Obama y Colombia

QUE LAS RELACIONES ENTRE BARACK Obama y Álvaro Uribe no iban a ser tan fluidas y cordiales como lo fueron con George Bush era una verdad sabida y comprobada.

Por tanto, pese a ciertas expresiones recientes de Obama en el sentido de fortalecer las relaciones con socios clave como Corea del Sur, Panamá y Colombia, resulta poco probable que las cosas puedan pasar del dicho al hecho.

Cuando el Partido Demócrata obtuvo las mayorías en el Congreso, al final del período Bush, cambió el ajedrez interno en el país del norte y Colombia, que había vivido una luna de miel entre Bush y el presidente Uribe, sintió el primer coletazo con las demoras en la aprobación del TLC. El argumento esgrimido fue el de los asesinatos de sindicalistas y la impunidad existente. El motivo real fue el de atender las presiones de los poderosos sindicatos en EE.UU., que veían amenazadas sus fuentes de empleo allá por la mano de obra más barata aquí, sumado lo anterior a la grave crisis económica que se les vino encima. El panorama se fue ensombreciendo poco a poco, a pesar del aparente optimismo por estas tierras.

Hay que tener en cuenta también que, cumplido su primer año en la Casa Blanca, las cosas se le han complicado a Obama. En lo interno hizo una apuesta muy fuerte para pasar la reforma de salud y no le ha dado resultado. Además perdió hace unos meses la mayoría absoluta en el Senado, por lo cual ha tenido que echarse para atrás en su promesa de cerrar Guantánamo en un año, y, por último, tuvo que dar un fuerte timonazo en materia económica, dado que la recuperación todavía no llega al ciudadano de a pie. Ni qué decir en el tema internacional. En Irak y en Afganistán la situación sigue enredada. Con Irán hay un tira y afloje por el tema nuclear y su aliado incondicional en la zona, Israel, desairó recientemente a Washington en su mediación con los palestinos. Por América Latina las cosas tampoco ayudan. La aprobación del nuevo Subsecretario de Estado para la región se demoró demasiado. Lula está molesto por la injerencia norteamericana sobre la forma en que su país ha manejado a Irán. La crisis en Honduras dejó un mal sabor por la actuación de Washington y el Alba, con Venezuela a la cabeza, prosigue con sus críticas permanentes al “imperio”.

Por otro lado, y fuera de la primera reducción al Plan Colombia, ha salido el Informe anual del Departamento de Estado sobre Derechos Humanos, que le dedica una buena parte a nuestro país. Reconoce, como es justo, avances en este campo por parte del Gobierno. Sin embargo, reitera las críticas por los abusos derivados de asesinatos ilegales y extrajudiciales; la colaboración de miembros de las FF.AA. con grupos armados emergentes, así como la “vigilancia ilegal de grupos civiles, opositores políticos y agencias gubernamentales” por parte del DAS.

Pero quizá la parte más grave del informe es la que tiene que ver con los denominados “falsos positivos” y casos de “impunidad y corrupción”, como el de Agro Ingreso Seguro. Temas sensibles, sin duda, que tocan a dos ex ministros y candidatos presidenciales, Juan Manuel Santos y Andrés Felipe Arias. No hay que olvidar que este informe pasa al Congreso y allí es base para definir los recursos que se aprueben en asistencia al país. No es algo que se pueda subestimar, o esquivar, con declaraciones como las dadas al respecto por el vicepresidente Santos o el ex ministro Arias.

Así las cosas, las menciones de Obama a Colombia, tan celebradas, no parecerían ser más que otra declaración de buenas intenciones. Como ha dicho el ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, no se entiende por qué ahora en Washington aparecen otra serie de requisitos al país, que no se conocen, para poder llevar el TLC al Congreso. Habrá que esperar a ver qué sucede con el nuevo gobierno aquí para saber cómo se van a enfocar temas tan importantes, y complejos, como Derechos Humanos, comercio bilateral, narcotráfico, guerrilla, corrupción o asistencia militar.

 

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