas e inconsistencias. En efecto, la lentitud con que se abordó el conteo de los votos de la consulta conservadora prendió las alarmas de los candidatos y sus campañas. Las declaraciones iniciales del Registrador, quien básicamente les echó la culpa a los jurados, no satisficieron a nadie. Con el tiempo las suspicacias crecieron. A Andrés Felipe Arias se le escuchó decir: “En cada reporte, en cada boletín fuimos ganadores… excepto en el último”. Noemí Sanín, igual de contrariada, manifestó: “Necesitamos que nos den garantías de que nos cuiden los voticos”.

Bastante se ha insistido en que la gran perdedora de la jornada electoral del domingo fue la organización electoral. El millón y medio de votos nulos, una cifra histórica que incluso supera la votación de varios partidos, es un dato perturbador para la democracia y los encargados del diseño y la socialización del engorroso tarjetón. Adicionalmente son varias las anomalías que explican parcialmente las razones del desorden durante el conteo. Se dice que inicialmente fueron registradas más mesas de votación de las requeridas y que, cuando los jurados ya habían sido despachados para sus casas, era demasiado tarde para hacerlos regresar. Finalmente, en el día de las votaciones, hicieron falta jurados así como instrucción y entrenamiento previo a los que sí había. Además más de uno se quejó de no haber recibido las indicaciones adecuadas para el manejo del tarjetón. Ya en el momento de la divulgación, la página web de la Registraduría sencillamente colapsó. Hubo, pues, falta de capacitación y de organización de parte de la Registraduría.

Y está el tema, igualmente confuso, del cambio de operador para el soporte integral durante las elecciones. La Registraduría decidió darle un millonario contrato, sin licitaciones, a UNE, empresa que se encargaría de la divulgación de los resultados. Ahora es UNE la que responde, ante la responsabilidad que le adjudicó el Registrador en los errores del proceso, que las instrucciones de evacuar los datos de Senado, Cámara de Representantes y Parlamento Andino antes de las consultas internas provinieron directamente de la Registraduría.

Por el bien de la jornada electoral habrá que esperar a que se aclaren las dudas y pueda conocerse, de una vez por todas, el ganador de la consulta. Ojalá todo tenga un final feliz, y a ello ayuda la actitud responsable de los dos candidatos ayer dejando explícito que reconocerán los resultados que arroje la Registraduría. Pero la Procuraduría debe iniciar las investigaciones disciplinarias del caso pues este caos en el conteo y la información sobre el proceso electoral debe tener responsables.

 

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